El taladro y el agujero

Cuando la cadena de alquiler de videos Blockbuster estaba en su apogeo en los años noventa, podría haber comenzado a migrar al negocio de los videos en internet. Tenía los recursos necesarios y un gran conocimiento del público interesado en ver películas. Si hubiera tomado ese camino, tal vez hoy no veríamos tanto Netflix y YouTube, sino más bien la plataforma de videos en línea de Blockbuster.

¿Por qué perdió Blockbuster esa oportunidad? Porque la compañía estaba apegada a su forma de hacer las cosas y se olvidó de cuál era la necesidad final que estaba solucionando para sus clientes. Ellos no estaban interesados en ir a una tienda a alquilar películas, estaban interesados en ver películas.

Este es un principio básico del marketing: una persona que compra un taladro realmente no quiere un taladro, lo que quiere es un agujero. Ofrécele una forma más sencilla de obtener agujeros y dejará de comprar taladros… al menos si es consciente de lo que realmente quiere y no se le ha olvidado a ella también…

Al igual que Blockbuster, perdemos oportunidades cuando nos apegamos a formas específicas de hacer las cosas y nos olvidamos de lo que realmente queremos.

Si lo que realmente quieres es aprender, no te apegues a la idea de ir a una universidad. Puede que haya otras maneras que se ajusten más a ti. Si lo que quieres es tener mejor salud, no te apegues a una dieta o a un gimnasio. Si lo que quieres es crecer espiritualmente, no te apegues a leer un libro o a ir a un templo o a un grupo o a una práctica específica. Todo eso es maravilloso y puede que te haya servido hasta ahora. Y puede que te siga sirviendo en el futuro. Pero es posible que lleguen nuevas y mejores maneras de avanzar hacia donde quieres. Y, si te aferras a tu camino actual, cuando la vida te invite a evolucionar no serás capaz de aceptar la invitación (y, si estás demasiado apegado, ni siquiera serás consciente de la invitación).

Aclaración: no se trata de no ser disciplinados y de no seguir a fondo aquello que estamos haciendo ahora. Se trata simplemente de no apegarnos a nuestro camino. Se trata de estar abiertos a nuevas cosas.

Recuerda: lo que quieres en realidad no es el taladro, sino el agujero.


Foto tomada de la cuenta de Instagram de Olli Sorvari.

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La importancia de ser ignorante

Si nunca has cocinado y alguien se ofrece a enseñarte a cocinar, no te sentirás ofendido. Pero si llevas toda la vida cocinando y crees que eres un gran chef, puede que el ofrecimiento te parezca un insulto. Y puede que, debido a eso, te pierdas la oportunidad de aprender una nueva receta, tal vez mejor que muchas de las que conoces.

Para ser capaces de aprender debemos reconocer primero que somos ignorantes, y al ego le duele reconocer su ignorancia o su insuficiencia en aquellos temas con respecto a los cuales define su identidad.

Así pues, mira aquellos lugares en los que no te permites aprender de otros. De pronto es tu ego que tiene miedo a sentirse pequeño. Permitirnos reconocer nuestra ignoracia es la clave para seguir creciendo. Es incómodo, pero nos permite evolucionar.

Tal vez es tu jefe, tu subalterno o tu colega que tratan de mostrarte una mejor manera de hacer las cosas, pero los rechazas porque te sientes atacado y ofendido. Tal vez es tu hermano menor que te señala un aspecto en el que eres más inmaduro que él y te cuesta reconocerlo. Tal vez es tu amigo que no tiene tus mismas creencias religiosas pero se ofrece a enseñarte algo sobre la espiritualidad, y rechazas sus enseñanzas, porque atentan contra la idea que tu ego espiritual ha forjado de ti, una idea en la que eres “mejor” que tu amigo y según la cual no tienes nada que aprender de él ni de nadie que no sean los maestros que has venido leyendo por años. Tal vez sea el vendedor de frutas que te dice “¿Quiere que le dé un consejo?” y lo ignoras porque consideras que, si está vendiendo frutas, es porque no tiene nada valioso que enseñarte.

Piénsalo: ¿Cuántos maestros hemos dejado pasar debido a nuestro orgullo?, ¿cuántas oportunidades de aprender hemos perdido? Por eso, si quieres crecer más rápido, aguza tus oídos. Permítete sentirte ignorante. Con verdadera humildad y sin fingirlo permítete ser alumno de aquellos que crees que deberían ser tus alumnos.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Discover New Zealand.

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Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

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Deja que caigan las hojas marchitas

La mente nos juega trucos cuando tratamos de soltar las cosas que ya no nos sirven. Uno de los más comunes es: ¿Y si después lo necesito? Pasar por encima de este truco nos ayudará a tener una casa más limpia y una mente más sana. Además, esa chaqueta que ya no usas puede abrigar a alguien en las noches de frío.

Y esto no solo se aplica para las cosas materiales. Esa página de Facebook (o esa amiga) que continuamente publica cosas que te hacen sentir mal… ¿vas a continuar siguiéndola solo por si acaso de vez en cuando aparece un meme gracioso? Ese programa de televisión o esa serie de Netflix que ya no resuena contigo… ¿vale la pena seguir viéndola solo para saber qué va a pasar al final? Esa actividad que tanto te gustaba, pero que ahora sientes extraña para ti… ¿hay que seguir solo por miedo a incomodar a tus amigos o por no romper la tradición? ¿En realidad vale la pena ver y leer tantas noticias solo porque qué tal que me pase algo por no estar enterado?

Al dejar de seguir esa página, habrá más espacio para que Facebook te muestre publicaciones que sí te aportan lo que deseas. Al dejar de ver esa serie, tendrás tiempo para ver ese documental que te ayuda a crecer o podrás encontrar esa comedia que te alegra las noches. Al dejar esa actividad vieja podrás por fin cultivar tus talentos actuales y podrás empezar a cumplir esos propósitos que esperan desde hace tanto en tu lista de hábitos saludables.

Sigue tu corazón. Observa cómo caen las hojas marchitas del árbol de tu vida. Dales las gracias. Fueron importantes en su momento. Pero déjalas ir. Solo así habrá espacio y energía suficientes para sostener y alimentar las hojas nuevas.

Foto tomada de lacuenta de Instagram de @tree_brilliance.

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