Enfermedad, perfeccionismo y adicciones

Hace poco me disgosticaron una hernia discal y eso me causó una depresión. Me di cuenta de que esa depresión surgía desde mi perfeccionismo; en este caso, desde mi deseo de tener un cuerpo perfecto. Para escapar de este dolor, me vi cayendo en viejas adicciones.

En este video hablo entonces de cómo lidiar con la enfermedad, con el perfeccionismo y con las adicciones a partir de mi propia experiencia, y les cuento qué he aprendido de este proceso por el que estoy pasando.

¿Qué hacer cuando te cansas de dar?

A veces nos cansamos de dar. Esta es una indicación de que no estamos dando desde nuestro corazón, sino que lo hacemos por un sentido de obligación o porque queremos recibir algo a cambio.

Cuando no damos desde el corazón, tarde o temprano terminamos exhaustos o resentidos.

Por eso, si ves que te estás cansando de dar, mira en tu corazón y pregúntate desde qué lugar estás dando. Y, si ves que realmente no quieres hacerlo, para. O si ves que esperas recibir algo a cambio, entonces es un trueque, un contrato, y debes dejarlo claro y asegurarte que los demás sean conscientes de lo que esperas y acepten los parámetros del contrato.

Cuando des desde el corazón, no te cansarás de hacerlo, pues el dar mismo es su propia recompensa y te llena de dicha y de plenitud en el mismo momento en que lo haces. Pero es algo que no se puede forzar, así como no se puede forzar estar enamorado de alguien.

Por ahora, sé honesto. Mira si realmente quieres dar o no, y qué esperas o no a cambio. Ese es un buen comienzo para estar más tranquilo y evitar resentimientos.

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Elegir entre el Cielo y el infierno

Ante los mismos hechos, dos personas pueden tener experiencias completamente distintas. Esto es así porque las experiencias que tenemos no solo dependen de los hechos, sino también de la forma como los interpretamos.

En consecuencia, aunque dos personas se encuentren aparentemente en la misma situación externa, en el mismo lugar y tiempo, una podría estar rodeada de enmigos mientras que la otra está rodeada por hermanos que no están separados de ella; una podría estar en un mundo de escasez mientras que la otra solo ve signos de abundancia; una podría creer que está constantemente amenazada mientras que la otra sabe que está siempre segura; en pocas palabras, una podría estar en el Cielo mientras que la otra sufre en el infierno.

¿Y de dónde salen estas interpretaciones? Salen de nuestros sistemas de creencias más profundos. Tendemos a interpretar la realidad para que los hechos confirmen lo que creemos en lo más profundo.

Es por esto que Un Curso de Milagros dice: “No trates, por tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de parecer acerca de él”. (Cap. 21, Introducción, 1, 7).

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Sky, Clouds, Sunlight, Dark, Cloudscape, Atmosphere

El arte de ser un imperfeccionista

Me acabo de leer el libro How to be an imperfectionist (Cómo ser un imperfeccionista), de Stephen Guise. Me encantó. Lastimosamente aún no se consigue en español, o al menos yo no lo encontré.

Si sigues mi blog, verás que varias de mis entradas anteriores tuvieron que ver con el tema del perfeccionismo. Por eso, este libro me cayó como anillo al dedo.

Una de las ideas que más me gustó tiene que ver con la relación entre el perfeccionismo y la incapacidad para tomar decisiones. Sentí que esa parte del libro era para mí, pues tomar decisiones es algo que se me dificulta bastante, desde decidir si acepto un trabajo o inicio una relación de pareja hasta decidir si voy a cine o me quedo en casa.

Aprendí que parte de la razón por la que me cuesta tanto tomar decisiones es porque abordo las situaciones con una mentalidad perfeccionista. Quiero asegurarme de que es la mejor decisión posible, y como en la mayoría de los casos no puedo estar seguro, no tomo ninguna decisión.

Al leer este maravilloso libro, vi cómo el perfeccionismo es una herramienta que me protege del dolor y de las experiencias, y, de esa manera, me impide vivir plenamente y me impide crecer. Para evitar el dolor del fracaso, ¿qué mejor que no intentar nada? Y para no intentar nada, ¿qué mejor excusa que decirnos a nosotros mismos que no tomamos acción porque no podemos asegurar que el resultado va a ser perfecto?

Así, la próxima vez que ves que no decides por miedo a tener resultados imperfectos, pregúntate si ese perfeccionismo no es una estrategia para huir de la vida. Tal vez vale la pena aprender a ser imperfeccionistas, lo cual implica tener la valentía de equivocarnos, de fallar, de darnos cuenta de los límites de nuestras capacidades.

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¿Qué nos sirve y qué no?

A veces, al entrar en un camino espiritual, comenzamos a preguntarnos si algunas cosas son “buenas” o “malas”.

¿El dinero es bueno o malo? ¿El sexo es bueno o malo? ¿Mejorar el cuerpo es bueno o malo?

Lo primero que quisiera decir es que no hay nada “bueno” o “malo” por sí mismo. Al menos así interpreto yo la realidad. Sin embargo, en relación con un objetivo específico, hay cosas que nos sirven o no. Si quiero ir hacia el norte y comienzo a caminar hacia el sur, se podría decir que, en relación con ese objetivo, estoy caminando “mal”.

Por tanto, en vez de preguntar qué es bueno y qué es malo, prefiero preguntar qué nos sirve y qué no para alcanzar ciertos resultados específicos. Yo, por ejemplo, tengo como objetivo estar en paz, y en relación con ese objetivo puedo decir que para mí tomar café es “malo”, pues no me deja dormir y hace estragos en mi sistema nervioso, y en esas condiciones me cuesta mucho estar en paz.

Te invito entonces a que nos preguntemos: ¿qué nos sirve y qué no?

Al tratar de responder esta pregunta, veremos que muchas cosas nos sirven o no dependiendo de cómo las usemos. En mi caso, el café definitivamente no me sirve, pero conozco muchas personas que lo pueden disfrutar sanamente y para quienes es fuente de energía. Hay cosas, por otro lado, que me sirven o no dependiendo de como las use. Internet puede ser maravilloso, una forma de acceder a información valiosa, pero puede ser también una adicción y una forma de escapar. El teléfono que tengo en las manos puede ser la herramienta con la que comparto mis ideas e inspiro a otros o puede ser una gran forma de olvidarme de mí mismo. El dinero puede servirnos para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento interior o puede servirnos para alimentar nuestro ego y alejarnos de nosotros mismos. Nuestro propio camino espiritual puede ser usado para crecer o para adornar nuestro ego.

Así pues, sugiero que no preguntes qué es bueno y qué es malo, sino qué te sirve y qué no. Y, al mirar si algo sirve o no, mira cómo lo estás usando y si podrías usarlo de mejor manera.

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Haciendo las paces con la enfermedad: cómo amar un cuerpo imperfecto

A medida que tengo más años, comienzo a ver que mi cuerpo no funciona tan bien como antes. Soy joven y tengo aún todas mis facultades, pero hay cosas que podrían funcionar mejor. Hace poco me diagnosticaron una hernia discal (en la columna vertebral) y eso me produjo gran angustia y desasosiego. Por un tiempo, estuve de pelea con la vida. Me negaba a aceptar el dolor y el hecho de que mi columna no está tan sana como hace unos años. Esa frustración se esparció luego a otras áreas de mi vida y pronto me vi incapaz de disfrutar de todas las cosas maravillosas que me rodean. Estaba enfocado en lo que está “mal”.

En las últimas entradas del blog he hablado sobre la importancia de aceptar la imperfección en nosotros y en los demás. Ahora quiero hablar sobre estar en paz con la imperfección del mundo que nos rodea y de las condiciones de nuestra vida, y eso incluye nuestro cuerpo.

Siempre habrá algo en nuestro mundo que podría ser mejor. El sistema político y económico podría ser más equitativo y transparente. La situación del medio ambiente es problemática y uno de nuestros mayores retos. Nuestras relaciones nunca son perfectas. Nuestros cuerpos siempre tienen fallas, y eventualmente dejarán de funcionar.

Si las fallas y las imperfecciones de nuestro entorno y de nuestros cuerpos nos llevan a sufrir, entonces estamos condenados al sufrimiento.

La última fase de mi proceso de crecimiento ha sido aprender a estar en paz con el hecho de que mi columna vertebral tiene lesiones, me produce dolor y me impide realizar parcial o totalmente algunas actividades que me gustan. Ahora puedo ver cómo esa enfermedad ha sido una gran bendición para mí. Muchas veces he hablado de ir más allá de nuestros cuerpos y de no apegarnos a lo temporal y de aprender a estar en paz en medio de la pérdida; sin embargo, cuando me tocó el turno de poner en práctica esas ideas ante el deterioro de mi propio cuerpo, pude ver que estoy apegado y tengo miedo y en el fondo exijo que mi vida sea perfecta para poder ser feliz. Por tanto, la enfermedad fue una oportunidad para aprender a poner en práctica algunas ideas que hasta ahorá solo estaban en el plano teórico.

Poco a poco he empezado a hacer las paces con lo que sucede. Y a medida que hago las paces con la imperfección de mi cuerpo, encuentro una paz más profunda y sólida que antes, pues es una paz que necesariamente va más allá de mis circunstancias externas. Y así como el desasosiego que mencioné al comienzo se esparció a otras áreas de mi vida, esta paz en medio de la imperfección también ha empezado a esparcirse.

Veo claramente que soy imperfecto y que las condiciones que me rodean son imperfectas. Mi proceso espiritual es imperfecto. Mis relaciones son imperfectas. Mis hábitos son imperfectos. Mi cuerpo es imperfecto. Y puedo estar en paz con todas esas imperfecciones. Puedo estar en paz con la vida.

Aceptar y ser capaces de disfrutar la vida y el mundo con sus imperfecciones va de la mano con sentirnos bien con nosotros mismos a pesar de nuestras fallas y con amar plenamente a los demás a pesar de sus defectos. Pues así como es nuestra relación con lo externo, así también es nuestra relación con nosotros mismos. Cuando aprendemos a amar al mundo con sus imperfecciones, aprendemos también a amarnos y a disfrutar de nuestra vida exactamente como es ahora.

Ahora bien, aceptar la imperfección no quiere decir que no vamos a procurar mejorar nuestras condiciones de vida, nuestro hábitos y nuestro mundo en general. Por el contrario, cuando nos sentimos en paz con el momento presente, estamos más capacitados para transformar nuestra realidad de manera positiva. Así fue mi experiencia.

Cuando estaba deprimido por mi condición física, comencé a alimentarme mal, a dormir mal y a caer en viejas adicciones para escapar del dolor y la angustia que sentía. Cuando comencé a hacer las paces con la enfermedad, pude dormir mejor, empecé a hacer juiciosamente los ejercicios que me recomendó mi fisioterapeuta y comencé a alimentarme saludablemente. Pero, sobre todo, mi estado de ánimo cambió, y es de sobra conocido que el estado de ánimo ayuda en la recuperación del cuerpo. Además, pude disfrutar de nuevo de todas las bendiciones que me rodean, y pude disfrutarlas incluso más que antes, pues ahora gozo aspectos de mi vida que antes no podía disfrutar porque los consideraba imperfectos.

Lo mismo sucede con el mundo. A medida que hacemos las paces con el hecho de que hay muchas cosas que están mal, adquirimos un estado mental que nos permite transformar esa realidad de una manera mucho más positiva que si permanecemos deprimidos y llenos de miedo e ira. De alguna forma, se trata de un proceso de perdón. Se trata de “perdonar” al mundo y a los demás por no ser como creemos que deberían ser. Se trata de dejar ir los resentimientos. Y entonces, desde esa nueva energía renovada, amorosa y plena, surgen las acciones que le ayudarán al mundo y a los demás a sanar.

Algunas cosas cambiarán para bien gracias a mi nuevo estado mental; otras no. Y eso está bien. Sé que nada en este mundo pasajero es perfecto. Y los resultados de las acciones que emprendo ahora tampoco serán perdectos. Pero estoy en paz con ese hecho. Y eso me permite dar lo mejor ahora ain preocuparme tanto por el resultado. Sé que algunas cosas serán grandiosas y otras no. Así es la vida. Y la abrazo en su imperfección. Y doy lo mejor de mí, sabiendo que no es perfecto ni dará frutos perfectos.

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Compasión por la imperfección

Justo ayer escribí un artículo sobre la importancia de amarnos con nuestras imperfecciones. Hoy, para mi sorpresa, me llegó al correo otro artículo sobre el tema escrito por Jack Kornfield, un reconocido maestro budista. Me parece que su artículo se complementa muy bien con el mío, por lo que decidí traducirlo. Aquí va:

¿Qué tal si pudieras amarte completamente, incluyendo tus imperfecciones? ¿Qué tal si pudieras amar a otros de esa misma manera? Tal vez temas que por amar tu ira o pereza, tus adicciones o tu ansiedad, nunca serás capaz de cambiar para bien. Pero, si experimentas, verás que sucede lo opuesto. A medida que te amas y aceptas a ti mismo con un amor más grande y sabio, tu miedo y tu agresividad, tu carencia y tu inercia pierden su poder. El corazón sabio le brinda compasión a la imperfección misma. Con atención plena puedes convertirte en el amor que has buscado. Y con este amor también te recobras a ti mismo.

Inténtalo. Imagina que te amaras exactamente como eres ahora, con todas esas fallas humanas. Todo ser humano tiene imperfecciones; esto es parte de la encarnación humana. Tu tarea es verlas claramente y amar de todas formas. Ahora conviértete en la consciencia amorosa que puede observar y abrazar tu vida con sus éxitos e imperfecciones en un mar de amor. Quien eres no es las fallas y los traumas y los miedos. Estos son retos humanos en la superficie. Tú eres consciencia atemporal, nacida con belleza original, el hijo del espíritu teniendo una encarnación humana complicada, al igual que los otros siete mil millones de nosotros.

Con esta aceptación profunda y esta conciencia amorosa, salte de la corte del juez. Invítate a permanecer en quietud, cómodo con todo tu ser, amable y considerado. Con esta presencia que acepta verás que haces mejores elecciones, no a causa de la vergüenza o el odio hacia ti mismo, sino porque tu corazón amoroso te enseña cómo cuidar y prestar atención. El corazón amoroso transforma la danza humana en su totalidad. Después de que practiques abrazar tus imperfecciones, puedes elegir incluir a otras personas en esta práctica. Observa y acepta todas sus imperfecciones con una consciencia amorosa profunda. Tómate tu tiempo. Observa cómo esta aceptación cambia tus conflictos y sentimientos para bien. Las otras personas están aprendiendo, al igual que nosotros. Y cuando te proyectas amándolas con todas sus fallas, date cuenta de cómo tu mirada amorosa y tu cuidado pueden inspirar lo mejor en ellas. Como dijo Nelson Mandela: “Nunca hace daño ver el bien en los demás. Usualmente actúan mejor gracias a eso”.

Ámate a ti mismo. Esta es la esencia. Entonces toma tus imperfecciones humanas y crea belleza de todas formas.

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.

En paz con la imperfección

En estos días he estado aprendiendo que, para poder estar en paz, debo aprender a estar en paz con la imperfección. No hay otra manera.

En el plano espiritual, creo que todos somos perfectos. Es decir, en tanto que seres espirituales, no nos falta nada. Nuestra esencia verdadera, aquello que en realidad somos, ya está completo. Sin embargo, en tanto que seres humanos, siempre vamos a ser imperfectos. Eso significa que siempre habrá algún aspecto de nuestras vidas que puede mejorar.

Creo que está bien buscar siempre ser mejores; adquirir nuevas habilidades; aprender de los errores para lidiar cada vez de mejor manera con los retos que la vida nos presenta. Pero cuando el esfuerzo por mejorarnos se vuelve obsesivo, terminamos haciéndonos daño y obtenemos resultados que van en contra de aquello que buscábamos en un principio.

La clave está en el equilibrio. Y el equilibrio implica aceptar que el extremo donde se halla la perfección es inalcanzable, y que está bien no estar allí. Está bien no ser perfectos

Una de las consecuencias negativas que ha tenido en mi vida la búsqueda de la perfección es que muchas veces he asumido que alcanzarla es un requisito para permitirme hacer otras cosas. Por ejemplo, a veces decido que sólo me permitiré ser feliz y descansar cuando alcance un estándar muy alto en ciertos aspectos de mi vida. Y esa es una receta y una excusa para no ser feliz y para no descansar. O a veces decido que sólo comenzaré un proyecto cuando haya alcanzado un nivel muy alto de maestría en ciertas cosas; y esa es una excusa para no comenzar.

Este blog mismo es un ejemplo de eso. A veces, cuando siento que no estoy bien en algunas áreas de mi vida, decido que no voy a compartir más reflexiones hasta que no me sienta “listo” para hacerlo de nuevo. Y esto me parece muy bien cuando nace de un deseo genuino por descansar o simplemente de darme cuenta de que en realidad no tengo ganas de escribir. Pero hay veces que tengo ideas que quisiera compartir, pero no me permito hacerlo porque siento que primero debo arreglar mi vida emocional. Se trata de una forma de perfeccionismo: si no me siento de tal y cual manera en ciertas áreas de mi vida, entonces no tengo derecho a prosperar o a avanzar en otras áreas. Es como una actitud de todo o nada. O lo hago bien todo o no hago nada.

No estoy promoviendo con esto lanzarnos a hacer cosas cuando sentimos que no estamos listos. Eso me parece muy válido y necesario. Por ejemplo, me parece importante permitirnos no involucrarnos en una relación sentimental cuando tenemos profundos enredos con una relación que aún no se ha cerrado del todo. Me parece importante permitirnos no hacer nada cuando sabemos que no estamos claros. Hay momentos en los que esa decisión de no hacer viene del corazón, de la sabiduría de la vida que nos dice que es momento de parar, de esperar, de aclararnos, de sanar. Pero hay otros momentos en los que es el ego el que nos impide avanzar. Entonces es el miedo el que, camuflado de la necesidad de resolver algo, hace que nos estanquemos.

Sólo en profundo silencio podremos encontrar la respuesta y saber si es momento de avanzar o de descansar un momento. En mi caso, en este momento, me di cuenta de que tenía resistencia a escribir porque siento que hay asuntos que debo arreglar antes. Una idea de “si vas a hacerlo, hazlo bien, y para hacerlo bien primero tienes que alcanzar tal y cual estado interno”. Y veo, en el fondo de esa idea, que simplemente hay resistencia a empezar y una exigencia de perfección que no me lleva a ser feliz.

Me siento muy bien ahora que escribo, y que me premito compartir mis reflexiones y experiencias sabiendo que no soy perfecto, que tengo muchas fallas y que hay áreas de mi vida en las que no soy un modelo a seguir; sabiendo que para aportar algo valioso no tengo que tener todo resuelto.

Pero, sobre todo, me permito ahora disfrutar de lo que sí está muy bien en mi vida, que son muchísimas cosas, las cuales, sin embargo, no me permito apreciar cuando me enfoco en lo que me falta. Es como tener una habitación llena de cuadros preciosos pero no permitirnos mirarlos y disfrutarlos porque hay una mancha en un rincón; y decidir que sólo cuando el cuarto esté absolutamente impecable nos permitiremos gozar con las pinturas que ya tenemos disponibles en este momento.

Para disfrutar de la belleza que me rodea, de la belleza que es mi vida y de lo afortunado que soy, debo aprender a estar en paz con la imperfección; a estar en paz con el hecho de que siempre habrá un rincón que podría estar más reluciente y siempre habrá algo más por limpiar.

A veces, no nos permitimos disfrutar lo que tenemos ahora como una forma de castigarnos por nuestras imperfecciones. Es una mentalidad que ha sido arraigada desde el colegio y desde la forma como muchos fuimos criados. Se nos enseñó que siempre había condiciones para disfrutar de las cosas buenas de la vida. “Sólo podrás comer el postre si haces esto y aquello; y si haces esto otro no podrás disfrutar de tales y cuales cosas”. Y, de repente, sin que nadie nos prive de nada, nosotros mismos empezamos a ponernos condiciones y decidimos que no tenemos derecho a ser felices a menos que primero hagamos ciertas cosas o dejemos de hacer ciertas otras.

Esta forma de educar tiene como objetivo hacernos mejorar a través del castigo y el miedo. Pero esta es una aproximación que ya no funciona. Ya hemos madurado. No necesitamos amenazarnos ni castigarnos para hacer aquello que amamos o para dejar de hacer aquello que por experiencia sabemos que nos aleja de nuestro ser. Y mucho menos tenemos que poner a la perfección como condición para nuestro derecho a ser felices. De hecho, hacerlo sería un locura, pues equivaldría a decir que no tenemos derecho a ser felices nunca, cuando la verdad es que tenemos derecho a ser felices exactamente como somos ahora. Siempre podremos mejorar, y qué bueno que lo hagamos, pero mejorar no es una condición para que nos permitamos ser felices ahora en la medida en que podemos.

Además, cuando nos enfocamos en lo que está bien, cuando gozamos de los apectos de nuestra vida que más están brillando, naturalmente nuestra vibración se eleva, y con esa vibración elevada vamos sanando aquellas otras áreas en las que no hemos madurado tanto. Así, sanamos más rápido y crecemos más cuando nos permitimos disfrutar de nuestra vida ahora, mientras que, cuando nos negamos la plenitud y la felicidad ahora, en realidad hacemos más lento nuestro avance, pues entonces nuestra vibración baja y tenemos menos energía para crecer y avanzar.

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Cambios en este blog

Si abriste este correo, probablemente es porque de alguna forma resuenas con lo que digo. Este mensaje es para ti. Quiero agradecerte por seguir lo que escribo, por mantenerte conectada o conectado conmigo, y por estar leyendo estas líneas.

Quiero contarte algunos cambios que planeo hacer en este blog, para que sepas qué esperar en este nuevo año.

Hasta ahora, el principal propósito de este blog ha sido compartir enseñanzas espirituales. Eso no va a cambiar; seguiré compartiendo reflexiones cuando me sienta inspirado a hacerlo. Lo que cambiará es que comenzaré a poner cada vez contenidos más personales. Quiero compartir mi proceso, mis desafíos, mis sueños, inseguridades y miedos.

Hace un tiempo comencé a escribir diarios en los que plasmo todo lo que me pasa, y esa práctica ha sido de gran ayuda en mi camino espiritual.

Cuando pongo en el papel mis pensamientos, miedos y deseos, eso me permite verlos desde otra perspectiva. A veces comprendo causas profundas de cosas aparentemente superficiales que me molestan. A veces veo patrones comunes en situaciones aparentemente inconexas que se presentan en diferentes áreas de mi vida. A veces me siento inspirado y describo experiencias espirituales muy bellas que llegan a mí en el momento.

Sea como sea, esa es una de mis principales prácticas espirituales en este momento. Además, disfruto mucho escribir, especialmente escribir a mano, con una pluma que se desliza sobre una hoja de papel.

Quiero comenzar a compartir en este blog parte de las cosas que plasmo en mis diarios. No será algo extremadamente íntimo; hay detalles e ideas que dejaré sólo para mis reflexiones privadas. Sin embargo, sí compartiré a grandes rasgos cómo es el proceso por el que estoy pasando.

Creo que, de alguna manera, esto puede ser útil para los demás. Aunque, independientemente de eso, lo hago porque es lo que siento ganas de hacer desde el corazón ahora, y confío en ese sentimiento, más allá de que crea que puede o no ayudar a otras personas.

Si llegaste hasta este párrafo y de alguna manera sientes que leer estas palabras te conecta con algo que es bueno para ti ahora, bienvenida o bienvenido a esta nueva etapa del blog.

Hay muchas cosas que quiero contar sobre mi proceso y los retos que enfrento actualmente. Pero eso será para otras entradas. Por hoy es suficiente.

Con frecuencia habrá, por supuesto, reflexiones como las que he venido publicando en los últimos tres años. Eso no cambiará y puedes esperarlas semanalmente.

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Cómo dejar las adicciones

Todos hemos lidiado alguna vez con una adicción, y es probable que muchos estemos lidiando con alguna ahora.

Por eso, te invito a ver este video, en el que explico qué son las adicciones y comparto un consejo que ha funcionado para mí.

El primer paso para dejar una adicción, es reconocer que nos hace sufrir. Pues lo que caracteriza a las adicciones es que nos hacen sufrir.

El reconocimiento de ese sufrimiento nos motiva a querer sanar, pues es obvio que no queremos sufrir. Sin embargo, la adicción también se caracteriza porque se impone sobre nuestra fuerza de voluntad. Es como si algo nos obligara a hacer cosas que no queremos hacer.

Entonces, muchas veces la lucha contra las adicciones se convierte en una lucha contra nosotros mismos. Se trata de esforzarnos e imponer nuestra fuerza de voluntad sobre nuestros deseos más básicos e inmediatos.

Este esfuerzo, sin embargo, es desgastante y muchas veces nos lleva a reprimirnos, y cuando nos reprimimos, a veces acumulamos tensión que se desboca de manera negativa en otras áreas de nuestra vida. Por ejemplo, dejamos de fumar pero entonces comenzamos a comer demasiado.

Estaré haciendo varios videos en los que hablo sobre consejos sencillos para dejar las adicciones. En este primer video, planteo un enfoque que no se basa en la represión ni en aguantarnos las ganas sólo mediante la fuerza de voluntad, si bien esto a veces puede ser necesario.

Haz click aquí para ver el video sobre cómo dejar las adicciones.