Lo que serás está en la palma de tus manos

Nunca antes había sido tan fácil consumir información. Lo que quieras, cuando quieras, en la palma de tu mano.

Elegir sabiamente lo que consumimos es una gran responsabilidad.

Cada imagen que vemos, cada palabra que leemos y cada sonido que escuchamos son alimento para nuestra mente. Esos estímulos son semillas que probablemente germinarán en la forma de pensamientos. Y esos pensamientos influirán en nuestras emociones y acciones. Y nuestros pensamientos, emociones y acciones se convertirán en el mundo que experimentamos.

Además, el tiempo que tenemos para consumir información es limitado. Por tanto, cada cosa que ves, lees o escuchas en tu teléfono inteligente impide que tengas otras experiencias.

Cada diez minutos que deslizas imágenes en Instagram, Facebook, Twitter, etc., son diez minutos que podrías haber gastado en silencio o compartiendo con un ser querido. Son diez minutos muy valiosos. Si decides emplearlos viendo contenidos en una pantalla, asegúrate de que sean contenidos que alimenten aquello que quieres ver crecer en ti.

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Control vs. libertad

Usualmente tratamos de controlar para sentirnos seguros, y una de las formas en las que controlamos es tratando de entender todo.

Por eso es tan importante para nosotros tratar de entender nuestra vida y a nosotros mismos. Y parte fundamental de tratar de entendernos es tener respuestas para las siguientes preguntas: ¿quién soy?, ¿en qué creo?, ¿para dónde voy?, ¿qué me gusta y que no me gusta?, ¿cómo me siento en relación con los demás y cómo se sienten ellos en relación conmigo?

Pero este intento por entendernos y por controlar nuestra vida nos limita y nos pone tensos. Nos limita porque al responder esas preguntas nos ponemos límites; nos identificamos con ideas que limitan lo que podemos expresar como seres humanos. Una vez decimos “Así soy, eso es lo que creo y esas son las cosas que hago”, nos hemos encerrado en una pequeña caja creada por nuestro ego. Y esto nos pone tensos, pues entonces estamos constantemente preocupados por no cruzar esas líneas imaginarias que hemos trazado para definir nuestra personalidad y nuestras vidas. Tememos que sucedan cosas que no se ajusten a los parámetros que hemos establecido con respecto a quiénes somos y qué debemos hacer.

Esto no es libertad. Esto no es amor puro.

La libertad es espontaneidad. La libertad implica poder acercarme a alguien sin saber qué va a pasar con esa persona o cómo me voy a sentir; poder interactuar con los demás sin tener un guion preestablecido, un guion escrito de acuerdo con una historia de mi vida que me cuento a mí mismo para sentir que tengo control.

Libertad implica estar abierto, en cada momento, a que suceda algo nuevo, algo que no tiene por qué encajar en una lista de expectativas.

Libertad implica actuar en cada momento guiados por el corazón, sin tratar de ajustarnos a una idea de cómo debemos ser.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de David Canales.

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¿Qué es primero, arreglar los errores o estar en paz?

Cuando nos damos cuenta de que hemos cometido un error, es natural sentir miedo y ansiedad. Miedo por las consecuencias del error y ansiedad por querer arreglar la situación pronto.

Sin embargo, al tratar de solucionar una situación desde la ansiedad, por lo general no logramos más que empeorarla.

La culpa y el miedo nos llevan a querer arreglar todo ya. Pero en ese afán estamos desconectados de nuestro corazón y de nuestra sabiduría más profunda.

Seguir ese juego es como tratar de apagar un incendio con gasolina.

Es muy difícil detenernos y buscar silencio y paz interior en medio de la culpa y la ansiedad que se generan al haber cometido un error, sobre todo porque entonces tendemos a creer que la única manera de encontrar paz interior es solucionando el problema que causamos.

“Una vez arregle lo que dañé, una vez repare mis faltas, podré estar en paz”, dice el ego. Es un truco.

La verdad es que nuestro acceso a la paz interior no depende del pasado y, por tanto, no depende de lo que hayamos hecho o de los errores que hayamos cometido.

No trates de arreglar tus errores antes de estar en paz. Y no creas que primero debes arreglarlos para poder encontrar la paz.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @_jasonlife_

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¿Lo hago o no lo hago?

¿Le digo o no le digo? ¿Voy o no voy? ¿Me conviene aceptar esa propuesta?

¿Suena familiar?

A veces creemos que lo más importante es la acción que realicemos a continuación. Y cuando no estamos seguros de qué hacer, nos debanamos los sesos pensando qué será lo mejor.

Pero más importante que si haces o no haces, si hablas o no hablas, si esperas o actúas, más importante que todo eso es cuál es tu estado de consciencia en este momento.

No importa tanto si vas o no vas. Lo que importa es cómo es tu estado interno al quedarte o al ir.

No importa tanto si hablas o callas. Lo que importa es tu estado interno al callar o al hablar.

No importa tanto lo que haces sino tu experiencia interna mientras lo haces.

Así que no te preocupes tanto por encontrar la acción correcta. Busca cultivar tu estado de plenitud interna ahora. Desde ese estado surgirá la acción correcta de forma natural. No será algo que vayas a descifrar con tu intelecto.

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¿Cómo ayudar a los que me hieren?

Hace poco puse esta frase del maestro Thich Nhat Nahn en mi cuenta de Instagram:

“Cuando alguien te hace sufrir es porque sufre y su sufrimiento se está expandiendo. No necesita castigo, necesita ayuda”.

Alguien me preguntó: “¿Y qué hacer si esa persona te sigue haciendo sufrir, incluso después de haberla ayudado?”.

Esto fue lo que le respondí:

Ayudar a alguien no quiere decir que permites que esa persona te maltrate. Si tratas de ayudar a alguien y sientes que no puedes y que en el proceso resultas herida, está bien alejarte. El punto no es si te alejas o no. El punto es si tienes resentimientos o no. El punto es si experimentas amor hacia esa persona. Si hay amor, ese amor te indicará el camino.

A veces debemos alejarnos. Por ejemplo, si te encuentras un perro con rabia (la enfermedad) en la mitad de un camino y al tratar de ayudarlo ves que trata de morderte, y si no tienes la manera de llevarlo a un veterinario de manera segura, lo más sabio probablemente sea alejarte del perro y no tratar de ayudarlo más. Pero eso no implica que tengas que odiar al perro o estar resentida porque trató de morderte. Si sabes que lo hizo porque está enfermo, sólo sentirás compasión y te alejarás llena de amor y deseándole lo mejor.

Lo que hacemos o dejamos de hacer externamente es secundario. Lo que importa es de dónde salen esas acciones, cuál es su causa y su motivación.

Si actúas desde el resentimiento frente a alguien que te hirió porque está enfermo, simplemente estarás repitiendo exactamente lo que esa persona hizo. Estarás espejando su comportamiento enfermizo y destructivo.

Y es normal estar resentidos. Es normal actuar desde la rabia y el dolor. Pero precisamente porque es normal y porque nosotros muchas veces caemos en eso es que también podemos sentir empatía por quienes nos hieren. Hemos pasado por ahí. También hemos herido al estar cegados por la rabia y el odio. Por eso podemos comprender esa enfermedad llamada resentimiento y sentir compasión por quienes la padecen, incluidos nosotros.

Si alguien te hiere y eso te produce odio y resentimiento, es una oportunidad más para trabajar en sanar ese dolor en ti.

La mejor manera en la que puedes ayudar a la persona que te hirió es sanando tu propio dolor. Una vez estés sano, verás con claridad. Y la claridad te permitirá ver que tu hermano no es un enemigo que debe ser castigado sino un amigo enfermo que necesida ayuda. Y esa claridad te mostrará cuál es la mejor manera de ayudar a esa persona.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @terstegge

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El privilegio de elegir

La mayoría de nosotros somos privilegiados.

Si puedes elegir parar un momento para leer esto, si tienes el tiempo y los recursos para hacerlo, probablemente eres un privilegiado.

La mayoría de nosotros vivimos mucho mejor que un rey en la Edad Media.

Nunca antes había sido tan fácil acceder a la información y los recursos que necesitamos para hacer lo que queremos.

Crear y aprender dependen, ante todo, de nuestra volundad. Los medios están disponibles.

Tal vez pienses que no tienes tiempo o que no tienes los recursos. Piensa de nuevo. Casi siempre, decir “No tengo tiempo” es igual a decir “No tengo suficientes ganas” o “Tengo miedo” o “Tengo pereza” o “Tengo dudas”.

Esto último no es una invitación a que te juzgues. Es una invitación, en cambio, a que te des cuenta de que puedes elegir. Eres privilegiado.

Y está bien si decides no hacer nada. Si eso es lo que sale de tu corazón, adelante. Tal vez hacer nada es el mejor regalo que te puedes hacer ahora y el mejor regalo que le puedes hacer al mundo a través de la paz que surgirá de esa nada.

Ya sea que decidas no hacer nada o salir a crear y proponer ideas para un mundo nuevo, agradece profundamente el privilegio de tomar esa decisión. Muchos de nuestros antepasados no tuvieron esas opciones a su disposición; muchos de ellos se vieron forzados a enfocarse en sobrevivir.

¡Qué privilegiado soy por tener el tiempo para escribir estas palabras! ¡Qué privilegiado eres tú que tienes el tiempo de leerlas!

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Gabriele.

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Sufrimiento y sabiduría

Este texto es una traducción de un post en la cuenta de Instagram de Ram Dass:

Verás, tenemos la tendencia a sentir aversión al sufrimiento. Y así, queremos distanciarnos de éste.

Si hay gente que sufre, quieres mirarla por televisión o encontrarte con ellos, pero entonces buscas mantener una distancia. Pues temes que te ahogarás en eso. Temes que te ahogarás en un dolor que será insoportable. Y lo cierto es que tienes que hacerlo. En última instancia tienes que hacerlo.

Pues si cierras tu corazón a cualquier cosa en el universo, ésta te posee. Entonces estás a merced del sufrimiento. Y en últimas tendrás que lidiar con el sufrimiento, tendrás que consumirlo dentro de ti. Esto significa que tienes que (con los ojos abiertos) ser capaz de mantener tu corazón abierto en el infierno. Tienes que mirar lo que es y decir: “Sí, de acuerdo”. Y esto implica soportar lo insoportable.

Y, en cierto sentido, aquel que crees ser no puede hacerlo. Quien en realidad eres puede hacerlo. Así, aquello que crees que eres muere en el proceso.

Ram Dass

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¿Por qué dejar ir?

Este texto es una traducción de una lista de correo del maestro Matt Kahn a la que estoy suscrito:

Para conocer los beneficios de dejar ir, es esencial identificar primero a qué puedes estar aferrándote. Quizás te estás aferrando a un sueño sobre cómo quieres que sea tu vida. Y, por supuesto, el propósito de la vida es crecer, por lo que es natural e importante siempre esforzarnos por alcanzar nuevos horizontes de experiencias. Pero cuando el nivel de esfuerzo por cambiar te lleva a pasar por alto la faceta igualmente importante de apreciar todo aquello que tienes, ocurre un desequilibrio. En este espacio de desequilibrio, en el que pasas más tiempo esforzándote por alcanzar algo diferente que apreciando la vida exactamente como es, experimentas un apagón, conocido comúnmente como tristeza.

Cuando estás apagado en la tristeza, es casi instintivo creer que sólo te podrás sentir diferente cuando las circunstancias de tu vida sean diferentes. En la tristeza, es común creer: “Si no puedo chasquear mis dedos y mejorar mis circunstancias externas, no hay forma de que me sienta mejor”. Esta creencia tan sólo amplifica la autoderrota, la miseria y la agonía que provienen del apagón. Esto es parcialmente cierto. Hay algo que debe cambiar en tu vida para dar lugar a la transformación de tus experiencias emocionales, pero lo único que necesita cambiar es tu perspectiva.

Para que ocurra este increíble cambio, exploremos el ritmo fundamental de la realidad, el cual, cuando se pasa por alto, lleva al apagón que estás deseoso por disolver y descifrar. No importa cuántos años lleves en este planeta, qué tan pocas o qué tantas experiencias místicas hayas tenido, o incluso la cantidad de dolor, descuido o abuso que hayas soportado, todos los seres humanos experimentan un ritmo de cambio perpetuo. Durante periodos recurrentes de cambio inevitable, hay un ciclo en juego: el ciclo de la renovación y la erosión.

En la renovación, las cosas viejas se vuelven nuevas; en la erosión, las cosas nuevas se vuelven viejas.

En la condición humana, es muy normal emocionarnos positivamente ante el nacimiento de las nuevas creaciones a las que comúnmente da lugar la renovación. Así mismo, también es normal que las emociones positivas experimentadas durante la renovación se aplanen o se sientan vacías a medida que las cosas nuevas envejecen. Es muy agradable recibir un ramo de flores, pero la experiencia no es la misma cuando todos los pétalos caen y quedan los tallos remojándose en agua turbia. Es glorioso manifestar oportunidades nuevas y excitantes, las cuales inevitablemente se vuelven menos excitantes a medida que lo nuevo se convierte en “lo mismo de siempre”.

Esto también sucede en las relaciones, donde la pasión de un romance totalmente nuevo se disuelve en la aburrición de la vida cotidiana. Esta es, repito, la forma normal como funciona la condición humana. Esto significa que es normal para la forma como el ego percibe, pero está lejos de la forma tan increíble como tu alma ve tu vida.

Cuando ves desde la perspectiva de tu alma, eres emocionalmente libre por naturaleza. Eres capaz de eforzarte por alcanzar metas, a la vez que siempre tienes tiempo para apreciar todo lo que te ha sido dado honrando todas las experiencias que han tenido lugar. Eres capaz de apreciar el hecho de que las cosas nuevas no pueden más que volverse viejas y que el espacio creado en este proceso tan sólo puede dar lugar a la renovación de nuevas cosas por venir. Desde este espacio de libertad emocional, eres capaz de darle la bienvenida por igual a la renovación y a la erosión reconociendo sus beneficios transformadores, sin importar qué tanto placer o dolor se sienta.

En el ego, estás condicionado para buscar placer como una forma básica de evitar la anticipación del dolor.

Dado que el ego sólo puede percibir la dicha, el éxtasis y la exitación en ausencia del dolor, tu manera básica de funcionar en la condición humana es expresar tu ser más abierto, positivo y amoroso durante los ciclos de renovación, tan sólo para apagarte, retraerte y alejarte cuando aparece la erosión. Y como la renovación naturalmente lleva a la erosión, y la erosión tan sólo deja más espacio para una mayor renovación, el arte de dejar ir consiste en renunciar a la necesidad de controlar esto.

Esta es la piedra angular de la libertad emocional. Es el tema central del nuevo paradigma espiritual que está centrado en el corazón: ser capaz de ganar alegremente y de perder con la más grande de las noblezas. Es la capacidad de tu alma para encarnar la resiliencia ante la transformación que llega como resultado de que las cosas viejas se conviertan en nuevas y las nuevas envejezcan en medio de un ritmo de cambio incesante. Esto es precisamente lo que el Universo te exhorta a que aprendas y encarnes en este momento. A temperar tu deseo más profundo por el cambio con una cantidad igual de tiempo apreciando todo lo que tienes y su propósito de ayudarte a alcanzar tu potencial completo. A emocionarte por todos los nuevos horizontes de experiencias que siempre surgen en tu camino, al tiempo que respetas de igual manera el tiempo limitado que tienes con ciertas personas, lugares y cosas, que existen exactamente como son para el crecimiento personal y la expansión espiritual que cada una de ellas tiene como propósito brindarte. Y, lo mejor de todo, eres capaz de fluir en la vida con renovadas valentía, entusiasmo, pasión y dicha, sabiendo que tu felicidad y tu plenitud no se basan en las circunstancias que controlas, y reconociendo lo profundamente alineado que estás con la visión más prístina de tu alma.

Que con cada respiración que pasa puedas hacer las pases con la renovación y la erosión…

… sin tener miedo de recibir las cosas que un día perderás, sin embarcarte en una búsqueda interminable en un intento por vencer a los vientos del destino. Que puedas honrar los regalos que provienen del placer y del dolor por igual, sin necesitar siempre el dolor para crecer, o necesitar siempre placer constante para confirmar tu valor. Que puedas dejar de ver tu vida desde la creencia del ego en el castigo, para que así puedas entrar en los dominios de tu alma de infinitas recompensas. Desde este espacio, todo lo que viene y se va siempre te dejará más evolucionado que antes de que lo obtuvieras.

Que, a medida que sueltas, puedas liberar la tendencia de criticarte siempre que la renovación comienza a erosionarse. Que puedas despertar de la búsqueda del ego por la perfección inalcanzable, imaginando tan sólo la necesidad de mejorar como una manera de lograr una vida de ganancias perpetuas que no pueden existir sin la inevitabilidad de las pérdidas. Que, con el Universo guiándote a cada paso, puedas honrar la nada que has hecho mal (eso que estuvo siempre bien para el resultado que cada momento tenía como propósito crear).

Que puedas dejar ir tan profundamente que el placer de la ganancia pueda ser reconocido en cada momento, incluso cuando se trata de la ganancia de madurez o la expansión de la perspectiva, sin importar qué tenga que perderse para que tales ganancias ocurran. Que puedas entrar en una relación armoniosa con la realidad, viendo lo natural que es ganar hasta que pierdes y entonces perder hasta que ganas; usando la fricción creada por el contraste para fundir los bordes de tus limitaciones.

Este es el plan que el Universo siempre tiene para ti; convertirte en tu más magnífica expresión de la energía Fuente, sin importar los altos y bajos que vienen con cada resultado. A pesar del dolor de tu pasado o la incertidumbre de tus circunstancias, el arte de dejar ir está aquí para mostrarte el camino hacia una forma más milagrosa de ser.

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La causa más profunda del malestar

Cuando tengas un problema que te afecta de manera especial, espera. Mira más profundo. Tal vez el problema no es la causa del malestar. Tal vez ese malestar es más profundo y ha tomado esta situación como una excusa para manifestarse. Por tanto, incluso si solucionas la situación, la causa del malestar permanecerá . Puede que la causa y el malestar se oculten momentáneamente, pero no habrás sanado en lo profundo.

Una señal de que el malestar es más profundo es que lo que percibimos como su causa varía con facilidad. Por ejemplo, ahora te sientes enfadado por algo que pasó con tu jefe. Solucionas esa situación y entonces el malestar surge de nuevo pero ahora parece que la causa es algo que te dijo tu pareja. Pasa la situación con tu pareja y entonces crees que la causa del malestar es el tráfico. Por supuesto, ninguna de esas es la causa real.

Cuando vas más profundo, puede que encuentres un gran dolor ancestral que espera ser abrazado amorosamente y de esa forma sanado. O puede que no encuentres nada; en ese caso, verás que realmente el malestar era un hábito, un patrón energético que se repite con pretextos diferentes cada vez.

Sólo en la profundidad de tu ser podrás sanar de verdad. Entonces puede que la situación con tu jefe permanezca, o el problema con tu pareja o el tráfico, pero tu paz estará presente, pues la causa real del malestar se ha diluido o trascendido. Y cuando esa paz está presente, puedes lidiar con las situaciones de una manera mucho más sabia y efectiva.

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