Te siguen más personas de las que crees

El otro día estaba esperando a que cambiara el semáforo para cruzar la calle. Pero vi que alcanzaba a cruzar si caminaba rápido, a pesar de que la luz no había cambiado. Decidí arriesgarme y crucé la calle mientras la luz seguía en rojo para mí y en verde para los automóviles. Al fin y al cabo, tenía la seguridad de que alcanzaría a cruzar. Entonces, ¿por qué esperar?

De lo que no caí en cuenta fue de que a mi lado había varias personas esperando y, al yo comenzar a caminar, algunas de ellas me imitaron, pensando que la luz había cambiado. Esas personas inconscientemente confiaron en mí y asumieron que yo respetaba las señales de tránsito. Y pusieron su vida en riesgo por eso. Un par de personas se asustaron al ver que los carros no paraban y se devolvieron corriendo a la acera.

Lo que hacemos tiene un impacto en quienes nos rodean. Estamos rodeados por personas que confían en nosotros.

No quiero con esto quitarles responsabilidad ni verlas como víctimas. Seguramente, si hubieran estado más atentas, se habrían dado cuenta de que la luz seguía en rojo. Y, si hubiera sucedido un accidente, seguramente no me podrían haber responsabilizado legalmente por ello. No empujé a nadie ni lo obligué a caminar. Sin embargo, contribuí a ese comportamiento al no ser consciente del poder que tiene mi ejemplo.

Cada cosa que hacemos y cada elección que tomamos tienen un impacto en nuestra cultura y en la forma de pensar y de actuar de quienes nos rodean. Cada acto de amor es una invitación a imitarlo, al igual que cada acto inconsciente.

No es a ti solo a quien cuidas cuando te cuidas. Nos cuidas a todos al invitarnos con tu ejemplo. Y no es solo a ti a quien pones en riesgo cuando asumes comportamientos inconscientes.

Te siguen más personas de las que crees. Todo el tiempo estamos enseñando. Elijamos enseñar con amor.

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Espero que dejes de leer este blog

Un Curso de Milagros tiene una frase que me fascina:

El propósito de un buen maestro es hacerse innecesario.

No soy un maestro espiritual en el sentido de que no he alcanzado un estado interno de maestría, de iluminación. Pero soy maestro en el sentido en el que todos somos maestros. Tengo cosas para compartir y, si deseas, puedes aprender de mí si lo necesitas. Ojalá pronto ya no lo necesites.

He dado clases de españos en varias universidades, y, cuando lo hago bien, mis alumnos dejan de necesitarme. Un buen maestro no busca seguidores. Busca compartir todo lo que tiene. De manera que sus alumnos lleguen a un punto en el que ya no tengan nada que aprender de él y puedan prescindir de sus servicios. En otra palabras, un buen maestro no busca crear seguidores, sino crear maestros.

No te voy a mentir. Deseo que este blog crezca y que cada vez lo lean más personas. Y deseo esto porque creo que hay mucha gente a la que le podría ayudar en su camino. Sin embargo, sueño con un mundo iluminado, en el que nadie tenga ya necesidad de enseñanzas espirituales.

Ojalá pronto yo no tenga nada para decir de lo que no seas consciente ya. Ojalá que encuentres en ti verdades más elevadas, y leas esto sólo como escucharías el balbuceo de un niño. Ojalá llegue el punto en el que no te interese leer mensajes como este.

Bendiciones en tu camino.

Sitka Spruce & Devil’s Club above shore of Beaver Lake, Sitka July 2009

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El secreto para estar agradecido siempre

Uno de los mejores consejos que he oído para afrontar situaciones difíciles es este: agradécelas porque son una oportunidad para sanar algo.

Cuando tomamos perspectiva y reconocemos que estamos aquí para crecer y para evolucionar, todo es un regalo. Depende de nosotros abrirlo o no. Y la clave para abrirlo es agradecerlo.

No hay ninguna situación que no puedas usar para sanar algo, para conocerte, para expandir tu consciencia.

¿Te estrellaste en el carro? ¿Se te quemó la comida? ¿Llegaste tarde? ¿Terminó esa relación que tanto apreciabas? Hay ahí una oportunidad para crecer. No quiere decir que no va a doler. Pero es un motivo para agradecer, pues te está brindando la posibilidad de hacer lo más importante de todo: crecer.

Una vez entra la gratitud, nos abrimos a recibir el regalo oculto en la situación. Tenemos disposición para aprender de ella. Y entonces tiene el poder incluso de convertirse en una bendición ante nuestros ojos.

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Enseño lo que quiero aprender

Hay muchos consejos que doy en mis redes sociales. Pero te digo la verdad: no siempre los pongo en práctica. Es obvio, no soy perfecto. A veces trato, a veces me canso, a veces no sé cómo.

Me gusta dar consejos que no pongo en práctica porque al darlos aumenta la posibilidad de que yo los ponga en práctica. Y si ya los pongo en práctica, al compartir la idea se refuerza la convicción en mí y se vuelve más fácil la práctica.

Las ideas tienen una propiedad maravillosa: a medida que se comparten, se refuerzan en la mente de quien las comparte.

En el caso de las ideas, es obvio que al dar cada vez tengo más de aquello que doy. No pierdo nada al dar una idea. Por el contrario: la fortalezco en mí.

Así pues, te invito a compartir aquellas ideas que quieres vivir, aun si en este momento no son una realidad para ti. Enseña aquello que quieres aprender, así todavía no domines la práctica. Ya verás como al enseñar aprendes.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Sondre Eriksen.

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