Con gratitud

Hace poco leí un hermoso poema de Helen Schucman, la escriba de Un Curso de Milagros. Esta es mi traducción para ustedes:

Con gratitud

Nadie puede saber lo que su parte significará

Cuando Dios a partir de pequeñas luces complete una estrella

A partir de lo que Le damos. Cada una pasa desapercibida

Hasta que otras partes de lejos y de cerca

Son unidas por Él en una forma que

Puede usar para alumbrar la oscuridad. En su mano

Nacen las estrellas, para brillar sobre el mar

Y encantar todas las cosas sobre la tierra

Y elevarlas hacia los Cielos. Quizás tu regalo

Es colocado en la punta de una estrella, o quizás

Titila en el centro, para levantar

A un corazón de la tristeza. O quizás corona

El borde plateado de una estrella. No olvides pues

Que en aquello que nosotros vemos poco valor Dios podría ver

Una estrella recién nacida, desconocida para nosotros

Que no podemos ver la gloria de lo que será.

El ego siempre busca signos de grandeza. Por eso la belleza de lo simple muchas veces le pasa desapercibida. Y puede que los gestos más pequeños que hacemos sean nuestros más grandes aportes a la humanidad.

A veces creemos que no hemos hecho nada o nos fijamos solo en nuestras medallas o en los logros que el mundo celebra con gran bombo. Pero en realidad no tenemos ni idea de qué significan nuestros actos dentro del tapete cósmico tejido por Dios.

Quizás esos diez segundos de silencio que tomaste esta mañana sean la luz que le dará consuelo a muchas vidas. Quizás esa pequeña ofensa que dejaste pasar en el ascensor sea la semilla del final de una guerra y de una nueva era de paz y armonía en un país lejano de otro tiempo. Quizás esa leve sonrisa que ahora alumbra tu rostro sea el motivo por el que muchos ángeles se están regocijando ahora.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Shining Star

La mejor forma de ayudar al mundo

Muchas veces buscamos ayudar, buscamos compartir lo que nos ha servido para ayudar al mundo.

En este video sugiero que la mejor forma de ayudar al mundo y compartir lo que nos ha servido a nosotros es a través de nuestra vibración, a través de nuestra experiencia interna, a través de la paz y el amor que irradiamos.

Te invito a ver este video en el que profundizo sobre este tema.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

¿Y yo qué gano con eso?

Dar de manera incondicional significa que damos sin esperar nada a cambio. Si esperamos algo, entonces hay condiciones. Entonces decimos: “Te doy esto, pero si no actúas como yo espero, me resentiré o buscaré la manera de cobrarte”.

Dar de manera incondicional es una de las experiencias más hermosas que hay. Entonces damos por el puro gozo de dar. Damos porque sabemos que todo lo que damos es a nosotros mismos a quienes nos lo damosl como dice Un Curso de Milagros. Entonces dar es igual que recibir. por lo tanto, no hay necesidad de esperar algo a cambio. Nuestro propio acto de dar es en sí el regalo que recibimos.

Para el ego no es posible dar de manera incondicional, pues no haya placer en dar de manera pura. El ego siempre pregunta “¿y yo qué gano con eso?”.

A veces creemos que damos incondicionalmente, pero en secreto estamos esperando una recompensa. Ayudamos un amigo, pero en realidad queremos obtener algo de él. En otra palabras, estamos enfocados en qué podemos ganar, no en qué podemos dar.

El dar puro es muy poderoso. Cuando conocemos la belleza de dar de manera pura, nuestras relaciones se vuelven fuente de una grandísima dicha.

¿Y cómo dar de manera incondicional?

Lo primero es se honestos y reconocer aquellas interacciones en las que estamos esperando algo a cambio. Si creemos que en realidad es justo recibir algo a cambio, entonces es bueno decírselo a la otra persona de manera explícita. “Te ayudaré a hacer la tarea, pero mañana me invitas a almorzar”. En ese caso, la interacción se convierte en una venta, en un contrato. Y no hay nada malo con las ventas o los contratos, pero hay que ser claros desde el comienzo en que estamos vendiendo y esperamos algo a cambio. Si creemos que merecemos algo a cambio pero no lo decimos, luego nos resentiremos o nos sentiremos estafados si la otra persona no cumple nuestras expectativas.

Ahora, hay momentos en los que tal vez no quieras hacer una venta o un contrato. Hay momentos en los que tal vez quieras aprender a dar de manera incondicional. Tal vez no quieras venderle un beso a tu pareja a cambio de que haga algo. Tal vez no quieras venderle un “regalo” a tus hijos a cambio de que modifiquen su comportamiento. Tal vez esas cosas quieras darlas de forma incondicional.

Si es así y quieres conocer el gozo del dar incondicional, comienza por identificar aquellas interacciones en las que esperas algo aunque no te atreves a enunciarlo de manera explícita, pues en realidad quisieras (o crees que deberías) dar de manera incondicional. Mira qué es lo que esperas recibir. Piensa en cómo te sentirías si no recibes lo que quieres.

Decídete luego por una de estas tres opciones:

  1. Suelta la expectativa. Decide que no vas a exigir algo a cambio. Luego, sé coherente con eso. Si no recibe nada a cambio, asume tu decisión previa. Si te resientes luego, asúmelo como tu resposabilidad y reconoce que en realidad no pudiste soltar las expectativas, pero no pongas la carga sobre la otra persona. Ella no tenía por qué saber que tenías expectativas ocultas. El sólo hecho de tomar la decisión inicial es muy poderoso. Verás que comienzas a soltar y a sentir un gran gozo.
  2. No des si realmente no quieres. Si ves que en realidad solo estás dando para recibir, pero en realidad no tienes ganas de dar, no lo hagas.
  3. Di de manera explícita lo que quieres a cambio. Si definitivamente deseas eso que buscas obtener a cambio, dilo. Haz un trato. La otra persona podrá entonces aceptar tu propuesta o no. Sea cual sea el resultado, la interacción será clara.

La próxima vez que des un regalo, piensa antes, “¿cómo me sentiría sino me agradece?”, ¿cómo me sentiría si lo rechaza?”, “¿cómo me sentiría si no lo usa?”. Reconoce entonces si estás dando de manera incondicional o no. Si sí, disfruta. Si no, te invito a hacer el ejercicio anterior.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Consejos para aprender de todo el mundo

“Cuando eres buen observador, todo el mundo es tu maestro”.

Hace poco puse en mis redes esa frase. Alguien me preguntó entonces: ¿y cómo ser un buen observador? Aquí mi respuesta.

A veces creemos que solo podemos aprender de ciertas personas, de los que tienen títulos, de los que han logrado cosas valiosas a los ojos de la sociedad, de gente de cierta edad o incluso de cierta raza. Entonces, por esas ideas preconcebidas, no vemos a quien está adelante de nosotros con ojos frescos. Y esa frescura es la que nos puede permitir aprender. Pues la verdad es que la persona más humilde o aparentemente más ignorante desde el punto de vista de la sociedad puede decirnos justo lo que necesitamos en ese momento.

Así pues, para mí la clave para ser un buen observador es la inocencia.

La inocencia implica relacionarnos con los demás con ojos de niños. Y para ver con ojos de niños debemos dejar ir el pasado. Pues lo que nos impide aprender de alguien son las ideas preconcebidas que tenemos de esa persona. Son esas ideas las que nos hacen considerar que no tiene algo para ofrecernos. Y esas ideas vienen del pasado.

De pronto alguien de cierto país o de cierta raza nos estafó o estafó a nuestros padres en el pasado. Por tanto, cuando ahora vemos a una persona de ese país o esa raza, desconfiamos. Así, el pasado se interpone entre nosotros y esa persona como un velo denso que nos impide verla como realmente es ahora.

O fue quizás en el colegio o en la universidad donde aprendimos que ciertas personas son más valiosas y sabias que otras. Y esas ideas nos llevan a filtrar las palabras de los demás antes de recibirlas. Y, debido a ese filtro, les impedimos llegar directamente a nuestro corazón.

Si quieres aprender de todos, deja, pues, el pasado, y permítete ver a todo el mundo exactamente como es ahora. Deja que sea la inocencia del niño que hay en ti la que mire y reciba lo que los demás te dicen. Deja que sea tu corazón el que reciba las palabras.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

¿Qué hacer ante el miedo que suscitan las crisis?

Imagina a alguien que compra un flamante auto nuevo. Por supuesto, esa persona quiere que todo funcione bien. Frente al más pequeño ruido o defecto, va a un taller de expertos para que revisen el auto. Pero imagina ahora que, al ver una gran avería o un problema eléctrico muy complejo, esa persona dijera: “Bueno, esto es demasiado grave. Por tanto, es mejor que me encargue yo personalmente, así que en esta ocasión no llevaré el auto al taller, sino que trataré de arreglar el problema por mi cuenta”.

Esta forma de pensar es ilógica. Sin embargo, la aplicamos todo el tiempo sin darnos cuenta.

Cuando todo marcha bien, es fácil confiar en la vida, relajarnos y soltar el control. Cuando surge una dificultad que nos produce mucho miedo, en cambio, queremos controlarlo todo y resolver el problema por nuestra cuenta. En esos momentos de gran estrés se nos olvida muchas veces el poder de parar, ir a nuestro corazón y entregarle el problema a nuestro Ser más elevado. Ante algo que produce mucho miedo, muchas veces dejamos el problema en manos de nuestra mente limitada, que trata entonces de predecir el futuro a partir de sus experiencias pasadas para tratar de protegernos del dolor.

Así, cuando más necesitamos de la profunda sabiduría de la Vida, en vez de ir a buscarla en nuestro silencio profundo, nos vamos detrás de la mente parlanchina, creyendo que ella tiene la respuesta. “No me pidas que me calle ahora”, dice la mente. “No me ignores, estamos en una emergencia. Cuando todo vuelva a estar bajo control, puedes volver a jugar a eso de estar en silencio y escuchar al corazón, pero mientras dure la crisis, yo estoy a cargo”.

Esta forma de reaccionar es apenas natural. Llevamos muchas vidas usando la mente como principal herramienta de supervivencia. Y entre más difícil es una situación y más miedo suscita, mayor necesidad de controlar tiene la mente. Romper ese patrón no es fácil. Al principio, es muy difícil saltar al vacío al que nos invita el corazón; no tenemos aún suficiente confianza en la Vida; nuestra fe no se ha desarrollado.

Al principio, buscar el silencio profundo en esas situaciones se siente como salir a correr por un laberinto lleno de peligros con los ojos vendados. Pareciera increíble que así vamos a encontrar la salida. La verdad, sin embargo, es que la forma más fácil de encontrar la salida es conectarnos con nuestra sabiduría más profunda; allí ya están todas las respuestas.

Por tanto, esta es una invitación a que, entre mayor sean el miedo y la incertidumbre y más grande se vea la ameanza, más te apresures a cerrar los ojos y a buscar el silencio sagrado que mora en tu corazón.

No tratarías de arreglar el motor de tu auto por tu cuenta. No trates, pues, de desenmarañar tu vida sin la ayuda de Aquel que más te puede ayudar. Es justamente cuando tenemos un gran problema que más necesitamos de la ayuda de un experto.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @sachaschwegler

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

La buena noticia de saber que estás en una pesadilla

En el momento en el que nos volvemos plenamente conscientes de que estamos en una pesadilla, deja de ser pesadilla.

Esto es así porque saber que es una pesadilla equivale a saber que no es real. Entonces nos relajamos, pues reconocemos que en realidad no estamos amenazados. Al relajarnos, el miedo se va, y si no produce miedo, no es una pesadilla.

Lo más usual es que cuando nos relajamos las imágenes del sueño se transformen y reflejen nuestro nuevo estado emocional. Además, cuando sabemos que no es real, muchas veces adquirimos la capacidad de modificar el sueño a nuestro antojo.

La idea de hablar de esto aquí es, por supuesto, que la vida se parece más a un sueño de lo que a veces pensamos. Por eso hablamos de despertar espiritual.

Pero, sin ir a ideas metafísicas muy alejadas, podemos despertar de pequeñas pesadillas que nos acosan día a día.

De repente tu miedo se activa porque pierdes un calcetín y tu mente te dice que algo malo está pasando. Alguien te mira de cierta forma o dice algo y te sientes amenazado. No entiendes algo y sientes cómo si fueras a perder algo vital. Pero ¿es así? ¿Estás amenazado? ¿Realmente está pasando algo malo? ¿No será sólo una reacción automática e irracional que nos lleva a ver mosntruos donde no los hay? ¿No será simplemente que estamos en medio de una pesadilla?

En casos más extremos, también podemos darnos cuenta de que no es real, de que no somos nuestro cuerpo y de que aquello que en verdad somos no puede ser amenazado. Sin embargo, como en todo, basta con empezar por cosas pequeñas. Así se va adquiriendo la práctica de interpretar las cosas de otra manera. Y a medida que la práctica se afianza, podremos aplicar esa interpretación a cosas cada vez más grandes y aparentemente más serias y reales.

Si te das cuenta de que estás en una pesadilla, ¡qué buena noticia! Eso significa que no es real, que no estás amenazado y que puedes relajarte. Pero, además, significa que estás comenzando a despertar y que, por tanto, pronto dejará de ser una pesadilla y podrá transformase en un sueño feliz en el que gozarás mientras acabas de despertar por completo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @mdewitphotography

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Despertar del sueño

No estamos separados de nuestro Creador. Compartimos su naturaleza. Somos, por tanto, maestros creadores.

Tenemos esta experiencia limitada, este sueño de pequeñez, en el que somos cuerpos frágiles a la deriva en un mundo cambiante y amenazador. El propósito, creo yo, es experimentar la grandeza de nuestro verdadero Ser en medio del sueño, para que así el Ser se experimente plenamente a sí mismo.

Nuestro propósito es en realidad el propósito de la vida misma, el propósito de Dios, pues no estamos separados. Es sólo en el sueño del ego en el que creemos tener una voluntad separada de la de nuestra Madre Celestial.

En el sueño del ego, podemos elegir si seguimos la voluntad del Creador o nos apartamos de ella, pues percibimos al Creador como diferente y aparte de nosotros. Al despertar del sueño, reconocemos que la idea de tener una voluntad separada es sólo una parte del sueño. Tu voluntad es la voluntad de Dios. De ahí tu infinito poder creador.

Y la voluntad del Creador es despertar esa parte de sí mismo que somos nosotros, para experimentarse más plenamente a sí mismo, y continuar así con su proceso eterno de expansión.

En la mitad del sueño, sumergidos en lo profundo del mundo, parece que estas ideas no son más que eso: ideas. Ideas que pueden sonar bonito a veces, que pueden ser presentadas a través de bellas palabras, pero que no dejan de ser solo ideas. Te puedo decir, sin embargo, que tenemos el poder de acceder a la experiencia a la que apuntan esas palabras; podemos acceder a esa conexión con la Fuente en la que comenzamos a reconocer nuestra unidad con Ella a medida que la sentimos vibrar en nosotros y aprendemos a dejar que actúe a través de nosotros.

Uno de los mayores obstáculos para acceder a esa experiencia, a esa realidad, es que el mundo parece ser sólido y real, parece ser la única experiencia verdadera. Por tanto, parece justificado tener miedo, pues, ciertamente, hay evidencia en este mundo de que nuestras vidas pueden estar amenazadas si no nos mantenemos alertas ante el peligro. Y entonces entramos en un modo de supervivencia en el que es crucial controlar nuestro entorno y nuestro futuro a fin de garantizar nuestro bienestar.

Cuando estamos en modo de supervivencia, tenemos que interpretarlo y analizarlo todo, para así tratar de predecir el futuro y poder controlarlo. En ese modo, nos identificamos completamente con nuestra naturaleza animal: no somos más que un cuerpo que lucha por su supervivencia.

Parar un momento, sin importar qué tan acuciantes parezcan ser las circunstancias que presenta el mundo, es el comienzo de un viaje interno muy poderoso.

Tal como concebimos el mundo normalmente, parece que alcanzar la plenitud requiere que las circunstancias externas se acomoden a ciertas exigencias muy específicas de nuestro ego, y la única forma de asegurar que lograremos acomodar las circunstancias externas de esa manera es a través del control que ejercemos con nuestro intelecto.

Parece, pues, que vivir en modo de supervivencia, identificados con nuestra naturaleza animal y usando nuestro intelecto para controlar nuestro entorno son las únicas maneras de alcanzar la felicidad.

Cuando paramos y soltamos el mundo, cuando dirigimos nuestra atención plenamente adentro nuestro y plenamente a este momento, nos abrimos a conectarnos con nuestra verdadera naturaleza creadora. Al comienzo habrá sólo pequeños destellos de plenitud, pequeños destellos de esa paz en la que sabemos con certeza que nada externo puede amenazarnos ni puede tampoco acrecentar nuestra plenitud, pues nuestra verdadera naturaleza no es de este mundo, no es una forma cambiante que nace para luego disolverse y que entre tanto debe luchar contra su entorno por permanecer.

Al comienzo, esos destellos de plenitud se desvancecen rápidamente y el sueño del mundo vuelve a caer con fuerza sobre nosotros. Entonces pareciera que lo que fue un sueño fue ese momento en el que tuvimos una paz profunda y aparentemente injustificada. Pareciera entonces que nos estábamos engañando al creer que puede haber una plenitud y una paz que no son de este mundo y que, por tanto, no pueden ser causadas ni destruidas por este mundo.

A medida que avanzamos, esos destellos comienzan a aparecer con más frecuencia e intensidad. Luego comienzan a estabilizarse. La experiencia de plenitud incausada se vuelve más permanente. Cada vez dudamos menos de su realidad y, por tanto, comenzamos a elegirla con más frecuencia y consistencia.

Y luego, el sueño del mundo vuelve a cobrar fuerza y solidez. Y luego volvemos a elegir nuestra experiencia interna. Y así una y otra vez. Hasta que la experiencia interna crece y crece.

Así es mi camino. Así es el camino que te invito a recorrer. Así creo que son al final todos los caminos. Y, aunque pareciera que vamos por caminos separados, en realidad caminamos todos juntos. Y cada paso que das me acerca a la Fuente de mi Amor. Y a cada paso que doy despierto por ti, así como cada herida que sanas también la sanas por mí. Gracias, pues, por caminar conmigo, así ahora soñemos que caminamos aparte. Pues no puedo sanar si tú no sanas también, y no puedo tener ningún logro verdadero sin que sea también tuyo. Tu luz es la mía, y los ojos con los que la difruto son los tuyos. Recuerda que vamos juntos. Recuerda que, más allá de los sueños, realmente no podemos soltarnos las manos en este camino que recorremos mientras juntos despertamos.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de evolving.sky

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Un sueño de perdón

No hay nada que perdonar.

Sin embargo, te perdono, pues la ilusión de que estamos separados me duele.

Por eso, te perdono por lo que no me hiciste.

Te perdono por lo que soñé que me habías hecho.

Me perdono por mis fantasías, en las que te percibí como si fueras mi enemigo, como si pudieras y quisieras hacerme daño.

Me perdono por el sueño en el que caminamos separados.

Me perdono por el sueño en el que puedo vivir aunque tú mueras.

Me perdono por el sueño en el que puedo ser feliz aunque tú seas desgraciado.

Me perdono por el sueño en el que puedo ganar aunque tú pierdas.

Me perdono porel sueño en el que puedo ser bueno mientras tú eres malo.

Me perdono por el sueño en el que puedo salvarme aunque tú seas condenado.

Me perdono por haber creído que soy mejor que tú.

Me perdono por haberte temido al pensar que eras mejor que yo.

Ahora elijo ver que todo lo que hago lo haces tú también.

Ahora elijo ver que todos tus defectos son mis defectos y todos tus logros son mis logros.

Ahora elijo que todas tus caídas son mis caídas.

Ahora elijo ver en ti sólo la luz, que es mi propia luz.

Ahora elijo vernos caminando tomados siempre de la mano, siempre uno solo.

Ahora elijo caminar de tu mano, así en las apariencias ilusorias de mi sueño te presentes como un desconocido.

Ahora elijo levantar el velo de los resentimientos tras el cual se esconde nuestra unidad.

Ahora elijo dejar ir el pasado y verte sólo como siempre has sido ahora.

Ahora elijo ver mi perfección reflejada en ti.

Ahora elijo mi corazón, que es tu corazón, que es el corazón del Universo, que es el corazón de Dios, que es lo único que existe.

Si Dios sólo tiene un corazón, y es eterno, y ése es tu corazón, y ése es mi corazón, entonces no podemos sino ser uno sólo por siempre.

Elijo ahora conectarme con ese corazón y conectarme así contigo y conectarme así con Dios y conectarme así conmigo mismo.

Gracias por tu luz.

Gracias por tu bondad.

Gracias por el amor que desbordas.

Gracias por tu perdón.

Gracias por tu paciencia.

Gracias por estar ahí siempre para recordarme el camino.

Gracias a mí que soy tú que eres la luz eterna que somos al ser uno con nuestro Padre.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @evolving.sky

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Elige nacer de nuevo ahora

Uno de mis ejercicios favorito de Un Curso de Milagros consiste en parar cada hora durante 5 minutos y elegir tener una consciencia radiante y la luz y la paz, sin importar lo que haya sucedido en la hora anterior.

Normalmente, nuestro estado interior depende del pasado. Si la última hora ha estado llena de buenos momentos y de encuentros agradables, nos sentimos bien; si, por el contrario, hemos estado llenos de pensamientos de angustia y miedo, lo más probable es que nos sintamos mal. Lo que Un Curso de Milagros nos enseña es que esto no tiene por qué ser así. El pasado sólo puede afectar al presente y al futuro en la medida en que lo permitamos. En realidad, la calidad de este momento sólo depende de lo que elijamos ahora, justo ahora.

Como constantemente le damos poder al pasado, éste afecta el presente y determina el futuro. Parece lógico, pero no lo es. Desde la lógica de Un Curso de Milagros, el pasado no tiene ningún poder porque no existe, y lo que no existe no puede tener efectos.

Así pues, no importa lo que hayas experimentado ayer o la última hora o los últimos cinco minutos. Este momento depende de lo que elijas ahora. Puedes elegir recordar y traer a tu memoria lo que te duele o puedes elegir ver la luz que siempre está en ti ahora. Tu poder para decidir y para crear tu realidad es mucho más basto y profundo de lo que imaginas.

Te invito a que comiences a practicar. Detente cada tanto y elige tu estado interno sin ninguna consideración con respecto a lo que ha sucedido antes. Elige nacer de nuevo a cada instante, elige nacer completamente radiante y puro, completamente fresco. Y así, verás al mundo también nacer de nuevo contigo, y verás a tur hermanos frescos y nuevos, sin pasado. Entonces no podrás albergar resentimientos ni culpa, pues estos siempre dependen de que le des realidad al pasado.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @ dreamful_landscapes

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.