En este momento tienes una oportunidad sagrada

En los monasterios zen es común que una gran parte de la práctica espiritual de los monjes consista en hacer tareas cotidianas. Lavar los platos, tender las camas, barrer el piso.

Para los monjes, esas actividades son oportunidades sagradas para adentrarse en el momento presente. Para encontrar, en lo profundo de aquí y ahora, la plenitud que siempre está esperando a que tomemos consciencia de ella.

Por supuesto, para hacer esa práctica espiritual no es necesario estar en un monasterio. Solo por hoy, asume tus responsabilidades cotidianas como oportunidades sagradas, pues en verdad lo son. Entrégate completamente a cada momento. Como si el mundo se fuera a acabar en media hora y Dios se te apareciera y te dijera que tu última prueba antes de entrar al Cielo es hacer una sola tarea, esa que tienes en frente, con atención plena.

Cuando vayas de tu cuarto al baño, asume ese instante como parte de la prueba sagrada. Cuando comas. Cuando te bañes. Cuando estés sentada esperando el bus. Cuando estés manejando.

Cada momento es una puerta a la plenitud sagrada que mora en tu corazón, si así decides asumirlo.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Sebastián Bitar.

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Elige bien tus pensamientos, crean tu realidad

¿Que tanto pueden afectar los pensamientos la materia?

Personalmente, creo que la realidad última es pensamiento, y que la materia, el tiempo y el espacio son solo ilusiones creadas por el pensamiento. Si esto es así, por supuesto que el pensamiento puede afectar la materia, pues directamente la crea.

Sin embargo, no me interesa aquí convencerte de esas creencias. Aun si no las aceptas, hay un caso claro en el que debes reconocer que, sin lugar a dudas, el pensamiento afecta la materia. Me refiero a los movimientos de tu cuerpo. Tus pensamientos tienen el poder de hacer mover tu cuerpo. Puedes decidir actuar o quedarte quieta. Y tus pensamientos pueden promover la acción o impedirla.

Así pues, es obvio que los pensamientos transforman la realidad. Pues lo que hacemos los seres humanos depende de lo que pensamos, y con nuestras acciones creamos nuestra realidad. Por tanto, nuestra realidad depende de la calidad de nuestros pensamientos.

¿A qué tipo de acciones te están llevando tus pensamientos? Y ¿qué realidad estás creando a través de esas acciones? Si te gusta tu realidad, sigue pensando así. Si hay aspectos que no te hacen feliz, te tengo una buena noticia: puedes elegir pensar de una forma diferente. Elige pensamientos que te lleven a emprender las acciones que consideras necesarias para crear la realidad que deseas.

Eres una creadora. Eres poderosa. Y tus pensamientos son más potentes y más poderosos de lo que imaginas. Elígelos con consciencia.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Zach Alan.

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No esperes un premio en el futuro

Desde pequeños se nos enseñó a perseguir premios y a huir de castigos. El que tenga mejor nota recibirá una medalla y un regalo de sus padres. Y esa mentalidad se quedó grabada en muchos de nosotros y nos acompaña todavía. Pero ¿nos sirve?

Esa mentalidad hace que nuestro dar no sea incondicional. Es decir, no damos por el placer de dar; damos para recibir. Cuando damos, tenemos una exigencia al universo. “Me he portado bien. Por tanto, debes darme mi recompensa. Si no me la das, haré una pataleta, me deprimiré y dejaré de dar lo que estaba dando”. Somos como niños pequeños pidiéndole un dulce a su madre.

Cuando hacemos las cosas desde esa mentalidad, nos perdemos el placer de este momento, el placer de hacerlas. Pues desde esa mentalidad siempre estamos mirando al futuro, al premio que esperamos recibir. Lo irónico es que al dar tenemos ya el premio en nuestras manos. Dar es el premio. Dar es la bendición. Dar es el gozo. Pero lo pasamos por alto, esperando que algo bueno nos pase como recompensa por habernos portado bien.

Incluso esperamos premios por meditar. Me siento a meditar y espero a cambio la iluminación o algún adorno para mi ego espiritual. Y ese mirar al futuro y esperar hace que realmente no meditemos. Ya nos han sido dados todos los regalos. Pero no los vemos. Pues miramos afuera, al futuro, a una idea de cómo deberían lucir las cosas cuando el universo por fin nos dé el premio que tanto anhelamos.

Te invito a mirar desde qué lugar haces las cosas, si por el gozo mismo de hacerlas o para recibir algo a cambio en el futuro. Y te invito a gozar al dar. Te invito a abrir el regalo que viene implícito en el dar y que está disponible para ti en el mismo momento en que das. Ahora. No tienes necesidad de esperar un premio en el futuro.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Michael Shainblum.

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Entrégate a la vida, así sepas que vas a perderlo todo

El budismo señala que el apego a las cosas causa inevitablemente sufrimiento. Pues apegarse a algo significa que sufrimos con su ausencia. Y todo a lo que jamás nos apeguemos inevitablemente va a desaparecer.

Vas a envejecer y tu cuerpo va a morir, o tal vez tu cuerpo muera antes de envejecer. Al igual que el cuerpo de todas las personas que conoces. Y todo lo que ves a tu alrededor, incluido el sol y las estrellas, va a morir también algún día. Pero nada de eso te impide ser feliz ahora. Nada de eso te impide estar plena ahora. Nada de eso te impide entregarte con todo tu corazón a este momento.

Cuando caemos en cuenta de esto, aprendemos a disfrutar inmensamente el momento presente, pero no nos apegamos a lo que hay en él, pues sabemos que es imposible retener nada.

Paradójicamente, al ser conscientes de que todo cambia y se transforma, superamos nuestro temor de perder y nos permitimos jugar con el mundo, sabiendo que todo con lo que jugamos desaparecerá en algún momento.

No dejes de entregar y poner tu corazón en todo lo que hagas solo por miedo a ser herida cuando aquello que amas desaparezca. No tiene sentido protegerte del dolor de las pérdidas. Algún día perderás inevitablemente todo lo que tienes en el mundo. Mejor entrégate cien por ciento al juego. Sumérgete hasta lo más profundo de la vida. Ríe, ama, llora. Allí, en la médula de la experiencia, entregada por completo a esta experiencia de cambio constante, encontrarás un amor profundo que no cambia, que está más allá del tiempo. Ese amor es tu verdadera esencia, que siempre está por debajo de todo lo que aparece y desaparece.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Phil Koch.

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Contempla la luz que tienes para dar

Sabes más de lo que crees. De hecho, en el fondo lo sabes todo. Lo único que puede hacer un maestro espiritual es ayudarte a recordar. Como Sócrates, que se consideraba a sí mismo como una partera. Su labor no era darles a los demás conocimiento, sino ayudarles a que dieran a luz el conocimiento que ya moraba en ellos.

Puedes decidir sacar la luz que tienes dentro y compartirla con el mundo. Todos necesitamos de ti, de lo que puedes dar. Creer que no tienes nada para dar es solo un estratagema para evitar la incomodidad de exponerte, de brillar.

Exponer nuestra luz se siente como un riesgo, aunque en realidad no pueda pasarnos nada. Lo único que se ve amenazado es la imagen falsa que hemos forjado de nosotros mismos. Nuestro ego. Pues contruimos nuestro ego a partir de lo que creemos que los demás creen de nosotros. Y es claro que esas creencias van a cambiar cuando decidamos compartir nuestra luz, nuestro talento.

“Pero no tengo nada para dar todavía”, dice el ego. Esto es un truco. Tal vez más honesto sería decir: “Tengo miedo a perder mi imagen”. Si tienes miedo (y todos lo tenemos), comienza por ser honesta al respecto. Es parte de la experiencia humana. No hay por qué castigarnos por ello. Pero no creas que no tienes nada valioso para compartir. No te convenzas de esa mentira solo para evitar ver tu miedo.

Si no te sientes lista para atravezar tu miedo, está bien. No es necesario empujarte de manera agresiva a hacer aquello que temes. Pero te invito a que vayas con mayor frecuencia a tu interior y contemples toda esa luz que tienes para dar. El contacto permanente con esa luz, con ese amor, ayudará a que el miedo se disuelva de forma gentil. Será evidente para ti que tienes mucho para dar, y que en realidad no vas a perder nada si lo compartes; por el contrario, vas a ganar mucho, pues recibes lo que das a los demás. Y es que en realidad siempre te estás dando a ti misma. Por tanto, verás crecer tu luz a medida que la compartas.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Corwin Bernard.

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Puedes comenzar ya, en este lugar

Cuando una habitación está muy desordenada, a veces aplazamos comenzar a ordenarla porque no sabemos por dóndé empezar. Demasiadas opciones para escoger.

La verdad es que por dónde empecemos es secundario. Lo realmente importante es empezar. De hecho, la pregunta sobre por dónde empezar es solo un truco para no empezar.

Y un truco aún mejor es la pregunta por cuándo vamos a empezar. Voy a empezar a hacer videos cuando me compre una cámara especializada. Voy a empezar a hacer ejercicio cuando consiga el dinero para pagar ese gimnasio costoso. ¡Son solo trucos! La cámara del celular basta. Una colchoneta en el piso basta.

La verdad es que, si lo deseas, puedes empezar aquí y ahora. Puedes tomar la primera acción. Es como una semilla: por pequeña que sea, al sembrarla creas la posibilidad de un árbol.

Después de empezar vendrá el reto de persistir, de mejorar, de pulir. Pero lo cierto es que tus probabilidades de crear lo que quieres aumentarán dramáticamente cuando decidas dar el primer paso. Antes de eso, lo que quieres crear es solo es un sueño, una fantasía.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Mi Universp Zen.

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Ejercicio para ir más allá del pensamiento

Hoy te quiero compartir un ejercicio hermoso para que vayas más allá del pensamiento y te ancles en el momento presente, el único momento que existe. Tomé este ejercicio del libro En unidad con la vida, de Eckhart Tolle:

Escoge un objeto cercano a ti (un esfero, una silla, una taza, una planta) y explóralo visualmente, es decir, míralo con gran interés, casi con curiosidad. Evita objetos que tengan asociaciones personales fuertes y que te recuerden el pasado, por ejemplo, dónde los compraste o quién te los regaló. Evita también cualquier cosa que tenga algo escrito, como un libro o una botella. Esto estimularía el pensamiento.

Sin esforzarte, relajada pero alerta, préstale total atención al objeto, a cada detalle. Si surgen pensamientos, no te involucres en ellos. No estás interesada en los pensamientos sino en el acto de la percepción misma. ¿Puedes separar el pensamiento de la percepción? ¿Puedes mirar sin la voz adentro de tu cabeza que comenta, que saca conclusiones, que compara o que trata de descifrar algo?

Después de un par de minutos, deja que tu mirada vague por la habitación o el lugar donde estés, iluminando con tu atención alerta cada cosa sobre la que ella descanse.

Entonces, escucha los sonidos que haya. Escúchalos de la misma manera como miraste las cosas a tu alrededor. Algunos sonidos pueden ser naturales (agua, viento, pájaros) mientras que otros serán producidos por el hombre. Sin embargo, no los diferencies en buenos y malos. Permite que cada sonido sea como es, sin interpretación. Aquí la clave es también la atención relajada pero alerta.

***

Cuando percibimos sin interpretar o etiquetar mentalmente, lo cual significa sin añadir pensamiento a nuestras percepciones, podemos sentir incluso la conexión más profunda por debajo de nuestra percepción de cosas que en apariencia no tienen un vínculo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram @omeryesilirmak_

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Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

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El que mucho abarca poco aprieta

No sé qué ejemplo específico tendría en mente la persona que inventó este refrán, pero me imagino a alguien que trata de amarrar muchas maletas en poco tiempo para sujetarlas a la parte trasera de una carreta. Como tiene poco tiempo para hacer cada nudo, todas las maletas quedan mal amarradas y se caen al piso cuando la carreta comienza a moverse. Resultado: la persona pierde su tiempo y daña las maletas. Excepto por el aprendizaje, hubiera sido mejor que no hiciera nada. Y es pertinente aquí otro refrán que me gusta mucho: del afán no queda sino el cansancio.

Son sabios refranes. Me hubiera gustado ponerlos en práctica cuando entré a la universidad. Quería aprender muchos idiomas y por eso me metí a clases de alemán, francés, inglés y griego al tiempo, además de las materias propias de mi carrera. El resultado: no aprendí ninguno de esos idiomas y sufrí para pasar las otras materias que estaba viendo. Quería tenerlo todo y por eso me quedé sin nada. Solo después he comenzado a aprender idiomas, uno por uno. Sin afanes. Eso sí funciona.

Lo mismo nos pasa con todo. Hacemos una lista de quince propósitos de año nuevo y nos cansamos a las dos semanas. Porque es muy difícil crear diez hábitos al tiempo: voy a meditar una hora al día y voy a dejar de comer azúcar y voy a dejar de fumar y voy a ir tres veces por semana al gimnasio y voy a leer un libro a la semana y voy a levantarme a trotar a las cinco de la mañana y voy a comenzar clases de piano y voy a… cansarme a las dos semanas y no voy a cumplir ninguno de los propósitos y voy a sentir que no hago lo que me propongo y me voy a deprimir… etcétera.

¿Te leíste un libro fantástico sobre consejos financieros o sobre cómo estar presente? Qué bueno. Solo recuerda que no tienes por qué poner en práctica todo al tiempo. Basta con que elijas una sola cosa. Cuando ya sea un hábito que no requiera esfuerzo permanente, pasa a la siguiente. Entonces te sentirás bien contigo misma y estarás motivada para emprender más cosas y aumentará tu confianza en ti misma.

Mejor poco a poco. ¿Cuál es el afán? ¿Por qué la necesidad de perfección?

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Dan Mahony.

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Regálate unos segundos de descanso profundo

Acabo de tener una semana de vacaciones, y me siento renovado, pues descansé profundamente. Y te quiero invitar a que descanses tú también ahora.

¿Qué significa descansar? Cuando se trata del cuerpo, todos lo entendemos, pero cuando se trata de la mente, no es tan fácil saber a qué nos referimos.

Para mí, el descanso más profundo se da cuando dejamos al lado el ego por un momento. Cuando nos relajamos con respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Es un descanso de los debería y no debería. De los que tal si y qué pasaría si. Es un descanso de juzgarnos y juzgar a los demás. Es un descanso de etiquetar todo el tiempo todas las experiencias y todas las cosas.

Pero ¿qué queda cuando descansamos de todas esas cosas? Quedamos solo nosotros, desnudos. Queda solo nuestro ser. Ese es el descanso más profundo: solo ser. Y es un descanso vibrante, consciente, no se trata de entrar en la inconsciencia (aunque ese tipo de descanso también es necesario: lo hacemos todas las noches al dormir).

Y lo mejor es que ese descanso consciente se puede lograr en medio de cualquier actividad. Al comienzo, es más fácil en una finca en medio del silencio, es verdad. Pero en realidad podemos descansar del ego en cada momento, sin importar lo que estemos haciendo, incluso en medio del ruido y el trajín de nuestra vida diaria (así como también podemos estar en una batalla interna contra nosotros mismos en medio de una isla paradisiaca sentados en flor de loto y con los ojos cerrados).

Te invito a que ahora y hoy elijas regalarte un descanso profundo. No tienes por qué tratar de dejar tu ego de lado. Solo permítele descansar. Lleva mucho tiempo luchando contra todo, contra la vida y contra sí mismo. Lleva mucho tiempo tratando de lograr algo, tratando de ser algo.

Puedes empezar por relajar la tensión constante de ciertos pensamientos, ciertas expectativas, ciertos juicios. Solo un poco. Solo por un minuto. Solo por hoy. No se trata del futuro. Se trata de regalarte unos segundos de descanso justo ahora.

Lo más normal, es que en medio del descanso surja de nuevo la voz del ego, pues teme que, si no está en control, las cosas pueden descarrilarse: ¿pero y qué tal si esto o lo otro, pero qué va a pasar si…? Cuando esto pase, simplemente bendícelo, dale las gracias por su preocupación y permítele descansar otra vez. Solo por unos segundos. Solo por este momento. Eso es todo. Esa es la invitación.

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