En paz con la imperfección

En estos días he estado aprendiendo que, para poder estar en paz, debo aprender a estar en paz con la imperfección. No hay otra manera.

En el plano espiritual, creo que todos somos perfectos. Es decir, en tanto que seres espirituales, no nos falta nada. Nuestra esencia verdadera, aquello que en realidad somos, ya está completo. Sin embargo, en tanto que seres humanos, siempre vamos a ser imperfectos. Eso significa que siempre habrá algún aspecto de nuestras vidas que puede mejorar.

Creo que está bien buscar siempre ser mejores; adquirir nuevas habilidades; aprender de los errores para lidiar cada vez de mejor manera con los retos que la vida nos presenta. Pero cuando el esfuerzo por mejorarnos se vuelve obsesivo, terminamos haciéndonos daño y obtenemos resultados que van en contra de aquello que buscábamos en un principio.

La clave está en el equilibrio. Y el equilibrio implica aceptar que el extremo donde se halla la perfección es inalcanzable, y que está bien no estar allí. Está bien no ser perfectos

Una de las consecuencias negativas que ha tenido en mi vida la búsqueda de la perfección es que muchas veces he asumido que alcanzarla es un requisito para permitirme hacer otras cosas. Por ejemplo, a veces decido que sólo me permitiré ser feliz y descansar cuando alcance un estándar muy alto en ciertos aspectos de mi vida. Y esa es una receta y una excusa para no ser feliz y para no descansar. O a veces decido que sólo comenzaré un proyecto cuando haya alcanzado un nivel muy alto de maestría en ciertas cosas; y esa es una excusa para no comenzar.

Este blog mismo es un ejemplo de eso. A veces, cuando siento que no estoy bien en algunas áreas de mi vida, decido que no voy a compartir más reflexiones hasta que no me sienta “listo” para hacerlo de nuevo. Y esto me parece muy bien cuando nace de un deseo genuino por descansar o simplemente de darme cuenta de que en realidad no tengo ganas de escribir. Pero hay veces que tengo ideas que quisiera compartir, pero no me permito hacerlo porque siento que primero debo arreglar mi vida emocional. Se trata de una forma de perfeccionismo: si no me siento de tal y cual manera en ciertas áreas de mi vida, entonces no tengo derecho a prosperar o a avanzar en otras áreas. Es como una actitud de todo o nada. O lo hago bien todo o no hago nada.

No estoy promoviendo con esto lanzarnos a hacer cosas cuando sentimos que no estamos listos. Eso me parece muy válido y necesario. Por ejemplo, me parece importante permitirnos no involucrarnos en una relación sentimental cuando tenemos profundos enredos con una relación que aún no se ha cerrado del todo. Me parece importante permitirnos no hacer nada cuando sabemos que no estamos claros. Hay momentos en los que esa decisión de no hacer viene del corazón, de la sabiduría de la vida que nos dice que es momento de parar, de esperar, de aclararnos, de sanar. Pero hay otros momentos en los que es el ego el que nos impide avanzar. Entonces es el miedo el que, camuflado de la necesidad de resolver algo, hace que nos estanquemos.

Sólo en profundo silencio podremos encontrar la respuesta y saber si es momento de avanzar o de descansar un momento. En mi caso, en este momento, me di cuenta de que tenía resistencia a escribir porque siento que hay asuntos que debo arreglar antes. Una idea de “si vas a hacerlo, hazlo bien, y para hacerlo bien primero tienes que alcanzar tal y cual estado interno”. Y veo, en el fondo de esa idea, que simplemente hay resistencia a empezar y una exigencia de perfección que no me lleva a ser feliz.

Me siento muy bien ahora que escribo, y que me premito compartir mis reflexiones y experiencias sabiendo que no soy perfecto, que tengo muchas fallas y que hay áreas de mi vida en las que no soy un modelo a seguir; sabiendo que para aportar algo valioso no tengo que tener todo resuelto.

Pero, sobre todo, me permito ahora disfrutar de lo que sí está muy bien en mi vida, que son muchísimas cosas, las cuales, sin embargo, no me permito apreciar cuando me enfoco en lo que me falta. Es como tener una habitación llena de cuadros preciosos pero no permitirnos mirarlos y disfrutarlos porque hay una mancha en un rincón; y decidir que sólo cuando el cuarto esté absolutamente impecable nos permitiremos gozar con las pinturas que ya tenemos disponibles en este momento.

Para disfrutar de la belleza que me rodea, de la belleza que es mi vida y de lo afortunado que soy, debo aprender a estar en paz con la imperfección; a estar en paz con el hecho de que siempre habrá un rincón que podría estar más reluciente y siempre habrá algo más por limpiar.

A veces, no nos permitimos disfrutar lo que tenemos ahora como una forma de castigarnos por nuestras imperfecciones. Es una mentalidad que ha sido arraigada desde el colegio y desde la forma como muchos fuimos criados. Se nos enseñó que siempre había condiciones para disfrutar de las cosas buenas de la vida. “Sólo podrás comer el postre si haces esto y aquello; y si haces esto otro no podrás disfrutar de tales y cuales cosas”. Y, de repente, sin que nadie nos prive de nada, nosotros mismos empezamos a ponernos condiciones y decidimos que no tenemos derecho a ser felices a menos que primero hagamos ciertas cosas o dejemos de hacer ciertas otras.

Esta forma de educar tiene como objetivo hacernos mejorar a través del castigo y el miedo. Pero esta es una aproximación que ya no funciona. Ya hemos madurado. No necesitamos amenazarnos ni castigarnos para hacer aquello que amamos o para dejar de hacer aquello que por experiencia sabemos que nos aleja de nuestro ser. Y mucho menos tenemos que poner a la perfección como condición para nuestro derecho a ser felices. De hecho, hacerlo sería un locura, pues equivaldría a decir que no tenemos derecho a ser felices nunca, cuando la verdad es que tenemos derecho a ser felices exactamente como somos ahora. Siempre podremos mejorar, y qué bueno que lo hagamos, pero mejorar no es una condición para que nos permitamos ser felices ahora en la medida en que podemos.

Además, cuando nos enfocamos en lo que está bien, cuando gozamos de los apectos de nuestra vida que más están brillando, naturalmente nuestra vibración se eleva, y con esa vibración elevada vamos sanando aquellas otras áreas en las que no hemos madurado tanto. Así, sanamos más rápido y crecemos más cuando nos permitimos disfrutar de nuestra vida ahora, mientras que, cuando nos negamos la plenitud y la felicidad ahora, en realidad hacemos más lento nuestro avance, pues entonces nuestra vibración baja y tenemos menos energía para crecer y avanzar.

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Mis retos internos

Compartir enseñanzas espirituales en redes sociales ha sido un gran aprendizaje para mí. Me ha traído retos que me ayudan a evolucionar y es un espejo en el que veo reflejado mi proceso de crecimiento interno.

En este artículo quiero compartirte los principales retos que he tenido y que estoy teniendo en mi camino con las redes sociales.

El miedo al qué dirán

Al comienzo, sólo compartía frases de maestros reconocidos o republicaba memes que encontraba en Facebook. Luego, decidí comenzar a hacer videos, y esto implicó superar el miedo al qué dirán. ¿Pensarán que soy ridículo o presumido? ¿Se burlarán de mí? En este artículo cuento más sobre esa fase de mi proceso y comparto lo que me ayudó a superar ese miedo.

El miedo a lo que piensen los demás no se ha ido por completo, pero es mucho menos intenso. Ya no me impide hacer videos o compartir mis enseñanzas. Hasta cierto punto, diría que es un miedo superado.

Necesidad de aprobación

Este reto se relaciona estrechamente con el anterior. Sin embargo, en este caso el énfasis no está en la posibilidad de que se burlen o me desprecien, sino en la necesidad de que a los demás les guste lo que hago.

Cuando comencé a publicar contenido constante en redes sociales, me di cuenta de que me afectaba mucho el numero de likes que recibían las publicaciones. Si publicaba una imagen que tenía gran acogida, me sentía bien y tranquilo, mientras que, si una publicación recibía muy pocos likes, me preocupaba y desanimaba. En este artículo te cuento un poco más sobre esta dependencia de los likes y doy algunos consejos generales para soltar la necesidad de aprobación.

Por momentos sigo pendiente de cuántos likes tengo y aún me afecta, aunque éste también es un aspecto en el que he crecido y esa necesidad de aprobación ha disminuido en buena medida.

Pero es evidente que aún no he sanado esto del todo. Al escribir este artículo, consulté algunos videos de YouTube que grabé hace un tiempo y vi que elgunas personas le dieron “No me gusta” a los videos. Tan pronto vi eso, sentí una punzada de malestar que me indica que lo que los demás piensen me afecta y que aún tengo necesidad de aprobación.

Adicción a las redes sociales

Muy relacionado con lo anterior está el tema de sentir la necesidad de estar constantemente conectado con las redes sociales. Mirar a cada el rato el celular para ver cómo les ha ido a mis publicaciones llegó al punto de convertirse en una adicción, una forma de escape y de desconectarme de mí mismo.

En este tema también he sanado bastante; ya no me parece tan atractivo estar constantemente conectado a las redes. Sin embargo, cuando llega la ansiedad, a veces todavía uso mis redes sociales para escapar. En eso sigo trabajando.

Sobre el tema de la adicción a las redes sociales te recomiendo este video que grabé, y sobre el tema de las adicciones en general, este otro video.

Retos actuales: dudas sobre mí y sobre mi proceso

Al llamar a esta sección “retos actuales”, no quiero decir que los retos anteriores no sigan presentes, como bien lo he indicado. Quiero señalar, simplemente, cuáles son los retos más importantes den este momento de mi proceso.

Dudar de mí

Y el principal reto es que dudo de mí en varios aspectos. Por una parte, dudo de ser lo suficientemente bueno como para asumir el papel de dar consejos espirituales en redes sociales.

Se trata del miedo a ser un fraude, sobre el cual escribí este artículo. Sucede cuando no creo en mí.

Cuando estoy en una fase espiritual expansiva, conectado con lo más profundo de mi ser, este miedo desaparece. Pero cuando me encuentro contraído energéticamente, el miedo se intensifica y me lleva a dudar de si debo seguir lo que estoy haciendo.

Autosabotaje

Este ha sido y es uno de los principales retos con los que he lidiado en diferentes áreas de mi vida, y mis proyectos de redes sociales y mi camino espiritual en general no son la excepción.

Cuando las cosas marchan muy bien, mejor que nunca, a veces hago elecciones que bajan mi vibración y aumentan mis miedos. Puede que se trate de recaer en viejas adicciones, evadir mis emociones o simplemente consumir productos de baja vibración (ciertos canales de YouTube, ciertas noticias, ciertos pasatiempos).

Es como si tuviera miedo a estar tan bien. Pues sé que cuando estoy muy bien mi vida comienza a cambiar, y eso me da miedo. Da miedo pasar al siguiente nivel. En este artículo hablo un poco más sobre el autosabotaje.

Dudar de mi camino

Creo que este es el reto más profundo para mí ahora. Dudar de si lo que hago está bien.

Se relaciona mucho con dudar sobre mí y creer que no soy lo suficientemente bueno, pero va más allá.

Es algo que se presenta en todas las áreas de mi vida: las relaciones, la vida profesional, mis proyectos.

No importa lo que haga, casi siempre aparece una vocecita de miedo que me dice: “Tal vez no deberías estar haciendo esto”.

Las razones que aduce la voz de mi ego varían según el contexto. De repente no estoy seguro de si me gusta lo que estoy haciendo. O no sé si encaja con mis creencias más profundas. O simplemente dudo sin saber por qué.

Cuando esto sucede, pienso en que tal vez debería renunciar a los objetivos que me he propuesto. Varias veces con este proyecto llamado Caminos de Conciencia he dudado de si debo seguir o no. Y la verdad es que no lo sé. Tal vez en algún momento mi corazón me dirá que ya es suficiente y lo dejaré. Por ahora, siento que esa voz viene desde el miedo, no desde mi consciencia más elevada, y por eso no le hago caso.

Hay momentos, sin embargo, en los que me siento cansado y lo que hago no parece tener sentido.

A veces siento que he decidido seguir con este proyecto impulsado por los deseos de mi ego. Tal vez es solo mi ego el que desea tener muchos seguidores y ser reconocido y verse a sí mismo como exitoso, pero tal vez en el fondo nones esto lo que quiero hacer.

Otras veces pienso que tengo este proyecto por la creencia de que debo hacerlo para ayudar al mundo, de que eso es lo mejor que puedo hacer por la humanidad, pero es algo que no viene de mi corazón y de mis deseis más profundos sino de mi cabeza. Tal vez en el fondo quiero hacer otra cosa.

Estos últimos párrafos son ejemplos de las conversaciones internas que surgen en los momentos de duda.

No sé, a ciencia cierta, para dónde voy. Sé que en este momento tengo ganas de compartir estas experiencias. Me gusta escribir. Y creo que les ayuda a algunos de los que me leen.

Las últimas semanas he estado muy bajo energéticamente y se han intensificado los últimos retos que describo. Tal vez es parte normal de proceso de crecimiento. Tal vez es producto de una necesidad de cambio. Tal vez es miedo a pasar al siguiente nivel. No lo sé. Por momentos no disfruto estar permanentemente conectado a las redes respondiendo lo que me preguntan, y menos aún cuando siento que no estoy plenamente conectado con mi sabiduría interior y que por tanto respondo con respuestas prefabricadas que sé de memoria pero que no reflejan mi nivel actual de consciencia.

Sé que estos momentos de dudas y crisis son algo normal que en algún momentos les suceden a todos los seres humanos. En mi caso, me ayuda escribir lo que siento. Y uno de mis propósitos este año fue compartir más de mí y de mi proceso.

Finalmente, ya que he estado compartiendo artículos antiguos en esta entrada del blog, te invito y me invito a leer esto que escribí sobre cómo pasar por momentos difíciles.

Saludos y bendiciones,

David González

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Cambios en este blog

Si abriste este correo, probablemente es porque de alguna forma resuenas con lo que digo. Este mensaje es para ti. Quiero agradecerte por seguir lo que escribo, por mantenerte conectada o conectado conmigo, y por estar leyendo estas líneas.

Quiero contarte algunos cambios que planeo hacer en este blog, para que sepas qué esperar en este nuevo año.

Hasta ahora, el principal propósito de este blog ha sido compartir enseñanzas espirituales. Eso no va a cambiar; seguiré compartiendo reflexiones cuando me sienta inspirado a hacerlo. Lo que cambiará es que comenzaré a poner cada vez contenidos más personales. Quiero compartir mi proceso, mis desafíos, mis sueños, inseguridades y miedos.

Hace un tiempo comencé a escribir diarios en los que plasmo todo lo que me pasa, y esa práctica ha sido de gran ayuda en mi camino espiritual.

Cuando pongo en el papel mis pensamientos, miedos y deseos, eso me permite verlos desde otra perspectiva. A veces comprendo causas profundas de cosas aparentemente superficiales que me molestan. A veces veo patrones comunes en situaciones aparentemente inconexas que se presentan en diferentes áreas de mi vida. A veces me siento inspirado y describo experiencias espirituales muy bellas que llegan a mí en el momento.

Sea como sea, esa es una de mis principales prácticas espirituales en este momento. Además, disfruto mucho escribir, especialmente escribir a mano, con una pluma que se desliza sobre una hoja de papel.

Quiero comenzar a compartir en este blog parte de las cosas que plasmo en mis diarios. No será algo extremadamente íntimo; hay detalles e ideas que dejaré sólo para mis reflexiones privadas. Sin embargo, sí compartiré a grandes rasgos cómo es el proceso por el que estoy pasando.

Creo que, de alguna manera, esto puede ser útil para los demás. Aunque, independientemente de eso, lo hago porque es lo que siento ganas de hacer desde el corazón ahora, y confío en ese sentimiento, más allá de que crea que puede o no ayudar a otras personas.

Si llegaste hasta este párrafo y de alguna manera sientes que leer estas palabras te conecta con algo que es bueno para ti ahora, bienvenida o bienvenido a esta nueva etapa del blog.

Hay muchas cosas que quiero contar sobre mi proceso y los retos que enfrento actualmente. Pero eso será para otras entradas. Por hoy es suficiente.

Con frecuencia habrá, por supuesto, reflexiones como las que he venido publicando en los últimos tres años. Eso no cambiará y puedes esperarlas semanalmente.

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Cómo dejar las adicciones

Todos hemos lidiado alguna vez con una adicción, y es probable que muchos estemos lidiando con alguna ahora.

Por eso, te invito a ver este video, en el que explico qué son las adicciones y comparto un consejo que ha funcionado para mí.

El primer paso para dejar una adicción, es reconocer que nos hace sufrir. Pues lo que caracteriza a las adicciones es que nos hacen sufrir.

El reconocimiento de ese sufrimiento nos motiva a querer sanar, pues es obvio que no queremos sufrir. Sin embargo, la adicción también se caracteriza porque se impone sobre nuestra fuerza de voluntad. Es como si algo nos obligara a hacer cosas que no queremos hacer.

Entonces, muchas veces la lucha contra las adicciones se convierte en una lucha contra nosotros mismos. Se trata de esforzarnos e imponer nuestra fuerza de voluntad sobre nuestros deseos más básicos e inmediatos.

Este esfuerzo, sin embargo, es desgastante y muchas veces nos lleva a reprimirnos, y cuando nos reprimimos, a veces acumulamos tensión que se desboca de manera negativa en otras áreas de nuestra vida. Por ejemplo, dejamos de fumar pero entonces comenzamos a comer demasiado.

Estaré haciendo varios videos en los que hablo sobre consejos sencillos para dejar las adicciones. En este primer video, planteo un enfoque que no se basa en la represión ni en aguantarnos las ganas sólo mediante la fuerza de voluntad, si bien esto a veces puede ser necesario.

Haz click aquí para ver el video sobre cómo dejar las adicciones.

Es bueno que se acabe

Hoy vi a mi madre retirando lo adornos navideños de la casa y me dio un poco de tristeza. Entonces le dije: “Ya se acabó la época de Navidad, ¿no te gustaría que continuara?”. “No”, me respondió. “La gracia de época de Navidad es que se acaba; es por eso que es especial y que la disfrutamos tanto”.

Me quedé pensando en su respuesta, y creo que es muy sabia y se aplica para muchas cosas.

Si la época de Navidad y sus adornos durarán todo el año, dejarían de tener en nosotros el efecto que ahora tienen.

Eso me recuerda algo que me dijo hace tiempo un amigo. Él estaba desempleado en ese entonces, y yo le pregunté qué iba a hacer en época de vacaciones. “Los que no tenemos trabajo, no tenemos el privilegio de tener vacaciones”, me respondió. Cuando le pregunté a qué se refería, me explicó que, para él, las vacaciones sólo tienen sentido como un tiempo de contraste con la época en la que se trabaja. Por tanto, si nunca se trabaja, no hay vacaciones, pues no hay contraste. Puede que dure todo el año con tiempo libre y pueda descansar, pero no se siente nunca en vacaciones.

En consecuencia, si tuviéramos vacaciones todo el tiempo, ya no serían vacaciones. Es por eso que los ritmos y los cambios son necesarios. Es hermoso cuando un periodo termina y otro comienza; nada dura indefinidamente.

A veces queremos aferrarnos a experiencias placenteras. En mi caso, quise aferrarme a la experiencia de la Navidad, la cual disfruto mucho. Sin embargo, caí en cuenta de que, si tratara de aferrarme a esa experiencia, perdería su sentido. Por tratar de que durara más de lo que normalmente dura, acabaría en realidad perdiendo la experiencia.

Así mismo, hay muchos momentos bellos y fugaces que debemos aprender a disfrutar en su fugacidad. Hay que aprender a dejar que las cosas fluyan y se transformen, y que una etapa dé lugar a otra. Cada momento tiene cosas bellas que disfrutar, pero nuestra realización como seres humanos requiere que nos permitamos cambiar constantemente.

La infancia es bella, pero si siguiéramos siendo niños toda la vida, nos perderíamos de gran parte de lo que la vida nos puede ofrecer. E incluso esta vida misma, a pesar de ser bella, no es más que un pequeño momento de nuestro viaje. Inevitablemente esta vida pasará, y sólo así podrá surgir lo nuevo. El universo está creando constantemente nuevas experiencias, y esto implica que lo viejo va desapareciendo y va siendo reemplazado.

Qué hermoso permitirnos ser parte de los ciclos de la vida, y poder así estar tranquilos cuando nuestro cuerpo se deteriore y se consuma. En esa conciencia, podemos disfrutar plenamente de esta experiencia humana, sabiendo que es efímera por naturaleza.

Incluso el Sol, que parece eterno comparado con nosotros, morirá en algún momento, al igual que todas y cada una de las estrellas que jamás hemos visto. Esa es la naturaleza del mundo de las formas: que surgen y desaparecen. Es por eso que la clave para disfrutar de las formas es el desapego.

Deja, pues, que tu vida cambie, y celebra este momento por completo, sabiendo que también pasará.

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Propósitos de año nuevo

Al comienzo de año es muy bueno ponernos propósitos y soñar. En este video les doy consejos para que ese proceso nos lleve a hacer propósitos que realmente resuenen con nuestro corazón y que nos lleven a crear la vida que queremos.

Les deseo a todos un feliz año; que el 2020 sea de mucho crecimiento y los lleve a encontrar la paz, la felicidad y la plenitud.

Haz click aquí para ver cómo crear buenos propósitos de año nuevo.

La mejor forma de cometer errores

“El único que no se equivoca es quien nunca hace nada” ~ Goethe

No creo que haya un solo ser humano que no haya cometido errores. Y no tiene sentido tratar de nunca cometer errores. No sólo porque es imposible, sino porque cometer errores nos ayuda a crecer; es parte natural de nuestra evolución.

Para aprender cosas nuevas debemos probar, ensayar, experimentar. Y cuando hacemos cosas nuevas en algún momento nos vamos a equivocar. Y esto aplica para todo: la ciencia, las relaciones humanas, los negocios, la espiritualidad.

No se trata, entonces, de no cometer errores; los vamos a cometer tarde o temprano. Se trata, más bien, de cómo cometemos errores. Podemos cometer errores de forma inteligente o podemos cometerlos de forma inconsciente.

La invitación es a cometer errores de forma consciente, pues es así que crecemos y aprendemos. Pero ¿qué es cometer errores de forma consciente?

“¿Por qué cometer los mismos errores habiendo tantos errores nuevos por cometer?” ~ Bertrand Russell

Los científicos cometen errores todo el tiempo. Proponen constantemente teorías erróneas. Cada rato están equivocados. El truco está en que se equivocan de manera inteligente. Una vez la experiencia les ha demostrado que una teoría no es correcta, la abandonan y tratan de proponer una teoría nueva.

Así también podemos ser nosotros en cualquier área de nuestra vida. Cuando cometemos errores con consciencia, si tenemos la intención de aprender de ellos, disminuye la probabilidad de que los cometamos de nuevo.

Una vez sabemos que un camino ya no sirve, si somos conscientes de lo que hacemos y queremos crecer y tener experiencias que nos sirven, dejaremos de andar por ese camino.

Pero, para saber que un camino no sirve, a veces tenemos que andarlo. Sólo entonces sabremos que no sirve por experiencia propia. Y ese conocimiento es mucho más valioso que el conocimiento teórico. Cuando sabemos algo de manera teórica, a veces hay una parte nuestra que se debe esforzar por creer. Cuando lo hemos probado, ya no hay necesidad de imponernos ideas a la fuerza. Se trata de un conocimiento vivo, que comprendemos por completo.

“La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes” ~ Einstein

Un científico que no es capaz de abandonar una teoría que ha demostrado ser errónea no podrá descubrir nuevas verdades. Para poder avanzar en el conocimiento, los científicos deben estar dispuestos a abandonar sus ideas, y a veces esto puede ser difícil.

A veces queremos seguir creyendo en lo mismo o queremos seguir haciendo lo mismo, aunque la experiencia nos haya enseñado que eso que hacemos o creemos no sirve. Esto sucede cuando nos apegamos a nuestras creencias o a nuestros hábitos.

Quizás se trata de un hábito o una idea de la que derivamos nuestro sentido de identidad. Tal vez llevamos mucho tiempo identificándonos como alguien que cree en tales o cuales cosas, o como alguien que hace ciertas cosas y no hace ciertas otras. Y entonces nos duele cambiar, pues esto implica deshacer nuestra identidad, y esto duele. Cuando deshacemos nuestra identidad, hay un momento en el que no sabemos quiénes somos, y eso puede generar angustia y confusión. Por tanto, para evitar ese vacío, muchas veces nos aferramos a lo que creemos o a nuestra forma de hacer las cosas, aunque los resultados nos estén mostrando que debemos cambiar.

Pero, si queremos crecer y evolucionar, debemos estar dispuestos a cambiar; a cambiar nuestras creencias, a cambiar nuestros comportamientos, a cambiar nuestras relaciones, a cambiar la forma en la que nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados; seguir haciendo lo mismo y pretender que las cosas sean diferentes es una locura, como bien lo señaló Einstein.

“No es necesario renunciar a nada en el mundo; sólo hay que ser consciente, y las cosas inútiles, sin sentido, caen por sí mismas, espontáneamente” ~ Osho

Cuando cometemos errores de forma consciente, aquello que no sirve comienza a caer por sí sólo. Entonces ya no dejamos de hacer cosas a la fuerza, imponiéndonos una idea ajena. Entonces dejamos de hacer cosas por el simple hecho de que vemos con claridad que ya no nos sirven.

Pero, para que esto suceda, la clave está en ser conscientes de lo que hacemos. Es decir, la clave está en prestar atención. Eso es lo que hacen los científicos cuando experimentan: prestan atención.

Imagina un científico que hace un experimento pero luego no le presta atención a los resultados. No importa qué tan bien haya diseñado el experimento; no podrá aprender nada.

Cuando estamos atentos a lo que sentimos y experimentamos, aprendemos constantemente.

Por ejemplo, si le prestamos suficiente atención a nuestro cuerpo y nuestras emociones, sabremos pronto que hay ciertos alimentos y sustancias que no nos ayudan a sentir bien, y veremos que hay otros que sí nos dan bienestar.

Y nos daremos cuenta de lo mismo si prestamos atención a cómo nos sentimos cuando nos relacionamos con ciertas personas, o cuando realizamos ciertas actividades, o cuando consumimos cierto tipo de información.

Hay cosas que nos sirven y cosas que no. Eso es obvio. La razón por la que no cambiamos muchas veces es porque no experimentamos con plena consciencia. Estamos desconectados de nosotros. Entonces no caemos en cuenta de qué nos sirve y qué no.

No tengas miedo, pues, de probar cosas nuevas. Intenta. Experimenta. Pero hazlo con consciencia. No te apegues. Tienes que estar dispuesta a cambiar. Tienes que estar dispuesta a abandonar los caminos cuando tu consciencia te muestre lo que no te sirve. Entonces tus errores se convertirán en tus más grandes maestros y te llevarán a crecer.

A veces es normal preguntarnos: ¿qué hago si cometo un error? La mejor respuesta, en mi opinión, es: “aprende de él, úsalo para crecer, úsalo para evolucionar; date las gracias por haberlo cometido, pues gracias a eso podrás hacer las cosas mejor la próxima vez; y en el futuro, por supuesto, no lo comentas de nuevo, busca, en cambio, nuevas formas, nuevas maneras, ten la valentía de dejar lo viejo en el pasado y atrévete a transformarte”.

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Fiestas navideñas y espiritualidad

Los invito a ver este video, en el que les comparto algunas de las costumbres navideñas que tengo en mi casa, y doy algunos consejos sobre cómo estar alertas y con el corazón abierto durante las fiestas navideñas.

La Navidad es una época hermosa, y también es una gran oportunidad para crecer espiritualmente. Es una oportunidad para conectarnos en un amor que va más allá de nuestras creencias y caminos. Es una oportunidad para acercarnos a nuestros seres queridos y compartir desde el corazón. Pero, para esto, debemos estar dispuestos a dejar a un lado nuestro ego espiritual y mirar más allás de nuestras diferencias.

¡Que estas fiestas tengamos nuestros corazones abiertos y sigamos creciendo!

¡Feliz Navidad y felices fiestas!

¿Cómo soltar las adicciones?

Aquello a lo que te resistes persiste.

Esta es una frase que encontramos con frecuencia en los mensajes motivacionales, ¡y cuánta razón tiene!

Cuando tratamos de resistirnos a algo, le damos nuestra energía. Pues para resistir, tenemos que controlar, y controlar es algo que requiere de mucha energía.

No quiere decir esto de nunca debemos tratar de controlar nada. Se trata, más bien, de una invitación a encontrar formas más sanas de dejar ir lo que nos hace daño, de tal modo que cada vez tengamos que controlar menos.

Un ejemplo claro de algo que tratamos de dejar ir son las adicciones, esos comportamientos repetitivos que nos hacen daño y que parecen ser más fuertes que nuestra voluntad. Cuando tratamos de luchar contra una adicción resistiéndonos, le damos toda nuestra atención. Se puede hacer esto, y en algunos casos es necesario, pero es un camino arduo y agobiante. Por momentos pareciera que, entre más nos resistiéramos a las adicciones, más fuerza tienen.

Una alternativa a luchar contra aquello que queremos dejar ir es enfocar nuestra energía en algo que sí queremos. Así, a medida que el nuevo enfoque de nuestra energía crece, cada vez queda menos energía disponible para las adicciones y éstas pierden fuerza.

Por ejemplo, supongamos que quieres dejar de fumar. En vez de gastar toda tu energía resistiendo la tentación de fumar, enfócate en realizar otras actividades que vibren en una frecuencia muy diferente a la del cigarrillo y que sean incompatibles con éste. Algo que ayuda mucho en esos casos es hacer ejercicio. Si enfocas tu energía en el deporte, esto te traerá satisfacción y tu mente empezará a soltar por momentos su fijación en el cigarrillo, pues estará enfocada en el ejercicio que haces.

Enfocate en meditar, enfócate en danzar, enfócate en dar. Eso naturalmente elevará tu vibración, y entre más alta sea tu vibración, naturalmente las adicciones irán perdiendo fuerza. Puede que a veces se requiera de fuerza de voluntad. Pero el proceso será más ameno y suave si tu energía tiene ahora un nuevo foco que te proporciona bienestar y satisfacción, en vez de estar simplemente reprimiendo un deseo que surge en ti.

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¿Fue real esa ofensa?

Alguien hizo un comentario que te dolió y ahora tienes resentimiento. Ese resentimiento es la señal de que no has perdonado.

“Re-sentir” significa seguir sintiendo el dolor; revivir la ofensa como si estuviera ocurriendo en este momento. Cuando estamos resentidos, seguimos sufriendo, seguimos siendo víctimas de aquello que creemos que nos hicieron.

Mientras estemos resentidos, surgirán en nosotros emociones destructivas hacia aquellos que nos ofendieron. Sentiremos rabia, desconfianza y deseos de venganza. En ese estado, claramente el perdón no está presente.

Perdonar no es decir “te perdono” ni darle al otro un abrazo o un beso. Tampoco es quedarme al lado del otro. Todo eso puede ser parte del perdón en algunos casos, pero es insuficiente y, en algunos casos, es innecesario.

Perdonar es sanar. Es cuando ya no está presente en nosotros la herida y, por tanto, ya no resentimos. En ese estado, nuestro corazón vuelve a abrirse para darle la bienvenida al otro. Y esto no implica que querremos estar con él o ella. Es posible perdonar y querer alejarnos. Pero entonces el alejamiento es externo. Nuestro corazón está abierto y lleno de amor por la persona.

Pero, ¿cómo perdonar? ¿Cómo dejar ir el resentimiento? ¿Cómo dejar de sentir el dolor de la ofensa?

Un Curso de Milagros dice sabiamente que no podemos perdonar aquellas ofensas que percibimos como reales. Por tanto, para perdonar debemos darnos cuenta de que la ofensa no es real.

En este punto, puede que estés diciendo: “Pero entonces no puedo perdonar, pues es obvio que la ofensa fue real. Es obvio que las palabras fueron reales. Es obvio que los golpes fueron reales”.

Aquí es donde se requiere un cambio de percepción radical. Tal vez lo que percibes como real no es real en verdad. Y tal vez lo que sí es real lo ves ahora como si fuera sólo una fantasía.

Al comienzo de Un Curso de Milagros se ofrece un resumen del curso en tres frases que dice así:

Nada real puede ser amenazado.

Nada irreal existe.

En eso radica la paz de Dios.

Ese es el cambio de percepción radical al que nos invita Un Curso de Milagros, y esa es también la clave del perdón. Perdonamos completamente cuando nos damos cuenta de que aquello que es verdad no puede ser amenazado, es decir, cuando nos damos cuenta de que aquello que somos en realidad no puede ser amenazado y, por tanto, no es posible que nadie nos haya atacado ni es posible que nadie nos ataque. Y entonces, en medio del perdón, sobreviene la paz de Dios. Ya no podemos resentir, pues no hay nada que resentir, pues no nos han hecho nada.

En este punto, no obstante, puede que objetes que lo que propone Un Curso de Milagros es obviamente falso, pues tienes pruebas de que en verdad te hicieron daño. Y eso, además, muestra que sí es posible que lo real sea amenazado y que tú seas amenazado, por lo que el resumen de Un Curso de Milagros no tiene sentido.

Esa es una opción. Puede que esa objeción tenga razón y que lo que el curso propone sea un sinsentido. Otra opción, que vale la pena explorar, es que tal vez no sabes lo que es real y tampoco sabes quién eres.

¿Quién puede ser atacado? El ego o el cuerpo. Pero no somos el ego ni el cuerpo. Por tanto, aunque nuestro ego o nuestro cuerpo sean atacados, lo que en verdad somos permanece inalterado, ajeno al ataque.

Cuando te “ofenden”, ¿en realidad eres tú el que es atacado o es tu ego? Si te das cuenta de que el que es atacado es tu ego, y reconoces luego que no eres tu ego, sabrás entonces que no te han hecho nada y que en verdad no hay nada que perdonar. En ese momento los resentimientos se desvanecerán y habrás perdonado por completo. Ya no quedarán trazas de resentimientos.

Pero para esto, por supuesto, es necesario darnos cuenta de que no somos nuestro ego. Y esto sólo lo descubrimos a medida que comenzamos a tener contacto con nuestro verdadero Ser.

En consecuencia, el perdón y el despertar espiritual van de la mano. Solo cuando tomamos consciencia de nuestra verdadera identidad, vemos claramente que nadie puede hacernos daño.

Frente a eso, tal vez pienses que pueden ser ideas bellas, pero que no son aplicables, pues en la vida diaria percibimos nuestro cuerpo y nuestro ego como nuestra realidad, y sería sólo un autoengaño pretender que somos otra cosa y pretender, por tanto, que en realidad no nos hacen daño cuando nos insultan o cuando maltratan nuestro cuerpo.

Y es cierto que el cambio de percepción que propone Un Curso de Milagros es extremo. Es cierto que esa perspectiva no es fácil de adoptar al comienzo. Es una inversión de nuestra forma de pensar que muchas veces sólo se logra mediante la práctica. Y esa es una clave: la práctica.

La invitación de este artículo no es a que, de repente, comiences a pretender que no te han hecho nada cuando en realidad percibes que has sido o estás siendo atacado. La invitación no es a que te fuerces a perdonar lo que por ahora percibes como imperdonable. La invitación es a dos cosas.

Lo primero es invitarte a que cuestiones la realidad de lo que percibes, y sobre todo, a que cuestiones la realidad de lo que crees ser. ¿Crees ser un cuerpo, un ser separado de Dios, que puede sufrir, pequeño e impotente, que vive rodeado de peligros en un mundo amenazante? Vale la pena cuestionar eso. Sólo comenzar a abrirnos a la posibilidad de que tal vez esa perspectiva es una ilusión.

Lo segundo es invitarnos a practicar esta forma de perdón con cosas pequeñas. Si alguien en el tráfico te grita o te mira mal, ¿en verdad estás siendo atacado? ¿En verdad hay algo real en ti que está sufriendo daño? Cuando alguien te mira mal en la calle, ¿en verdad estás sufriendo daños por eso? Son ejemplos muy sencillos. Y al hacer estos simples ejercicios, nos iremos dando cuenta de que en verdad lo que somos no ha sido dañado, no ha sido atacado; lo que ha sido atacado es una imagen irreal que tienes de ti mismo: tu ego.

En el caso de los daños corporales, es mucho más difícil adoptar esta perspectiva, pues la creencia de que somos nuestro cuerpo está muchísimo más arraigada, y todo lo que sentimos y experimentamos parece dar muestras de ello. El dolor parece completamente real. Por eso, la invitación es a comenzar con las cosas más sencillas y simples.

Un Curso de Milagros nos dice que la resurrección de Jesús es sólo un ejemplo de esto: es una muestra de que a lo que es real no se le puede hacer daño, y de que incluso los daños en el cuerpo son ilusorios, pues el cuerpo es una ilusión. Su resurrección es, por tanto, el mayor acto de perdón. A los ojos del mundo, él fue torturado y asesinado. Pero él no lo percibió así. Él sabía que su realidad no podía ser atacada y no estaba siendo atacada, y, en consecuencia, sabía que en realidad no había nada que perdonar.

Cuando perdonamos completamente nos damos cuenta de que en realidad estamos sanos y le permitimos al otro ver que estamos sanos y que en realidad no nos hizo nada y por tanto no tiene nada por lo qué sentirse culpable. Ese es el perdón de Jesús resucitado: “Mírenme, no me han hecho nada. Lo que es real no puede ser atacado. Sólo en ilusiones pueden haberme hecho daño. Por lo tanto, en realidad no hay nada que perdonar. Estoy perfectamente sano y a salvo, como siempre lo he estado y como siempre lo estaré. Y así mismo, ustedes están ahora libres de culpa, tal como siempre lo han estado y como siempre lo estarán”.

Jesús dice en Un Curso de Milagros que ese es el verdadero mensaje de su crucifixión: servir como un ejemplo extremo de perdón, mostrarnos lo que es posible. Pero la invitación no es a que seamos crucificados literalmente nosotros siguiendo su ejemplo, sino simplemente a que adoptemos esa perspectiva en situaciones mucho menos extremas, es decir, la perspectiva de darnos cuenta de que en realidad no nos están haciendo nada.

Esa es la invitación de Un Curso de Milagros. Esa es la invitación que he comenzado a poner en práctica en mi vida y gracias a la cual he comenzado a ver resultados. Entonces no me enfoco en tratarde perdonar. Me enfoco sólo en conectarme con mi ser verdadero y en darme cuenta de que quien cree haber sido ofendido es mi ego. Y entonces la perspectiva cambia y de repente la idea de haber sido ofendido se desvanece.

Encuentra, por tanto, tu ser verdadero. Ánclate allí cada vez con más frecuencia. Habita desde allí. Mira desde allí. Y el perdón y la paz no podrán más que seguirte como si fueran tu sombra sagrada.

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