El camino de la gratitud

Primero quiero invitarte a agradecer. A adentrarte en este momento y observar cómo la gratitud de desborda con cada respiración, cada palpitación, cada rayo de luz, cada brisa que acaricia tu piel. Y, si vas más profundo y con tu corazón abierto, la gratitud también surgirá incluso ante el dolor y la incomodidad. Le darás la bienvenida a la vida exactamente como es. Cuando permitimos que la vida sea como es, nos abrimos a recibir el gran amor que reside en cada momento, en cada experiencia, dejamos entrar las enseñanzas de cada experiencia. Nuestro corazón está abierto, no se requiere ninguna llave, no hay condiciones para entrar.

Otra opción es asumir que la vida debe ser de cierta forma. En ese estado exigimos el regalo, demandamos la cura para nuestros males. Le imponemos condiciones a la vida: voy a estar feliz, pero solo si sucede (o sigue sucediendo o deja de suceder) esto y esto y esto otro; si no se cumplen estas condiciones, no podré aceptar la realidad. Si te identificas con esta segunda opción y no sientes que la gratitud pueda fluir de manera natural, te hago una segunda invitación.

Te invito a que implemente a que tomes consciencia de si esas condiciones y exigencias que le impones a la vida te hacen sufrir. Si no hay sufrimiento, o si sientes que la única o la mejor forma de salir de ese sufrimiento es a través de la lucha, sigue buscando moldear las cosas. Sigue luchando. Trata de cambiar tu realidad. Diviértete y juega bien. Si, en cambio, hay sufrimiento y sientes que no saldrás de él a través de la lucha, simplemente obsérvalo, adéntrate en la médula de tu incomodidad. Mira cómo tu resistencia y tus exigencias se convierten en una carga. Al tomar conciencia profunda, tu percepción cambiará naturalmente.

Finalmente, te invito a abrirte a la posibilidad de que tal vez, solo tal vez, podemos estar en paz y en agradecimiento profundo aun en medio de lo que nos causa dolor. Y te invito a contemplar la posibilidad de que tal vez podemos incluso esforzarnos por cambiar la realidad, pero sin tener exigencias sobre los resultados de nuestros esfuerzos. Tal vez podemos seguir dándole la bienvenida a la vida y agradeciendo cada momento exactamente como es, mientras al mismo tiempo buscamos crear lo que nuestro corazón quiere crear, y sin importar si tenemos éxito o no en aquello que emprendemos.

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Dar gracias de antemano

“Expresar gratitud de antemano es el camino de todos los Maestros. Así que no esperes a que las cosas pasen para entonces dar gracias. ¡Da gracias antes de que pasen y observa cómo las energías se mueven! Agradecerle a Dios antes de que algo ocurra es un acto de fe extraordinario. Y, por supuesto, de ahí es de donde viene el poder.

Es Día de Acción de Gracias en Estados Unidos. ¿Por qué no hacer que sea un día de acción de gracias en los corazones de todas las personas en todas partes?”

~Neale Donald Walsh

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Dos claves para la abundancia

La abundancia no es algo que adquirimos, es algo con lo que nos sintonizamos

Wayne Dyer

Antes de las claves, unas palabras sobre qué es la abundancia. Lo más importante es tener en cuenta que la abundancia es una experiencia interna, y es independiente de cuántas cosas tengamos. Cuando estamos conectados con nuestro corazón y tenemos consciencia de que no nos hace falta nada, somos abundantes. Y esto puede suceder mientras estamos en una oficina lujosa en un rascacielos, o mientras compartimos una comida humilde con nuestros seres queridos. Las condiciones externas no pueden, por sí solas, hacer que alguien sea abundante. Un niño pequeño podría sentirse aburrido en una gran biblioteca, y un gran académico podría sentirse frustrado en una arenera rodeado de baldes y palas de juguete. Pero un niño en una arenera podría experimentar el éxtasis de estar rodeado por cosas maravillosas en ese momento, y eso es abundancia. Así mismo, un amante de los libros puede sentirse extasiado mientras camina entre los anaqueles de una gran librería.

La abundancia se trata, entonces, de cómo nos sentimos, no de cuánto tenemos. Esta es una noticia maravillosa, porque implica que no tenemos que esperar a que pase algo en el futuro para conectarnos con la abundancia: podemos elegirla ahora. Así, el orden se invierte. Usualmente creemos que primero debemos tener cosas, para poder hacer cosas, y eso nos permitirá ser felices. Pero es al revés: si somos felices, haremos cosas desde ese lugar de felicidad, y lo que hacemos con esa energía muchas veces nos traerá cosas maravillosas. Pero el resultado no es ya importante, pues la felicidad está desde el comienzo. Las cosas que podemos obtener serían, en ese caso, solo un regalo extra.

Claro, sintonizarnos  con la abundancia de esa manera puede ser difícil al comienzo, pues nos hemos convencido de que esta solo es posible después de adquirir cosas. Pero se puede, es solo cuestión de práctica. Puedes elegir ser amoroso antes de tener una relación. Puedes elegir ser feliz antes de tener un juguete. Ahora sí pasemos a las dos claves que te ayudarán a conectarte con la abundancia.

La gratitud

Estar agradecidos es regocijarnos por lo que la vida nos ha dado. Surge cuando reconocemos lo que tenemos y lo disfrutamos. La gratitud es una energía muy  poderosa, pues cuando estamos en ella, nos enfocamos en lo que queremos, en lo que apreciamos, en lo que es valioso para nosotros, y aquello en lo que nos enfocamos crece. Estar agradecidos es entonces reconocer que ya tenemos, y ese estado nos lleva inmediatamente a ser abundantes. Ahora bien, para estar agradecidos, es necesario primero estar presentes, tener los ojos abiertos a las maravillas que nos rodean, ver con ojos nuevos a la gente a nuestro alrededor. Si no estamos presentes, no podremos ver lo que la vida nos ha regalado, aunque lo tengamos en frente de nosotros.

Uno de los amigos más abundantes que conozco, al menos en el aspecto económico, me contó que su buena relación con el dinero comenzó cuando se dio cuenta de que tenía más que suficiente. Todo empezó con un cambio de consciencia. Esto naturalmente lo llevó a estar agradecido y a desarrollar la segunda actitud que es clave para la abundancia:

La generosidad

Esta segunda herramienta tiene algo en común con la primera: nos ayuda a reconocer que ya tenemos. Esto es así porque cuando damos tomamos consciencia de que tenemos más que suficiente, y de que es por eso que podemos dar. Es por esta razón que muchos maestros nos recomiendan que les demos a los demás aquello que creemos que nos hace falta. ¿Sientes que no tienes amor? Sal a dar amor, llena el mundo de actos amorosos, y te darás cuenta de que en ti ya tienes el amor. ¿Te hace falta dinero? Comparte lo que tienes y agradece por ello.

Como se puede ver, esto no se limita a las cosas materiales. Todo lo que damos crece en nosotros. Así, por ejemplo, no hay mejor manera de aprender algo que enseñándolo. Al enseñar un conocimiento, al brindarlo a los  demás, nos damos cuenta de que ya lo tenemos en nosotros y lo reafirmamos. Lo digo por experiencia, pues he sido profesor universitario por varios años: Una de las mejores cosas de ser enseñar es que uno aprende mucho. Sobre esto Un Curso de Milagros dice algo muy interesante, y es que siempre estamos enseñado, pues cada acto es un resultado de todo lo que creemos y da fe de ello. Si crees que tienes más que suficiente, serás generoso, y enseñarás que la vida es abundante, lo que a su vez te llevará a conectarte más profundamente con tu abundancia. Si crees que tienes que proteger lo poco que posees, enseñarás que vives en un mundo de escasez y de peligros, y reforzarás esas creencias en ti.

Otra cosa maravillosa que dice  Un Curso de Milagros  es que dar es igual que recibir. Muchos piensan que, si dan, en el futuro recibirán. Esta idea puede ser útil y motivarnos a ser más generosos, pero no es del todo cierta. Si miramos más profundo, veremos que dar y recibir son lo mismo. Esto es así por dos cosas. La primera es que al dar siempre estamos decidiendo quiénes somos, y esto nos lleva de manera inmediata a tener una experiencia interna valiosa por sí misma: la abundancia, la paz, la satisfacción. Así, no hay lapso entre dar y recibir. La segunda razón tiene que ver con el hecho de que no estamos separados. Si reconocemos nuestra interconexión, si dejamos de ver al otro como separado de nosotros, entonces seremos conscientes de que siempre es a nosotros mismos a quien nos damos.

La invitación es, entonces, a tomar consciencia de lo mucho que tenemos, de todas las maravillas y los regalos que la vida ha puesto frente a nosotros. La invitación es a abrir los ojos y apreciar. Así surgirá naturalmente el agradecimiento, y estar agradecidos es igual que ser abundantes. Entonces no tendremos más remedio que compartir y ser generosos, pues sabremos que tenemos más que suficiente, y no hay mejor forma para disfrutar algo que compartirlo. Es como cuando nos gusta una canción o una película: queremos que los demás también la disfruten, y nuestro gozo se multiplica a medida que los demás también gozan.

Por: David González