¿Qué hacer ante el miedo que suscitan las crisis?

Imagina a alguien que compra un flamante auto nuevo. Por supuesto, esa persona quiere que todo funcione bien. Frente al más pequeño ruido o defecto, va a un taller de expertos para que revisen el auto. Pero imagina ahora que, al ver una gran avería o un problema eléctrico muy complejo, esa persona dijera: “Bueno, esto es demasiado grave. Por tanto, es mejor que me encargue yo personalmente, así que en esta ocasión no llevaré el auto al taller, sino que trataré de arreglar el problema por mi cuenta”.

Esta forma de pensar es ilógica. Sin embargo, la aplicamos todo el tiempo sin darnos cuenta.

Cuando todo marcha bien, es fácil confiar en la vida, relajarnos y soltar el control. Cuando surge una dificultad que nos produce mucho miedo, en cambio, queremos controlarlo todo y resolver el problema por nuestra cuenta. En esos momentos de gran estrés se nos olvida muchas veces el poder de parar, ir a nuestro corazón y entregarle el problema a nuestro Ser más elevado. Ante algo que produce mucho miedo, muchas veces dejamos el problema en manos de nuestra mente limitada, que trata entonces de predecir el futuro a partir de sus experiencias pasadas para tratar de protegernos del dolor.

Así, cuando más necesitamos de la profunda sabiduría de la Vida, en vez de ir a buscarla en nuestro silencio profundo, nos vamos detrás de la mente parlanchina, creyendo que ella tiene la respuesta. “No me pidas que me calle ahora”, dice la mente. “No me ignores, estamos en una emergencia. Cuando todo vuelva a estar bajo control, puedes volver a jugar a eso de estar en silencio y escuchar al corazón, pero mientras dure la crisis, yo estoy a cargo”.

Esta forma de reaccionar es apenas natural. Llevamos muchas vidas usando la mente como principal herramienta de supervivencia. Y entre más difícil es una situación y más miedo suscita, mayor necesidad de controlar tiene la mente. Romper ese patrón no es fácil. Al principio, es muy difícil saltar al vacío al que nos invita el corazón; no tenemos aún suficiente confianza en la Vida; nuestra fe no se ha desarrollado.

Al principio, buscar el silencio profundo en esas situaciones se siente como salir a correr por un laberinto lleno de peligros con los ojos vendados. Pareciera increíble que así vamos a encontrar la salida. La verdad, sin embargo, es que la forma más fácil de encontrar la salida es conectarnos con nuestra sabiduría más profunda; allí ya están todas las respuestas.

Por tanto, esta es una invitación a que, entre mayor sean el miedo y la incertidumbre y más grande se vea la ameanza, más te apresures a cerrar los ojos y a buscar el silencio sagrado que mora en tu corazón.

No tratarías de arreglar el motor de tu auto por tu cuenta. No trates, pues, de desenmarañar tu vida sin la ayuda de Aquel que más te puede ayudar. Es justamente cuando tenemos un gran problema que más necesitamos de la ayuda de un experto.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @sachaschwegler

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La buena noticia de saber que estás en una pesadilla

En el momento en el que nos volvemos plenamente conscientes de que estamos en una pesadilla, deja de ser pesadilla.

Esto es así porque saber que es una pesadilla equivale a saber que no es real. Entonces nos relajamos, pues reconocemos que en realidad no estamos amenazados. Al relajarnos, el miedo se va, y si no produce miedo, no es una pesadilla.

Lo más usual es que cuando nos relajamos las imágenes del sueño se transformen y reflejen nuestro nuevo estado emocional. Además, cuando sabemos que no es real, muchas veces adquirimos la capacidad de modificar el sueño a nuestro antojo.

La idea de hablar de esto aquí es, por supuesto, que la vida se parece más a un sueño de lo que a veces pensamos. Por eso hablamos de despertar espiritual.

Pero, sin ir a ideas metafísicas muy alejadas, podemos despertar de pequeñas pesadillas que nos acosan día a día.

De repente tu miedo se activa porque pierdes un calcetín y tu mente te dice que algo malo está pasando. Alguien te mira de cierta forma o dice algo y te sientes amenazado. No entiendes algo y sientes cómo si fueras a perder algo vital. Pero ¿es así? ¿Estás amenazado? ¿Realmente está pasando algo malo? ¿No será sólo una reacción automática e irracional que nos lleva a ver mosntruos donde no los hay? ¿No será simplemente que estamos en medio de una pesadilla?

En casos más extremos, también podemos darnos cuenta de que no es real, de que no somos nuestro cuerpo y de que aquello que en verdad somos no puede ser amenazado. Sin embargo, como en todo, basta con empezar por cosas pequeñas. Así se va adquiriendo la práctica de interpretar las cosas de otra manera. Y a medida que la práctica se afianza, podremos aplicar esa interpretación a cosas cada vez más grandes y aparentemente más serias y reales.

Si te das cuenta de que estás en una pesadilla, ¡qué buena noticia! Eso significa que no es real, que no estás amenazado y que puedes relajarte. Pero, además, significa que estás comenzando a despertar y que, por tanto, pronto dejará de ser una pesadilla y podrá transformase en un sueño feliz en el que gozarás mientras acabas de despertar por completo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @mdewitphotography

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¿Untado el dedo, untada la mano?

Un par de amigos emprendieron un viaje en automóvil para llegar a un pueblo que quedaba en el norte. Después de tres horas de viaje, se dieron cuenta de que, sin querer, todo el tiempo habían estado viajando hacia el sur. Uno de ellos dijo: “¡Debemos detenernos y dar la vuelta, vamos en la dirección equivocada!”, pero el otro replicó: “¡Bah! Ya viajamos tres horas en la dirección equivocada, así que qué importa si seguimos por el mismo camino por otra hora más”.

El razonamiento del segundo hombre es absurdo. Es la idea que subyace al refrán “Untado el dedo, untada la mano”. Ya se dañó una parte, qué importa si se acaba de dañar todo.

Es una forma de pensar absurda. Sin embargo, muchas veces nos dejamos llevar por esta idea. Estás haciendo dieta y no aguantaste y comiste algo que no debías. Y entonces piensas: “¡Bah! Ya dañé la dieta, así que seguiré comiendo mal toda la tarde, ya qué importa”.

La verdad es que sí importa. No es lo mismo comerse un dulce en medio de una dieta que tener una tarde completa de excesos. No es lo mismo desviarse cien kilómentros que desviarse mil kilómetros. Al menos, no es lo mismo si te interesa llegar a donde quieres y llegar pronto.

Muchas veces es el perfeccionismo el que nos lleva a actuar así. “O lo hago perfecto o no hago nada”. Blanco o negro. Pero esa mentalidad es una clara estrategia para el fracaso rotundo. Pues si los pequeños errores en tu camino son una excusa para acabar de desviarte, siempre tendrás excusas para alejarte de tu meta, ya que todos somos imperfectos, y con frecuencia nos equivocaremos y tomaremos malas decisiones. Es parte del camino.

Usa las equivocaciones como recordatorios, como alarmas que te indican que es momento de volver a enfocarte. Y redirige tu rumbo tan pronto como suene la alarma, tan pronto como caigas en cuenta. Usa tus errores para crecer.

Si te caiste, no te quedes revolcándote en el barro. Mira, más bien, cuál fue la piedra en la que te tropezaste y asume la experiencia como un aprendizaje para no tropezarte en el mismo lugar la próxima vez.

Foto: Kieran Stone

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Pasos para florecer por dentro (y por fuera)

Creo que, como seres humanos, nuestro don más grande y en donde reside nuestro poder es nuestra capacidad de elegir. Gracias a esta capacidad, podemos crearnos y recrearnos y, de esa forma, crear y recrear nuestra realidad.

Ahora bien, ¿en dónde podemos aplicar esa capacidad para elegir? Sólo en este momento. Sólo ahora podemos elegir.

Podemos elegir en qué pensamos y qué actitud asumimos frente a lo que sucede fuera y dentro de nosotros.

Esta capacidad de elegir es algo que se fortalece con la práctica. Y la práctica consiste simplemente en elegir consciente y constantemente.

Primera elección: tomar consciencia

En cuanto a transformar nuestra realidad interna y externa, la primera elección que podemos hacer es tomar consciencia, venir al momento presente, observar lo que sucede afuera y dentro de nosotros.

Estar plenamente conscientes de la realidad es algo que tenemos la capacidad de hacer. La mente tiende a divagar de forma incosnciente, es decir, sin que nos demos cuenta, pero no estamos a merced de su inercia y de su programación. Podemos observar sus patrones, y ese es el primer paso para elegir nuevos patrones de pensamiento.

Tomar conciencia tiene un efecto transformador muy poderoso. Muchas veces, por ejemplo, cuando tomamos consciencia plenamente de que un músculo o una parte del cuerpo está tensionada, esa sola consciencia lleva a que de forma natural relajemos esa parte y soltemos la tensión. Cuando me doy cuenta de que estoy apretando una piedra puntiaguda, naturalmente la suelto. Si la apreto sin ser consciente, probablemente seguiré aferrado, así me cause dolor.

Siguiente elección: relajarnos

Cuando se trata de nuestro estado interno, relajarnos es una elección mucho más poderosa que luchar.

A veces, buscando sanar, somos violentos con nosotros. A veces tratamos de arrancarnos a la fuerza las emociones y los pensamientos que no nos gustan. Frente a esto, vale la pena recordar que aquello contra lo que luchamos persiste, pues al luchar contra ello enfocamos allí toda nuestra energía, nos enfocamos en eso, y aquello en lo que nos enfocamos crece.

Es mejor, entonces, enfocarnos en lo que sí queremos. Es más efectivo elegir pensamientos amorosos que luchar contra los pensamientos violentos.

Esta segunda opción, sin embargo, también puede llevarnos a sufrir. A veces nos forzamos por tener pensamientos positivos. Nos forzamos en repetir frases e ideas y en convencernos de ellas. Tratamos de imponernos esos pensamientos a la fuerza. Y el resultado es el agotamiento y la tensión. Esto es como sembrar semillas y luego comenzar a gritarles y a golpearlas para que crezcan. Esto probablemente no las ayudará a crecer y en cambio puede que las arruine e impida su proceso natural de crecimiento.

Sí tenemos la capacidad de elegir nuestros pensamientos y emociones, pero esta no es una capacidad que se cultiva mediante la violencia contra nosotros ni mediante un control obsesivo.

Lo mejor es preparar el terreno y disponerlo para que las semillas germinen naturalmente. Preparar nuestra mente y nuestra consciencia con amor de tal forma que la llegada del amor sea absolutamente natural, y la llegada del amor es natural, pues el amor es nuestra naturaleza. ¿Y cómo preparar el terreno para la llegada del amor? Relajándonos y teniendo la intención de invitar al amor.

La relajación es clave. El amor es como esa mariposa que se posa sobre nosotros cuando nos aquietamos. Es como ese diamante que siempre ha estado en el fondo del estanque que es nuestra mente, pero no podemos verlo porque el agua de nuestros pensamientos está turbia. Cuando el agua se aquieta, el diamante se hace evidente.

Relajarnos es difícil, pues estamos acostumbrados a que la manera de lograr cosas es mediante el control. Cuando se trata de nuestra realidad interna, sin embargo, no podemos controlar el proceso ni forzar las cosas. Nuestra mente limitada no puede estar a cargo del proceso. Esto sería igual que tratar de obligar a las semillas a germinar, en vez de dejarlas que germinen por sí solas. Hay que nutrirlas. Hay que cuidarlas. Pero el proceso sucede de manera natural. Así también, debemos entregarnos al flujo natural de la vida, soltar el control y permitir que sea el universo y la divinidad quienes actúen en nosotros y a través de nosotros. Soltar el control y relajarnos es, entonces, esencial.

Ingrediente secreto: la intención

La relajación es mucho más poderosa cuando se combina con el poder de nuestra intención.

La intención es la dirección en la que queremos ir, es la señal que le enviamos al universo con respecto a aquello en lo que queremos transformarnos, con respecto a nuestros deseos de sanar y crecer.

La intención es la forma de pedir.

Al tener intención, indicamos que estamos dispuestos y deseosos de sanar. Y el universo responde siempre frente a una intención genuina.

Así pues, tomar consciencia es la forma en la que vemos en dónde estamos y decidimos lo que queremos sembrar. La intención es el acto de sembrar las semillas y regarlas. La relajación es el acto de preparar el terreno y permitir que el proceso de crecimiento de las semillas suceda de manera natural. Estos tres ingredientes, combinados, nos llevarán a florecer.

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La perfección como manera de escapar

Buscar la perfección es una manera de escapar del momento presente.

En mi caso, esta búsqueda por la perfección se presenta en relación con mi camino espiritual. Al ver que no soy perfecto, me desconecto del momento presente. Es como si tuviera una lista de ideales que debo alcanzar y creyera, en el fondo, que sólo tengo derecho a gozar del momento presente si estoy cumpliendo con todos esos ideales.

Así, al ver que aún me falta algo en la lista, me preocupo, me desanimo y me desconecto de mí. Esto, por supuesto, lleva a un círculo vicioso, pues entre más desconectado estoy, más probable es que incumpla con los ideales de la lista.

Permitirme relajarme en mi imperfección y gozar de cada segundo es un gran paso en mi camino. Cuando me relajo, es más probable que me conecte conmigo y que avance en la dirección que mi corazón desea.

La forma más fácil de avanzar es apreciar y gozar de aquello que hemos alcanzado hasta ahora, en vez de preocuparnos y obsesionarnos con lo que nos falta.

La verdad es que nada que creas que aún no has logrado tiene el poder de evitar que estés consciente del momento presente. Es sólo una excusa, y es nuestra elección si decidimos usarla para escapar o nos entregamos a este momento y apreciamos lo que tenemos y lo que somos.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @peterwyss

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Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

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La bendición que nos dan quienes aman lo que hacen

Hace poco comencé un nuevo curso de alemán y estoy muy feliz con mi nuevo profesor. Hay una calidez en su forma de dar la clase que hace que yo quiera estar allí aprendiendo.

Normalmente, con los demás profesores, tras una hora de clase me entraba una leve ansiedad por terminar pronto y comenzaba a mirar el reloj regularmente. Ahora me olvido del reloj y la clase pasa volando. Antes era un alivio cuando había una pausa para tomar café; ahora no quiero pausa. Todos en el grupo reímos constantemente y disfrutamos de la clase.

¿El truco? Ese profesor ama lo que hace. Se puede sentir el amor que pone en cada ejercicio. Se puede sentir el interés y cuidado con el que realiza las actividades.

Los temas y los ejercicios son muy parecidos a los que trabajaba con profesores anteriores. Pero las actividades con este profesor tienen una cualidad extra: hay un amor palpitante tras ellas.

Y el efecto de la clase no se limita a la clase. Cuando salgo de mi clase, quedo feliz y siento una alegría que me acompaña luego. Esa misma alegría, incluso, es la que me motiva ahora a escribir estas palabras.

El regalo que ese profesor nos da a sus alumnos va mucho más allá de aprender alemán. Las cosas hechas con amor influencian el mundo de formas que no imaginamos.

Por eso es tan importante hacer lo que amamos. Ya se trate de servir mesas, pintar cuadros o diseñar planes de negocio, lo que se hace con amor bendice al mundo mucho más allá de su área aparente de influencia.

Al amar de verdad lo que hacemos, la excelencia y la luz son consecuencias naturales.

Encontrar lo que amas y hacerlo es el regalo más grandioso que puedes darnos. Me alegra que ese profesor esté allí, dando clase. Me ilumina, y así, yo te ilumino a ti que lees estas palabras, y se crea una cadena de luz que comenzó porque alguien llevó el amor plenamente a las actividades más pequeñas de su rutina.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @ganupic

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Despertar del sueño

No estamos separados de nuestro Creador. Compartimos su naturaleza. Somos, por tanto, maestros creadores.

Tenemos esta experiencia limitada, este sueño de pequeñez, en el que somos cuerpos frágiles a la deriva en un mundo cambiante y amenazador. El propósito, creo yo, es experimentar la grandeza de nuestro verdadero Ser en medio del sueño, para que así el Ser se experimente plenamente a sí mismo.

Nuestro propósito es en realidad el propósito de la vida misma, el propósito de Dios, pues no estamos separados. Es sólo en el sueño del ego en el que creemos tener una voluntad separada de la de nuestra Madre Celestial.

En el sueño del ego, podemos elegir si seguimos la voluntad del Creador o nos apartamos de ella, pues percibimos al Creador como diferente y aparte de nosotros. Al despertar del sueño, reconocemos que la idea de tener una voluntad separada es sólo una parte del sueño. Tu voluntad es la voluntad de Dios. De ahí tu infinito poder creador.

Y la voluntad del Creador es despertar esa parte de sí mismo que somos nosotros, para experimentarse más plenamente a sí mismo, y continuar así con su proceso eterno de expansión.

En la mitad del sueño, sumergidos en lo profundo del mundo, parece que estas ideas no son más que eso: ideas. Ideas que pueden sonar bonito a veces, que pueden ser presentadas a través de bellas palabras, pero que no dejan de ser solo ideas. Te puedo decir, sin embargo, que tenemos el poder de acceder a la experiencia a la que apuntan esas palabras; podemos acceder a esa conexión con la Fuente en la que comenzamos a reconocer nuestra unidad con Ella a medida que la sentimos vibrar en nosotros y aprendemos a dejar que actúe a través de nosotros.

Uno de los mayores obstáculos para acceder a esa experiencia, a esa realidad, es que el mundo parece ser sólido y real, parece ser la única experiencia verdadera. Por tanto, parece justificado tener miedo, pues, ciertamente, hay evidencia en este mundo de que nuestras vidas pueden estar amenazadas si no nos mantenemos alertas ante el peligro. Y entonces entramos en un modo de supervivencia en el que es crucial controlar nuestro entorno y nuestro futuro a fin de garantizar nuestro bienestar.

Cuando estamos en modo de supervivencia, tenemos que interpretarlo y analizarlo todo, para así tratar de predecir el futuro y poder controlarlo. En ese modo, nos identificamos completamente con nuestra naturaleza animal: no somos más que un cuerpo que lucha por su supervivencia.

Parar un momento, sin importar qué tan acuciantes parezcan ser las circunstancias que presenta el mundo, es el comienzo de un viaje interno muy poderoso.

Tal como concebimos el mundo normalmente, parece que alcanzar la plenitud requiere que las circunstancias externas se acomoden a ciertas exigencias muy específicas de nuestro ego, y la única forma de asegurar que lograremos acomodar las circunstancias externas de esa manera es a través del control que ejercemos con nuestro intelecto.

Parece, pues, que vivir en modo de supervivencia, identificados con nuestra naturaleza animal y usando nuestro intelecto para controlar nuestro entorno son las únicas maneras de alcanzar la felicidad.

Cuando paramos y soltamos el mundo, cuando dirigimos nuestra atención plenamente adentro nuestro y plenamente a este momento, nos abrimos a conectarnos con nuestra verdadera naturaleza creadora. Al comienzo habrá sólo pequeños destellos de plenitud, pequeños destellos de esa paz en la que sabemos con certeza que nada externo puede amenazarnos ni puede tampoco acrecentar nuestra plenitud, pues nuestra verdadera naturaleza no es de este mundo, no es una forma cambiante que nace para luego disolverse y que entre tanto debe luchar contra su entorno por permanecer.

Al comienzo, esos destellos de plenitud se desvancecen rápidamente y el sueño del mundo vuelve a caer con fuerza sobre nosotros. Entonces pareciera que lo que fue un sueño fue ese momento en el que tuvimos una paz profunda y aparentemente injustificada. Pareciera entonces que nos estábamos engañando al creer que puede haber una plenitud y una paz que no son de este mundo y que, por tanto, no pueden ser causadas ni destruidas por este mundo.

A medida que avanzamos, esos destellos comienzan a aparecer con más frecuencia e intensidad. Luego comienzan a estabilizarse. La experiencia de plenitud incausada se vuelve más permanente. Cada vez dudamos menos de su realidad y, por tanto, comenzamos a elegirla con más frecuencia y consistencia.

Y luego, el sueño del mundo vuelve a cobrar fuerza y solidez. Y luego volvemos a elegir nuestra experiencia interna. Y así una y otra vez. Hasta que la experiencia interna crece y crece.

Así es mi camino. Así es el camino que te invito a recorrer. Así creo que son al final todos los caminos. Y, aunque pareciera que vamos por caminos separados, en realidad caminamos todos juntos. Y cada paso que das me acerca a la Fuente de mi Amor. Y a cada paso que doy despierto por ti, así como cada herida que sanas también la sanas por mí. Gracias, pues, por caminar conmigo, así ahora soñemos que caminamos aparte. Pues no puedo sanar si tú no sanas también, y no puedo tener ningún logro verdadero sin que sea también tuyo. Tu luz es la mía, y los ojos con los que la difruto son los tuyos. Recuerda que vamos juntos. Recuerda que, más allá de los sueños, realmente no podemos soltarnos las manos en este camino que recorremos mientras juntos despertamos.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de evolving.sky

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Un sueño de perdón

No hay nada que perdonar.

Sin embargo, te perdono, pues la ilusión de que estamos separados me duele.

Por eso, te perdono por lo que no me hiciste.

Te perdono por lo que soñé que me habías hecho.

Me perdono por mis fantasías, en las que te percibí como si fueras mi enemigo, como si pudieras y quisieras hacerme daño.

Me perdono por el sueño en el que caminamos separados.

Me perdono por el sueño en el que puedo vivir aunque tú mueras.

Me perdono por el sueño en el que puedo ser feliz aunque tú seas desgraciado.

Me perdono por el sueño en el que puedo ganar aunque tú pierdas.

Me perdono porel sueño en el que puedo ser bueno mientras tú eres malo.

Me perdono por el sueño en el que puedo salvarme aunque tú seas condenado.

Me perdono por haber creído que soy mejor que tú.

Me perdono por haberte temido al pensar que eras mejor que yo.

Ahora elijo ver que todo lo que hago lo haces tú también.

Ahora elijo ver que todos tus defectos son mis defectos y todos tus logros son mis logros.

Ahora elijo que todas tus caídas son mis caídas.

Ahora elijo ver en ti sólo la luz, que es mi propia luz.

Ahora elijo vernos caminando tomados siempre de la mano, siempre uno solo.

Ahora elijo caminar de tu mano, así en las apariencias ilusorias de mi sueño te presentes como un desconocido.

Ahora elijo levantar el velo de los resentimientos tras el cual se esconde nuestra unidad.

Ahora elijo dejar ir el pasado y verte sólo como siempre has sido ahora.

Ahora elijo ver mi perfección reflejada en ti.

Ahora elijo mi corazón, que es tu corazón, que es el corazón del Universo, que es el corazón de Dios, que es lo único que existe.

Si Dios sólo tiene un corazón, y es eterno, y ése es tu corazón, y ése es mi corazón, entonces no podemos sino ser uno sólo por siempre.

Elijo ahora conectarme con ese corazón y conectarme así contigo y conectarme así con Dios y conectarme así conmigo mismo.

Gracias por tu luz.

Gracias por tu bondad.

Gracias por el amor que desbordas.

Gracias por tu perdón.

Gracias por tu paciencia.

Gracias por estar ahí siempre para recordarme el camino.

Gracias a mí que soy tú que eres la luz eterna que somos al ser uno con nuestro Padre.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @evolving.sky

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El arte de cuidar tu energía

Una de las cosas que más ayuda a tomar decisiones sabias es tener un nivel de energía elevado. Cuando hemos dormido bien, hemos ejercitado nuestro cuerpo y nos hemos alimentado conscientemente, es más fácil estar conectados con nuestro corazón. Por supuesto, la meditación y las diversas prácticas espirituales ayudan muchísimo para esto. A algunos nos ayuda caminar; a otros, escuchar música o compartir con animales.

Lo importante es elevar y nutrir nuestra energía. Entonces todo fluye. Entonces identificamos con rapidez lo que nos hace bien y nos alejamos naturalmente de aquello que nos hace daño. Decimos que sí a lo que nos impulsa a crecer y somos capaces de decir que no a aquello que nos aleja de nuestro camino.

Por eso, cuidar nuestra energía es fundamental. Pon atención, pues, a qué eleva tu vibración, qué actividades te revitalizan, qué personas te suben el ánimo, qué lecturas, qué programas de televisión. Mira cómo es tu relación con la comida e identifica cuál incrementa tu energía y cuál te desgasta. Mira qué bebidas te conectan con tu ser y cuáles te alejan de ti mismo. Examina tu sexualidad: ¿es fuente de energía y gozo, o te deja agotado y desanimado?

Hay mucha información y ayuda disponible para mejorar en cualquiera de los aspectos mencionados. Sólo debes observarte e identificar en qué aspectos podrías tener hábitos más revitalizantes.

Y una vez conozcas mejores y más elevadas maneras y caminos, comienza a elegirlos. No siempre podrás. Pero, si te lo propones, poco a poco tus hábitos irán cambiando hasta que ya no requieran mayor esfuerzo.

Tu experiencia presente está hecha de la energía que has cultivado en tu vida. El sabor de este momento, su calidad, es el resultado de tus elecciones pasadas y de lo que sigues eligiendo en cada momento. Además, entre más alta es tu energía, más fácil es seguir cuidándola y cultivándola. Es una bola de nieve virtuosa. Ayúdala a crecer y te llevará a donde no creías que podías llegar, te mostrará cosas que no imaginabas y te bendecirá de maneras sorprendentes.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @corwwin

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