La buena noticia de saber que estás en una pesadilla

En el momento en el que nos volvemos plenamente conscientes de que estamos en una pesadilla, deja de ser pesadilla.

Esto es así porque saber que es una pesadilla equivale a saber que no es real. Entonces nos relajamos, pues reconocemos que en realidad no estamos amenazados. Al relajarnos, el miedo se va, y si no produce miedo, no es una pesadilla.

Lo más usual es que cuando nos relajamos las imágenes del sueño se transformen y reflejen nuestro nuevo estado emocional. Además, cuando sabemos que no es real, muchas veces adquirimos la capacidad de modificar el sueño a nuestro antojo.

La idea de hablar de esto aquí es, por supuesto, que la vida se parece más a un sueño de lo que a veces pensamos. Por eso hablamos de despertar espiritual.

Pero, sin ir a ideas metafísicas muy alejadas, podemos despertar de pequeñas pesadillas que nos acosan día a día.

De repente tu miedo se activa porque pierdes un calcetín y tu mente te dice que algo malo está pasando. Alguien te mira de cierta forma o dice algo y te sientes amenazado. No entiendes algo y sientes cómo si fueras a perder algo vital. Pero ¿es así? ¿Estás amenazado? ¿Realmente está pasando algo malo? ¿No será sólo una reacción automática e irracional que nos lleva a ver mosntruos donde no los hay? ¿No será simplemente que estamos en medio de una pesadilla?

En casos más extremos, también podemos darnos cuenta de que no es real, de que no somos nuestro cuerpo y de que aquello que en verdad somos no puede ser amenazado. Sin embargo, como en todo, basta con empezar por cosas pequeñas. Así se va adquiriendo la práctica de interpretar las cosas de otra manera. Y a medida que la práctica se afianza, podremos aplicar esa interpretación a cosas cada vez más grandes y aparentemente más serias y reales.

Si te das cuenta de que estás en una pesadilla, ¡qué buena noticia! Eso significa que no es real, que no estás amenazado y que puedes relajarte. Pero, además, significa que estás comenzando a despertar y que, por tanto, pronto dejará de ser una pesadilla y podrá transformase en un sueño feliz en el que gozarás mientras acabas de despertar por completo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @mdewitphotography

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La creatividad espera por ti

Tengo ganas de escribir un artículo hoy. No tengo ideas, pero me paro de la cama, me aproximo al computador con entusiasmo y pongo la música que me gusta para trabajar. Entonces las ideas surgen.

Esa es una actitud muy diferente a pensar simplemente que quiero escribirlo y quedarme acostado o haciendo otra cosa mientras la inspiración llega.

Neale Donald Walsh dice que la creatividad no es algo por lo que esperamos, es algo que espera por nosotros. En mi experiencia, tiene razón.

Así que, si quieres crear, no te quedes esperando a que las ideas vengan a tocar a tu puerta. Sal a buscarlas, invítalas, alístate para su llegada. Afila los lápices, prepara los intrumentos, dispón tu mente, limpia tu espacio interno y externo.

Cuando tu frecuencia esté en sintonía con lo que quieres crear, las ideas llegarán… o, más bien, las podrás ver, pues ya están esperando por ti; esperan a que estés listo para percibirlas y abrazarlas.

©Leonid – stock.adobe.com

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La rendición como práctica espiritual

La rendición es un acto de entrega. Es abrir los brazos y recibir plenamente el momento presente.

Imagina que eres una casa. Rendirte es abrir las puertas y permitir que el momento presente entre, se mueva a sus anchas y se quede cuanto quiera.

La rendición es lo contrario a luchar. Por tanto, la rendición es lo contrario a la resignación, pues la resignación implica resistencia interna frente a lo que sucede. Cuando nos resignamos, dejamos de pelear en el nivel externo, pero juzgamos lo que sucede como indeseable. Debido a esto, la resignación no puede sino causar dolor, ya que es el resultado de juzgar que el momento presente está mal.

La rendición es interna. Puedes incluso tomar acción para cambiar las condiciones en que te encuentras y al mismo tiempo rendirte al momento presente.

Rendirte quiere decir que vives este preciso instante sin juzgarlo, sin rechazarlo, y eso puedes hacerlo incluso mientras lo cambias. De hecho, cambiar las condiciones externas desde un estado de rendición es mucho más eficaz que tratar de modificarlas desde un lugar de juicio y resentimiento.

Desde un estado de rendición, emprendes la acción no porque rechaces este momento, sino porque estás alineado con tu corazón y él te impulsa a actuar. Se trata, entonces, de un cambio que viene desde tu creatividad más profunda, aquella que está alineada con lo divino. Es la misma razón por la que un gran escultor rompe las piedras: no lo hace porque rechace la forma actual que tienen, sino porque desde lo más profundo de él surge un impulso por darle vida a algo bello a través de ellas.

Por ejemplo, si ves que tienes un comportamiento que te hace sufrir, puedes cambiarlo desde un estado de rendición. Entonces no luchas contra tu comportamiento ni te juzgas por lo que estás haciendo. Sientes plenamente el dolor, lo abrazas y dejas que tu silencio interior te guíe. Cuando estás conectado con ese silencio, las acciones que surjan estarán conectadas con tu voluntad más elevada y, en consecuencia, traerán aquello que realmente deseas y que es lo mejor para ti.

Rendirte significa sentir. Significa no escapar de este momento. Así, la rendición y la presencia son sinónimos. No puedes estar plenamente presente si rechazas este momento, y no puedes aceptarlo completamente y al mismo tiempo alejarte de él.

Rendirte implica abrirte a experimentar hasta la médula lo que está ocurriendo ahora. Rendirte es quedarte plenamente aquí, en medio de la dicha o la tormenta; entregarte a las sensaciones; dejar que los pensamientos lleguen y se vayan; caerte al fondo de tu ser y mirar de frente lo que hay allí.

Las emociones intensas que juzgamos como desagradables se convierten en un obstáculo para la plenitud debido a que el juicio que tenemos contra ellas hace que no querramos experimentarlas. Pero esas mismas emociones son la puerta de entrada al cielo cuando dejamos el juicio y nos entregamos a ellas completamente. Es como si esas emociones fueran amigos dispuestos a llevarnos de vuelta a casa, pero no quisiéramos seguirlas porque debido a su apariencia las hemos confundido con desconocidos malintencionados. Rendirnos es confiar. Ellas nos llevarán adentro y se irán una vez hayan cumplido su función. Esto es otra forma de decir que se transformarán en amor o, más bien, que nuestra percepción se transformará y las veremos como las expresiones de amor que no pueden sino ser.

Todo esto es, pues, una invitación a que te permitas sentir este momento en su totalidad: la aburrición, el regocijo, la incertibumbre, el deseo, la ansiedad, el miedo, la compasión, el dolor, el placer. No creas que si huyes llegarás a casa, pues estarás huyendo de los guías que el Universo ha enviado para recordarte el camino.

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En este momento tienes una oportunidad sagrada

En los monasterios zen es común que una gran parte de la práctica espiritual de los monjes consista en hacer tareas cotidianas. Lavar los platos, tender las camas, barrer el piso.

Para los monjes, esas actividades son oportunidades sagradas para adentrarse en el momento presente. Para encontrar, en lo profundo de aquí y ahora, la plenitud que siempre está esperando a que tomemos consciencia de ella.

Por supuesto, para hacer esa práctica espiritual no es necesario estar en un monasterio. Solo por hoy, asume tus responsabilidades cotidianas como oportunidades sagradas, pues en verdad lo son. Entrégate completamente a cada momento. Como si el mundo se fuera a acabar en media hora y Dios se te apareciera y te dijera que tu última prueba antes de entrar al Cielo es hacer una sola tarea, esa que tienes en frente, con atención plena.

Cuando vayas de tu cuarto al baño, asume ese instante como parte de la prueba sagrada. Cuando comas. Cuando te bañes. Cuando estés sentada esperando el bus. Cuando estés manejando.

Cada momento es una puerta a la plenitud sagrada que mora en tu corazón, si así decides asumirlo.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Sebastián Bitar.

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