Es momento de dar lo mejor de nosotros

Ahora es cuando el mundo más necesita de nuestra luz. Y ahora tenemos una oportunidad en la que la vida nos empuja a encontrar esa luz en nuestro interior y encenderla con más fuerza que antes.

Te invito, pues, a mirar cómo puedes usar esa situación para sanar. Te invito a que mires con atención qué heridas salen a la superficie para que las sanes. Te invito a que mires qué talentos estaban dormidos que ahora tienes oportunidad de despertar y compartir.

Y te invito, sobre todo, a que des lo mejor de ti y compartas lo que tienes con el mundo. Tienes más para dar de lo que crees. Y hay más gente que necesita de tu luz y tus dones ahora. ¡Ánimo! Que sea este un tiempo para dar, para crecer y para apoyar a los demás. Tal vez no puedas darles un abrazo o un beso, pero sefuro que, si miras con atención, encontrarás la forma ayudarnos y de esparcir tu luz.

Como parte de la situación de cuarentena en la que muchos nos encontramos, y de los retos económicos, sociales y de relaciones personales por los que muchos pasarán, he decidido, por mi parte, contribuir de la siguiente manera:

  • Trataré de hacer un video en Instagram Live todos los días en mi canal de Instagram.
  • Trataré de subir dos videos semanales en mi canal de YouTube.
  • Estaré escribiendo a diario artículos en este blog.
  • Crearé y compartiré gratuitamente un curso de meditación acompañado de varias meditaciones guiadas.
  • Y lo más importante: seguiré sintiendo mis emociones y sanando, pues entre más sano esté interiormente, más será la luz que podré compartir con los demás.

Todo esto es, por supuesto, además de un compromiso que me motive a dar lo menor de mí, una invitación a que busques tú qué puedes dar. Al dar, tomarás consciencia de lo que ya tienes y podrás ver tu abundancia. Y así, tu abundancia y tus dones también se multiplicarán.

[Este texto surgió originalmente como parte de este video que compartí en mi cuenta de Instagram].

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

El arte de esperar

Usualmente, cuando esperamos algo estamos ansiosos e impacientes. Por ejemplo, cuando esperamos en la fila para el banco, o esperamos en un restaurante a que un amigo llegue, o esperamos a que llegue el resultado de un examen.

Ante la impaciencia, muchas veces buscamos distracciones para “matar el tiempo” mientras sucede aquello que esperamos.

¿Qué le estamos diciendo a la vida en esos momentos? Le estamos diciendo “Este momento no es valioso para mí, es sólo un obstáculo que se interpone entre mí y lo que quiero”.

Estamos aquí, pero queremos estar allá. No queremos este momento, deseamos ya saltar al futuro. Y entonces nos perdemos la vida, pues la vida es siempre ahora.

Aprender a disfrutar mientras esperamos es, por tanto, aprender a honrar siempre a la vida.

La próxima vez que estés esperando y quieras distraerte o sientas ansiedad por saltar al futuro, espera, para. Hay aquí una oportunidad para entrar en comunión con el momento presente, con la vida misma.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Ilusiones rotas

Estás enamorado y te rechazan. Deseas que te elijan para ese nuevo trabajo, pero te avisan que han escogido a otra persona. Diseñas y pones en marcha un plan para crear tu empresa, pero, después de dar lo mejor de ti, las cosas no funcionan. Tienes un matrimonio hermoso, un nido que es tu refugio de amor, y de repente, sin previo aviso, las cosas se derrumban y te encuentras solo.

Todos estos ejemplos tienen algo en común: en ellos se ha roto una ilusión.

Las cosas no siempre salen como queremos. Eso es parte de la vida. Por tanto, las ilusiones rotas son parte de la vida. Y está bien que sea así, pues estas circunstancias son oportunidades para crecer y madurar.

Hace poco publiqué una imagen en Instagram con este mensaje:

Cada vez que se nos rompe una ilusión, tenemos la oportunidad de experimentar una verdad.

¿Por qué es esto así? ¿Qué sentido tiene esta frase?

En el fondo, todo lo que puede disolverse es una ilusión. Todo lo que es pasajero es una ilusión. Y todo en este mundo es pasajero: las relaciones, los trabajos, las estructuras físicas. Cuando esas cosas se disuelven, tenemos una oportunidad para buscar lo que no es perecedero. Podemos mirar dentro de nosotros y encontrar allí lo que creemos que hemos perdido afuera.

Gran parte de nuestras vidas vamos en busca de ilusiones, creyendo que ellas nos traerán la plenitud y la paz que buscamos. Tratamos de crear una vida a nuestro alrededor que tenga ciertas características específicas y ciertos estándares, y creemos que, si lo hacemos bien, encontraremos la plenitud.

Es maravilloso construir una vida bella y rodearnos de personas amorosas y de experiencias enriquecedoras, pero debemos saber que la plenitud nunca vendrá de lo externo. A lo sumo, lo externo, lo ilusorio, será un reflejo de nuestro estado interno. Lo externo podrá ser una bella ilusión con la que jugar un rato y disfrutar y crecer. Pero si tratamos de derivar la planitud y el sentido de la vida de lo externo, siempre terminaremos defraudados, pues la naturaleza de las ilusiones es deshacerse. Sería como mirar el cielo y decidir que nuestra felicidad depende de la forma de las nubes, para al poco tiempo estar desconsolados al ver que ya se han transformado en formas nuevas.

Cuando las ilusiones se disuelven, cuando las formas del mundo se deshacen y dan lugar a otras nuevas, tenemos una oportunidad para desapegarnos. Esto implica reconocer que la plenitud no está en lo pasajero y enfocar nuestra atención en la realidad que nunca cambia, en la consciencia profunda que es lo que somos al nivel más profundo. Cuando las nubes se disuelven, tenemos una oportunidad para tomar consciencia del vasto cielo que las alberga. Ese espacio profundo siempre ha estado allí, en el fondo, pero nuestra atención estaba por completo en las formas. Cuando estas se van, tenemos, pues, la oportunidad de tener contacto con lo más profundo.

Lo más natural ante la disolución de una forma que amamos es tratar de repararla, retenerla o arreglarla. Hay casos en los que esto no es posible. Podemos entonces tratar de reemplazar esa forma con otra que nos proporcione la satisfacción que derivábamos de la anterior. Así, muchas personas, ante el fin de una relación, buscan saltar rápidamente a la siguiente, y con esto se pierden la oportunidad de recibir los regalos que hay en el vacío dejado por la relación anterior. O a veces, incluso, huimos en busca de ilusiones aún más efímeras para olvidar el dolor que nos produce la pérdida. Entonces nos refugiamos, por ejemplo, en drogas o en actos de consumo compulsivos, tratando de obtener una satisfacción pasajera que nos haga olvidar de la profunda insatisfacción que sentimos.

Si estás en un periodo de pérdida, si alguna ilusión a tu alrededor se ha disuelto, te invito a que te quedes contigo y mires profundo dentro de ti antes de tratar de reemplazar la vieja ilusión con una nueva. Tal vez, gracias al fin de lo pasajero e ilusorio, tienes ahora la oportunidad de experimentar un atisbo de lo permanente y real que reside en tu interior.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Cómo dejar las adicciones

Todos hemos lidiado alguna vez con una adicción, y es probable que muchos estemos lidiando con alguna ahora.

Por eso, te invito a ver este video, en el que explico qué son las adicciones y comparto un consejo que ha funcionado para mí.

El primer paso para dejar una adicción, es reconocer que nos hace sufrir. Pues lo que caracteriza a las adicciones es que nos hacen sufrir.

El reconocimiento de ese sufrimiento nos motiva a querer sanar, pues es obvio que no queremos sufrir. Sin embargo, la adicción también se caracteriza porque se impone sobre nuestra fuerza de voluntad. Es como si algo nos obligara a hacer cosas que no queremos hacer.

Entonces, muchas veces la lucha contra las adicciones se convierte en una lucha contra nosotros mismos. Se trata de esforzarnos e imponer nuestra fuerza de voluntad sobre nuestros deseos más básicos e inmediatos.

Este esfuerzo, sin embargo, es desgastante y muchas veces nos lleva a reprimirnos, y cuando nos reprimimos, a veces acumulamos tensión que se desboca de manera negativa en otras áreas de nuestra vida. Por ejemplo, dejamos de fumar pero entonces comenzamos a comer demasiado.

Estaré haciendo varios videos en los que hablo sobre consejos sencillos para dejar las adicciones. En este primer video, planteo un enfoque que no se basa en la represión ni en aguantarnos las ganas sólo mediante la fuerza de voluntad, si bien esto a veces puede ser necesario.

Haz click aquí para ver el video sobre cómo dejar las adicciones.

Es bueno que se acabe

Hoy vi a mi madre retirando lo adornos navideños de la casa y me dio un poco de tristeza. Entonces le dije: “Ya se acabó la época de Navidad, ¿no te gustaría que continuara?”. “No”, me respondió. “La gracia de época de Navidad es que se acaba; es por eso que es especial y que la disfrutamos tanto”.

Me quedé pensando en su respuesta, y creo que es muy sabia y se aplica para muchas cosas.

Si la época de Navidad y sus adornos durarán todo el año, dejarían de tener en nosotros el efecto que ahora tienen.

Eso me recuerda algo que me dijo hace tiempo un amigo. Él estaba desempleado en ese entonces, y yo le pregunté qué iba a hacer en época de vacaciones. “Los que no tenemos trabajo, no tenemos el privilegio de tener vacaciones”, me respondió. Cuando le pregunté a qué se refería, me explicó que, para él, las vacaciones sólo tienen sentido como un tiempo de contraste con la época en la que se trabaja. Por tanto, si nunca se trabaja, no hay vacaciones, pues no hay contraste. Puede que dure todo el año con tiempo libre y pueda descansar, pero no se siente nunca en vacaciones.

En consecuencia, si tuviéramos vacaciones todo el tiempo, ya no serían vacaciones. Es por eso que los ritmos y los cambios son necesarios. Es hermoso cuando un periodo termina y otro comienza; nada dura indefinidamente.

A veces queremos aferrarnos a experiencias placenteras. En mi caso, quise aferrarme a la experiencia de la Navidad, la cual disfruto mucho. Sin embargo, caí en cuenta de que, si tratara de aferrarme a esa experiencia, perdería su sentido. Por tratar de que durara más de lo que normalmente dura, acabaría en realidad perdiendo la experiencia.

Así mismo, hay muchos momentos bellos y fugaces que debemos aprender a disfrutar en su fugacidad. Hay que aprender a dejar que las cosas fluyan y se transformen, y que una etapa dé lugar a otra. Cada momento tiene cosas bellas que disfrutar, pero nuestra realización como seres humanos requiere que nos permitamos cambiar constantemente.

La infancia es bella, pero si siguiéramos siendo niños toda la vida, nos perderíamos de gran parte de lo que la vida nos puede ofrecer. E incluso esta vida misma, a pesar de ser bella, no es más que un pequeño momento de nuestro viaje. Inevitablemente esta vida pasará, y sólo así podrá surgir lo nuevo. El universo está creando constantemente nuevas experiencias, y esto implica que lo viejo va desapareciendo y va siendo reemplazado.

Qué hermoso permitirnos ser parte de los ciclos de la vida, y poder así estar tranquilos cuando nuestro cuerpo se deteriore y se consuma. En esa conciencia, podemos disfrutar plenamente de esta experiencia humana, sabiendo que es efímera por naturaleza.

Incluso el Sol, que parece eterno comparado con nosotros, morirá en algún momento, al igual que todas y cada una de las estrellas que jamás hemos visto. Esa es la naturaleza del mundo de las formas: que surgen y desaparecen. Es por eso que la clave para disfrutar de las formas es el desapego.

Deja, pues, que tu vida cambie, y celebra este momento por completo, sabiendo que también pasará.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Image result for galaxies"

¿Cómo soltar las adicciones?

Aquello a lo que te resistes persiste.

Esta es una frase que encontramos con frecuencia en los mensajes motivacionales, ¡y cuánta razón tiene!

Cuando tratamos de resistirnos a algo, le damos nuestra energía. Pues para resistir, tenemos que controlar, y controlar es algo que requiere de mucha energía.

No quiere decir esto de nunca debemos tratar de controlar nada. Se trata, más bien, de una invitación a encontrar formas más sanas de dejar ir lo que nos hace daño, de tal modo que cada vez tengamos que controlar menos.

Un ejemplo claro de algo que tratamos de dejar ir son las adicciones, esos comportamientos repetitivos que nos hacen daño y que parecen ser más fuertes que nuestra voluntad. Cuando tratamos de luchar contra una adicción resistiéndonos, le damos toda nuestra atención. Se puede hacer esto, y en algunos casos es necesario, pero es un camino arduo y agobiante. Por momentos pareciera que, entre más nos resistiéramos a las adicciones, más fuerza tienen.

Una alternativa a luchar contra aquello que queremos dejar ir es enfocar nuestra energía en algo que sí queremos. Así, a medida que el nuevo enfoque de nuestra energía crece, cada vez queda menos energía disponible para las adicciones y éstas pierden fuerza.

Por ejemplo, supongamos que quieres dejar de fumar. En vez de gastar toda tu energía resistiendo la tentación de fumar, enfócate en realizar otras actividades que vibren en una frecuencia muy diferente a la del cigarrillo y que sean incompatibles con éste. Algo que ayuda mucho en esos casos es hacer ejercicio. Si enfocas tu energía en el deporte, esto te traerá satisfacción y tu mente empezará a soltar por momentos su fijación en el cigarrillo, pues estará enfocada en el ejercicio que haces.

Enfocate en meditar, enfócate en danzar, enfócate en dar. Eso naturalmente elevará tu vibración, y entre más alta sea tu vibración, naturalmente las adicciones irán perdiendo fuerza. Puede que a veces se requiera de fuerza de voluntad. Pero el proceso será más ameno y suave si tu energía tiene ahora un nuevo foco que te proporciona bienestar y satisfacción, en vez de estar simplemente reprimiendo un deseo que surge en ti.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Image result for freedom

¿El ego o el corazón?

¿Cómo saber cuando algo está motivado por el ego o el corazón? ¿Cómo saber, por ejemplo, si al querer estar con alguien estamos siguiendo a nuestro corazón o a nuestro ego?

La mejor forma es estar en profundo silencio interior. Allí se puede escuchar la voz del corazón y se acalla la voz del ego.

Al ego le importa el futuro. Necesita saber cómo serán las cosas. Tiene miedo. Quiere evitar el dolor. Necesita asegurarse de que podrá controlar las cosas.

Al corazón sólo le importa el presente. No necesita saber nada sobre el futuro, pues no tiene miedo a perder algo. Sabe que no puede perder nada, pues lo tiene todo dentro de sí. Está completo.

El ego busca siempre qué puede obtener, cómo puede usar a la situación o a las personas para completarse y mejorarse a sí mismo, pues siempre siente que le falta algo. El corazón sólo busca dar. Dar es su dicha y su gozo. No necesita nada, pues ya está completo dentro de sí.

Por tanto, el ego exige. Y cuando no recibe, se resiente, se siente traicionado por la vida y por los demás. El corazón, en cambio, nunca exige nada, pues no necesita nada.

El ego interpreta el presente con base en el pasado. Eso es lo que conoce: su historia. El corazón mira al presente directamente y le permite ser.

El amor del ego y la paz del ego es condicional: sólo están presentes si se cumplen ciertas condiciones, si la vida es de cierta manera, si los demás se comportan de cierta manera. El amor y la paz del corazón son incondicionales, eternas: emanan de Él, por tanto, no hay ningún suceso que pueda afectarlas. Él es la fuente de la plenitud y la dicha y la paz. Esa es su naturaleza.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Image result for oak tree

La voz del corazón

Hace ya varios años estoy suscrito a una lista de correo de Neale Donald Walsh en la que diariamente me llegan mensajes inspiradores. La lista se llama “I believe God wants you to know…” (Creo que Dios quiere que sepas…). El mensaje de hoy me pareció particularmente bello, por lo que he decidido traducirlo para ustedes:

“En este día de tu vida, creo que Dios quiere que sepas que tu corazón conoce en silencio los secretos de los días y las noches.

Kahlil Gibran lo dijo, y tenía razón. Escucha, por tanto, a tu corazón. Cultiva la habilidad de hacerlo. Practícala. Prodúcela. Perfecciónala.

No es tan difícil. Simplemente quédate en silencio contigo misma. Y por el amor del Cielo, deja de escuchar a tu mente. No encontrarás la verdad ahí. Podrás encontrar la respuesta, pero no será la verdad a menos que coincida con la respuesta en tu corazón.

Crees que hay algo más que saber en la vida aparte de esto, pero no lo hay. Tu corazón contiene la llave. Tu corazón contiene la sabiduría. Tu corazón contiene el futuro. Tu mente no sabe nada aparte del pasado. Ella imagina que el futuro será justo como ayer, y toma sus decisiones con base en eso. Sólo tu corazón puede ver más allá del horizonte de la memoria”.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Related image

Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Sufrimiento y dolor no son lo mismo

Una frase que he visto que se le atribuye a Buda es: “El sufrimiento no es causado por lo que pasa, sino por tu resistencia ante lo que pasa”.

Alguien podría objetar que, cuando nos cortamos una mano, el sufrimiento es causado por la herida misma. Al fin y al cabo, el dolor emerge en nuestra mano, independientemente de la forma como reaccionemos ante el hecho de habernos cortado.

El truco aquí es reconocer que el dolor no es lo mismo que el sufrimiento. Le cuerpo puede doler, nuestros estados emocionales pueden doler, pero eso no implica que tengamos que sufrir.

Pero, ¿cómo no sufrir cuando algo duele? Bueno, lo primero es reconocer que el sufrimiento es un estado psicológico, espiritual, mientras que el dolor y las emociones se limitan al cuerpo.

Pero entonces, ¿cómo dejar de sufrir en presencia del dolor? ¿Es esto en realidad posible o se trata solo de un juego de palabras?

Un ejemplo puede servir para iluminar la diferencia entre dolor y sufrimiento.

Dar a luz es una de las experiencias más dolorosas en la vida de una mujer. Sin embargo, también es una de las experiencias que más plenitud trae. Cuando una mujer va a tener un hijo que ha deseado y al que ama profundamente, es perfectamente posible que, a pesar del intenso dolor del parto, no interprete esa experiencia como una de sufrimiento sino como una de gran dicha. En medio del dolor, ella se puede sentir plena y en gozo.

Sufrir, pues, depende de la forma como interpretamos la realidad.

Cuando reconocemos que todo lo que sucede es parte de nuestro proceso de crecimiento personal y evolución, nuestra relación con la realidad y con los que nos pasa cambia. Entonces podemos sentirnos plenos incluso en los momentos de más dolor.

Un campo en el que tengo experiencia propia es el de las emociones.

En alguna época de mi vida, tener emociones “negativas” como la rabia intensa o la tristeza profunda era igual para mí que sufrir. Ahora eso ha cambiado. Antes me resistía a esas emociones y escapaba de ellas porque las juzgaba como algo indeseable o las usaba como una manera de alimentar una imagen de mí mismo de víctima. Ahora, en cambio, las reconozco como oportunidades para crecer, como puertas para entrar más profundo dentro de mí, como señales de que hay algo por sanar, de que puedo seguir evolucionando. Entonces, ahora me rindo, me entrego plenamente a esas emociones.

A veces no es fácil. A veces la mente condicionada entra en pánico o vuelven viejos patrones de autocompadecerme y victimizarme. Pero cuando realmente puedo entregarme a la experiencia cruda de las emociones y me sumerjo en ellas, siempre encuentro luz en medio del dolor, en medio de la frustración. Las lágrimas siguen saliendo. Mi cuerpo se sigue tensionando ante la rabia. Pero ya no es un momento de sufrimiento. Es algo sagrado porque así lo interpreto y lo reconozco. Por tanto, hay en el fondo de la experiencia una gratitud y una plenitud que van más allá de mi estado emocional.

Esta es una invitación, púes, a que te entregues a la vida, a que le des la bienvenida incluso a aquellos momentos y aspectos que son dolorosos y que en la superficie parecen enteramente negativos. Todo tiene una bendición oculta, pues todo es parte de tu camino de regreso a casa. Cuando adoptas esa perspectiva, dolor y sufrimiento dejan de ser lo mismo y te abres a brillar aun en medio de los momentos difíciles. No te resistas a los regalos que la vida te trae sólo porque el empaque viene disfrazado de dolor. Tal vez lo que crea el sufrimiento es tu resistencia. Tal vez se trata sólo de una bendición.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @yos216

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.