El ego espiritual

El ego espiritual surge cuando nos identificamos con nuestro camino espiritual. Sucede cuando aún no hemos encontrado quiénes somos en lo más profundo. Entonces, nos aferramos a algo externo. Y es que un camino espiritual, por más que sea bello y te sirva, sigue siendo algo externo: sigue siendo una forma en la que haces las cosas, unas prácticas, unas creencias. Y la verdad es que nada de eso importa en realidad. Lo que importa es tu experiencia interna. ¿Estás en paz o sufres?

Un síntoma del ego espiritual, que creo la mayoría tenemos, es la necesidad de defender nuestras creencias o de juzgar las creencias de los demás. ¿Te ha pasado? A mí sí.

El primer paso para ir más allá de nuestro ego espiritual es reconocer que tenemos uno.

En este video, comparto lo que he ido aprendiendo al observar mi ego espiritual y doy algunos consejos que me han servido para ir disolviéndolo:

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La profunda paz de soltar la falsa identidad

¿Por qué sufrimos cuando pierde nuestro equipo de fútbol o cuando alguien pone en ridículo nuestras creencias espirituales?

Porque nos identificamos con lo externo. Nos identificamos con nuestro equipo de fútbol y nos identificamos con nuestras prácticas espirituales. Por tanto, cuando nuestro equipo pierde, sentimos que perdemos algo, y cuando alguien ataca nuestras creencias, sentimos que nos ataca a nosotros.

¿Por qué sufrimos cuando las cosas no salen cómo lo habíamos planeado o cuando los demás no se comportan con nosotros de la manera en que quisiéramos?

Porque el ego vive a partir de una historia que nos contamos sobre nosotros mismos. En consecuencia, el ego se engrandece y se siente seguro cuando los eventos encajan en el guion que ha escrito para sí mismo, y se empequeñece y sufre cuando sucede algo que no es compatible con esa historia. Si algún personaje no sigue el papel que nuestro ego le ha asignado en su película, nos resentimos con esa persona o con la vida.

Es por esto que es un gran alivio, un grandísimo alivio, cuando comenzamos a deshacer nuestro ego. Esto no quiere decir que dejamos de tener creencias o preferencias o que dejamos de hacer planes. Significa, sin embargo, que ya no nos identificamos. Tenemos creencias, pero sabemos que no somos nuestras creencias. Tenemos preferencias, pero sabemos que no somos nuestras preferencias. Seguimos un camino espiritual, pero sabemos que no somos nuestro camino. Hacemos planes y tenemos deseos, pero sabemos que nuestro ser y nuestro bienestar no dependen de que esos deseos y planes se cumplan. Entonces podemos escuchar a quienes piensan diferente sin convertirlos en nuestros enemigos y podemos respetar sin resentimientos a aquellos que no comparten o no comprenden nuestras preferencias. Entonce podemos amar porque vemos más allá de las diferencias superficiales.

¿Cómo romper la identificación? Observándola. Cuestionándola. Explorando. Cuando miramos profundo, vemos que nuestro bienestar no depende de que nuestro equipo de fútbol gane o de que nuestras creencias sean verdaderas. Eso es un hecho. Podemos estar en paz aun si nuestro equipo pierde; nada lo impide. Podemos estar en paz aun si no tenemos la verdad absoluta; nada lo impide.

Esta observación es una hermosa práctica espiritual. Presta atención cada vez que sufres o peleas o te resientes porque estás identificado con algo externo. Sólo observa. Luego ve más profundo y pregúntate si realmente eres eso, si realmente tu bienestar depende de eso.

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