Cómo recordar tu luz en los momentos de oscuridad

Todos tenemos momentos de oscuridad. Momentos en los que las enseñanzas espirituales parecen cuentos lejanos sin sentido. Momentos en los que el amor y la luz que hemos visto en nosotros se ven como un recuerdo gris que pertenece a otra persona. En esos momentos nos sentimos desmotivados y somos propensos a hacer elecciones que más tarde nos harán sufrir. Es ahí cuando cedemos a las adicciones, cuando respondemos de forma violenta, cuando nos saboteamos y destruimos aquello que habíamos construido con tanto amor y cariño.

Cuando esos momentos llegan, sirve recordar que lo que vivimos ahí, en medio de la oscuridad, es solo una experiecia más, pasajera como todas las experiencias, y no refleja la verdad última de nuestro ser. Nuestra luz y nuestro amor, que son la misma luz y el mismo amor de Dios, del universo, de la vida, siguen en nuestro interior. Sólo hemos perdido consciencia, hemos entrado en un estado de sueño profundo en el que perdemos de vista nuestra realidad, pero eso no ha hecho que nuestra realidad haya cambiado en lo más mínimo. Seguimos siendo una expresión perfecta del amor de Dios.

Claro que esto no se siente así en esos momentos y resulta muy difícil de creer. Al respecto, me nace darte las siguientes recomendaciones.

  • Mantente en estado de observación. Esto es fundamental. Es la base para poder transitar en medio de ese momento sin dejarte llevar a actos inconscientes. Reconoce que estás en medio de un mal sueño. Reconoce tu inconsciencia. El primer paso para salir de la locura es reconocer que uno está loco.
  • No creas nada de lo que diga tu mente. Esto puede ser lo más difícil y lo más importante. Observar los pensamientos como si pertenecieran a alguien más y dejarlos pasar. Como si estuviéramos mirando nubes densas que transitan por el cielo y ocultan el Sol. Muy parecido a lo que se hace en algunas prácticas de meditación al observar cualquier tipo de pensamientos.
  • Siente tus emociones y tu cuerpo. En un momento de oscuridad hay gran resistencia a sentir nuestras emociones. Suelen ser densas e incómodas, al igual que las sensaciones en nuestro cuerpo. Justamente para huir de esas sensaciones es que corremos hacia las adicciones y las distracciones. Pero detrás de esas emociones y sensaciones se esconde el tesoro de nuestra luz. Llegaremos al tesoro, o más bien, recuperaremos nuestra consciencia de él, cuando nos permitamos sentir profundamente esas emociones, pero permanecerá velado si huimos de ellas. En la medida en que puedas, acéptalas y ámalas. Si tienes tristeza, permítete llorar. Si sientes ira, sé muy consciente de ella. Te puede ayudar mover el cuerpo: golpear una bolsa de boxeo o correr o nadar. El ejercicio es una buena idea en los momentos de oscuridad, siempre y cuando tu cuerpo no esté enfermo y te lo permita.
  • No tomes decisiones importantes. Tomar decisiones en un momento de oscuridad es similar a tomar decisiones borracho. Lo más probable es que elijas algo que en realidad no quieres y que, por tanto, te hará sufrir a ti y probablemente a los demás. Espera. Sé paciente. No es momento de comenzar una relación ni de terminar una. No es momento de renunciar a tu trabajo. Es probable que quieras tomar esas decisiones, pues prometen liberarte de tu dolor. Pero créeme: lo que elijas desde ese estado te mantendrá en ese estado. Sé paciente. Espera a que pase la tormenta antes de decidir.
  • Ámate y perdónate. Exactamente como eres. Con toda tu oscuridad. Con todo tu miedo. Perdónate por estar así o, más bien, reconoce que no hay nada que perdonar. Lo que estás pasando es parte normal de cualquier proceso de cambio y evolución. No es un reflejo de que haya algo mal contigo (aunque eso es lo primero que te dirá tu mente). Eres perfecto y digno de amor siempre. Incluso en tu oscuridad. Ante todo, evita la culpa. Si ya te heriste o heriste a otros, necesitas amor, no castigo, sin importar lo que diga tu mente. Odiarte y castigarte te mantendrá en la oscuridad. Amarte y perdonarte te ayudará a salir. Y es lo mejor que puedes hacer por ti y por aquellos a los que crees haber lastimado.
  • Pide ayuda. Si te cuesta mucho trabajo aplicar los consejos anteriores, pide ayuda. Busca a alguien que sí puede ver tu luz cuando tú no puedes. Un amigo, un hermano, un terapeuta. Si pides ayuda, la encontrarás.

Ánimo. Siempre. No tengo absolutamente ninguna duda de que volverás a ver tu luz y de que volverás a alumbrarnos con ella.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Dante Dananjoyo.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

La clave de la abundancia

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Dante Dananjoyo.

Uno de mis maestros espirituales favoritos es Eckhart Tolle. Y algunas de sus ideas sobre la abundancia han estado rondando mi cabeza en los últimos días. Les comparto este extracto tomado de su libro Una Nueva Tierra:

Reconocer lo bueno que ya tenemos es la base de la abundancia. El hecho es que cada vez que creemos que el mundo nos niega algo, le estamos negando algo al mundo. Y eso es así porque en el fondo de nuestro ser pensamos que somos pequeños y no tenemos nada para dar. Ensaye lo siguiente durante un par de semanas para ver cómo cambia su realidad: dé a los demás todo lo que sienta que le están negando. ¿Le falta algo? Actúe como si lo tuviera, y le llegará. Así, al poco tiempo de comenzar a dar, comenzará a recibir. No es posible recibir lo que no se da. El flujo crea reflujo. Ya posee aquello que cree que el mundo le niega, pero a menos que permita que ese algo fluya, jamás se enterará de que ya lo tiene. Y eso incluye la abundancia. Jesús nos enseñó la ley del flujo y el reflujo con una imagen poderosa. “Den y se les dará. Recibirán una medida bien apretada y colmada” (Lucas 6, 38).

La fuente de la abundancia no reside afuera de nosotros, es parte de lo que somos. Sin embargo, es preciso comenzar por reconocer y aceptar la abundancia externa. Reconozca la plenitud de la vida que lo rodea: el calor del sol sobre su piel, la magnificencia de las flores en una floristería, el jugo delicioso de una fruta o la sensación de empaparse hasta los huesos bajo la lluvia. Encontramos la plenitud de la vida a cada paso. Reconocer la abundancia que nos rodea despierta la abubdancia que yace latente dentro de nosotros y entonces es sólo cuestión de dejarla fluir. Cuando le sonreímos a un extraño, proyectamos brevemente la energía hacia afuera. Nos convertimos en dadores. Pregúntese con frecuencia, “¿qué puedo dar en esta situación; cómo puedo servirle a esta persona, cómo puedo ser útil en esta situación?”. No necesitamos ser dueños de nada para sentir la abundancia, pero si sentimos la abundancia interior constantemente, es casi seguro que nos llegarán las cosas. La abundancia les llega solamente a quienes ya la tienen. Suena casi injusto, pero no lo es. Es una ley universal. Tanto la abundancia como la escasez son estados interiores que se manifiestan en nuestra realidad. Jesús lo dijo así: “Porque al que tenga se le dará más, y al que no tenga, aun lo poco que tiene se le quitará” (Marcos 4, 25).

***

Eckhart Tolle nació en Alemania, donde vivió hasta los 13 años. Se graduó de la Universidad de Londres y fue investigador de la Universidad de Cambridge. A los 29 años una profunda transformación espiritual cambió el rumbo de su vida. En los años siguientes se dedicó con devoción a entender, integrar y profundizar esa transformación que marcó el inicio de un intenso viaje interior. Comenzó a trabajar como consejero y maestro espiritual con personas independientes o grupos pequeños en Europa y Norteamérica. Luego de publicar El Poder del Ahora, adquirió reconocimiento a nivel mundial. Hoy trabaja dando talleres a grandes grupos y ofrece sus enseñanzas a través de su página de internet.

¿Qué pensarán mis amigos en redes sociales?

Uno de los miedos que más ha me ha costado superar es el miedo a que los demás piensen que soy ridículo o me desprecien o me condenen en sus mentes, conocido coloquialmente como el miedo al qué dirán.

Este temor, que surgió en la niñez tardía y se recrudeció y alcanzó su pico en la adolescencia, se ha manifestado en muchas áreas de mi vida. Y en los últimos años, con la llegada de las redes sociales, este temor ha vuelto a presentarse. ¿Qué pensarán mis amigos de Facebook con los que estudié filosofía, aquellos que conocí en ese viaje hace 5 años, esos con los que tomé un curso de idiomas, ese exalumno, esa amiga de mis primos, los compañeros del colegio? Si comparto mis ideas sobre la espiritualidad, si hago chistes, si muestro lo que escribo, ¿se reirán de mí?, ¿se sentirán decepcionados?, ¿me considerarán poco valioso?, ¿se ofenderán o indignarán?

Es un miedo muy común, lo sé. Lo más probable es que hayas tenido pensamientos similares a estos. Pero, sobre todo, es un temor muy limitante. Me impide compartir lo mejor que tengo para dar. Me impide crecer. Me impide brillar.

Al pensar sobre este miedo, me he dado cuenta de dos cosas.

Lo primero es que se trata de un miedo muy narcisista. Parte de la idea de que todo el mundo me está mirando, de que todos están pendientes de mí. Parte de la idea de que lo que hago o dejo de hacer es importante para quienes me rodean. Es un miedo que surge de un ego que se infla en fantasías y teme que el reflejo de sí mismo que ve en los demás lo desinfle y lo destruya.

La realidad, sin embargo, es que mis amigos tienen sus vidas propias, llenas de retos e ilusiones, y yo apenas soy una pequeña mota de polvo en la película de sus vidas. Hablo en general, por supuesto. Hay gente muy cercana a mí para quien soy importante. Pero no es de aquellos muy cercanos de quienes tengo miedo, sino de esa masa de gente que he conocido apenas y de lejos.

Lo segundo de lo que me he dado cuenta es que ese temor es un reflejo aprendido en la niñez. Es una respuesta automática. Cuando estoy en el momento presente, desaparece, se detiene. Pues, cuando miro este miedo con calma, puedo ver con claridad que no tiene sentido. Realmente no me importa lo que piensen quienes apenas me conocen. ¿Por qué habría de importarme? Lo más probable es que nunca vuelva a ver en persona a muchos de ellos. Y sé con certeza que el 99,9% no estarán en mi lecho de muerte, no me acompañarán en mis últimos días a mirar lo que hice y dejé de hacer en la vida.

Al mirar atrás, veo varios episodios de mi vida en los que fui desaprobado o hice el ridículo a los ojos de otros. Pero ahora, al recordar esas experiencias, siento una gran satisfacción. Exploré caminos que me llevaron a paredes y a vías sin salida. Sufrí. Reí. Lloré. Temblé. Aprendí. Y ahora amo esas experiencias y disfruto gracias a que me hicieron crecer. Las únicas cosas de las que me arrepiento son las que no hice por temor a lo que pensaran los demás. Siento tristeza por mí al ver las posibles experiencias enriquecedoras y maravillosas que dejé pasar. Y sé que serán estas aventuras no vividas las que lamentaré al final.

¿De qué te alegrarás al mirar atrás y qué lamentarás? ¿De verdad es tan importante lo que piensen los demás?

Te invito a que volemos sin el peso de esos miedos viejos. No te preocupes, no son reales. A veces, sin embargo, sólo verás que no son reales cuando te atrevas a comenzar a volar


Foto tomada de la cuenta de Instagram de Yan Hidayat.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Dos formas de soñar

¿Cuando hablamos de despertar espiritual, estamos hablando de no volver a soñar más, de no tener sueños y aspiraciones? Creo que no estamos hablando de eso, por lo menos no yo. Creo que se puede hacer una distinción entre dos formas de soñar.

Forma 1:

Esta mañana estaba paseando los perros de mi novia, que son pequeños, y de repente fueron atacados por dos perros grandes. Fue un momento muy angustiante. Me dio rabia con los dueños de esos perros por pasearlos sin correa. Cuando me di cuenta, estaba fantaseando con cómo sería si yo pudiera sacar a pasear un león en vez de dos perros pequeños. Me imaginaba cómo me respetarían y temerían los dueños de aquellos perros que me habían molestado.

Esta es una forma de soñar que me mantiene dormido. Se caracteriza por que implica un rechazo del momento presente. No quiero sentir el miedo y la vulnerabilidad de que mis perros sean atacados. No me gusta esa realidad que percibo. Entonces me escondo tras una fantasía que me hace sentir mejor por un momento. Una fantasía en la que el momento presente ya no es como es. Esta forma de soñar me impide reconocer, abrazar, aceptar y amar la realidad, este momento.

Forma 2:

Cuando un arquitecto está diseñando una casa y mira el terreno sobre el que la edificará, imagina en su mente cómo se verá la casa una vez construida, cómo será caminar por ella, cómo las ventanas dejarán entrar la luz. Esta forma de soñar no parte de un rechazo al momento presente. El arquitecto no resiente o rechaza el terreno vacío. Simplemente desea construir una casa. Tiene deseos de crear.

Esta forma de soñar es maravillosa. Todo lo que jamás ha creado un ser humano comenzó como un sueño. Y la magia es que podemos desear crecer, construir, cambiar, y podemos hacerlo sin rechazar este momento. Ese rechazo no es necesario.

***

Así, puedo soñar que viajo a otro país porque no me gusta donde estoy ahora, o puedo soñar que viajo como producto de un impulso creativo que desea experimentar cosas, y al mismo tiempo amar profundamente el lugar y el momento en el que estoy ahora. Es como cuando un adolescente sueña con irse de la casa de su madre. Eso no implica que no le gusta esa casa, no implica que rechaza a su madre y a su condición presente, simplemente significa que desea crecer. O un ejemplo más sencillo: cuando voy caminando por la calle y deseo tomarme un café, ese deseo no necesariamente implica un rechazo de este momento. Puedo estar disfrutando inmensamente la caminata y aun así imaginar el delicioso aroma del café y desearlo.

La invitación es, pues, que uses tu capacidad de soñar para sembrar las semillas que se convertirán en tus creaciones más maravillosas. Y trata de evitar soñar para huir del momento presente; abrázalo, hónralo, vive plenamente aquí y ahora.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Luke Jackson-Clark.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Qué significa esto que me está pasando?

Cuando sentimos una emoción fuerte, tenemos un pensamiento inesperado o reaccionamos de una forma que nos asusta, es normal preguntar: ¿por qué estoy sintiendo esto?, ¿qué me pasa?, ¿cuál es el significado de esto?

En un esfuerzo inconsciente por responder esas preguntas, constantemente le atribuimos significado a lo que sentimos y a lo que pensamos, y muchas veces asignamos un significado que nos hace sufrir. Por ejemplo: sentí esto al verlo a él, eso significa que algo anda mal en nuestra amistad; he tenido tales y tales pensamientos, eso significa que mi camino espiritual va mal, o que estoy deprimido, o que no soy una buena persona; siento esto y pienso esto otro, eso significa que mi vida está mal y va hacia el abismo.

¿Por qué tenemos la necesidad de interpretarlo todo? Porque creemos que si lo entendemos podremos predecir lo que pasará, y que si lo predecimos podremos controlarlo. Y creemos que controlar es la forma de escapar del sufrimiento y asegurar un futuro feliz. Pero la verdad es que controlar nos hace infelices. Al controlar estamos constantemente tensos, estamos cerrados a lo que la vida nos quiere traer, solo nos abrimos a recibir lo que encaja en los planes que hemos elaborado para escaparnos del sufrimiento.

¿Y con base en qué interpretamos? Con base en el pasado, por supuesto. Siempre asignamos significado a este momento con base en nuestras experiencias pasadas. Dicho de otra forma: proyectamos el pasado en el presente. Si un perro nos mordió de niños, ahora siempre que vemos un perro vemos un enemigo. No vemos al perro como es ahora. Y tampoco nos vemos a nosotros mismos y a nuestros pensamientos y emociones como son ahora. Les atribuimos el significado que nos dicta el pasado. En consecuencia, estamos ciegos al presente. No vemos en realidad.

¿La alternativa? Resistir la tentación de atribuir significado a todo lo que sucede. Esta es una de las prácticas espirituales más elevadas.

En la primera lección de Un Curso de Milagros se nos pide que miremos al rededor nuestro y digamos: “esto que veo no significa nada”, “esa mesa no significa nada”, “ese cuerpo no significa nada”, “nada de lo que veo significa nada”. Y en la segunda lección se nos pide que hagamos lo mismo con nuestros pensamientos: “este pensamiento acerca de ___ no significa nada”, “nada de lo que pienso significa nada”.

Es normal sentir gran resistencia a hacer estos ejercicios. Esto es así porque creemos que la realidad de nuestra vida depende del significado que le otorgamos, y que, si se lo quitamos, nos quedamos con el vacío, y nuestro ego no puede tolerar el vacío. Creemos que sin las interpretaciones y el control del ego, terminaremos en parajes oscuros de sufrimiento. Pero esto es una ilusión. En Un Curso de Milagros dice: “Crees que sin el ego todo sería un caos, pero yo te aseguro que sin el ego todo sería amor”.

Así es, creemos que si no interpretamos, predecimos y controlamos, nuestra vida terminará mal. Pero lo cierto es que si soltamos el control y dejamos de interpretar y predecir, nos quedaremos con la verdad del momento presente, sin el velo del pasado que nos impida ver este instante como realmente es. Y en ese estado, nuestra sabiduría interior, la divinidad que habita en nosotros, reponderá a este momento de una manera mucho más sabia de lo que nuestro ego y nuestro intelecto jamás serían capaces.

Así pues, la invitación es a que te des un respiro. No tienes por qué entender lo que te pasa. No tienes por qué controlar tu destino. Y si interpretas de forma automática, como lo hacemos todos, no tienes por qué creer en esa historia que construye tu mente a partir de todo lo que pasa. Es una historia construida con base en el pasado, que ya no existe. No refleja la verdad de este momento. Solo observa. Solo siente. No tienes por qué decifrarlo. Las cosas no se volverán caóticas porque no las entiendas. Cuando sueltes, verás que todo es amor.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Yan Hidayat.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Deja que caigan las hojas marchitas

La mente nos juega trucos cuando tratamos de soltar las cosas que ya no nos sirven. Uno de los más comunes es: ¿Y si después lo necesito? Pasar por encima de este truco nos ayudará a tener una casa más limpia y una mente más sana. Además, esa chaqueta que ya no usas puede abrigar a alguien en las noches de frío.

Y esto no solo se aplica para las cosas materiales. Esa página de Facebook (o esa amiga) que continuamente publica cosas que te hacen sentir mal… ¿vas a continuar siguiéndola solo por si acaso de vez en cuando aparece un meme gracioso? Ese programa de televisión o esa serie de Netflix que ya no resuena contigo… ¿vale la pena seguir viéndola solo para saber qué va a pasar al final? Esa actividad que tanto te gustaba, pero que ahora sientes extraña para ti… ¿hay que seguir solo por miedo a incomodar a tus amigos o por no romper la tradición? ¿En realidad vale la pena ver y leer tantas noticias solo porque qué tal que me pase algo por no estar enterado?

Al dejar de seguir esa página, habrá más espacio para que Facebook te muestre publicaciones que sí te aportan lo que deseas. Al dejar de ver esa serie, tendrás tiempo para ver ese documental que te ayuda a crecer o podrás encontrar esa comedia que te alegra las noches. Al dejar esa actividad vieja podrás por fin cultivar tus talentos actuales y podrás empezar a cumplir esos propósitos que esperan desde hace tanto en tu lista de hábitos saludables.

Sigue tu corazón. Observa cómo caen las hojas marchitas del árbol de tu vida. Dales las gracias. Fueron importantes en su momento. Pero déjalas ir. Solo así habrá espacio y energía suficientes para sostener y alimentar las hojas nuevas.

Foto tomada de lacuenta de Instagram de @tree_brilliance.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Enseño lo que quiero aprender

Hay muchos consejos que doy en mis redes sociales. Pero te digo la verdad: no siempre los pongo en práctica. Es obvio, no soy perfecto. A veces trato, a veces me canso, a veces no sé cómo.

Me gusta dar consejos que no pongo en práctica porque al darlos aumenta la posibilidad de que yo los ponga en práctica. Y si ya los pongo en práctica, al compartir la idea se refuerza la convicción en mí y se vuelve más fácil la práctica.

Las ideas tienen una propiedad maravillosa: a medida que se comparten, se refuerzan en la mente de quien las comparte.

En el caso de las ideas, es obvio que al dar cada vez tengo más de aquello que doy. No pierdo nada al dar una idea. Por el contrario: la fortalezco en mí.

Así pues, te invito a compartir aquellas ideas que quieres vivir, aun si en este momento no son una realidad para ti. Enseña aquello que quieres aprender, así todavía no domines la práctica. Ya verás como al enseñar aprendes.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Sondre Eriksen.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Gracias por los regalos que nos has dado

Has dado muchos más regalos de los que crees esta Navidad. Y a muchas más personas de las que imaginas.

No necesitas saber a quién llegarán tus regalos. Llegarán más lejos de lo que el intelecto calcula.

Cada sonrisa genuina, cada momento de silencio, cada chispa que despierta en tu corazón son un regalo que me haces a mí y a todos tus hermanos.

Cada uno de tus momentos de felicidad, cada vez que eliges el amor, cada vez que amorosamente pasas por alto la voz de tu ego y entregas lo mejor de ti, cada vez que hablas con tu corazón; todos esos son parte de tus regalos. Eres increíblemente abundante en lo que tienes para dar, sin importar las historias que te cuente tu cabeza.

Tal vez no lo creas, pero puede que dentro de miles de millones de años, en una galaxia lejana, una de tus semillas de amor florezca en un ser iluminado, en un acto de compasión inesperado, en una brisa de calma en un corazón que lo necesita. Y eso está pasando justo ahora, pues el tiempo y el espacio son solo ilusiones.

Gracias por los regalos que nos has dado. Todos los necesitamos. Todos los disfrutamos. Todos somos bendecidos por ellos. Incluido tú.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Diego Stevenson.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Tu verdadero propósito

En una charla de Eckhart Tolle, uno de los asistentes le preguntó: “¿Cuál es mi verdadero propósito?”. Eckhart Tolle respondió: “Su verdadero propósito es estar aquí sentado frente a mí, escuchando”. Y continuó: “Luego, cuando esté en su casa tomando un vaso con agua, su verdadero propósito será estar en su casa tomando un vaso con agua”.

Usualmente, este no es el tipo de respuesta que queremos oír cuando preguntamos por cuál es nuestro verdadero propósito. Esto es así porque para la mente el propósito siempre debe estar en el futuro. En consecuencia, para la mente el momento presente siempre es un medio para alcanzar un propósito en el futuro, y tiene la idea de que ese futuro traerá la paz, la plenitud y la felicidad.

La invitación de Eckhart Tolle es a tomar este momento, ahora mismo, y cada momento, como un fin último en sí mismo. En este momento, mientras lees, mientras caminas a la tienda, mientras manejas tu auto, en este momento. En este momento está ya tu destino. Ya estás, siempre estás en tu destino. Pero no nos damos cuenta porque nos hemos embarcado en el sueño de un viaje cuyo destino está en el futuro, que, por supuesto, no existe, no ahora. Por eso la mente nunca encuentra la satisfacción, pues siempre busca en lo que no existe (el futuro) e ignora y pasa por alto lo único que es real (este momento).

Abraza, saborea tu destino. Ya estás en él, ya estás realizando tu propósito. No se trata de moverte o de transformarte. De ir a un lugar diferente. Se trata de despertar a lo que ya es.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Jessica Ward.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Hoy no pero mañana sí

En algunas tiendas comerciales en Bogotá he visto un letrero que dice: “Hoy no presto dinero pero mañana sí”. Por supuesto, esta es una forma burlona de decir “no presto dinero, por favor no insista”.

El ego, nuestra mente condicionada, es igual con la felicidad y la plenitud. Parece decir constantemente: “hoy no puedo ser feliz, pero mañana sí”. Mañana, cuando conquiste ese objetivo que tanto quiero. Mañana, cuando resuelva ese problema que tanto me molesta. Mañana, cuando logre controlar aquello que me angustia. Mañana, cuando sane mis heridas emocionales. Mañana, cuando alcance la iluminación espiritual. Hoy no. Por favor no insistas.

Pero, sin importar qué tanto nos esforcemos y qué tantos objetivos logremos, mañana la respuesta será la misma. Lo único que cambiará es la lista de condiciones que debemos cumplir antes de poder estar en paz. “Hoy no, mañana sí, cuando…”.

En consecuencia, si seguimos el juego del ego, el juego de correr detrás de una zanahoria que siempre se aleja a medida que tratamos de acercarnos, nunca estaremos satisfechos. La única opción es parar. Ahora.

Tal vez es un truco de la mente. Tal vez puedes estar pleno Ahora. Ya, mientras lees esto. Mientras se te vienen a la mente todas las razones por las que eso no es posible. En este momento. Con todos tus problemas, con todos tus defectos. Exactamente como eres. Exactamente en este momento.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.