¿Cuantas veces has dicho “no” por miedo?

Varias veces he dejado pasar oportunidades por miedo. He rechazado trabajos y me he alejado de relaciones por miedo.

En el momento de tomar las decisiones, sin embargo, muchas veces no fui consciente de que mi miedo. Muchas veces tuve una justificación racional que parecía indicar que retirarme era lo correcto. Solo con el tiempo se ha vuelto claro que aceptar esas oportunidades habría sido lo mejor para mí, a pesar del miedo.

Es normal tener miedo ante situaciones nuevas. Es normal tener miedo cuando no podemos prever el resultado y no tenemos control. Lo importante es ser lo suficientemente conscientes para que no sea el miedo quien tome las decisiones.

Se requiere honestidad para mirar al miedo de frente; se requiere valentía para no tomar la decisión a partir de él.

Eso no quiere decir que debamos decir que sí a todo, como el protagonista la película Di que sí. Por supuesto, habrá momentos en los que lo más sensato es decir que no, declinar, alejarnos. La invitación es, simplemente, a tener la intención de decidir conectados con el corazón y no desde el miedo.

Cuando sientas que el miedo te dice “no”, espera. Ve más profundo. Busca el silencio, date espacio. Si puedes, tómate un tiempo para decidir.

Nada nos desconecta de nuestro corazón tanto como el miedo, y nada disuelve tanto el miedo como conectarnos con nuestro corazón.

Y el miedo pierde su poder cuando nos volvemos intensamente conscientes de él, pues entonces observamos sus trucos y ya no los confundimos con la voz de la sensatez y la razón.

Está bien si tienes miedo. Simplemente obsérvalo, detente y no decidas todavía. Ve primero a tu corazón.

Foto tomada de @sachaschwegler

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¿Lo hago o no lo hago?

¿Le digo o no le digo? ¿Voy o no voy? ¿Me conviene aceptar esa propuesta?

¿Suena familiar?

A veces creemos que lo más importante es la acción que realicemos a continuación. Y cuando no estamos seguros de qué hacer, nos debanamos los sesos pensando qué será lo mejor.

Pero más importante que si haces o no haces, si hablas o no hablas, si esperas o actúas, más importante que todo eso es cuál es tu estado de consciencia en este momento.

No importa tanto si vas o no vas. Lo que importa es cómo es tu estado interno al quedarte o al ir.

No importa tanto si hablas o callas. Lo que importa es tu estado interno al callar o al hablar.

No importa tanto lo que haces sino tu experiencia interna mientras lo haces.

Así que no te preocupes tanto por encontrar la acción correcta. Busca cultivar tu estado de plenitud interna ahora. Desde ese estado surgirá la acción correcta de forma natural. No será algo que vayas a descifrar con tu intelecto.

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Tiempo para demoler y tiempo para edificar

Hace un par de meses dejé de escribir todos los días en este blog. Creo que fue una buena decisión. Es lo que mi corazón pedía en ese momento.

Sin embargo, últimamente me he dado cuenta de que muchos días dejo de escribir, no porque mi corazón así lo pida, sino porque me da pereza. Y dejar de escribir por pereza no me deja pleno. Cuando eso sucede, mi vibración baja. No es una elección elevada.

Creo que está bien parar. Está bien renunciar. Está bien mandar todo al carajo de vez en cuando. Pero esas deciciones sólo nos traerán plenitud si vienen del corazón. Si vienen del miedo, de la pereza o del simple rechazo ante la incomodidad, lo más probable es que esas decisiones nos lleven a dejar de crecer.

Así pues, seguir el corazón es una práctica de todos los días. El hecho de que tu corazón te invite a hacer algo un día no significa que eso es lo que quiere que hagas todos los días de ahí en adelante. Por eso hay que seguir escuchando.

Como dice un hermoso pasaje de la Biblia en el libro de Eclesiastés (1-7):
“Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: Tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para demoler y tiempo para edificar; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar; tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse de ellos; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callarse y tiempo para hablar”.

Así pues, no escribiré todos los días. Pero trataré de asegurarme de que cuando no escriba sea porque eso es lo que realmente quiero, lo que quiero desde mi ser más profundo.

Es difícil a veces distinguir cuándo realmente no queremos hacer algo y cuándo estamos evadiendo lo que queremos mediante racionalizaciones.

Es por eso que escuchar el corazón es un arte y requiere práctica y silencio interior.

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Imagen tomada de la cuenta de Instagram deFélix Alfaro.

Tal vez no es para ti

Nunca antes había sido tan fácil obtener información sobre cualquier tema. Nunca antes habíamos tenido acceso a tantos consejos y tantas ideas. Cada día aparecen nuevas técnicas, nuevas teorías, nuevas invitaciones, nuevas dietas, nuevos hábitos. Este artículo hace parte de esa gigantesca cantidad de información que tienes a tu disposición para impulsar tu crecimiento personal.

Sin embargo, “más” no es siempre sinónimo de “mejor”. Tanta información puede hacer que nos perdamos y confundamos. Un maestro espiritual da un consejo y otro da el consejo opuesto. Alguno de los dos debe estar equivocado. Y luego aparece un experto que explica por qué no debemos seguir a ningún maestro. Y ya no sabemos qué creer ni a quién seguir.

Para mí la respuesta es fácil de enunciar aunque difícil de poner en práctica: sigue tu corazón.

El hecho de que una técnica haya funcionado para alguien no significa que te servirá a ti. Puede que esa dieta haya ayudado a sanar a un escritor o incluso le haya permitido a varias personas vivir más de cien años; eso no significa que esa sea la dieta adecuada para ti.

Cuando leo las frases que tengo guardadas para poner en Twitter y para hacer los memes de mis redes sociales, con frecuencia me encuentro con algunas que ya no resuenan conmigo. Y no porque lo que dicen no sea valioso, sino simplemente porque en este momento no son para mí.

Hay técnicas de meditación que me han ayudado a crecer mucho y por las cuales estoy muy agradecido, pero ya no son para mí. En este momento necesito algo diferente. Y puede que esas técnicas sean lo mejor que le puede pasar a muchas personas en este momento.

Por eso es importante que recibas los consejos con el corazón abierto, y dejes que sea tu corazón quien decida si es el momento para ti de ponerlos en práctica. No importa si le salvaron la vida a alguien. No importa si llevaron a que tal o cual maestro se iluminara. Eso no significa que sean lo que tú necesitas ahora. Sólo tu corazón sabe.

Para algunas personas (incluido yo), dejar de comer carne es parte importante de su desarrollo espiritual, pero eso no significa que tú debas dejar de comer carne. Tal vez en tu caso sería un impedimento para tu despertar. Hay personas que dejan por completo de tener sexo como parte de su práctica espiritual y es evidente que eso las ayuda y les ayuda a progresar, pero eso no significa que tú debas dejar el sexo. Hay otras personas que asumen la sexualidad como parte de su práctica sagrada y expanden su consciencia a través de su relación de pareja, pero eso no significa que estar en una relación sea para ti la manera más rápida de crecer. Tal vez en diez años dejes de comer carne o vuelvas a comerla; tal vez en diez años dejes de tener sexo o comiences a hacer tantra como parte de tu práctica espiritual; tal vez llegue el momento en que te des cuenta de que levantarte todos los días en la madrugada impulsa tu proceso, o que dejes de lado para siempre los horarios y fluyas cada día de manera diferente. Tal vez nada de eso suceda. Hay tantos caminos espirituales como personas en este planeta.

Al ver que un hábito o técnica ha funcionado para alguien más, es muy tentador creer que también funcionará para nosotros. Al ver que hacer o dejar de hacer algo nos sirvió en el pasado, es natural creer que si repetimos lo que hicimos obtendremos los mismos resultados. Pero no siempre es así. Solo a veces.

No tengas miedo de extraviarte por dejar de tomar el camino que le ha servido a los demás o que incluso te ha servido a ti en el pasado. Un águila que trate de imitar a un tiburón seguramente se ahogará, y una empresa que adopte ahora las mismas estatégias de márketing que le ayudaron a crecer hace veinte años podría irse a la quiebra.

No sigas a los demás solo porque te gusta lo que tienen o lo que han logrado en sus vidas. Síguelos solo si tu corazón te invita a hacerlo.

¿Y cómo seguir el corazón? En silencio profundo. Conéctate con el silencio y allí encontrarás la voz de tu corazón. Pero eso es lo que me funciona a mí. Tal vez este consejo no sea para ti. Tal vez en este momento debes ignorarme y continuar siguiendo ese libro, ese maestro, esos recuerdos. Es posible.

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El lenguaje del corazón

Trata de mirar una de estas palabras sin que su significado venga a tu mente. Trata de ver una de estas letras sin asociarla con el sonido que le corresponde en español. Es difícil, ¿no? Para lograr esto tendrías que desaprender el idioma español y reemplazarlo por otra manera de intrepretar estos símbolos que ves en la pantalla de tu computador.

Y lo mismo que sucede cuando aprendemos un idioma ocurre cuando adquirimos un sistema de creencias. Por ejemplo, una vez que se ha arraigado en ti la idea de que el dinero es malo, cada vez que veas a un rico verás a un mal ser humano. Si crees que la gente es mala por naturaleza, cada vez que abras los ojos te verás rodeado de enemigos.

Lo maravilloso de esto es que, si nuestro sistema de creencias no nos hace felices, podemos reemplazarlo por otro.

Por ahora muchos interpretamos la realidad de acuerdo con el lenguaje del ego. Pero podemos desaprender ese lenguaje y elegir recordar nuestra lengua materna: el lenguaje del corazón.

Cuando hablamos el lenguaje del corazón, es decir, cuando interpretamos la realidad a través de sus ojos, el mismo mundo que antes era una pesadilla amenazante y poblada de enemigos se torna en sueño feliz del que despertamos a medida que reconocemos que somos hermanos. Donde antes veíamos ataques, ahora vemos peticiones de amor. Donde antes percibíamos vacío ahora vemos la plenitud de la creación.

Te invito a que aprendamos el lenguaje del corazón.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Michael Howard.

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¿Por qué lees el horóscopo?

A muchos nos gusta leer horóscopos, que nos lean el tarot, que nos lean el té. O simplemente que nos digan qué hacer. En mi caso personal, reconozco que la mayoría de las veces, cuando busco una respuesta en algo externo a mí es porque quiero evadir la responsabilidad de tomar una decisión.

¿Sigo o no sigo en este trabajo? ¿Hablo o guardo silencio? ¿Me arriesgo? ¿Es ese mi camino? Es difícil decidir. Si decido yo y las cosas salen mal, será solo mi responsabilidad. En cambio, si me lo dijo alguien más, un vidente, un periódico, entonces ya es culpa del universo. Yo solo confié en lo que me dijeron. No tengo por qué sentirme responsable.

No es este el caso siempre. Creo que el universo nos da señales de diferentes maneras. Una canción. Una conversación. Un artículo en internet. Una sonrisa en un ascensor en el momento justo. O un horóscopo, puede ser.

La pregunta es, ¿estás siguiendo a tu corazón, estás conectado con el flujo de la vida al seguir esas señales, o simplemente estás buscando alguien que te diga qué hacer porque es lo más cómodo? Solo tú sabes. Si buscas compulsivamente afuera de ti, lo más probable es que no quieras asumir responsabilidad. Me pasa con frecuencia.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de mindz.eye.

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