El deseo de renunciar

Muchas enseñanzas espirituales recomiendan alejarse de los estímulos externos con el fin de reconcocer la plenitud adentro. Ese es un camino. Sin embargo, no es el único, y no siempre es recomendable.

A veces, con la excusa de seguir un camino espiritual, nos escondemos de la vida.

Si le has dicho “sí” plenamente a la vida, si te has permitido experimentarla por completo, siempre siendo honesto contigo sobre lo que pide tu corazón, entonces cuando la vida te invite a recluirte en un monasterio será algo genuino y será tu siguiente paso en tu camino interior.

Pero, si en cambio te has negado a perseguir tus sueños por miedo a fracasar y te has alejado de las relaciones por temor a ser herido, recluirte en el monasterio no será más que un truco para esconder tus inseguridades bajo un disfraz espiritual.

Recluirse en un monasterio es una metáfora aquí, aunque para algunos pueda ser literal. El monasterio puede ser quedarte quieto, no atreverte a hacer lo que quieres en cualquier nivel.

Para algunos, el camino es reconocer que su plenitud está adentro, siempre radiante, aunque afuera de ellos parezca haber desolación y carencia. Para otros, la tarea es reconocer que la fuente de su plenitud está adentro de ellos, a pesar de que afuera puedan tener todo lo que han soñado.

Despertar en medio de una pesadilla puede ser un reto tan grande como despertar en medio de un sueño feliz.

Para cada uno el camino es diferente. Para algunos, la renuncia será el camino hacia adentro. Para otros, será un truco con el que evitan la vida y, así, se evitan a sí mismos sin darse cuenta, mientras creen que están yendo adentro pero en realidad solo buscan una protección del miedo.

No siempre es fácil saber de dónde viene el deseo de renunciar. El ego es muy astuto, y si está vestido de espiritualidad, puede ser aún más difícil reconocer sus trucos. La honestidad al mirar adentro es clave.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

¿Cómo saber a cuál voz creerle?

A todos nos ha pasado que hay un asunto sobre el que tenemos dudas, y entonces aparecen en nosotros voces contradictorias. Una nos dice “sí va a funcionar”, y la otra, “ese no es tu camino”. Una dice “quádate”, y la otra, “vete”. Una nos dice que debemos tomar la oportunidad, y la otra, que la dejemos pasar. ¿Cómo saber a cuál voz creerle?

Hace poco vi un video en el que le hicieron esta pregunta al maestro Eckhart Tolle y me encantó su respuesta.

Imagina que vas por la calle pensando en cómo solucionar un problema en tu casa y dos personas ignorantes, que no saben nada de ti ni de tu hogar, se acercan a decirte qué hacer, compitiendo entre sí para llamar tu atención y gritando cada vez más para opacar la voz de la otra. Lo más sensato sería ignorarlas y alejarte de ellas, ¿no crees? Así también son esas voces que compiten por nuestra atención en nuestra mente.

Cuando esas voces conflictivas pelean por nuestra atención, nuestra tarea no es decidir cuál tiene la razón. Lo más probable es que ninguna tenga la razón. Pues esas voces normalmente surgen del ego, del miedo, de la necesidad de control. Por tanto, están desconectadas de la fuente de la vida. Pretenden saber, pero en realidad son ignorantes.

Nuestra tarea, en cambio, es darnos cuenta de que ninguna de esas voces es nuestro verdadero Ser. Nuestra tarea es reconocer que nosotros no somos esas voces; somos, en cambio, la consciencia que las observa.

Cuando tomamos consciencia de que nosotros somos el observador, esas voces pierden fuerza. A medida que nos adentramos en el silencio interior que emana de esa consciencia que atestigua, estaremos cada vez más en contacto con nuestro Ser. Y allí es posible que empecemos a escuchar una voz muy diferente a las voces superficiales que pelean entre sí. Se trata de una voz que susurra, pues no trata de llamar tu atención ni de imponerse. Es una voz en la que no hay miedo ni duda. Una voz que viene acompañada de paz, certeza y serenidad. Pero esa voz es como las mariposas: si tratas de perseguirla, la ahuyentarás. Si tratas de forzarla a que responda, la apagarás. Mas si permaneces en silencio y esperas con confianza, se posará dulcemente sobre ti y te guiará.

Tal vez te interese ver este video en el que hablo sobre como tomar decisiones difíciles.

Para llegar a esa serenidad y confianza, algo que ayuda mucho es darnos cuenta de que la gran mayoría de cosas sobre las que decidimos realmente no son importantes. En últimas, no podemos cometer errores. Pues, en últimas, sea lo que sea que hagamos nos llevará a evolucionar y a crecer. Son solo experiencias.

Desde la perspectiva cósmica, desde la perspectiva del todo, realmente es indiferente si vamos por la izquierda o por la derecha. Sea cual sea nuestra elección, el universo se encargará de usarla como una oportunidad para que crezcamos. Nada es tan serio como parece. Lo más malo que puede pasar, desde el punto de vista del ego, es la muerte. Pero la muerte es una ilusión. Por tanto, en realidad no hay anda que podamos perder. Solo hay experiencias. Esta forma presente se puede disolver. Pero eso es inevitable. En algún momento tu forma presente se disolverá. Y no será una tragedia. Será un paso más en tu constante evolución, que es la misma evolución del Universo.

Así pues, relájate. No te lo tomes tan en serio. No es de vida o muerte, pues en realidad la muerte no existe. Y en esa relajación, deja de tratar de decidir cuál de tus voces conflictivas tiene la razón. En cambio, adéntrate en el silencio del observador. Allí, cuando menos lo esperes, verás florecer la voz de tu verdad interior. Y la dulzura de su aroma te guiará suavemente en la medida en la que se lo permitas.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

La magia de la gratitud

El Día de Acción de Gracias es un hermoso recordatorio de que siempre hay algo por lo que agradecer.

Hace poco leí un artículo en un periódico en el que el autor citaba una larga lista de frases agradeciendo cosas que le habían enviado los lectores. Y fue muy poderoso leerlo. Al ller lo que otras personas tienen por agradecer, reconocemos aquello que podemos agradecer en nuestras vidas. Por eso, la gratitud es contagiosa. Deja que los demás sepan por qué estás agradecida. Eso hará que la gente a tu alrededor sea también más agradecida. Y su agradecimiento vendrá de vuelta a ti como una luz que alumbra aquello que puedes agradecer, formando así un círculo virtuoso.

Aquí una lista de las cosas que agradezco en este momento:

Gracias por los retos internos con los que la vida me empuja a evolucionar y a ir cada vez más profundo.

Gracias por todas las personas que me han acompañado en mi camino, como espejos amorosos en los que puedo verme reflejado,

Gracias por cada respiración, por cada latido, por poder sentir mi cuerpo cuando cierro los ojos y disfrutar de su presencia.

Gracias por el tiempo que tengo a mi disposición, que me permite escribir esto y compartir con el mundo lo que quiero.

Gracias por quienes me han acompañado y animado en mi camino.

Gracias por los nuevos compañeros de viaje que se van acercando, y gracias por aquellos que ahora se alejan una vez nuestros caminos se han separado; gracias por todo lo aprendido y lo compartido.

Gracias por la fuerza con la que me levanto de nuevo cada vez que me caigo.

Gracias por el privilegio de poder acompañar a otros en sus propios procesos de despertar.

Gracias por el jugo de las frutas que llevo a mi boca todos los días.

Gracias por la naturaleza y los animales que me rodean.

Gracias por mi amor y mi facilidad con las palabras.

Grecias por todos mis maestros espirituales. Gracias por los libros que llegaron en el momento adecuado. Gracias por las puertas que se han ido abriendo afuera y adentro.

Gracias a ti por haber leído esto y permitirme compartir mi camino contigo.

***

Aquí te comparto algunas de las entradas en las que he escrito sobre la gratitud:

Dar gracias de antemano.

El secreto para estar agradecido siempre.

De la apreciación a la gratitud.

El camino de la gratitud.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Las dificultades son bendiciones

La vida evoluciona a través de las dificultades. La razón por la que nuestra especie evolucionó hasta el punto en el que se encuentra ahora es que nuestros antepasados se enfrentaron a condiciones muy difíciles, y esas dificultades los obligaron a desarrollar la inteligencia y la creatividad para sobrevivir. Ahora, por supuesto, nos enfrentamos al reto de evolucionar de nuevo y pasar a un nuevo nivel de consciencia si queremos sobrevivir como especie. Es un momento lleno de retos y oportunidades.

Así también sucede en la vida de las personas. Crecemos a medida que la vida nos saca de neustra zona de confort y nos obliga a desarrollar nuevas capacidades. Alguien que nunca haya afrontado un reto en su vida sería una persona muy frágil y vacía, sin ninguna experiencia que le permita vivir. Por eso, a veces quienes tienen la vida demasiado fácil de niños luego enfrentan grandes problemas de adultos, pues no adquirieron la fortaleza emocional necesaria para hacer frente a los retos que constantemente nos presenta la vida.

Tal vez quieras leer: “La crisis: una invitación a evolucionar”.

Para cada persona las dificultades se presentan de manera diferente. Se podría decir que a cada quien la vida le asigna una lista de tareas diferentes. Y esa lista de retos es en realidad una lista de regalos. Pues es a partir de esos retos que vamos a evolucionar y, en última instancia, a despertar nuestra consciencia. Y para eso es para lo que vinimos a tener esta experiencia humana: para crecer y para despertar.

Así pues, las dificultades son parte esencial de nuestro camino, pues gracias a ellas podemos despertar y desarrollar nuestro potencial.

Sean cuales sean los retos y las dificultades por las que estés atravezando, puedes tener la certeza de que son los regalos con los que la vida te está invitando a despertar y a crecer. Agradéce por ellas, abrázalas, da lo mejor. Sé que va a ser difícil superarlas. Pero precisamente por eso es por lo que vas a crecer, pues ante la dificultad la vida te obliga a hacer cosas que nunca antes habías hecho y a mirar en lugares dentro de ti en los que no habías mirado antes.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

La culpa y las relaciones personales

La culpa nos impide tener relaciones plenas y sanas. Cuando sentimos culpa, hacemos cosas que no queremos y dejamos de hacer cosas que sí queremos. Además, la culpa nos lleva a manipular y a ser manipulados en nuestras relaciones personales. Por eso, para tener relaciones sanas es vital liberarnos de la culpa.

Hace unos meses me invitaron a participar en un curso sobre cómo tener relaciones prósperas, y en particular me pidieron que hablara de la culpa. Con mucho amor grabé una clase de una hora sobre el tema, y ahora te invito a que perticipes de ese curso si resuena contigo ahora. Hay además muchos otros ponentes que hablarán sobre prosperidad, cómo liberarnos de los apegos, las almas gemelas, las relaciones kármicas y mucho más.

Puedes inscribirte haciendo click aquí:

El deseo de ser alguien

Muchas de nuestras acciones están motivadas por el deseo de “ser alguien”.

En este deseo, “ser alguien” se entiende como lograr algo que nos permita destacarnos del resto. Tener éxito. Ser especiales. Ganar. Ser mejores que los demás. Es, por supuesto, uno de los deseos primarios del ego, que busca deseperadamente una imagen con la cual identificarse y a la cual aferrarse.

Al mirar este deseo más a fondo, sin embargo, descubrimos que al ego realmente no le importa con qué nos identifiquemos, siempre y cuando nos identifiquemos con algo. Es decir, en realidad al ego no le importa si la imagen con la que se identifica es gloriosa y brillante o lóbrega y enfermiza. Lo que le importa es tener un sentido de identidad.

Así pues, muchas veces nos veremos aferrándonos a cualquier cosa con tal de tener claro quiénes somos. El ego se siente tan cómodo siendo un fracasado como siendo un rey. Lo que le importa es tener una idea de sí mismo que lo distingue de los demás y le da identidad.

En este segundo sentido, “ser alguien” ya no se refiere a una imágen de éxito, sino simplemente a cualquier imagen. Parece loco, pero es posible querer defender una imagen de sí negativa. Recuerdo, por ejemplo, como en un tiempo me identificaba a mí mismo con la imagen de un escritor fracasado, y como para mi ego era importante demostrarles a los demás que yo, en efecto, había fracasado.

Incluso, el ego puede aferrarse a una imagen espiritual en la que “no es nadie” y está vacío. Pero es solo un truco. Sigue habiendo una imagen y, por tanto, una historia que lo define y lo separa de los demás. “Yo soy el que ha alcanzado el silencio”, “Yo soy el que está vacío”, “Yo soy el que no se identifica con nada”. Estamos hablando del ego espiritual. Y esto sigue siendo muy cómodo para el ego.

Lo que el ego no soporta es el vacío verdadero, cuando ya no hay ideas de sí mismo a las qué aferrarse. Entonces, con mucha habilidad trata de convertir ese vacío en una historia, momento en el cual ya no hay vacío, pues hay un montón de imágenes de sí mismo creadas a través de una historia.

Esto no quiere decir que el vacío y el silencio reales sean imposibles. Quiere decir, no obstante, que para permanecer en ellos primero tendremos que observar el dolor del ego que busca algo a lo que aferrarse. Y observar esa ansiedad y ese miedo a desaparecer es vital. Allí se entra en una fase de aparente sinsentido, en la que por momentos todo parece carecer de propósito y se ve como muy poco atractivo. La vida, sin una historia detrás, parece insípida al comienzo.

Tal vez quieras leer “La sal, el azúcar y el vacío”.

Sin embargo, esto se debe a que no hemos probado realmente la vida, que siempre está en este momento, justo ahora, y no tiene nada que ver con el futuro o el pasado, ni con la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos. Es como un gusto adquirido. Como esos alimentos que de pequeños nos parecían desabridos pero que luego aprendimos a disfrutar y ahora son nuestros preferidos. Así también es este momento, en el que desaparece completamente nuestra historia y nuestras ideas sobre nosotros mismos.

Y entre más nos alimentamos de este momento, menos atractivo se ve el “ser alguien”, pues esa identidad es irrelevante para disfrutar la belleza del aquí y el ahora.

Tal vez quieras leer “Tu vida, la historia de tu vida y los videojuegos”.

Finalmente, podrás preguntar: ¿cuál es el problema con “ser alguien”, con tener una identidad, algo que nos distingue de los demás?

En realidad, no hay ningún problema, siempre y cuando seas consciente de que es solo una imagen, un juego, una ilusión. Pero, si en cambio crees que esa imagen de ti mismo es real, y que eso es lo que tú eres, vas a sufrir, pues te vas a apegar y vas a creer que tienes que defenderla, tanto si es una imagen “positiva” como si es “negativa”.

Mientras no te apegues a tu imagen y la puedas observar, podrás ser consciente de tu verdadera realidad, esa presencia que se encuentra solo en el silencio más profundo. Pero si crees que tu realidad es esa imagen externa, no serás capaz de reconocer tu ser verdadero, pues no soportarás el silencio, ya que en el silencio verdadero las historias se desvanecen y la irrealidad de la imagen ficticia se hace evidente. Por eso, si estás apegado a esa imagen, no entrarás al silencio, ya que allí perderás esa imagen. Y si no te atreves a perderla, te perderás, en cambio, de saborear tu verdadero ser.

Hablo de todo esto porque es aquello por lo que estoy pasando ahora. Veo mi resistencia al silencio. Veo mi apego a mi imagen y mi miedo a que se disuelva. Pero tengo momentos en los que experimento el silencio plenamente y entonces disfruta la vida y la imagen desaparece por completo.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión cada una de mis reflexiones.