Cómo dejar las adicciones

Todos hemos lidiado alguna vez con una adicción, y es probable que muchos estemos lidiando con alguna ahora.

Por eso, te invito a ver este video, en el que explico qué son las adicciones y comparto un consejo que ha funcionado para mí.

El primer paso para dejar una adicción, es reconocer que nos hace sufrir. Pues lo que caracteriza a las adicciones es que nos hacen sufrir.

El reconocimiento de ese sufrimiento nos motiva a querer sanar, pues es obvio que no queremos sufrir. Sin embargo, la adicción también se caracteriza porque se impone sobre nuestra fuerza de voluntad. Es como si algo nos obligara a hacer cosas que no queremos hacer.

Entonces, muchas veces la lucha contra las adicciones se convierte en una lucha contra nosotros mismos. Se trata de esforzarnos e imponer nuestra fuerza de voluntad sobre nuestros deseos más básicos e inmediatos.

Este esfuerzo, sin embargo, es desgastante y muchas veces nos lleva a reprimirnos, y cuando nos reprimimos, a veces acumulamos tensión que se desboca de manera negativa en otras áreas de nuestra vida. Por ejemplo, dejamos de fumar pero entonces comenzamos a comer demasiado.

Estaré haciendo varios videos en los que hablo sobre consejos sencillos para dejar las adicciones. En este primer video, planteo un enfoque que no se basa en la represión ni en aguantarnos las ganas sólo mediante la fuerza de voluntad, si bien esto a veces puede ser necesario.

Haz click aquí para ver el video sobre cómo dejar las adicciones.

Es bueno que se acabe

Hoy vi a mi madre retirando lo adornos navideños de la casa y me dio un poco de tristeza. Entonces le dije: “Ya se acabó la época de Navidad, ¿no te gustaría que continuara?”. “No”, me respondió. “La gracia de época de Navidad es que se acaba; es por eso que es especial y que la disfrutamos tanto”.

Me quedé pensando en su respuesta, y creo que es muy sabia y se aplica para muchas cosas.

Si la época de Navidad y sus adornos durarán todo el año, dejarían de tener en nosotros el efecto que ahora tienen.

Eso me recuerda algo que me dijo hace tiempo un amigo. Él estaba desempleado en ese entonces, y yo le pregunté qué iba a hacer en época de vacaciones. “Los que no tenemos trabajo, no tenemos el privilegio de tener vacaciones”, me respondió. Cuando le pregunté a qué se refería, me explicó que, para él, las vacaciones sólo tienen sentido como un tiempo de contraste con la época en la que se trabaja. Por tanto, si nunca se trabaja, no hay vacaciones, pues no hay contraste. Puede que dure todo el año con tiempo libre y pueda descansar, pero no se siente nunca en vacaciones.

En consecuencia, si tuviéramos vacaciones todo el tiempo, ya no serían vacaciones. Es por eso que los ritmos y los cambios son necesarios. Es hermoso cuando un periodo termina y otro comienza; nada dura indefinidamente.

A veces queremos aferrarnos a experiencias placenteras. En mi caso, quise aferrarme a la experiencia de la Navidad, la cual disfruto mucho. Sin embargo, caí en cuenta de que, si tratara de aferrarme a esa experiencia, perdería su sentido. Por tratar de que durara más de lo que normalmente dura, acabaría en realidad perdiendo la experiencia.

Así mismo, hay muchos momentos bellos y fugaces que debemos aprender a disfrutar en su fugacidad. Hay que aprender a dejar que las cosas fluyan y se transformen, y que una etapa dé lugar a otra. Cada momento tiene cosas bellas que disfrutar, pero nuestra realización como seres humanos requiere que nos permitamos cambiar constantemente.

La infancia es bella, pero si siguiéramos siendo niños toda la vida, nos perderíamos de gran parte de lo que la vida nos puede ofrecer. E incluso esta vida misma, a pesar de ser bella, no es más que un pequeño momento de nuestro viaje. Inevitablemente esta vida pasará, y sólo así podrá surgir lo nuevo. El universo está creando constantemente nuevas experiencias, y esto implica que lo viejo va desapareciendo y va siendo reemplazado.

Qué hermoso permitirnos ser parte de los ciclos de la vida, y poder así estar tranquilos cuando nuestro cuerpo se deteriore y se consuma. En esa conciencia, podemos disfrutar plenamente de esta experiencia humana, sabiendo que es efímera por naturaleza.

Incluso el Sol, que parece eterno comparado con nosotros, morirá en algún momento, al igual que todas y cada una de las estrellas que jamás hemos visto. Esa es la naturaleza del mundo de las formas: que surgen y desaparecen. Es por eso que la clave para disfrutar de las formas es el desapego.

Deja, pues, que tu vida cambie, y celebra este momento por completo, sabiendo que también pasará.

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¿Cómo soltar las adicciones?

Aquello a lo que te resistes persiste.

Esta es una frase que encontramos con frecuencia en los mensajes motivacionales, ¡y cuánta razón tiene!

Cuando tratamos de resistirnos a algo, le damos nuestra energía. Pues para resistir, tenemos que controlar, y controlar es algo que requiere de mucha energía.

No quiere decir esto de nunca debemos tratar de controlar nada. Se trata, más bien, de una invitación a encontrar formas más sanas de dejar ir lo que nos hace daño, de tal modo que cada vez tengamos que controlar menos.

Un ejemplo claro de algo que tratamos de dejar ir son las adicciones, esos comportamientos repetitivos que nos hacen daño y que parecen ser más fuertes que nuestra voluntad. Cuando tratamos de luchar contra una adicción resistiéndonos, le damos toda nuestra atención. Se puede hacer esto, y en algunos casos es necesario, pero es un camino arduo y agobiante. Por momentos pareciera que, entre más nos resistiéramos a las adicciones, más fuerza tienen.

Una alternativa a luchar contra aquello que queremos dejar ir es enfocar nuestra energía en algo que sí queremos. Así, a medida que el nuevo enfoque de nuestra energía crece, cada vez queda menos energía disponible para las adicciones y éstas pierden fuerza.

Por ejemplo, supongamos que quieres dejar de fumar. En vez de gastar toda tu energía resistiendo la tentación de fumar, enfócate en realizar otras actividades que vibren en una frecuencia muy diferente a la del cigarrillo y que sean incompatibles con éste. Algo que ayuda mucho en esos casos es hacer ejercicio. Si enfocas tu energía en el deporte, esto te traerá satisfacción y tu mente empezará a soltar por momentos su fijación en el cigarrillo, pues estará enfocada en el ejercicio que haces.

Enfocate en meditar, enfócate en danzar, enfócate en dar. Eso naturalmente elevará tu vibración, y entre más alta sea tu vibración, naturalmente las adicciones irán perdiendo fuerza. Puede que a veces se requiera de fuerza de voluntad. Pero el proceso será más ameno y suave si tu energía tiene ahora un nuevo foco que te proporciona bienestar y satisfacción, en vez de estar simplemente reprimiendo un deseo que surge en ti.

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¿El ego o el corazón?

¿Cómo saber cuando algo está motivado por el ego o el corazón? ¿Cómo saber, por ejemplo, si al querer estar con alguien estamos siguiendo a nuestro corazón o a nuestro ego?

La mejor forma es estar en profundo silencio interior. Allí se puede escuchar la voz del corazón y se acalla la voz del ego.

Al ego le importa el futuro. Necesita saber cómo serán las cosas. Tiene miedo. Quiere evitar el dolor. Necesita asegurarse de que podrá controlar las cosas.

Al corazón sólo le importa el presente. No necesita saber nada sobre el futuro, pues no tiene miedo a perder algo. Sabe que no puede perder nada, pues lo tiene todo dentro de sí. Está completo.

El ego busca siempre qué puede obtener, cómo puede usar a la situación o a las personas para completarse y mejorarse a sí mismo, pues siempre siente que le falta algo. El corazón sólo busca dar. Dar es su dicha y su gozo. No necesita nada, pues ya está completo dentro de sí.

Por tanto, el ego exige. Y cuando no recibe, se resiente, se siente traicionado por la vida y por los demás. El corazón, en cambio, nunca exige nada, pues no necesita nada.

El ego interpreta el presente con base en el pasado. Eso es lo que conoce: su historia. El corazón mira al presente directamente y le permite ser.

El amor del ego y la paz del ego es condicional: sólo están presentes si se cumplen ciertas condiciones, si la vida es de cierta manera, si los demás se comportan de cierta manera. El amor y la paz del corazón son incondicionales, eternas: emanan de Él, por tanto, no hay ningún suceso que pueda afectarlas. Él es la fuente de la plenitud y la dicha y la paz. Esa es su naturaleza.

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La voz del corazón

Hace ya varios años estoy suscrito a una lista de correo de Neale Donald Walsh en la que diariamente me llegan mensajes inspiradores. La lista se llama “I believe God wants you to know…” (Creo que Dios quiere que sepas…). El mensaje de hoy me pareció particularmente bello, por lo que he decidido traducirlo para ustedes:

“En este día de tu vida, creo que Dios quiere que sepas que tu corazón conoce en silencio los secretos de los días y las noches.

Kahlil Gibran lo dijo, y tenía razón. Escucha, por tanto, a tu corazón. Cultiva la habilidad de hacerlo. Practícala. Prodúcela. Perfecciónala.

No es tan difícil. Simplemente quédate en silencio contigo misma. Y por el amor del Cielo, deja de escuchar a tu mente. No encontrarás la verdad ahí. Podrás encontrar la respuesta, pero no será la verdad a menos que coincida con la respuesta en tu corazón.

Crees que hay algo más que saber en la vida aparte de esto, pero no lo hay. Tu corazón contiene la llave. Tu corazón contiene la sabiduría. Tu corazón contiene el futuro. Tu mente no sabe nada aparte del pasado. Ella imagina que el futuro será justo como ayer, y toma sus decisiones con base en eso. Sólo tu corazón puede ver más allá del horizonte de la memoria”.

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Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

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Sufrimiento y dolor no son lo mismo

Una frase que he visto que se le atribuye a Buda es: “El sufrimiento no es causado por lo que pasa, sino por tu resistencia ante lo que pasa”.

Alguien podría objetar que, cuando nos cortamos una mano, el sufrimiento es causado por la herida misma. Al fin y al cabo, el dolor emerge en nuestra mano, independientemente de la forma como reaccionemos ante el hecho de habernos cortado.

El truco aquí es reconocer que el dolor no es lo mismo que el sufrimiento. Le cuerpo puede doler, nuestros estados emocionales pueden doler, pero eso no implica que tengamos que sufrir.

Pero, ¿cómo no sufrir cuando algo duele? Bueno, lo primero es reconocer que el sufrimiento es un estado psicológico, espiritual, mientras que el dolor y las emociones se limitan al cuerpo.

Pero entonces, ¿cómo dejar de sufrir en presencia del dolor? ¿Es esto en realidad posible o se trata solo de un juego de palabras?

Un ejemplo puede servir para iluminar la diferencia entre dolor y sufrimiento.

Dar a luz es una de las experiencias más dolorosas en la vida de una mujer. Sin embargo, también es una de las experiencias que más plenitud trae. Cuando una mujer va a tener un hijo que ha deseado y al que ama profundamente, es perfectamente posible que, a pesar del intenso dolor del parto, no interprete esa experiencia como una de sufrimiento sino como una de gran dicha. En medio del dolor, ella se puede sentir plena y en gozo.

Sufrir, pues, depende de la forma como interpretamos la realidad.

Cuando reconocemos que todo lo que sucede es parte de nuestro proceso de crecimiento personal y evolución, nuestra relación con la realidad y con los que nos pasa cambia. Entonces podemos sentirnos plenos incluso en los momentos de más dolor.

Un campo en el que tengo experiencia propia es el de las emociones.

En alguna época de mi vida, tener emociones “negativas” como la rabia intensa o la tristeza profunda era igual para mí que sufrir. Ahora eso ha cambiado. Antes me resistía a esas emociones y escapaba de ellas porque las juzgaba como algo indeseable o las usaba como una manera de alimentar una imagen de mí mismo de víctima. Ahora, en cambio, las reconozco como oportunidades para crecer, como puertas para entrar más profundo dentro de mí, como señales de que hay algo por sanar, de que puedo seguir evolucionando. Entonces, ahora me rindo, me entrego plenamente a esas emociones.

A veces no es fácil. A veces la mente condicionada entra en pánico o vuelven viejos patrones de autocompadecerme y victimizarme. Pero cuando realmente puedo entregarme a la experiencia cruda de las emociones y me sumerjo en ellas, siempre encuentro luz en medio del dolor, en medio de la frustración. Las lágrimas siguen saliendo. Mi cuerpo se sigue tensionando ante la rabia. Pero ya no es un momento de sufrimiento. Es algo sagrado porque así lo interpreto y lo reconozco. Por tanto, hay en el fondo de la experiencia una gratitud y una plenitud que van más allá de mi estado emocional.

Esta es una invitación, púes, a que te entregues a la vida, a que le des la bienvenida incluso a aquellos momentos y aspectos que son dolorosos y que en la superficie parecen enteramente negativos. Todo tiene una bendición oculta, pues todo es parte de tu camino de regreso a casa. Cuando adoptas esa perspectiva, dolor y sufrimiento dejan de ser lo mismo y te abres a brillar aun en medio de los momentos difíciles. No te resistas a los regalos que la vida te trae sólo porque el empaque viene disfrazado de dolor. Tal vez lo que crea el sufrimiento es tu resistencia. Tal vez se trata sólo de una bendición.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @yos216

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Para cuando te sientas perdido

No creo que nadie haya caminado sobre la Tierra sin haber dudado a veces, sin haber tenido miedo a veces, sin haberse perdido. Creo que incluso los grandes maestros pasaron por ahí. Creo que es parte de ser humanos.

Cuando estamos en medio de una contracción energética y espiritual, cuando somos desafiados por nuestras circunstancias o cuando salen a flote nuestras heridas más profundas, es normal sentirnos pesimistas y desanimados. Es normal creer que no podremos cruzar esa parte del camino. Es normal verlo todo oscuro y creer que vamos a caer para no levantarnos más.

Cuando estés así, imagina a un niño de tres años que está aterrorizado ante la idea de bajar solo por unas escaleras eléctricas. Está convencido de que se va a caer y a golpear muy duro.

Imagina que amas profundamente a ese niño. ¿Cómo lo tratarías? ¿Lo empujarías, lo reprenderías o menospreciarías? ¿Le negarías tus muestras de cariño? Por supuesto que no. Serías amoroso, paciente y comprensivo con él; respetarías sus ritmos. Y, ante todo, estarías tranquilo en cuanto a su futuro, sabrías que no es nada grave, tendrías plena confianza en que llegará el día en el que él podrá bajar por las escaleras con total naturalidad, es obvio. Comprenderías, sin embargo, si el niño cree que nunca será capaz. Sabes cómo es posible que él tenga esa perspectiva. En pocas palabras, lo amarías, lo respetarías y confiarías profundamente en él.

Elige tratarte así a ti ahora, o cuando llegue el momento en el que te sientas paralizado en tu camino y lo veas todo oscuro. Sé amoroso, sé gentil, respétate y confía. No es tan grave. Si pudieras ver el momento desde la perspectiva cósmica más amplia de tu proceso, no podrías más que relajarte y reír.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @trevordobson_astro

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Sufrimiento y sabiduría

Este texto es una traducción de un post en la cuenta de Instagram de Ram Dass:

Verás, tenemos la tendencia a sentir aversión al sufrimiento. Y así, queremos distanciarnos de éste.

Si hay gente que sufre, quieres mirarla por televisión o encontrarte con ellos, pero entonces buscas mantener una distancia. Pues temes que te ahogarás en eso. Temes que te ahogarás en un dolor que será insoportable. Y lo cierto es que tienes que hacerlo. En última instancia tienes que hacerlo.

Pues si cierras tu corazón a cualquier cosa en el universo, ésta te posee. Entonces estás a merced del sufrimiento. Y en últimas tendrás que lidiar con el sufrimiento, tendrás que consumirlo dentro de ti. Esto significa que tienes que (con los ojos abiertos) ser capaz de mantener tu corazón abierto en el infierno. Tienes que mirar lo que es y decir: “Sí, de acuerdo”. Y esto implica soportar lo insoportable.

Y, en cierto sentido, aquel que crees ser no puede hacerlo. Quien en realidad eres puede hacerlo. Así, aquello que crees que eres muere en el proceso.

Ram Dass

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¿Por qué dejar ir?

Este texto es una traducción de una lista de correo del maestro Matt Kahn a la que estoy suscrito:

Para conocer los beneficios de dejar ir, es esencial identificar primero a qué puedes estar aferrándote. Quizás te estás aferrando a un sueño sobre cómo quieres que sea tu vida. Y, por supuesto, el propósito de la vida es crecer, por lo que es natural e importante siempre esforzarnos por alcanzar nuevos horizontes de experiencias. Pero cuando el nivel de esfuerzo por cambiar te lleva a pasar por alto la faceta igualmente importante de apreciar todo aquello que tienes, ocurre un desequilibrio. En este espacio de desequilibrio, en el que pasas más tiempo esforzándote por alcanzar algo diferente que apreciando la vida exactamente como es, experimentas un apagón, conocido comúnmente como tristeza.

Cuando estás apagado en la tristeza, es casi instintivo creer que sólo te podrás sentir diferente cuando las circunstancias de tu vida sean diferentes. En la tristeza, es común creer: “Si no puedo chasquear mis dedos y mejorar mis circunstancias externas, no hay forma de que me sienta mejor”. Esta creencia tan sólo amplifica la autoderrota, la miseria y la agonía que provienen del apagón. Esto es parcialmente cierto. Hay algo que debe cambiar en tu vida para dar lugar a la transformación de tus experiencias emocionales, pero lo único que necesita cambiar es tu perspectiva.

Para que ocurra este increíble cambio, exploremos el ritmo fundamental de la realidad, el cual, cuando se pasa por alto, lleva al apagón que estás deseoso por disolver y descifrar. No importa cuántos años lleves en este planeta, qué tan pocas o qué tantas experiencias místicas hayas tenido, o incluso la cantidad de dolor, descuido o abuso que hayas soportado, todos los seres humanos experimentan un ritmo de cambio perpetuo. Durante periodos recurrentes de cambio inevitable, hay un ciclo en juego: el ciclo de la renovación y la erosión.

En la renovación, las cosas viejas se vuelven nuevas; en la erosión, las cosas nuevas se vuelven viejas.

En la condición humana, es muy normal emocionarnos positivamente ante el nacimiento de las nuevas creaciones a las que comúnmente da lugar la renovación. Así mismo, también es normal que las emociones positivas experimentadas durante la renovación se aplanen o se sientan vacías a medida que las cosas nuevas envejecen. Es muy agradable recibir un ramo de flores, pero la experiencia no es la misma cuando todos los pétalos caen y quedan los tallos remojándose en agua turbia. Es glorioso manifestar oportunidades nuevas y excitantes, las cuales inevitablemente se vuelven menos excitantes a medida que lo nuevo se convierte en “lo mismo de siempre”.

Esto también sucede en las relaciones, donde la pasión de un romance totalmente nuevo se disuelve en la aburrición de la vida cotidiana. Esta es, repito, la forma normal como funciona la condición humana. Esto significa que es normal para la forma como el ego percibe, pero está lejos de la forma tan increíble como tu alma ve tu vida.

Cuando ves desde la perspectiva de tu alma, eres emocionalmente libre por naturaleza. Eres capaz de eforzarte por alcanzar metas, a la vez que siempre tienes tiempo para apreciar todo lo que te ha sido dado honrando todas las experiencias que han tenido lugar. Eres capaz de apreciar el hecho de que las cosas nuevas no pueden más que volverse viejas y que el espacio creado en este proceso tan sólo puede dar lugar a la renovación de nuevas cosas por venir. Desde este espacio de libertad emocional, eres capaz de darle la bienvenida por igual a la renovación y a la erosión reconociendo sus beneficios transformadores, sin importar qué tanto placer o dolor se sienta.

En el ego, estás condicionado para buscar placer como una forma básica de evitar la anticipación del dolor.

Dado que el ego sólo puede percibir la dicha, el éxtasis y la exitación en ausencia del dolor, tu manera básica de funcionar en la condición humana es expresar tu ser más abierto, positivo y amoroso durante los ciclos de renovación, tan sólo para apagarte, retraerte y alejarte cuando aparece la erosión. Y como la renovación naturalmente lleva a la erosión, y la erosión tan sólo deja más espacio para una mayor renovación, el arte de dejar ir consiste en renunciar a la necesidad de controlar esto.

Esta es la piedra angular de la libertad emocional. Es el tema central del nuevo paradigma espiritual que está centrado en el corazón: ser capaz de ganar alegremente y de perder con la más grande de las noblezas. Es la capacidad de tu alma para encarnar la resiliencia ante la transformación que llega como resultado de que las cosas viejas se conviertan en nuevas y las nuevas envejezcan en medio de un ritmo de cambio incesante. Esto es precisamente lo que el Universo te exhorta a que aprendas y encarnes en este momento. A temperar tu deseo más profundo por el cambio con una cantidad igual de tiempo apreciando todo lo que tienes y su propósito de ayudarte a alcanzar tu potencial completo. A emocionarte por todos los nuevos horizontes de experiencias que siempre surgen en tu camino, al tiempo que respetas de igual manera el tiempo limitado que tienes con ciertas personas, lugares y cosas, que existen exactamente como son para el crecimiento personal y la expansión espiritual que cada una de ellas tiene como propósito brindarte. Y, lo mejor de todo, eres capaz de fluir en la vida con renovadas valentía, entusiasmo, pasión y dicha, sabiendo que tu felicidad y tu plenitud no se basan en las circunstancias que controlas, y reconociendo lo profundamente alineado que estás con la visión más prístina de tu alma.

Que con cada respiración que pasa puedas hacer las pases con la renovación y la erosión…

… sin tener miedo de recibir las cosas que un día perderás, sin embarcarte en una búsqueda interminable en un intento por vencer a los vientos del destino. Que puedas honrar los regalos que provienen del placer y del dolor por igual, sin necesitar siempre el dolor para crecer, o necesitar siempre placer constante para confirmar tu valor. Que puedas dejar de ver tu vida desde la creencia del ego en el castigo, para que así puedas entrar en los dominios de tu alma de infinitas recompensas. Desde este espacio, todo lo que viene y se va siempre te dejará más evolucionado que antes de que lo obtuvieras.

Que, a medida que sueltas, puedas liberar la tendencia de criticarte siempre que la renovación comienza a erosionarse. Que puedas despertar de la búsqueda del ego por la perfección inalcanzable, imaginando tan sólo la necesidad de mejorar como una manera de lograr una vida de ganancias perpetuas que no pueden existir sin la inevitabilidad de las pérdidas. Que, con el Universo guiándote a cada paso, puedas honrar la nada que has hecho mal (eso que estuvo siempre bien para el resultado que cada momento tenía como propósito crear).

Que puedas dejar ir tan profundamente que el placer de la ganancia pueda ser reconocido en cada momento, incluso cuando se trata de la ganancia de madurez o la expansión de la perspectiva, sin importar qué tenga que perderse para que tales ganancias ocurran. Que puedas entrar en una relación armoniosa con la realidad, viendo lo natural que es ganar hasta que pierdes y entonces perder hasta que ganas; usando la fricción creada por el contraste para fundir los bordes de tus limitaciones.

Este es el plan que el Universo siempre tiene para ti; convertirte en tu más magnífica expresión de la energía Fuente, sin importar los altos y bajos que vienen con cada resultado. A pesar del dolor de tu pasado o la incertidumbre de tus circunstancias, el arte de dejar ir está aquí para mostrarte el camino hacia una forma más milagrosa de ser.

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