Saltar al vacío

Nunca podremos tener la certeza a nivel intelectual de que todo saldrá bien. La mente siempre podrá encontrar un pero, una duda, algo incierto, una razón para tener miedo.

Seguir nuestro corazón implica saltar al vacío desde el punto de vista del intelecto. Y esto asusta. Pero vale la pena. Pues el corazón sabe lo que en verdad queremos en el nivel más profundo.

Si seguimos a la mente, tal vez tengamos la ilusión de control por un tiempo, pero en últimas permaneceremos insatisfechos. Si seguimos al corazón, enfrentaremos en algún momento el miedo que implica saltar al vacío, pero encontraremos la satisfacción plena de seguir a nuestro ser verdadero.

Sobre seguir al corazón, te recomiendo el libro El Camino del Corazón, canalizado de las almas de Jesús y María Magadalena, libro que tuve el placer y el privilegio de traducir al español.

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El cambio verdadero

Todo proceso de transformación genuino comienza con la decisión de parar y mirar adentro.

Mientras no sanemos por dentro, podremos cambiar todo afuera y, sin embargo, todo volverá a ser igual. Es como cuando cambiamos de pareja y la siguiente a relación vuelve a ser igual que la anterior. Esto es así porque el afuera es sólo un espejo de lo que llevamos dentro. En consecuencia, mientras no cambiemos por dentro, seguiremos viendo el mismo reflejo afuera, sólo que disfrazado de formas diferentes.

El cambio verdadero, por tanto, implica mirar adentro. A veces no queremos mirar en nuestro interior, pues hay emociones que no queremos sentir, hay miedos, hay viejas heridas que esperan la luz de nuestra consciencia para salir a la superficie y así poder sanar.

Da miedo. Como visitar un viejo sótano oscuro y desordenado en lo más profundo de nuestra casa. Pero vale la pena, pues allí se esconde el tesoro más grande que jamás podríamos imaginar. Sin embargo, para llegar a él hay que tener la valentía de mirar adentro y sanar.

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La paz que yace en lo profundo

En estos momentos, el mundo necesita, más que nunca, de nuestra paz, de nuestra dicha, de nuestra luz.

Y nuestra felicidad, nuestra paz y nuestra plenitud no dependen de lo que sucede afuera. No si así lo decidimos.

La felicidad y la paz son, por tanto, una elección.

Esto parece difícil de creer cuando nos percibimos como víctimas del mundo. En ese estado, creemos que la tristeza y la frustración existen porque las cosas afuera no son como creemos que deberían ser. Pero esto es una ilusión.

El mundo es un juego, y podemos disfrutarlo o sufrirlo. Pero la causa de nuestra dicha y nuestro sufrimiento no están en el mundo, sino en nuestra elección.

La paz y la dicha están en nuestro interior, más allá del mundo, más allá del cuerpo, más allá de lo que puede nacer o morir. Y esa plenitud interna es algo con lo que tenemos la capacidad de conectarnos, si así lo decidimos.

Al comienzo, la inercia de nuestro sistema de pensamiento hará que no encontremos la plenitud adentro, pues nos impedirá mirar con la suficiente profundidad, ya que está habituado a mirar sólo afuera. Cuando nos acostumbramos a mirar adentro, sin embargo, veremos que allí han estado siempre intactos nuestros tesoros, la paz, la plenitud, el amor incondicional.

Aprendamos, pues, a conectarnos con esa paz más profunda que no depende de nada. Cuando nos conectemos, la esparciremos por el mundo, y así lo ayudaremos a sanar.

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Sabiduría aérea

En las recomendaciones de seguridad de los aviones, siempre nos dice que, en caso de emergencia, debemos tomar oxígeno primero nosotros de las mascarillas antes de auxiliar a los demás. Y esto sin exepciones. Si vas con un niño pequeño al lado y de verdad estás interesado en su bienestar, primero tomarás oxígeno antes de ayudarlo.

La lógica de esto es que, si tratas de ayudar a un niño pequeño antes de ayudarte a ti mismo, probablemente te quedarás sin oxígeno y desfallecerás, y entonces el niño tendrá que defenderse solo, y probablemente no podrá, y menos aún podrá ayudarte a ti cuando lo requieras.

En épocas de emergencia, a veces ponemos por delante las necesidades de los demás y nos olvidamos de estar bien nosotros. Y esto, en realidad, nos lleva a no poder ayudar a los demás. Pues sólo podemos ayudarlos si estamos bien, si tenemos para dar, si tenemos ganas. Si estamos deprimidos o enfermos, va a ser muy difícil contribuir a mejorar la situación del mundo. Y esto es especialmente cierto en tiempos difíciles y retadores como estos.

A veces, por tratar de ayudar a los otros antes de ayudarnos a nosotros mismos, terminamos incapacitándonos para ayudarlos.

Si ahora te centras en estar feliz, en estar bien, en sanar, en cuidarte, no es eso egoísmo ni desinterés por los demás. El mundo te necesita feliz, sano y lleno de energía. Cuando estés bien, naturalmente ayudarás a los demás. No tendrás que esforzarte para decidir ayudar. Las ganas de ayudar brotarán de tu corazón de forma tan natural como el agua que reboza de una copa en la que se sigue vertiendo líquido cuando ya está llena.

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La respuesta del Bodhisattva al coronavirus

Me llegó un mensaje hermoso del maestro budista Jack Kornifield sobre la actitud más elevada que podemos asurmir frente al coronavirus. Aquí está mi traducción de ese mensaje:

Queridos amigos:

Podemos elegir.

Las epidemias, al igual que los tornados y los terremotos, son parte del ciclo de la vida en el planeta Tierra.

¿Cómo responderemos? ¿Con codicia, odio, miedo e ignorancia? Esto sólo traerá sufrimiento. O con generosidad, claridad, firmeza y amor?

Es momento para el amor.

Es momento para Bodhisattvas. En las enseñanzas budistas, el Bodhisattva es alguien que se compromete a aliviar el sufrimiento y brinda bendiciones en todas las circunstancias. Un Bodhisattva elige vivir con dignidad y valentía e irradia compasión por todos, sin importar en dónde se encuentren.

Esta no es una metáfora. En tanto que Bodhisattvas, se nos pide ahora que miremos la tragedia del mundo y respondamos con amor.

El camino del Bodhisattva está en frente de nosotros. Lo hermoso es que podemos ver a Bodhisattvas por todas partes. Los vemos cantando desde sus balcones para aquellos encerrados adentro. Los vemos en esos vecinos que cuidan de los mayores que viven cerca, en nuestros valientes trabajadores de la salud y en aquellos que pasan desapercibidos y abastecen los estantes de nuestras tiendas y supermercados.

En tanto que padre, si ella me llamara, yo viajaría hasta los confines de la Tierra para ayudar y proteger a mi hija. Ahora, ella y su esposo, paramédico y bombero, junto con mi pequeño nieto aguardan al virus. En su estación de bomberos urbana, al igual que en muchos hospitales y centros de respuesta inmediata, no hay máscaras. Ochenta por ciento de su trabajo son llamadas de emergencia y todos esperan contraer el virus. No les harán tests, pues el departamento de bomberos no puede darse el lujo de perder a demasiados de sus bomberos.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué podemos hacer?

En este momento, podemos sentarnos en silencio, tomar una respiración profunda y reconocer nuestro miedo y nuestra desconfianza, nuestra incertidumbre y nuestra impotencia… y abrazar todos estos sentimientos con un corazón compasivo. Podemos decirles a nuestros miedos y nuestra incertidumbre: “Gracias por tratar de protegerme” y “Por ahora estoy bien”. Podemos poner nuestros miedos en el regazo de Buda, de la Virgen María, de Quan Yin, podemos depositarlos en los corazones de las generaciones de valientes médicos y científicos que han ayudado al mundo en epidemias anteriores.

Cuando hacemos eso, podemos sentirnos parte de algo más grande, de generaciones de sobrevivientes en la vasta red de la historia y la vida, “siendo cargados”, como dicen los ancianos del pueblo Ojibwa, “por grandes vientos a través del cielo”.

Este es un tiempo de misterio e incertidumbre. Respira. Los velos de la separación se están yendo y la realidad de la interconexión es evidente para todos en la Tierra. Necesitábamos esta pausa, y quizás incluso nuestro ailsamiento, para ver qué tanto necesitamos cada uno del otro.

Ahora es momento para aportar nuestra parte.

Los Bodhisattva deliberadamente miran hacia el sufrimiento para servir y ayudar a aquellos a su alrededor en cualquier manera que puedan.

Esta es la prueba por la que hemos estado esperando.

Sabemos cómo hacerlo.

Es hora de renovar tu juramento.

Siéntate en silencio de nuevo y pregúntale a tu corazón: ¿cuál es mi mejor intención, mi más noble aspiración para este momento difícil?

Tu corazón responderá.

Deja que esto se convierta en tu guía. Cuandoquiera que te sientas perdido, recuerda y esto te recordará lo que importa.

Es tiempo de ser la medicina, la música inspiradora, la lámpara en la oscuridad.

Arde con amor. Sé un portador de la esperanza.

Si hay un funeral, despídelos con una canción.

Confía en tu dignidad y bondad.

Donde otros acumulan… ayuda.

Donde otros engañan… defiende la verdad.

Donde otros están abrumados o son indolentes… sé bondadoso y respetuoso.

Cuando te preocupas por tus padres, tus hijos, tus seres queridos, permite que tu corazón se abra y participe en la preocupación de todos por sus padres, sus hijos y sus seres amados. Este es el gran corazón de la compasión. El Bodhisattva dirige la compasión hacia todos: aquellos que están sufriendo y son vulnerables y aquellos que causan el sufrimiento. Estamos en esto juntos.

Es momento para reimaginar un mundo nuevo, para visualizarnos compartiendo nuestra humanidad común, para visualizar cómo podemos vivir de la manera más hermosa posible. Al atravezar esta situación, podremos hacer aquello que cultivemos y en lo que pongamos nuestro empeño.

Al final, recuerda que quien eres es la consciencia atemporal, la consciencia que nació en tu cuerpo. Tú naciste como un hijo del espíritu, e incluso ahora puedes volver a esa consciencia y convertirte en la consciencia amorosa que te atestigua leyendo y sintiendo y reflexionando.

Cuando un bebé nace, nuestra primera respuesta es el amor.

Cuando un ser querido muere, la mano que sostenemos es un gesto de amor.

El amor y la consciencia atemporales son lo que eres.

Confía en eso.

Querido Bodhisattva,

El mundo espera tu corazón compasivo.

Abordemos esta gran tarea juntos.

Con cariño,

Jack Kornfield.

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.

Consejos para hipocondriacos

En esta época es probable que muchos nos sintamos hipocondriacos. Que temamos constantemente estar enfermos.

Este es mi caso. En momentos de estrés, soy hipocondriaco. En el contexto de salud mundial actual y el estrés generado por esto, he sentido con fuerza en estos días esos pensamientos de miedo. En este video les comparto qué podemos hacer para aliviar el malestar de creer que estamos enfermos.

(Y una gran bendición a todos aquellos que sí están enfermos en este momento. Toda mi luz y los mejores deseos. Que puedan atravesar este momento difícil y recibir la paz y el crecimiento espiritual que los espera cuando lo atraviesen).

Este es el video en el que hablo sobre cómo lidiar con pensamientos hipocondriacos:

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Es momento de dar lo mejor de nosotros

Ahora es cuando el mundo más necesita de nuestra luz. Y ahora tenemos una oportunidad en la que la vida nos empuja a encontrar esa luz en nuestro interior y encenderla con más fuerza que antes.

Te invito, pues, a mirar cómo puedes usar esa situación para sanar. Te invito a que mires con atención qué heridas salen a la superficie para que las sanes. Te invito a que mires qué talentos estaban dormidos que ahora tienes oportunidad de despertar y compartir.

Y te invito, sobre todo, a que des lo mejor de ti y compartas lo que tienes con el mundo. Tienes más para dar de lo que crees. Y hay más gente que necesita de tu luz y tus dones ahora. ¡Ánimo! Que sea este un tiempo para dar, para crecer y para apoyar a los demás. Tal vez no puedas darles un abrazo o un beso, pero sefuro que, si miras con atención, encontrarás la forma ayudarnos y de esparcir tu luz.

Como parte de la situación de cuarentena en la que muchos nos encontramos, y de los retos económicos, sociales y de relaciones personales por los que muchos pasarán, he decidido, por mi parte, contribuir de la siguiente manera:

  • Trataré de hacer un video en Instagram Live todos los días en mi canal de Instagram.
  • Trataré de subir dos videos semanales en mi canal de YouTube.
  • Estaré escribiendo a diario artículos en este blog.
  • Crearé y compartiré gratuitamente un curso de meditación acompañado de varias meditaciones guiadas.
  • Y lo más importante: seguiré sintiendo mis emociones y sanando, pues entre más sano esté interiormente, más será la luz que podré compartir con los demás.

Todo esto es, por supuesto, además de un compromiso que me motive a dar lo menor de mí, una invitación a que busques tú qué puedes dar. Al dar, tomarás consciencia de lo que ya tienes y podrás ver tu abundancia. Y así, tu abundancia y tus dones también se multiplicarán.

[Este texto surgió originalmente como parte de este video que compartí en mi cuenta de Instagram].

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Ilusiones rotas

Estás enamorado y te rechazan. Deseas que te elijan para ese nuevo trabajo, pero te avisan que han escogido a otra persona. Diseñas y pones en marcha un plan para crear tu empresa, pero, después de dar lo mejor de ti, las cosas no funcionan. Tienes un matrimonio hermoso, un nido que es tu refugio de amor, y de repente, sin previo aviso, las cosas se derrumban y te encuentras solo.

Todos estos ejemplos tienen algo en común: en ellos se ha roto una ilusión.

Las cosas no siempre salen como queremos. Eso es parte de la vida. Por tanto, las ilusiones rotas son parte de la vida. Y está bien que sea así, pues estas circunstancias son oportunidades para crecer y madurar.

Hace poco publiqué una imagen en Instagram con este mensaje:

Cada vez que se nos rompe una ilusión, tenemos la oportunidad de experimentar una verdad.

¿Por qué es esto así? ¿Qué sentido tiene esta frase?

En el fondo, todo lo que puede disolverse es una ilusión. Todo lo que es pasajero es una ilusión. Y todo en este mundo es pasajero: las relaciones, los trabajos, las estructuras físicas. Cuando esas cosas se disuelven, tenemos una oportunidad para buscar lo que no es perecedero. Podemos mirar dentro de nosotros y encontrar allí lo que creemos que hemos perdido afuera.

Gran parte de nuestras vidas vamos en busca de ilusiones, creyendo que ellas nos traerán la plenitud y la paz que buscamos. Tratamos de crear una vida a nuestro alrededor que tenga ciertas características específicas y ciertos estándares, y creemos que, si lo hacemos bien, encontraremos la plenitud.

Es maravilloso construir una vida bella y rodearnos de personas amorosas y de experiencias enriquecedoras, pero debemos saber que la plenitud nunca vendrá de lo externo. A lo sumo, lo externo, lo ilusorio, será un reflejo de nuestro estado interno. Lo externo podrá ser una bella ilusión con la que jugar un rato y disfrutar y crecer. Pero si tratamos de derivar la planitud y el sentido de la vida de lo externo, siempre terminaremos defraudados, pues la naturaleza de las ilusiones es deshacerse. Sería como mirar el cielo y decidir que nuestra felicidad depende de la forma de las nubes, para al poco tiempo estar desconsolados al ver que ya se han transformado en formas nuevas.

Cuando las ilusiones se disuelven, cuando las formas del mundo se deshacen y dan lugar a otras nuevas, tenemos una oportunidad para desapegarnos. Esto implica reconocer que la plenitud no está en lo pasajero y enfocar nuestra atención en la realidad que nunca cambia, en la consciencia profunda que es lo que somos al nivel más profundo. Cuando las nubes se disuelven, tenemos una oportunidad para tomar consciencia del vasto cielo que las alberga. Ese espacio profundo siempre ha estado allí, en el fondo, pero nuestra atención estaba por completo en las formas. Cuando estas se van, tenemos, pues, la oportunidad de tener contacto con lo más profundo.

Lo más natural ante la disolución de una forma que amamos es tratar de repararla, retenerla o arreglarla. Hay casos en los que esto no es posible. Podemos entonces tratar de reemplazar esa forma con otra que nos proporcione la satisfacción que derivábamos de la anterior. Así, muchas personas, ante el fin de una relación, buscan saltar rápidamente a la siguiente, y con esto se pierden la oportunidad de recibir los regalos que hay en el vacío dejado por la relación anterior. O a veces, incluso, huimos en busca de ilusiones aún más efímeras para olvidar el dolor que nos produce la pérdida. Entonces nos refugiamos, por ejemplo, en drogas o en actos de consumo compulsivos, tratando de obtener una satisfacción pasajera que nos haga olvidar de la profunda insatisfacción que sentimos.

Si estás en un periodo de pérdida, si alguna ilusión a tu alrededor se ha disuelto, te invito a que te quedes contigo y mires profundo dentro de ti antes de tratar de reemplazar la vieja ilusión con una nueva. Tal vez, gracias al fin de lo pasajero e ilusorio, tienes ahora la oportunidad de experimentar un atisbo de lo permanente y real que reside en tu interior.

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La esencia de la meditación

El objetivo de la meditación es que se convierta en tu estado predominante de consciencia” ~ Eckhart Tolle

La esencia de la meditación es estar en el momento presente. Aquí, en lo más profundo de este momento, encontramos nuestra conexión con la fuente, con la divinidad, con nuestro verdadero ser.

Hay muchos caminos espirituales, pero todos llevan al mismo lado: nos llevan de vuelta a recordar nuestra verdadera naturaleza.

Sin importar cuál camino sigas o qué técnica de meditación apliques, si es para ti y te funciona, te llevará a un estado de permanente conexión con tu corazón.

Hay un momento en todo camino, en el que ese estado de conexión permea toda nuestra vida. Mientras caminamos por la ciudad o el campo, mientras subimos las escaleras, mientras hacemos el amor, mientras tomamos un vaso con agua, mientras hablamos con alguien, mientras navegamos por internet, mientras pagamos nuestras cuentas…

Llega un momento en el que el estado meditativo se convierte en nuestra naturaleza. Estamos en presencia constante sin ningún esfuerzo. Para alcanzar ese estado, pasamos normalmente por un periodo en el que elegimos constantemente volver al momento presente. No juzgamos estar perdidos en el tiempo, simplemente decidimos entrar suavemente en este momento una y otra vez.

Si has empezado una práctica de meditación, elige ahora conectarte con tu ser más profundo, con este momento, con tu corazón… elige conectarte con el estado meditativo, como sea que lo entiendas. Esa es una de las decisiones más poderas que puede hacer.

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¿Qué hacer cuando te cansas de dar?

A veces nos cansamos de dar. Esta es una indicación de que no estamos dando desde nuestro corazón, sino que lo hacemos por un sentido de obligación o porque queremos recibir algo a cambio.

Cuando no damos desde el corazón, tarde o temprano terminamos exhaustos o resentidos.

Por eso, si ves que te estás cansando de dar, mira en tu corazón y pregúntate desde qué lugar estás dando. Y, si ves que realmente no quieres hacerlo, para. O si ves que esperas recibir algo a cambio, entonces es un trueque, un contrato, y debes dejarlo claro y asegurarte que los demás sean conscientes de lo que esperas y acepten los parámetros del contrato.

Cuando des desde el corazón, no te cansarás de hacerlo, pues el dar mismo es su propia recompensa y te llena de dicha y de plenitud en el mismo momento en que lo haces. Pero es algo que no se puede forzar, así como no se puede forzar estar enamorado de alguien.

Por ahora, sé honesto. Mira si realmente quieres dar o no, y qué esperas o no a cambio. Ese es un buen comienzo para estar más tranquilo y evitar resentimientos.

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