¿Cómo saber a cuál voz creerle?

A todos nos ha pasado que hay un asunto sobre el que tenemos dudas, y entonces aparecen en nosotros voces contradictorias. Una nos dice “sí va a funcionar”, y la otra, “ese no es tu camino”. Una dice “quádate”, y la otra, “vete”. Una nos dice que debemos tomar la oportunidad, y la otra, que la dejemos pasar. ¿Cómo saber a cuál voz creerle?

Hace poco vi un video en el que le hicieron esta pregunta al maestro Eckhart Tolle y me encantó su respuesta.

Imagina que vas por la calle pensando en cómo solucionar un problema en tu casa y dos personas ignorantes, que no saben nada de ti ni de tu hogar, se acercan a decirte qué hacer, compitiendo entre sí para llamar tu atención y gritando cada vez más para opacar la voz de la otra. Lo más sensato sería ignorarlas y alejarte de ellas, ¿no crees? Así también son esas voces que compiten por nuestra atención en nuestra mente.

Cuando esas voces conflictivas pelean por nuestra atención, nuestra tarea no es decidir cuál tiene la razón. Lo más probable es que ninguna tenga la razón. Pues esas voces normalmente surgen del ego, del miedo, de la necesidad de control. Por tanto, están desconectadas de la fuente de la vida. Pretenden saber, pero en realidad son ignorantes.

Nuestra tarea, en cambio, es darnos cuenta de que ninguna de esas voces es nuestro verdadero Ser. Nuestra tarea es reconocer que nosotros no somos esas voces; somos, en cambio, la consciencia que las observa.

Cuando tomamos consciencia de que nosotros somos el observador, esas voces pierden fuerza. A medida que nos adentramos en el silencio interior que emana de esa consciencia que atestigua, estaremos cada vez más en contacto con nuestro Ser. Y allí es posible que empecemos a escuchar una voz muy diferente a las voces superficiales que pelean entre sí. Se trata de una voz que susurra, pues no trata de llamar tu atención ni de imponerse. Es una voz en la que no hay miedo ni duda. Una voz que viene acompañada de paz, certeza y serenidad. Pero esa voz es como las mariposas: si tratas de perseguirla, la ahuyentarás. Si tratas de forzarla a que responda, la apagarás. Mas si permaneces en silencio y esperas con confianza, se posará dulcemente sobre ti y te guiará.

Tal vez te interese ver este video en el que hablo sobre como tomar decisiones difíciles.

Para llegar a esa serenidad y confianza, algo que ayuda mucho es darnos cuenta de que la gran mayoría de cosas sobre las que decidimos realmente no son importantes. En últimas, no podemos cometer errores. Pues, en últimas, sea lo que sea que hagamos nos llevará a evolucionar y a crecer. Son solo experiencias.

Desde la perspectiva cósmica, desde la perspectiva del todo, realmente es indiferente si vamos por la izquierda o por la derecha. Sea cual sea nuestra elección, el universo se encargará de usarla como una oportunidad para que crezcamos. Nada es tan serio como parece. Lo más malo que puede pasar, desde el punto de vista del ego, es la muerte. Pero la muerte es una ilusión. Por tanto, en realidad no hay anda que podamos perder. Solo hay experiencias. Esta forma presente se puede disolver. Pero eso es inevitable. En algún momento tu forma presente se disolverá. Y no será una tragedia. Será un paso más en tu constante evolución, que es la misma evolución del Universo.

Así pues, relájate. No te lo tomes tan en serio. No es de vida o muerte, pues en realidad la muerte no existe. Y en esa relajación, deja de tratar de decidir cuál de tus voces conflictivas tiene la razón. En cambio, adéntrate en el silencio del observador. Allí, cuando menos lo esperes, verás florecer la voz de tu verdad interior. Y la dulzura de su aroma te guiará suavemente en la medida en la que se lo permitas.

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¿Qué nos sirve y qué no?

A veces, al entrar en un camino espiritual, comenzamos a preguntarnos si algunas cosas son “buenas” o “malas”.

¿El dinero es bueno o malo? ¿El sexo es bueno o malo? ¿Mejorar el cuerpo es bueno o malo?

Lo primero que quisiera decir es que no hay nada “bueno” o “malo” por sí mismo. Al menos así interpreto yo la realidad. Sin embargo, en relación con un objetivo específico, hay cosas que nos sirven o no. Si quiero ir hacia el norte y comienzo a caminar hacia el sur, se podría decir que, en relación con ese objetivo, estoy caminando “mal”.

Por tanto, en vez de preguntar qué es bueno y qué es malo, prefiero preguntar qué nos sirve y qué no para alcanzar ciertos resultados específicos. Yo, por ejemplo, tengo como objetivo estar en paz, y en relación con ese objetivo puedo decir que para mí tomar café es “malo”, pues no me deja dormir y hace estragos en mi sistema nervioso, y en esas condiciones me cuesta mucho estar en paz.

Te invito entonces a que nos preguntemos: ¿qué nos sirve y qué no?

Al tratar de responder esta pregunta, veremos que muchas cosas nos sirven o no dependiendo de cómo las usemos. En mi caso, el café definitivamente no me sirve, pero conozco muchas personas que lo pueden disfrutar sanamente y para quienes es fuente de energía. Hay cosas, por otro lado, que me sirven o no dependiendo de como las use. Internet puede ser maravilloso, una forma de acceder a información valiosa, pero puede ser también una adicción y una forma de escapar. El teléfono que tengo en las manos puede ser la herramienta con la que comparto mis ideas e inspiro a otros o puede ser una gran forma de olvidarme de mí mismo. El dinero puede servirnos para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento interior o puede servirnos para alimentar nuestro ego y alejarnos de nosotros mismos. Nuestro propio camino espiritual puede ser usado para crecer o para adornar nuestro ego.

Así pues, sugiero que no preguntes qué es bueno y qué es malo, sino qué te sirve y qué no. Y, al mirar si algo sirve o no, mira cómo lo estás usando y si podrías usarlo de mejor manera.

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¿Lo hago o no lo hago?

¿Le digo o no le digo? ¿Voy o no voy? ¿Me conviene aceptar esa propuesta?

¿Suena familiar?

A veces creemos que lo más importante es la acción que realicemos a continuación. Y cuando no estamos seguros de qué hacer, nos debanamos los sesos pensando qué será lo mejor.

Pero más importante que si haces o no haces, si hablas o no hablas, si esperas o actúas, más importante que todo eso es cuál es tu estado de consciencia en este momento.

No importa tanto si vas o no vas. Lo que importa es cómo es tu estado interno al quedarte o al ir.

No importa tanto si hablas o callas. Lo que importa es tu estado interno al callar o al hablar.

No importa tanto lo que haces sino tu experiencia interna mientras lo haces.

Así que no te preocupes tanto por encontrar la acción correcta. Busca cultivar tu estado de plenitud interna ahora. Desde ese estado surgirá la acción correcta de forma natural. No será algo que vayas a descifrar con tu intelecto.

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