El privilegio de elegir

La mayoría de nosotros somos privilegiados.

Si puedes elegir parar un momento para leer esto, si tienes el tiempo y los recursos para hacerlo, probablemente eres un privilegiado.

La mayoría de nosotros vivimos mucho mejor que un rey en la Edad Media.

Nunca antes había sido tan fácil acceder a la información y los recursos que necesitamos para hacer lo que queremos.

Crear y aprender dependen, ante todo, de nuestra volundad. Los medios están disponibles.

Tal vez pienses que no tienes tiempo o que no tienes los recursos. Piensa de nuevo. Casi siempre, decir “No tengo tiempo” es igual a decir “No tengo suficientes ganas” o “Tengo miedo” o “Tengo pereza” o “Tengo dudas”.

Esto último no es una invitación a que te juzgues. Es una invitación, en cambio, a que te des cuenta de que puedes elegir. Eres privilegiado.

Y está bien si decides no hacer nada. Si eso es lo que sale de tu corazón, adelante. Tal vez hacer nada es el mejor regalo que te puedes hacer ahora y el mejor regalo que le puedes hacer al mundo a través de la paz que surgirá de esa nada.

Ya sea que decidas no hacer nada o salir a crear y proponer ideas para un mundo nuevo, agradece profundamente el privilegio de tomar esa decisión. Muchos de nuestros antepasados no tuvieron esas opciones a su disposición; muchos de ellos se vieron forzados a enfocarse en sobrevivir.

¡Qué privilegiado soy por tener el tiempo para escribir estas palabras! ¡Qué privilegiado eres tú que tienes el tiempo de leerlas!

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Gabriele.

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Bendiciones ocultas

Hace un tiempo murieron dos pericos que quería mucho. Estaban en la casa de mi hermana. Un día ella se levantó en la madrugada y vio sus cuerpos en el piso de la jaula. Esto la llevó a sospechar que algo andaba mal. En efecto, la llave del gas estaba abierta.

La muerte de estos amados pericos se puede ver como una tragedia o como un milagro. Si no hubieran estado allí, probablemente mi hermana no se habría dado cuenta de que el gas estaba abierto y sería su vida la que habría estado en peligro. Eso no quiere decir que no lloramos y lamentamos la muerte de estos animalitos, pero todos en la familia, independientemente de nuestras creencias religiosas, coincidimos en que estas muertes habían sido una gran bendición.

Muchas veces suceden cosas que no nos gustan aunque en realidad son un regalo. Tienes un accidente en el carro, y tal vez es la forma de la vida de decirte que estás muy perdido en tus pensamientos, muy desconectado del momento presente. Tienes un conflicto inesperado en el trabajo, y tal vez es la manera como puedes ver que tus prioridades no están en orden o que no estás haciendo lo que en realidad te gusta.

Tener un accidente en el carro es muy molesto, al igual que tener un conflicto en el trabajo. Pero, si miramos más profundo, quizás veamos allí un regalo, e incluso una bendición o un milagro disfrazado de problema.

La forma de abrir estos regalos es la gratitud, que en estos casos requiere, a su vez, de una mente y un corazón abiertos a ver más allá de las apariencias.

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El secreto para estar agradecido siempre

Uno de los mejores consejos que he oído para afrontar situaciones difíciles es este: agradécelas porque son una oportunidad para sanar algo.

Cuando tomamos perspectiva y reconocemos que estamos aquí para crecer y para evolucionar, todo es un regalo. Depende de nosotros abrirlo o no. Y la clave para abrirlo es agradecerlo.

No hay ninguna situación que no puedas usar para sanar algo, para conocerte, para expandir tu consciencia.

¿Te estrellaste en el carro? ¿Se te quemó la comida? ¿Llegaste tarde? ¿Terminó esa relación que tanto apreciabas? Hay ahí una oportunidad para crecer. No quiere decir que no va a doler. Pero es un motivo para agradecer, pues te está brindando la posibilidad de hacer lo más importante de todo: crecer.

Una vez entra la gratitud, nos abrimos a recibir el regalo oculto en la situación. Tenemos disposición para aprender de ella. Y entonces tiene el poder incluso de convertirse en una bendición ante nuestros ojos.

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El camino de la gratitud

Primero quiero invitarte a agradecer. A adentrarte en este momento y observar cómo la gratitud de desborda con cada respiración, cada palpitación, cada rayo de luz, cada brisa que acaricia tu piel. Y, si vas más profundo y con tu corazón abierto, la gratitud también surgirá incluso ante el dolor y la incomodidad. Le darás la bienvenida a la vida exactamente como es. Cuando permitimos que la vida sea como es, nos abrimos a recibir el gran amor que reside en cada momento, en cada experiencia, dejamos entrar las enseñanzas de cada experiencia. Nuestro corazón está abierto, no se requiere ninguna llave, no hay condiciones para entrar.

Otra opción es asumir que la vida debe ser de cierta forma. En ese estado exigimos el regalo, demandamos la cura para nuestros males. Le imponemos condiciones a la vida: voy a estar feliz, pero solo si sucede (o sigue sucediendo o deja de suceder) esto y esto y esto otro; si no se cumplen estas condiciones, no podré aceptar la realidad. Si te identificas con esta segunda opción y no sientes que la gratitud pueda fluir de manera natural, te hago una segunda invitación.

Te invito a que implemente a que tomes consciencia de si esas condiciones y exigencias que le impones a la vida te hacen sufrir. Si no hay sufrimiento, o si sientes que la única o la mejor forma de salir de ese sufrimiento es a través de la lucha, sigue buscando moldear las cosas. Sigue luchando. Trata de cambiar tu realidad. Diviértete y juega bien. Si, en cambio, hay sufrimiento y sientes que no saldrás de él a través de la lucha, simplemente obsérvalo, adéntrate en la médula de tu incomodidad. Mira cómo tu resistencia y tus exigencias se convierten en una carga. Al tomar conciencia profunda, tu percepción cambiará naturalmente.

Finalmente, te invito a abrirte a la posibilidad de que tal vez, solo tal vez, podemos estar en paz y en agradecimiento profundo aun en medio de lo que nos causa dolor. Y te invito a contemplar la posibilidad de que tal vez podemos incluso esforzarnos por cambiar la realidad, pero sin tener exigencias sobre los resultados de nuestros esfuerzos. Tal vez podemos seguir dándole la bienvenida a la vida y agradeciendo cada momento exactamente como es, mientras al mismo tiempo buscamos crear lo que nuestro corazón quiere crear, y sin importar si tenemos éxito o no en aquello que emprendemos.

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