La culpa, el ataque y el perdón

Hacer sentir culpable a alguien es una forma de venganza. La culpa es dolorosa; por tanto, al hacer que otro se sienta culpable lo estamos atacando. El verdadero perdón no pide culpa a cambio, pues no ataca. Atacar implica ausencia de perdón, y perdón implica ausencia de ataque.

Esto que acabo de decir es obvio. Lo que no es tan obvio es que cuando me siento culpable por lo que le he hecho a otra persona también la estoy atacando. Es decir: sentir culpa es una forma de atacar.

Sentirme culpable por lo que le hice a alguien es lo mismo que convertir a esa persona en la causa de mi culpa. En consecuencia, dado que la culpa implica sufrimiento, al sentirme culpable convierto al otro en la causa de mi dolor. Y esto es un ataque contra el otro.

Al hacer que el otro sea la causa de mi culpa y, por tanto, de mi dolor, ataco la realidad de esa persona. Le estoy diciendo que él puede herirme. Le estoy diciendo que es mi enemigo, ya que sufro por él. Le estoy diciendo, en últimas, que me ha herido y que por consiguiente también hay razones para que se sienta culpable. Si él comparte mi interpretación, se sentirá culpable y así mi ataque tendrá como fruto la culpa y el dolor de mi hermano.

Y esto es así tanto si me siento culpable en relación con otra persona como si me siento culpable por algo que me hice a mí mismo o si hice una acción que no afecta directamente a otra persona pero que está mal según mis creencias. Por ejemplo, si hago algo que creo que es malo porque creo que ofende a Dios, y me siento culpable por eso, convierto a Dios en mi enemigo en mi mente; lo convierto en la causa de mi sufrimiento. Por Su culpa es que siento culpa, pues son sus reglas las que han abierto la posibilidad de que yo me haga daño a mí mismo. Esto, por supuesto, es una locura que solo puede tener lugar en nuestras mentes. La vida jamás será nuestra enemiga. Dios jamás será nuestro enemigo ni nos pedirá que sintamos culpa por algo. La culpa es una enfermedad de la mente, no un reflejo de la justicia divina. La idea de que la justicia divina requiere de culpa y castigo es una locura. Dios nunca condena. Por tanto, nunca perdona, pues para perdonar es necesario primero haber condenado, como lo señala de manera hermosa Un Curso de Milagros. Es solo por nuestras creencias que sentimos culpa. Es solo nuestro perdón el que necesitamos.

***

El propósito de esta reflexión es invitarte a contemplar los efectos de la culpa. La culpa no solo no sirve para nada positivo, pues no arregla el pasado ni repara la herida, sino que además perpetúa el ciclo de ataque y contraataque.

En este punto es necesario hacer una advertencia: esta no es una invitación a sentirnos culpables por sentir culpa. Eso sería solo una locura que va en contra del propósito de esta reflexión, que es invitarnos a dejar la culpa de lado.

La culpa es de lo más normal que hay en nuestro actual estado de consciencia. Estamos programados para sentirnos culpables. Pues estamos programados para pensar que debemos ser castigados por lo que hacemos que juzgamos como malo. Creemos que debemos ser perdonados, que el perdón exige un pago a cambio, y que usualmente exige nuestro sufrimiento como pago. Esa es la idea del purgatorio: un lugar al que debemos ir a sufrir para poder expiar nuestros pecados.

Así, creemos que sentirnos culpables está bien, pues lo interpretamos como parte del castigo por el que debemos pasar para ser redimidos. Es esa misma idea de que Dios nos condena y exige nuestro sufrimiento a cambio de su perdón.

Por tanto, dadas nuestras creencias, nuestra cultura y nuestro estado actual de consciencia, sentir culpa es perfectamente normal. Es una enfermedad que debemos sanar, no una razón más para sentirnos culpables. Sentir culpa por sentir culpa sería como sentir culpa por tener dolor de cabeza. Sana, pero no te juzgues por estar enfermo.

Y esta posibilidad de sentir culpa por la culpa es algo común en los caminos espirituales. Hace parte de los juicios de segundo nivel, que le encantan al ego espiritual. Es así que, una vez se nos dice que dejemos de juzgar para ser libres y felices, a veces empezamos a juzgar a quienes juzgan y a juzgarnos cuando juzgamos. Vuelve a aparecer la misma locura, pero disfrazada de espiritualidad.

Sentir culpa por sentir culpa o juzgarnos por juzgar solo es una estrategia del ego para perpetuar la culpa y los juicios. El comienzo siempre es el perdón, el amor, la comprensión. Sólo de ahí puede tener lugar una verdadera transformación. Luego simplemente tomamos consciencia de nuestros patrones de pensamiento, los observamos en paz y los dejamos ir amorosamente. “Ah, ahí está la culpa de nuevo”. “Ah, ahí están mis juicios”. Los amo. Los dejo ir, pues soy consciente de su locura. No hay necesidad de castigarme ni juzgarme por eso. Puedo perdonarme y estar en paz.

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¿No obtienes lo que quieres?

Hace un tiempo traduje un artículo de Neale Donald Walsh sobre la Ley de la Atracción en el que se prometió una segunda parte. Aquí está la traducción de la segunda parte:

Hemos comenzado una serie de artículos en los que buscamos contextualizar este asunto de la “Ley de la Atracción” en el marco de Conversaciones con Dios. Para este ejercicio me estoy apotando en el excelente libro de la serie de Conversaciones con Dios titulado Dios es felicidad.

Hoy, como lo prometí la semana pasada, vamos a mirar qué hacer cuando “pareciera como si” la Creación Personal no estuviera funcionando. Cuando eso sucede es solo porque la Energía de la Atracción ha traído aquello que seleccionaste sin darte cuenta en vez de aquello que pensaste que habías elegido.

Si el poder de crear no siempre estuviera encendido, si el proceso no siempre funcionara, podrías tener un único pensamiento acerca de algo y el resultado se manifestaría en tu realidad sin falta. Pero el proceso funciona todo el tiempo, no solo una parte del tiempo, y se alimenta de aquello que sientes con mayor profundidad, de manera más consistente. Por tanto, un solo pensamiento muy positivo en un remolino de ideas no tan posivas y de proyecciones tiene pocas probabilidades de producir el resultado deseado.

El truco es permanecer positivos en un mar de negatividad. El truco es saber que el proceso está funcionando incluso cuando pareciera que no.

En mi último artículo te dije que te daría una herramienta para hacer esto. Es una técnica increíble. Funciona siempre.

El milagro que cambiará tu vida

Permanecer positivo cuando se está rodeado por (e incluso cuando se está inmerso en) lo que otros llamarían “negatividad” es más fácil de lo que piensas. Así que aquí está el truco. Aquí está la herramienta. Aquí está la técnica increíble…

Ponle fin de inmediato a los juicios

“No juzgues por las apariencias”.

Cuando le pones fin a los juicios, le pones fin a toda una manera de vivir. Esto no es algo pequeño. Este es un cambio de actitud y de comportamiento que puede cambiar la vida. Es un milagro.

¿Pero cómo hace uno este milagro? Esta es la pregunta para la que todos quieren una respuesta. Por favor, préstale mucha atención a lo que te voy a decir ahora…

La forma de salir de los juicios es entrar en gratitud

Este es un corolario tan importante que debería estar enmarcado por todas partes en tu casa y en todas partes de tu mundo. En el espejo de tu baño. En la puerta de tu nevera. En tu espejo retrovisor. Sobre la pantalla de tu computador. Podrías incluso tatuarlo en tu muñeca izquierda (o al menos grabarla en un brazalete que lleves ahí):

LA FORMA DE SALIR DE LOS JUICIOS ES ENTRAR EN GRATITUD

Esto significa estar agradecido por todo resultado. Todo resultado.

Se trata de decir “Gracias, Dios” incluso por aquellas cosas que estás seguro de que no escogiste conscientemente y que tiene muy claro que no quieres.

Alguien dijo alguna vez: “La felicidad no consiste en tener lo que uno quiere, sino en querer lo que uno tiene”. Ese “alguien” está muy en lo cierto.

La gratitud es la cura milagrosa para cada momento de enfermedad y malestar. Es la manera más rápida de disolver la ansiedad, de sanar la decepción, de reemplazar la negatividad con positividad. Es la ruta más corta para salir de un callejón sin salida y volver al Sendero. Es conectar la energía con Dios.

Pruébalo alguna vez.

La próxima vez que te encuentres con un resultado o una experiencia indeseable, simplemente detente. Detente justo en medio de lo que sea que esté sucediendo. Solo…


… detente.

Cierra los ojos por un breve instante y di para tus adentros: “Gracias, Dios”.

Toma una respiración profunda y dilo de nuevo.

“Gracias por este regalo y por el tesoro que tiene para mí”.

Ten la seguridad de que tiene un tesoro, aun si no lo puedes ver justo ahora. La vida te lo confirmará si le das la oportunidad.

El “GPS del cerebro”

Cuando la gratitud reemplaza a los juicios, la paz se esparce por el cuerpo, la tranquilidad abrasa tu alma, la sabiduría llena tu mente. Deja que la gratitud reemplace a los juicios y tu experiencia de vida en su totalidad se transformará positivamente en cinco segundos.

En cinco segundos.

Esto es así porque la actitud lo es todo. La actitud corrige tu rumbo cuando te has salido del Sendero. Es como el GPS del cerebro.

Una actitud negativa te mandará por la senda de la infelicidad. No hay forma de evitarlo. Pasara necesariamente, no importa cuál sea el problema. Una actitud positiva te pondrá de nuevo en el camino hacia la paz interior y la felicidad. De nuevo, no hay manera de evitarlo. Pasará necesariamente, y no importa cuál sea el problema.

Sin embargo, ¿cómo puede uno entrar en gratitud cuando las circunstancias o condiciones que se presentan son completamente miserables, desoladora o incluso ponen en peligro la vida?

Sabiendo que cada momento en la vida es una oportunidad única para que tú internamente declares, expreses y experimentes la Divinidad de mora en tu interior.

Esto no es algo que quede claro por la simple afirmación de que existe algo llamado la Ley de la Atracción. Ese hecho debe ser explicado, no simplemente revelado.

Como ya lo dije, este escrito y el de la semana pasada fueron tomados del maravilloso libro Dios es felicidad. En ese texto se explixa por completo la Ley de la Atracción.



¿Por dónde empezar?

Cuando la habitación está muy desordenada dan menos ganas de comenzar a ordenarla. Y a veces esa resistencia toma la forma de una pregunta que parece difícil responder: ¿por dónde empezar?

La respuesta, sin embargo, es muy fácil: empieza por cualquier parte.

Lo importante es empezar. Una vez empecemos, sabremos si comenzamos por la parte adecuada o si debemos cambiar. De cualquier forma, avanzaremos.

Cuando no se trata de una habitación sino de una situación compleja de vida, la pregunta parece más difícil. Cuando no vemos la salida ni el rumbo a seguir, pareciera que no es posible saber por dónde debemos comenzar a poner en orden la vida.

En este caso, no obstante, la respuesta también es fácil: comienza por este momento.

Tal vez no puedas arreglar la historia de tu vida ahora. Pero tal vez no tengas por qué hacerlo. Tal vez solo debes tomar responsabilidad por este momento, que es el único que existe. ¿Hay algo que puedas hacer y estés dispuesto a hacer justo ahora? Hazlo. Si no puedes o no estás dispuesto, acepta el momento presente o asume responsabilidad ahora por tu elección. El primer paso es quedarte aquí, contigo. Empezar a ordenar el único lugar de tu vida al que tienes acceso: este momento. Respira, ánclate, ve a tu corazón, siente las emociones, toma consciencia de tus pensamientos. No huyas. Ese es siempre el comienzo.

Si nos quedamos mirando todo lo que hace falta, todo lo que anda “mal” según nuestra percepción, perdemos poder y se nos dificulta tomar acción. Si nos restringimos a este momento, asumimos responsabilidad. Puede que el cuarto se vea desatroso, pero no tienes por qué arreglar todo el desastre. Simplemente tiende la cama, recoge ese papel. Comienza por cualquier parte. Comienza por este momento.

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Un secreto de Neale Donald Walsh sobre la Ley de la Atracción

Uno de mis autores favoritos es Neale Donald Walsh. El artículo de hoy fue tomado y traducido su blog:

Hoy vamos a hablar de las elecciones conscientes versus las elecciones incosncientes.

Algo que nadie me contó sobre este asunto de la “Ley de la Atracción” es que es debido a que el “sistema” nunca se apaga (es decir, es debido a que el poder que Dios nos ha dado siempre está encendido) que a veces pareciera que el Proceso de Creación Personal no estuviera funcionando. De hecho, la Creación Personal siempre está funcionando.

Algunas personas han tratado de usar el Proceso de Creación Personal y han creído que no es efectivo. La Creación Personal nunca es inefectiva, aunque no siempre produce los resultados que queremos. Es precisamente por lo que es tan efectiva que no los produce.

Verás, la Energía de Atracción no sólo responde a lo que deseamos, sino también a lo que tememos. No solo responde a lo que queremos atraer hacia nosotros, sino también a lo que queremos alejar de nosotros. No solo responde a lo que elegimos de manera consciente, sino también a lo que seleccionamos inconscientemente.

“Seleccionar” de entre aquello que mi amigo Deepak Chopra llama “el Campo de Posibilidades Infinitas” es un procedimiento delicado. Es un asunto que depende de en qué nos enfocamos, ya sea que lo queramos o no, sin importar si lo hacemos conscientemente o no.

Por ejemplo, si tu mente está enfocada en duplicar tus ingresos durante el próximo año, pero luego tienes un pensamiento (incluso uno inconsciente) la hora siguiente o el día siguiente que te dice que sería casi imposible para ti hacer eso (si te dices a ti misma: “¡Vamos, sé realista! Elige un objetivo que puedas lograr”.) entonces has seleccionado esa última idea, aunque originalmente no lo hayas querido hacer, pues el interruptor de tu poder siempre está encendido; la Creación personal siempre está funcionando.

No sólo funciona con tu pensamiento o idea más reciente, sino también con aquel al que le das más frecuencia, más enfoque y más energía emocional.

Esto explica por qué algunas personas que tratan de utilizar el proceso para obtener algo que quieren desesperadamente con frecuencia se encuentran con lo que ellas llaman fracaso. Entonces dicen: “¿Ves?, ¡Esto no funciona!”.

En realidad, el proceso está funcionando perfectamente.

“Querer” aleja las cosas de ti

Otro ejemplo de esto es que si te experimentas a ti misma queriendo algo desesperadamente, y te sigues repitiendo a ti misma “¡Quiero eso!”, le estás declarando al Universo que no lo tienes.

(A menos que simplemente estés usando la palabra “querer” de manera figurativa. La mayoría de la gente no lo hace así. Cuando la mayoría de las personas dicen que “quieren” algo, tienen muy claro que lo hacen porque experimentan que ahora no tienen eso.)

Mientras tengas ese pensamiento, no podrás tener eso, pues no puedes tener en una mano aquello que con tu otra mano estás confirmando que no tienes.

Por ejemplo, la frase “Yo quiero más dinero” podría no atraer dinero hacia ti, y podría más bien alejarlo de ti. Esto es así porque el Universo sólo tiene una respuesta en su vocabulario: “Sí”. El Universo escucha con mucho cuidado, y escucha sobre todo a cómo te estás sintiendo.

Conversaciones con Dios dice que “los sentimientos son el lenguaje del alma”. Si constantemente dices “Yo quiero más dinero” y el Universo “siente tu sentimiento” acerca de eso, y si ese sentimiento es de carencia, eso es a lo que el Universo va a responder.

El “Motor de la Creación es en realidad” un imán

Estamos hablando de poder aquí. El poder de un imán. Recuerda que un sentimiento es energía, y cuando se trata de energía, lo Semejante atrae a lo Semejante. Entonces, el Universo dirá “¡Sí!” (y tú seguirás queriendo más dinero).

Si tú dices “Yo quiero más amor en mi vida”, el Universo dirá “¡Sí!” (y seguirás queriendo más amor en tu vida).

Al usar la Energía de la Atracción, la palabra “Yo” es la llave que enciende la creación. Lo que va después de la palabra “Yo” hace girar la llave y enciende el motor de la manifestación.

En consecuencia, cuando “pareciera” que la Creación Personal no estuviera funcionando es sólo porque la Energía de la Atracción te ha traído aquello que seleccionaste sin darte cuenta en vez de aquello que creíste que habías elegido.

Si el poder no siempre estuviera activo, si el proceso no siempre funcionara, podrías tener un único pensamiento muy positivo acerca de algo y el resultado se manifestaría en tu realidad sin falta. Pero el proceso funciona todo el tiempo, no sólo una parte del tiempo, y se alimenta de lo que sientes con mayor profundidad y mayor consistencia. Así, un sólo pensamiento positivo en medio de un torbellino de ideas no tan positivas y de proyecciones probablemente no producirá el resultado deseado.

El truco es permanecer positivo en un mar de negatividad. El truco es saber que el proceso está funcionando incluso cuando pareciera que no. Te quiero dar una herramienta para hacer esto. Es una técnica increíble. Funciona siempre. Y es sobre lo que hablaré la próxima semana [la próxima semana traduciré el nuevo artículo de Neale en el que ofrece la técnica].

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Neale Donald Walsh es el autor de la serie de libros de Conversaciones con Dios, que han sido éxitos en ventas. Estos libros, que no se inscriben en ninguna doctrina religiosa, están inspirados por Dios, y en ellos se presentan consejos sencillos y claros para tener una vida más equilibrada y para reconectarnos con la Divinidad, de la que hacemos parte. Estas enseñanzas constituyen un camino moderno hacia una vida espiritual y llena de significado.

“Algo está mal”

Todo marcha bien. El sol brilla. Estamos haciendo lo que queremos, cumpliendo nuestros sueños. Y entonces una vocecita nos dice que no podemos relajarnos, que no podemos disfrutar, pues algo se está quemando en alguna parte y, si no prestamos atención y nos preocupamos, pronto nos veremos envueltos en un incendio.

“Algo está mal” es una de las frases favoritas del ego, pues significa que tiene algo que hacer, un problema que enfrentar, algo por lo que preocuparse.

Es producto de la inercia, de la programación de muchos años, de muchas vidas. No es real. Viene de una sensación de culpa profunda. De la idea de que, en el fondo, hay algo malo con nosotros, con nuestra esencia. Esta idea implica que siempre habrá algo mal, sin importar qué tanto brille el sol o cuántas metas logremos.

Observar esa vocecita de nuestro ego y tener la capacidad de no creerle es un paso fundamental para poder ser felices, para poder habitar tranquila- y plenamente en el momento presente.

Tal vez no hay nada malo en este momento. Tal vez son solo ideas de tu ego. Tal vez sí tienes derecho a disfrutar, gozar y relajarte ahora. Tal vez no haya algo que tienes que arreglar antes de poder disfrutar el regalo del presente.

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Que te critiquen es una bendición

Tu ego está hecho de aquello con lo que te identificas. Es aquello que crees que eres. El ego espiritual, por ejemplo, surge cuando nos identificamos con nuestras creencias y nuestras prácticas espirituales.

Es fácil reconocer cuando nuestro ego está presente. Una señal clara es que nos sentimos atacados personalmente cuando alguien critica nuestras ideas o nuestras prácticas. Otra señal es la necesidad automática de defender nuestras ideas o de demostrar que lo que hacemos está bien o funciona. Estos son intentos del ego de mantener intacta o engrandecer su imagen, aquella imagen ficticia con la que se identifica.

En consecuencia, tus críticos, especialmente aquellos que te molestan con sus críticas, son una bendición en tu camino. Te muestran el tamaño de tu ego. Te muestran lo que aún no has sanado.

Si te duele lo que te dicen, no eres tú, es tu ego. Y qué bueno que te lo hayan dicho. Pues así puedes tomar consciencia de tu ego. Y la consciencia es el primer paso para trascenderlo, para dejar de sufrir por él.

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El aparente poder del futuro

Habitar plenamente en el momento presente es, para mí, la escencia de la espiritualidad.

Pero hay días en los que parece ser más fácil estar presente que otros.

Cuando se avecina algo importante, algo grave, algo exitante o algo riesgoso, pareciera que no es posible estar presente. Pareciera que es obligatorio pensar en el futuro en esos casos. Y que solo cuando la situación esperada se experimente o se resuelva volverá a ser posible darle toda nuestra atención al momento presente.

La verdad, sin embargo, es que el futuro no tiene ningún poder sobre nuestra capacidad para estar presentes, excepto en nuestra imaginación.

No importa si mañana es la entrevista de tu vida. O la operación más riesgosa. O el partido de fútbol que tanto esperas. Puedes estar plenamente presente ahora si lo deseas.

Requiere de práctica, pero depende solo de tu voluntad, no del futuro.

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Consejos para hacer una buena dieta

Escucha a tu cuerpo. Ese es el mejor consejo que te puedo dar.

Mientras aprendes a escuchar a tu cuerpo, ve a donde especialistas, lee libros que resuenen contigo.

Escuchar el cuerpo requiere que estés plénamente anclada en ti misma. Y luego confía. Hay momentos en los que uno sabe lo que debe comer o no comer.

Hay cuerpos que piden carne y hay cuerpos que piden a gritos dejar la carne. No hay una dieta que funcione para todos.

Esto va más allá de las ideas que puedas tener. Requiere, por tanto, dejar de lado el intelecto y confiar.

Pero esto que digo tiene un riesgo. Es una práctica delicada. Requiere un gran nivel de presencia aprender a escuchar al cuerpo. Antes, puedes caer en la trampa de usar la “intuición” para ser indulgente con tus malos hábitos.

“Es que mi cuerpo me está pidiendo que me coma una caja de chocolates y los acompañe con una botella de vino”. Si piensas eso, lo más probable es que no sea tu cuerpo quien te está hablando. Seguramente es la mente que desea sensaciones con las cuales escapar de sí misma.

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El mindfulness o la atención plena

Un amigo me invitó a trabajar en una aplicación para reducir el estrés. Numerosos estudios muestran la efectividad del mindfulness o la “atención plena” para reducir el estrés y la depresión. Por eso, algunas de las meditaciones que se incluyen en la aplicación se relacionan con el mindfulness.

Como parte del desarrollo de la aplicación mi amigo me pidió que escribiera un texto breve relacionado con el mindfulness como complemento a los audios que contienen las meditaciones. Este es el texto que escribí.

Este momento es lo único que existe. El pasado ya dejó de existir y el futuro todavía no existe. Por tanto, lo único que es cien por ciento real es esto, este momento, mientras lees estas palabras. Esa es la realidad. Tus pensamientos sobre el pasado y el futuro son solo eso: pensamientos.

Cuando aprendas a habitar de manera frecuente en el momento presente, comenzarás a gozar de paz y tranquilidad. Pues la gran mayoría de los problemas y las preocupaciones ocurren en nuestra mente, en nuestra imaginación, pero no tienen lugar exactamente en este momento.

El principio básico de la atención plena o mindfulness consiste en estar en el momento presente. Es decir, consiste en prestarle atención a este momento.

Si observamos nuestra mente, nos daremos cuenta de que continuamente está pensando en el pasado o en el futuro. Cuando pensamos en el pasado, muchas veces nos resentimos y tenemos arrepentimientos o culpas. Cuando pensamos en el futuro muchas veces nos preocupamos y anticipamos situaciones desagradables o dolorosas. Gran parte del estrés que experimentamos se genera porque nuestra atención está en el pasado y en el futuro.

Por supuesto que a veces tenemos que pensar en el pasado o en el futuro para poder funcionar de manera adecuada en el mundo. Sin embargo, si pensamos en exceso en el pasado y el futuro, deja de ser útil y nuestros pensamientos se convierten simplemente en una fuente de estrés y malestar.

La invitación del mindfulness es a no pensar tanto en el pasado y el futuro y permitirnos estar plenamente del momento presente. Esto es difícil al comienzo, pues la mente está acostumbrada a vagar por el pasado y el futuro. En consecuencia, se requiere un entrenamiento para aprender a estar plenamente en el ahora.

Algo que ayuda mucho a traer la atención al momento presente es la respiración y la consciencia de nuestro cuerpo. Ahora mismo, mientras lees esto, toma consciencia de tu respiración. Lleva tu atención a tu respiración. Al hacerlo, tomas consciencia de este momento, pues tu respiración está sucediendo justo ahora.

Así, cuando te des cuenta de que tienes muchos pensamientos y te sientas estresado o atormentado, prueba llevar tu atención a este momento. Siente tu respiración. Toma consciencia de tu cuerpo. Toma consciencia de los objetos que te rodean. Trata de no pensar sobre lo que ves o experimentas, simplemente obsérvalo, siéntelo profundamente.

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En la salud y en la enfermedad

No importa si crees o no en el matrimonio católico. Los votos usuales son hermosos. Cada uno de los futuros esposos le dice al otro:

“Me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”.

¡Qué hermoso sería hacernos esos votos a nosotros mismos cada día! Qué hermoso sería decirnos de corazón:

“Hoy me seré fiel. Hoy estaré conmigo. Hoy me amaré. En los momentos de calma y en los momentos de angustia. En los momentos de celebración y en los momentos de pérdida. En los momentos de logros y cuando cometa errores. Cuando sienta emociones que me gustan y cuando sienta emociones que juzgo. Cuando tenga pensamientos que me gustan y cuando tenga pensamientos que me atemorizan. En la salud y en la enfermedad, siempre me amaré”.

Si ahora reemplazamos “me” por “te”, tendríamos lo que creo que Dios nos diría siempre, en cada momento, sin importar nuestro pasado o nuestro presente, si su amor fuera expresado en palabras.

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