Puedes reprogramarte

En mi casa hay dos gatas. Una llegó cuando ya era grande. Seguramente de pequeña la maltrataron. No importa cuánto amor le hemos dado; tampoco importa que día tras día le demostremos que no queremos hacerle daño: todo el tiempo nos tiene miedo. Cuando me acerco demasiado y trato de consentirla, sale corriendo.

La otra gata llegó de pequeña. Creo que es uno de los animales más felices que conozco. Aprovecha cada oportunidad que se le presenta para que la mimemos.

Cómo quisiera a veces poder cambiar la programación que quedó arraigada en la primera gata.

En ese sentido, los humanos tenemos una gran ventaja. Puede que nuestras experiencias en la niñez nos hayan programado para responder de forma automática frente a ciertas situaciones, pero, a diferencia de los gatos, podemos reprogramarnos.

Observa qué programas viejos siguen rondando por ahí que no te hacen feliz. Sólo con que tomes consciencia de ellos, comenzarás a desinstalarlos.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de James Blake.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

El lenguaje del corazón

Trata de mirar una de estas palabras sin que su significado venga a tu mente. Trata de ver una de estas letras sin asociarla con el sonido que le corresponde en español. Es difícil, ¿no? Para lograr esto tendrías que desaprender el idioma español y reemplazarlo por otra manera de intrepretar estos símbolos que ves en la pantalla de tu computador.

Y lo mismo que sucede cuando aprendemos un idioma ocurre cuando adquirimos un sistema de creencias. Por ejemplo, una vez que se ha arraigado en ti la idea de que el dinero es malo, cada vez que veas a un rico verás a un mal ser humano. Si crees que la gente es mala por naturaleza, cada vez que abras los ojos te verás rodeado de enemigos.

Lo maravilloso de esto es que, si nuestro sistema de creencias no nos hace felices, podemos reemplazarlo por otro.

Por ahora muchos interpretamos la realidad de acuerdo con el lenguaje del ego. Pero podemos desaprender ese lenguaje y elegir recordar nuestra lengua materna: el lenguaje del corazón.

Cuando hablamos el lenguaje del corazón, es decir, cuando interpretamos la realidad a través de sus ojos, el mismo mundo que antes era una pesadilla amenazante y poblada de enemigos se torna en sueño feliz del que despertamos a medida que reconocemos que somos hermanos. Donde antes veíamos ataques, ahora vemos peticiones de amor. Donde antes percibíamos vacío ahora vemos la plenitud de la creación.

Te invito a que aprendamos el lenguaje del corazón.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Michael Howard.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.