Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

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Sufrimiento y dolor no son lo mismo

Una frase que he visto que se le atribuye a Buda es: “El sufrimiento no es causado por lo que pasa, sino por tu resistencia ante lo que pasa”.

Alguien podría objetar que, cuando nos cortamos una mano, el sufrimiento es causado por la herida misma. Al fin y al cabo, el dolor emerge en nuestra mano, independientemente de la forma como reaccionemos ante el hecho de habernos cortado.

El truco aquí es reconocer que el dolor no es lo mismo que el sufrimiento. Le cuerpo puede doler, nuestros estados emocionales pueden doler, pero eso no implica que tengamos que sufrir.

Pero, ¿cómo no sufrir cuando algo duele? Bueno, lo primero es reconocer que el sufrimiento es un estado psicológico, espiritual, mientras que el dolor y las emociones se limitan al cuerpo.

Pero entonces, ¿cómo dejar de sufrir en presencia del dolor? ¿Es esto en realidad posible o se trata solo de un juego de palabras?

Un ejemplo puede servir para iluminar la diferencia entre dolor y sufrimiento.

Dar a luz es una de las experiencias más dolorosas en la vida de una mujer. Sin embargo, también es una de las experiencias que más plenitud trae. Cuando una mujer va a tener un hijo que ha deseado y al que ama profundamente, es perfectamente posible que, a pesar del intenso dolor del parto, no interprete esa experiencia como una de sufrimiento sino como una de gran dicha. En medio del dolor, ella se puede sentir plena y en gozo.

Sufrir, pues, depende de la forma como interpretamos la realidad.

Cuando reconocemos que todo lo que sucede es parte de nuestro proceso de crecimiento personal y evolución, nuestra relación con la realidad y con los que nos pasa cambia. Entonces podemos sentirnos plenos incluso en los momentos de más dolor.

Un campo en el que tengo experiencia propia es el de las emociones.

En alguna época de mi vida, tener emociones “negativas” como la rabia intensa o la tristeza profunda era igual para mí que sufrir. Ahora eso ha cambiado. Antes me resistía a esas emociones y escapaba de ellas porque las juzgaba como algo indeseable o las usaba como una manera de alimentar una imagen de mí mismo de víctima. Ahora, en cambio, las reconozco como oportunidades para crecer, como puertas para entrar más profundo dentro de mí, como señales de que hay algo por sanar, de que puedo seguir evolucionando. Entonces, ahora me rindo, me entrego plenamente a esas emociones.

A veces no es fácil. A veces la mente condicionada entra en pánico o vuelven viejos patrones de autocompadecerme y victimizarme. Pero cuando realmente puedo entregarme a la experiencia cruda de las emociones y me sumerjo en ellas, siempre encuentro luz en medio del dolor, en medio de la frustración. Las lágrimas siguen saliendo. Mi cuerpo se sigue tensionando ante la rabia. Pero ya no es un momento de sufrimiento. Es algo sagrado porque así lo interpreto y lo reconozco. Por tanto, hay en el fondo de la experiencia una gratitud y una plenitud que van más allá de mi estado emocional.

Esta es una invitación, púes, a que te entregues a la vida, a que le des la bienvenida incluso a aquellos momentos y aspectos que son dolorosos y que en la superficie parecen enteramente negativos. Todo tiene una bendición oculta, pues todo es parte de tu camino de regreso a casa. Cuando adoptas esa perspectiva, dolor y sufrimiento dejan de ser lo mismo y te abres a brillar aun en medio de los momentos difíciles. No te resistas a los regalos que la vida te trae sólo porque el empaque viene disfrazado de dolor. Tal vez lo que crea el sufrimiento es tu resistencia. Tal vez se trata sólo de una bendición.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @yos216

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Para cuando te sientas perdido

No creo que nadie haya caminado sobre la Tierra sin haber dudado a veces, sin haber tenido miedo a veces, sin haberse perdido. Creo que incluso los grandes maestros pasaron por ahí. Creo que es parte de ser humanos.

Cuando estamos en medio de una contracción energética y espiritual, cuando somos desafiados por nuestras circunstancias o cuando salen a flote nuestras heridas más profundas, es normal sentirnos pesimistas y desanimados. Es normal creer que no podremos cruzar esa parte del camino. Es normal verlo todo oscuro y creer que vamos a caer para no levantarnos más.

Cuando estés así, imagina a un niño de tres años que está aterrorizado ante la idea de bajar solo por unas escaleras eléctricas. Está convencido de que se va a caer y a golpear muy duro.

Imagina que amas profundamente a ese niño. ¿Cómo lo tratarías? ¿Lo empujarías, lo reprenderías o menospreciarías? ¿Le negarías tus muestras de cariño? Por supuesto que no. Serías amoroso, paciente y comprensivo con él; respetarías sus ritmos. Y, ante todo, estarías tranquilo en cuanto a su futuro, sabrías que no es nada grave, tendrías plena confianza en que llegará el día en el que él podrá bajar por las escaleras con total naturalidad, es obvio. Comprenderías, sin embargo, si el niño cree que nunca será capaz. Sabes cómo es posible que él tenga esa perspectiva. En pocas palabras, lo amarías, lo respetarías y confiarías profundamente en él.

Elige tratarte así a ti ahora, o cuando llegue el momento en el que te sientas paralizado en tu camino y lo veas todo oscuro. Sé amoroso, sé gentil, respétate y confía. No es tan grave. Si pudieras ver el momento desde la perspectiva cósmica más amplia de tu proceso, no podrías más que relajarte y reír.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @trevordobson_astro

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Sufrimiento y sabiduría

Este texto es una traducción de un post en la cuenta de Instagram de Ram Dass:

Verás, tenemos la tendencia a sentir aversión al sufrimiento. Y así, queremos distanciarnos de éste.

Si hay gente que sufre, quieres mirarla por televisión o encontrarte con ellos, pero entonces buscas mantener una distancia. Pues temes que te ahogarás en eso. Temes que te ahogarás en un dolor que será insoportable. Y lo cierto es que tienes que hacerlo. En última instancia tienes que hacerlo.

Pues si cierras tu corazón a cualquier cosa en el universo, ésta te posee. Entonces estás a merced del sufrimiento. Y en últimas tendrás que lidiar con el sufrimiento, tendrás que consumirlo dentro de ti. Esto significa que tienes que (con los ojos abiertos) ser capaz de mantener tu corazón abierto en el infierno. Tienes que mirar lo que es y decir: “Sí, de acuerdo”. Y esto implica soportar lo insoportable.

Y, en cierto sentido, aquel que crees ser no puede hacerlo. Quien en realidad eres puede hacerlo. Así, aquello que crees que eres muere en el proceso.

Ram Dass

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¿Por qué dejar ir?

Este texto es una traducción de una lista de correo del maestro Matt Kahn a la que estoy suscrito:

Para conocer los beneficios de dejar ir, es esencial identificar primero a qué puedes estar aferrándote. Quizás te estás aferrando a un sueño sobre cómo quieres que sea tu vida. Y, por supuesto, el propósito de la vida es crecer, por lo que es natural e importante siempre esforzarnos por alcanzar nuevos horizontes de experiencias. Pero cuando el nivel de esfuerzo por cambiar te lleva a pasar por alto la faceta igualmente importante de apreciar todo aquello que tienes, ocurre un desequilibrio. En este espacio de desequilibrio, en el que pasas más tiempo esforzándote por alcanzar algo diferente que apreciando la vida exactamente como es, experimentas un apagón, conocido comúnmente como tristeza.

Cuando estás apagado en la tristeza, es casi instintivo creer que sólo te podrás sentir diferente cuando las circunstancias de tu vida sean diferentes. En la tristeza, es común creer: “Si no puedo chasquear mis dedos y mejorar mis circunstancias externas, no hay forma de que me sienta mejor”. Esta creencia tan sólo amplifica la autoderrota, la miseria y la agonía que provienen del apagón. Esto es parcialmente cierto. Hay algo que debe cambiar en tu vida para dar lugar a la transformación de tus experiencias emocionales, pero lo único que necesita cambiar es tu perspectiva.

Para que ocurra este increíble cambio, exploremos el ritmo fundamental de la realidad, el cual, cuando se pasa por alto, lleva al apagón que estás deseoso por disolver y descifrar. No importa cuántos años lleves en este planeta, qué tan pocas o qué tantas experiencias místicas hayas tenido, o incluso la cantidad de dolor, descuido o abuso que hayas soportado, todos los seres humanos experimentan un ritmo de cambio perpetuo. Durante periodos recurrentes de cambio inevitable, hay un ciclo en juego: el ciclo de la renovación y la erosión.

En la renovación, las cosas viejas se vuelven nuevas; en la erosión, las cosas nuevas se vuelven viejas.

En la condición humana, es muy normal emocionarnos positivamente ante el nacimiento de las nuevas creaciones a las que comúnmente da lugar la renovación. Así mismo, también es normal que las emociones positivas experimentadas durante la renovación se aplanen o se sientan vacías a medida que las cosas nuevas envejecen. Es muy agradable recibir un ramo de flores, pero la experiencia no es la misma cuando todos los pétalos caen y quedan los tallos remojándose en agua turbia. Es glorioso manifestar oportunidades nuevas y excitantes, las cuales inevitablemente se vuelven menos excitantes a medida que lo nuevo se convierte en “lo mismo de siempre”.

Esto también sucede en las relaciones, donde la pasión de un romance totalmente nuevo se disuelve en la aburrición de la vida cotidiana. Esta es, repito, la forma normal como funciona la condición humana. Esto significa que es normal para la forma como el ego percibe, pero está lejos de la forma tan increíble como tu alma ve tu vida.

Cuando ves desde la perspectiva de tu alma, eres emocionalmente libre por naturaleza. Eres capaz de eforzarte por alcanzar metas, a la vez que siempre tienes tiempo para apreciar todo lo que te ha sido dado honrando todas las experiencias que han tenido lugar. Eres capaz de apreciar el hecho de que las cosas nuevas no pueden más que volverse viejas y que el espacio creado en este proceso tan sólo puede dar lugar a la renovación de nuevas cosas por venir. Desde este espacio de libertad emocional, eres capaz de darle la bienvenida por igual a la renovación y a la erosión reconociendo sus beneficios transformadores, sin importar qué tanto placer o dolor se sienta.

En el ego, estás condicionado para buscar placer como una forma básica de evitar la anticipación del dolor.

Dado que el ego sólo puede percibir la dicha, el éxtasis y la exitación en ausencia del dolor, tu manera básica de funcionar en la condición humana es expresar tu ser más abierto, positivo y amoroso durante los ciclos de renovación, tan sólo para apagarte, retraerte y alejarte cuando aparece la erosión. Y como la renovación naturalmente lleva a la erosión, y la erosión tan sólo deja más espacio para una mayor renovación, el arte de dejar ir consiste en renunciar a la necesidad de controlar esto.

Esta es la piedra angular de la libertad emocional. Es el tema central del nuevo paradigma espiritual que está centrado en el corazón: ser capaz de ganar alegremente y de perder con la más grande de las noblezas. Es la capacidad de tu alma para encarnar la resiliencia ante la transformación que llega como resultado de que las cosas viejas se conviertan en nuevas y las nuevas envejezcan en medio de un ritmo de cambio incesante. Esto es precisamente lo que el Universo te exhorta a que aprendas y encarnes en este momento. A temperar tu deseo más profundo por el cambio con una cantidad igual de tiempo apreciando todo lo que tienes y su propósito de ayudarte a alcanzar tu potencial completo. A emocionarte por todos los nuevos horizontes de experiencias que siempre surgen en tu camino, al tiempo que respetas de igual manera el tiempo limitado que tienes con ciertas personas, lugares y cosas, que existen exactamente como son para el crecimiento personal y la expansión espiritual que cada una de ellas tiene como propósito brindarte. Y, lo mejor de todo, eres capaz de fluir en la vida con renovadas valentía, entusiasmo, pasión y dicha, sabiendo que tu felicidad y tu plenitud no se basan en las circunstancias que controlas, y reconociendo lo profundamente alineado que estás con la visión más prístina de tu alma.

Que con cada respiración que pasa puedas hacer las pases con la renovación y la erosión…

… sin tener miedo de recibir las cosas que un día perderás, sin embarcarte en una búsqueda interminable en un intento por vencer a los vientos del destino. Que puedas honrar los regalos que provienen del placer y del dolor por igual, sin necesitar siempre el dolor para crecer, o necesitar siempre placer constante para confirmar tu valor. Que puedas dejar de ver tu vida desde la creencia del ego en el castigo, para que así puedas entrar en los dominios de tu alma de infinitas recompensas. Desde este espacio, todo lo que viene y se va siempre te dejará más evolucionado que antes de que lo obtuvieras.

Que, a medida que sueltas, puedas liberar la tendencia de criticarte siempre que la renovación comienza a erosionarse. Que puedas despertar de la búsqueda del ego por la perfección inalcanzable, imaginando tan sólo la necesidad de mejorar como una manera de lograr una vida de ganancias perpetuas que no pueden existir sin la inevitabilidad de las pérdidas. Que, con el Universo guiándote a cada paso, puedas honrar la nada que has hecho mal (eso que estuvo siempre bien para el resultado que cada momento tenía como propósito crear).

Que puedas dejar ir tan profundamente que el placer de la ganancia pueda ser reconocido en cada momento, incluso cuando se trata de la ganancia de madurez o la expansión de la perspectiva, sin importar qué tenga que perderse para que tales ganancias ocurran. Que puedas entrar en una relación armoniosa con la realidad, viendo lo natural que es ganar hasta que pierdes y entonces perder hasta que ganas; usando la fricción creada por el contraste para fundir los bordes de tus limitaciones.

Este es el plan que el Universo siempre tiene para ti; convertirte en tu más magnífica expresión de la energía Fuente, sin importar los altos y bajos que vienen con cada resultado. A pesar del dolor de tu pasado o la incertidumbre de tus circunstancias, el arte de dejar ir está aquí para mostrarte el camino hacia una forma más milagrosa de ser.

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Elige nacer de nuevo ahora

Uno de mis ejercicios favorito de Un Curso de Milagros consiste en parar cada hora durante 5 minutos y elegir tener una consciencia radiante y la luz y la paz, sin importar lo que haya sucedido en la hora anterior.

Normalmente, nuestro estado interior depende del pasado. Si la última hora ha estado llena de buenos momentos y de encuentros agradables, nos sentimos bien; si, por el contrario, hemos estado llenos de pensamientos de angustia y miedo, lo más probable es que nos sintamos mal. Lo que Un Curso de Milagros nos enseña es que esto no tiene por qué ser así. El pasado sólo puede afectar al presente y al futuro en la medida en que lo permitamos. En realidad, la calidad de este momento sólo depende de lo que elijamos ahora, justo ahora.

Como constantemente le damos poder al pasado, éste afecta el presente y determina el futuro. Parece lógico, pero no lo es. Desde la lógica de Un Curso de Milagros, el pasado no tiene ningún poder porque no existe, y lo que no existe no puede tener efectos.

Así pues, no importa lo que hayas experimentado ayer o la última hora o los últimos cinco minutos. Este momento depende de lo que elijas ahora. Puedes elegir recordar y traer a tu memoria lo que te duele o puedes elegir ver la luz que siempre está en ti ahora. Tu poder para decidir y para crear tu realidad es mucho más basto y profundo de lo que imaginas.

Te invito a que comiences a practicar. Detente cada tanto y elige tu estado interno sin ninguna consideración con respecto a lo que ha sucedido antes. Elige nacer de nuevo a cada instante, elige nacer completamente radiante y puro, completamente fresco. Y así, verás al mundo también nacer de nuevo contigo, y verás a tur hermanos frescos y nuevos, sin pasado. Entonces no podrás albergar resentimientos ni culpa, pues estos siempre dependen de que le des realidad al pasado.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @ dreamful_landscapes

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¿Qué problema tienes en este momento?

No mañana, ni en 5 minutos, sino justo ahora, ¿tienes algún problema?

Esta es una pregunta que plantea frecuentemente el maestro Eckhart Tolle en sus charlas, al igual que otros maestros que he escuchado.

La gran mayoría de las veces, la respuesta será que no. No hay algo que tengas que resolver justo ahora. En el tiempo todos tenemos problemas. En la historia de nuestro ego todos tenemos cosas que arreglar. Cuando vivimos completamente en el ahora, la mayoría de esos problemas desaparecen.

Si tuvieras realmente un problema ahora, no estarías leyendo esto sino lidiando con aquel. Por supuesto, no me refiero a un problema en tu mente sino a un problema en el mundo real.

Tal vez digas: “Pero mi vida entera es un problema”. Y puede que sea cierto, pero solo desde el punto de vista del ego. Si puedes dejar por completo el pasado y el futuro y poner toda tu atención en este momento, verás que tu vida se vuelve muy simple. Muy simple.

El ego, tu identidad falsa, no soporta este ejercicio, pues está construido a partir de la historia que nos contamos en el tiempo. En el presente el ego desaparece y solo queda la vida verdadera, el ser, tu presencia radiante que alumbra todo lo que experimentas justo ahora.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Max Trafford.

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Tiempo para demoler y tiempo para edificar

Hace un par de meses dejé de escribir todos los días en este blog. Creo que fue una buena decisión. Es lo que mi corazón pedía en ese momento.

Sin embargo, últimamente me he dado cuenta de que muchos días dejo de escribir, no porque mi corazón así lo pida, sino porque me da pereza. Y dejar de escribir por pereza no me deja pleno. Cuando eso sucede, mi vibración baja. No es una elección elevada.

Creo que está bien parar. Está bien renunciar. Está bien mandar todo al carajo de vez en cuando. Pero esas deciciones sólo nos traerán plenitud si vienen del corazón. Si vienen del miedo, de la pereza o del simple rechazo ante la incomodidad, lo más probable es que esas decisiones nos lleven a dejar de crecer.

Así pues, seguir el corazón es una práctica de todos los días. El hecho de que tu corazón te invite a hacer algo un día no significa que eso es lo que quiere que hagas todos los días de ahí en adelante. Por eso hay que seguir escuchando.

Como dice un hermoso pasaje de la Biblia en el libro de Eclesiastés (1-7):
“Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: Tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para demoler y tiempo para edificar; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar; tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse de ellos; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callarse y tiempo para hablar”.

Así pues, no escribiré todos los días. Pero trataré de asegurarme de que cuando no escriba sea porque eso es lo que realmente quiero, lo que quiero desde mi ser más profundo.

Es difícil a veces distinguir cuándo realmente no queremos hacer algo y cuándo estamos evadiendo lo que queremos mediante racionalizaciones.

Es por eso que escuchar el corazón es un arte y requiere práctica y silencio interior.

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Imagen tomada de la cuenta de Instagram deFélix Alfaro.

El origen del mal olor

Imagina que vives en un gran palacio y empiezas a percibir un mal olor. Algo se está pudriendo en alguna parte, pero no sabes exactamente dónde.

Hay varias estrategias para hacerle frente a esta situación.

La menos efectiva es huir del castillo y esperar que a tu regreso el miasma y su causa hayan desaparecido mágicamente.

También puedes usar perfumes para esconder el olor. Así mitigarás la incomodidad por un rato, pero el hedor continuará haciéndose más fuerte y en algún momento ya no podrás ocultarlo más.

Una aproximación más proactiva es empezar a buscar la causa. Esto, no obstante, puede ser muy difícil, especialmente si el palacio tiene muchas habitaciones y recovecos. Si buscas de forma frenética, corriendo de un lado para otro y removiendo trastes aquí y allá a cada paso, te agotarás y será poco probable que halles lo que se está pudriendo.

Tal vez lo mejor es quedarte quieto, simplemente oliendo. Cada vez con más atención. De esta forma, tu olfato te guiará hacia el origen del miasma. Esta es, tal vez, la estrategia más incómoda, pues implica sentir plenamente aquello que te incomoda, pero es la más efectiva. Entre más plenamente habites el palacio, más fácil será encontrar aquello que debes limpiar. Eso implica permitirte estar en presencia del mal olor. No se trata de huir ni tampoco de pretender que no está allí o que no te afecta. Se trata, simplemente, darle tu atención plena.

Así mismo sucede cuando algo disuena en nuestro interior. Huir mendiante distracciones no hará que el malestar se vaya. Tratar de quitarnos esa sensación de encima a la fuerza tampoco ayudará mucho. El gran trabajo está en permitirnos sentir plenamente eso que nos duele, para que así su causa le sea revelada a nuestra consciencia. Se trata, pues, de amar y habitar aquellos recovecos en los que nos sentimos menos cómodos. Se trata de caminar, con calma, hacia aquello que más nos duele y mirarlo con atención. Esa es la mejor manera de sanar. Esa es la mejor manera de mantener reluciente nuestro palacio.

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¿Necesito eso para ser feliz?

Esta es una pregunta muy poderosa. Al comenzar a hacérmela con frecuencia, me he vuelto mucho más feliz.

¡Hay tantas cosas que creemos que necesitamos para ser felices! Pero en la gran mayoría de los casos son solo ilusiones.

Podemos desear cosas o situaciones o experiencias bellas que nos pueden proporcionar placer o experiencias gratificantes, pero eso no implica que las necesitemos para ser felices.

Pongo algunos ejemplos de lo que he aprendido últimamente sobre mí al plantearme esta pregunta:

No necesito que los demás valoren lo que hago para ser feliz.

No necesito que los demás se sientan por mí de una manera específica para ser feliz. Puedo ser feliz aun si esa persona que me gusta no me corresponde o si aquella otra persona piensa que soy un tarado.

No necesito que mi cuerpo esté sano para ser feliz.

No necesito que mi cuerpo luzca de una manera determinada para ser feliz.

No necesito que mis seres queridos permanezcan a mi lado para ser feliz. Puedo permitirles abandonarme en paz o incluso morir en paz.

No necesito saber lo que pasará en el futuro para ser feliz. Puedo estar perfectamente en paz en medio de la incertidumbre.

No necesito ser capaz de lograr lo que me propongo para ser feliz. Puedo fallar y ser feliz, fracasar y ser feliz. Puedo ser feliz aun sabiendo que hay muchas cosas que no soy capaz de hacer.

No necesito saber cómo resolver mis problemas para ser feliz. No necesito conocer las respuestas. No necesito saber qué palabras debo proferir ni qué acciones debo emprender. Puedo estar en paz sin saber.

No necesito distraerme para ser feliz. Puedo ser feliz en medio de la rutina, en medio de los paisajes conocidos. No necesito emociones fuertes ni sorpresas para ser feliz.

No necesito que mis emociones desaparezcan para ser feliz (o al menos para estar en profunda paz). Puedo estar en paz en medio de la tristeza y la angustia.

No necesito tener la razón para ser feliz.

No necesito ser mejor que los demás para ser feliz. No necesito ser más inteligente, ni más exitoso, ni más espiritual para ser feliz.

No necesito que mis posesiones materiales permanezcan para ser feliz. Puedo ser feliz si las pierdo o si se dañan o si me las roban.

No necesito que los demás actúem como creo que deberían hacerlo. Puedo ser feliz incluso si no siguen mis consejos. Puedo ser feliz si toman decisiones o caminos que no entiendo o con los que no estoy de acuerdo.

No necesito contarme una historia sobre mí mismo y sobre mi vida para ser feliz. En otras palabra, no necesito pensar en mi pasado o mi futuro para ser feliz.

No necesito estar en control de la situación para ser feliz.

Te invito a que comiences a hacerte esa pregunta y te vayas abriendo a nuevas posibilidades. Quién sabe, tal vez no necesitas eso que crees que te falta para ser feliz. Tal vez puedes ser feliz ya, exactamente como eres en este momento.

Ante cualquier pensamiento de angustia que surja en tu mente, pregúntate: ¿realmente necesito que las cosas sean diferentes para ser feliz? Solo pregunta. Con honestidad. A veces la respuesta será “sí” y a veces será “no”, pero verás que muchas ideas viejas empiezan a caerse cuando cuestionas aquello que hasta ahora simplemente has estado dando por hecho.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @k3lvinch

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