Saltar al vacío

Nunca podremos tener la certeza a nivel intelectual de que todo saldrá bien. La mente siempre podrá encontrar un pero, una duda, algo incierto, una razón para tener miedo.

Seguir nuestro corazón implica saltar al vacío desde el punto de vista del intelecto. Y esto asusta. Pero vale la pena. Pues el corazón sabe lo que en verdad queremos en el nivel más profundo.

Si seguimos a la mente, tal vez tengamos la ilusión de control por un tiempo, pero en últimas permaneceremos insatisfechos. Si seguimos al corazón, enfrentaremos en algún momento el miedo que implica saltar al vacío, pero encontraremos la satisfacción plena de seguir a nuestro ser verdadero.

Sobre seguir al corazón, te recomiendo el libro El Camino del Corazón, canalizado de las almas de Jesús y María Magadalena, libro que tuve el placer y el privilegio de traducir al español.

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El cambio verdadero

Todo proceso de transformación genuino comienza con la decisión de parar y mirar adentro.

Mientras no sanemos por dentro, podremos cambiar todo afuera y, sin embargo, todo volverá a ser igual. Es como cuando cambiamos de pareja y la siguiente a relación vuelve a ser igual que la anterior. Esto es así porque el afuera es sólo un espejo de lo que llevamos dentro. En consecuencia, mientras no cambiemos por dentro, seguiremos viendo el mismo reflejo afuera, sólo que disfrazado de formas diferentes.

El cambio verdadero, por tanto, implica mirar adentro. A veces no queremos mirar en nuestro interior, pues hay emociones que no queremos sentir, hay miedos, hay viejas heridas que esperan la luz de nuestra consciencia para salir a la superficie y así poder sanar.

Da miedo. Como visitar un viejo sótano oscuro y desordenado en lo más profundo de nuestra casa. Pero vale la pena, pues allí se esconde el tesoro más grande que jamás podríamos imaginar. Sin embargo, para llegar a él hay que tener la valentía de mirar adentro y sanar.

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¿Cómo sentir las emociones?

Hace poco subí un video sobre cómo lidiar con pensamientos hipocondriacos. Uno de los consejos que doy allí es que es importante sentir las emociones. Cuando no las sentimos, se acumulan y forman un campo energético denso. Y esa energía tiende a convertirse en pensamientos oscuros, por ejemplo, en pensamientos de miedo ante la enfermedad. Cuando sentimos las emociones, esa energía densa se libera y los pensamientos también se aligeran.

Alguien me pidió en los comentarios del video que hablara un poco más sobre cómo sentir las emociones.

Sentir las emociones es algo que todos podemos elegir. O tal vez no todos, pero si estás leyendo esto, lo más probable es que tú sí puedas elegirlo.

Por supuesto, el problema no está en que no podamos elegirlo, sino en que a veces tenemos una gran resistencia a hacerlo. Cuando las emociones son muy densas, en normal que querramos huir de ellas. Es incómodo sentir una emoción densa, de eso no hay duda. Pero podemos elegirlo.

El único consejo que puedo dar al respecto es que vale la pena probarlo. No creo que el consejo haga que sea menos incómodo sentir las emociones densas. Va a ser incómodo. Puedo asegurar, no obstante, que en mi experiencia vale la pena. Cuando lo hacemos, sentimos como nuestra vibración se eleva y la percepción del mundo cambia. Cuando sentimos las emociones, sanamos y se nos hace más fácil perdonar a otros y a nosotros mismos. Cuando sentimos las emociones, se abre nuestro corazón.

Por tanto, el mejor consejo que puedo dar es que tengas la valentía de atravesar la puerta y quedarte con tus emociones. Quédate en medio de la incomodidad de la ira. Quédate en medio del dolor de la tristeza. Ve profundo allí. Sabes cómo hacerlo.

La invitación es a que te atrevas. Una vez lo hagas, el bienestar que experimentarás te llevará a que naturalmente cada vez lo hagas más. Es como ir al gimnasio en las mañanas. Al comienzo da pereza y hay mucha resistencia. Pero, a medida que comienzas a hacerlo, la resistencia va cediendo. Y llega un punto en el que lo haces con ganas e incluso te hace falta. Pero hay que comenzar. Hay que tener la fuerza para ir el primer día. Ese día en el que las piernas no se quieren mover y el frío te pide que te quedes un rato más en la cama. Hay que pasar por ahí.

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Sabiduría aérea

En las recomendaciones de seguridad de los aviones, siempre nos dice que, en caso de emergencia, debemos tomar oxígeno primero nosotros de las mascarillas antes de auxiliar a los demás. Y esto sin exepciones. Si vas con un niño pequeño al lado y de verdad estás interesado en su bienestar, primero tomarás oxígeno antes de ayudarlo.

La lógica de esto es que, si tratas de ayudar a un niño pequeño antes de ayudarte a ti mismo, probablemente te quedarás sin oxígeno y desfallecerás, y entonces el niño tendrá que defenderse solo, y probablemente no podrá, y menos aún podrá ayudarte a ti cuando lo requieras.

En épocas de emergencia, a veces ponemos por delante las necesidades de los demás y nos olvidamos de estar bien nosotros. Y esto, en realidad, nos lleva a no poder ayudar a los demás. Pues sólo podemos ayudarlos si estamos bien, si tenemos para dar, si tenemos ganas. Si estamos deprimidos o enfermos, va a ser muy difícil contribuir a mejorar la situación del mundo. Y esto es especialmente cierto en tiempos difíciles y retadores como estos.

A veces, por tratar de ayudar a los otros antes de ayudarnos a nosotros mismos, terminamos incapacitándonos para ayudarlos.

Si ahora te centras en estar feliz, en estar bien, en sanar, en cuidarte, no es eso egoísmo ni desinterés por los demás. El mundo te necesita feliz, sano y lleno de energía. Cuando estés bien, naturalmente ayudarás a los demás. No tendrás que esforzarte para decidir ayudar. Las ganas de ayudar brotarán de tu corazón de forma tan natural como el agua que reboza de una copa en la que se sigue vertiendo líquido cuando ya está llena.

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Es momento de dar lo mejor de nosotros

Ahora es cuando el mundo más necesita de nuestra luz. Y ahora tenemos una oportunidad en la que la vida nos empuja a encontrar esa luz en nuestro interior y encenderla con más fuerza que antes.

Te invito, pues, a mirar cómo puedes usar esa situación para sanar. Te invito a que mires con atención qué heridas salen a la superficie para que las sanes. Te invito a que mires qué talentos estaban dormidos que ahora tienes oportunidad de despertar y compartir.

Y te invito, sobre todo, a que des lo mejor de ti y compartas lo que tienes con el mundo. Tienes más para dar de lo que crees. Y hay más gente que necesita de tu luz y tus dones ahora. ¡Ánimo! Que sea este un tiempo para dar, para crecer y para apoyar a los demás. Tal vez no puedas darles un abrazo o un beso, pero sefuro que, si miras con atención, encontrarás la forma ayudarnos y de esparcir tu luz.

Como parte de la situación de cuarentena en la que muchos nos encontramos, y de los retos económicos, sociales y de relaciones personales por los que muchos pasarán, he decidido, por mi parte, contribuir de la siguiente manera:

  • Trataré de hacer un video en Instagram Live todos los días en mi canal de Instagram.
  • Trataré de subir dos videos semanales en mi canal de YouTube.
  • Estaré escribiendo a diario artículos en este blog.
  • Crearé y compartiré gratuitamente un curso de meditación acompañado de varias meditaciones guiadas.
  • Y lo más importante: seguiré sintiendo mis emociones y sanando, pues entre más sano esté interiormente, más será la luz que podré compartir con los demás.

Todo esto es, por supuesto, además de un compromiso que me motive a dar lo menor de mí, una invitación a que busques tú qué puedes dar. Al dar, tomarás consciencia de lo que ya tienes y podrás ver tu abundancia. Y así, tu abundancia y tus dones también se multiplicarán.

[Este texto surgió originalmente como parte de este video que compartí en mi cuenta de Instagram].

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¿Qué nos sirve y qué no?

A veces, al entrar en un camino espiritual, comenzamos a preguntarnos si algunas cosas son “buenas” o “malas”.

¿El dinero es bueno o malo? ¿El sexo es bueno o malo? ¿Mejorar el cuerpo es bueno o malo?

Lo primero que quisiera decir es que no hay nada “bueno” o “malo” por sí mismo. Al menos así interpreto yo la realidad. Sin embargo, en relación con un objetivo específico, hay cosas que nos sirven o no. Si quiero ir hacia el norte y comienzo a caminar hacia el sur, se podría decir que, en relación con ese objetivo, estoy caminando “mal”.

Por tanto, en vez de preguntar qué es bueno y qué es malo, prefiero preguntar qué nos sirve y qué no para alcanzar ciertos resultados específicos. Yo, por ejemplo, tengo como objetivo estar en paz, y en relación con ese objetivo puedo decir que para mí tomar café es “malo”, pues no me deja dormir y hace estragos en mi sistema nervioso, y en esas condiciones me cuesta mucho estar en paz.

Te invito entonces a que nos preguntemos: ¿qué nos sirve y qué no?

Al tratar de responder esta pregunta, veremos que muchas cosas nos sirven o no dependiendo de cómo las usemos. En mi caso, el café definitivamente no me sirve, pero conozco muchas personas que lo pueden disfrutar sanamente y para quienes es fuente de energía. Hay cosas, por otro lado, que me sirven o no dependiendo de como las use. Internet puede ser maravilloso, una forma de acceder a información valiosa, pero puede ser también una adicción y una forma de escapar. El teléfono que tengo en las manos puede ser la herramienta con la que comparto mis ideas e inspiro a otros o puede ser una gran forma de olvidarme de mí mismo. El dinero puede servirnos para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento interior o puede servirnos para alimentar nuestro ego y alejarnos de nosotros mismos. Nuestro propio camino espiritual puede ser usado para crecer o para adornar nuestro ego.

Así pues, sugiero que no preguntes qué es bueno y qué es malo, sino qué te sirve y qué no. Y, al mirar si algo sirve o no, mira cómo lo estás usando y si podrías usarlo de mejor manera.

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¿Cómo soltar las adicciones?

Aquello a lo que te resistes persiste.

Esta es una frase que encontramos con frecuencia en los mensajes motivacionales, ¡y cuánta razón tiene!

Cuando tratamos de resistirnos a algo, le damos nuestra energía. Pues para resistir, tenemos que controlar, y controlar es algo que requiere de mucha energía.

No quiere decir esto de nunca debemos tratar de controlar nada. Se trata, más bien, de una invitación a encontrar formas más sanas de dejar ir lo que nos hace daño, de tal modo que cada vez tengamos que controlar menos.

Un ejemplo claro de algo que tratamos de dejar ir son las adicciones, esos comportamientos repetitivos que nos hacen daño y que parecen ser más fuertes que nuestra voluntad. Cuando tratamos de luchar contra una adicción resistiéndonos, le damos toda nuestra atención. Se puede hacer esto, y en algunos casos es necesario, pero es un camino arduo y agobiante. Por momentos pareciera que, entre más nos resistiéramos a las adicciones, más fuerza tienen.

Una alternativa a luchar contra aquello que queremos dejar ir es enfocar nuestra energía en algo que sí queremos. Así, a medida que el nuevo enfoque de nuestra energía crece, cada vez queda menos energía disponible para las adicciones y éstas pierden fuerza.

Por ejemplo, supongamos que quieres dejar de fumar. En vez de gastar toda tu energía resistiendo la tentación de fumar, enfócate en realizar otras actividades que vibren en una frecuencia muy diferente a la del cigarrillo y que sean incompatibles con éste. Algo que ayuda mucho en esos casos es hacer ejercicio. Si enfocas tu energía en el deporte, esto te traerá satisfacción y tu mente empezará a soltar por momentos su fijación en el cigarrillo, pues estará enfocada en el ejercicio que haces.

Enfocate en meditar, enfócate en danzar, enfócate en dar. Eso naturalmente elevará tu vibración, y entre más alta sea tu vibración, naturalmente las adicciones irán perdiendo fuerza. Puede que a veces se requiera de fuerza de voluntad. Pero el proceso será más ameno y suave si tu energía tiene ahora un nuevo foco que te proporciona bienestar y satisfacción, en vez de estar simplemente reprimiendo un deseo que surge en ti.

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Espiritualidad y redes sociales

Creo que las redes sociales son una herramienta maravillosa. Nos ayudan a conectarnos. Hacen posible que compartamos nuestras experiecias y seamos ayudados por personas en cualquier parte del planeta en cualquier momento.

Pero también las redes sociales pueden llevarnos a desconectarnos de nosotros mismos. Pueden volverse adicciones. ¿Qué hacer? Creo que tenemos la capacidad de usarlas de manera responsable y de manera que contribuya a nuestra espiritualidad. Y es a eso a lo que te invito en este video.

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La importancia de decir que no

La vida está llena de posiiblidades maravillosas. Hay muchas personas hermosas con las que podríamos compartir y muchas fiestas divertidas a las que podríamos ir. Hay muchos lenguajes que podríamos aprender. Hay muchos problemas que podríamos tratar de solucionar. Hay muchos libros que podríamos leer. Hay muchos talleres de crecimiento personal a los que podríamos asistir. Hay mucha música nueva que podríamos escuchar.

Es obvio, sin embargo, que no podemos hacerlo todo. Le tenemos que decir que no a algunas cosas.

Para el ego decir que no es muy difícil a veces, pues por momentos quiere tenerlo todo. El ego tiene miedo de perderse de algo valioso. “Si digo que no, tal vez me pierda de algo bueno”.

La verdad es que al tratar de tenerlo todo nos quedamos sin nada. Si tratas de tener mil amigos del alma y le dedicas igual cantidad de tiempo a cada uno, terminarás sin ningún amigo. Si tratas de aprender diez idiomas al mismo tiempo, no aprenderás ninguno.

Si tratamos de hacerlo todo, terminaremos no haciendo nada y nos desgastaremos completamente. Por eso es tan importante saber decir que no. Y para poder decir que no debemos aprender a sentirnos cómodos con la posibilidad de perdernos de algo bueno.

Hay muchas cosas bellas y buenas a las que tendremos que decirles que no si queremos serles fieles a nuestras prioridades y que nuestros proyectos florezcan. Hay mucha gente hermosa con la que no compartiremos tiempo. Hay excelentes libros que no leeremos. Hay maestros iluminados cuyas enseñanzas no conoceremos. Hay proyectos beneficos y maravillosos en los que no trabajaremos. Y eso está bien.

Elijamos con el corazón y luego aceptemos plenamente que nuestras elecciones implican que hay una gran cantidad de cosas buenas a las que les diremos que no.

Esto es inevitable. Comenzar a caminar por una senda implica necesariamente que hay otros caminos que no vamos a tomar, así muchos de ellos sean muy bellos.

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A veces hacemos verdad nuestros miedos al tratar de evitarlos

Mi película favorita de la serie de La Guerra de las Galaxias es el episodio III: La Venganza de los Sith (alerta de spoilers).

El protagonista, Anakin, está atormentado porque en sueños ve morir a Padme, su amada. El miedo a perderla hace que ceda ante el lado oscuro con el fin de obtener el poder necesario para salvarla. Para obtener esos poderes, utiliza su ira y su odio como fuente de energía. Al final, esa ira y ese odio que ha cultivado lo llevan a matar a Padme, quien muere tal como él lo había previsto en sus pesadillas. Esta línea argumental me recuerda, además, de la frase del maestro Oogway en Kung Fu Panda (otra de mis películas favoritas): “A veces encuentras tu destino en el camino que tomas para evitarlo”.

En resumen, es el miedo a perder a Padme el que lleva a Anakin a perder a Padme.

Me parece que hay en esta película una gran enseñanza, pues, si miramos con atención, veremos que lo que le pasó a Anakin nos pasa muchas veces sin darnos cuenta.

Tenemos miedo a que algo malo pase. Como consecuencia, emprendemos acciones motivadas por ese miedo. Pero esas acciones surgen de una baja frecuencia; por tanto, nos llevan a arruinar las cosas. Así, en nuestro intento por evitar lo que tememos, terminamos creándolo.

Un ejemplo común se presenta en las relaciones. De repente sientes miedo de que tu pareja no quiera estar contigo. Entonces empiezas a desconfiar de sus gestos. Crees que no es sincera cuando te dice que te quiere. Y, en lugar de mirar profundo ese miedo y ver la inseguridad que sientes, tratas de arreglar el problema afuera. Le preguntas qué le pasa; quieres saber por qué está pensando en dejarte. Te pones ansioso. Quieres tratar de controlar la situación para evitar lo que temes. Comienzas a seguirla para ver si está viendo a alguien más. Tu pareja, al ver que la sigues, ve en ti una gran inmadurez que le produce rechazo y decide que no quiere estar contigo.

Tienes miedo de enfermarte. No confías en la vida. Tienes que asegurarte de que estás bien. Entonces dejas de dormir bien pensando en la posible enfermedad y permaneces constantemente estresada. Buscas en internet las posibles soluciones y síntomas de la enfermedad. Ese estrés deteriora tu cuerpo y afecta tu sistema inmunológico. Como consecuencia, generas la enfermedad que temes o una parecida.

Podrían escribirse miles de historias con el mismo esquema.

Creo que el error principal de Anakin es querer evitar su miedo mediante el control. En vez de verlo como una oportunidad para ir dentro suyo y sanar, se pone a pelear con la vida, tratando de cambiar a la fuerza el destino que teme. Es el miedo a perder el que lo lleva a perder a su amada. Pero podría haber aprovechado esta oportunidad, en cambio, para encarar ese miedo y sanarlo.

Ante el miedo, muchas veces el ego nos impulsa a la acción. Pero esa es una acción de baja calidad. Es como tratar de apagar el fuego con gasolina.

Si tienes mucho miedo, ve adentro primero antes de tratar de poner en marcha un plan para arreglar las cosas. Por una parte, muchas veces el miedo es una ilusión, y al calmarte podrías ver que en realidad todo está bien. Por otra parte, si en realidad hay un peligro, lo más probable es que puedas solucionarlo con mayor facilidad si tu mente está serena y reposada. El miedo impide reflexionar con calma y distorsiona la percepción, y en ese estado es difícil ver la solución, incluso si se encuentra en frente de tus ojos.

Es difícil mirar en nuestro interior cuando percibimos que hay un gran problema afuera, pero es el lugar en el que más nos conviene mirar.

A veces, la mejor manera de encontrar la solución de un problema es dejar de buscarla obsesivamente. Cuando el agua se aquieta, vemos con claridad lo que yace en el fondo, tomamos contacto con nuestra sabiduría más profunda y podemos hacer frente a los retos de la mejor manera posible.

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Anakin y Padme en La Venganza de los Sith