Consejos para aprender de todo el mundo

“Cuando eres buen observador, todo el mundo es tu maestro”.

Hace poco puse en mis redes esa frase. Alguien me preguntó entonces: ¿y cómo ser un buen observador? Aquí mi respuesta.

A veces creemos que solo podemos aprender de ciertas personas, de los que tienen títulos, de los que han logrado cosas valiosas a los ojos de la sociedad, de gente de cierta edad o incluso de cierta raza. Entonces, por esas ideas preconcebidas, no vemos a quien está adelante de nosotros con ojos frescos. Y esa frescura es la que nos puede permitir aprender. Pues la verdad es que la persona más humilde o aparentemente más ignorante desde el punto de vista de la sociedad puede decirnos justo lo que necesitamos en ese momento.

Así pues, para mí la clave para ser un buen observador es la inocencia.

La inocencia implica relacionarnos con los demás con ojos de niños. Y para ver con ojos de niños debemos dejar ir el pasado. Pues lo que nos impide aprender de alguien son las ideas preconcebidas que tenemos de esa persona. Son esas ideas las que nos hacen considerar que no tiene algo para ofrecernos. Y esas ideas vienen del pasado.

De pronto alguien de cierto país o de cierta raza nos estafó o estafó a nuestros padres en el pasado. Por tanto, cuando ahora vemos a una persona de ese país o esa raza, desconfiamos. Así, el pasado se interpone entre nosotros y esa persona como un velo denso que nos impide verla como realmente es ahora.

O fue quizás en el colegio o en la universidad donde aprendimos que ciertas personas son más valiosas y sabias que otras. Y esas ideas nos llevan a filtrar las palabras de los demás antes de recibirlas. Y, debido a ese filtro, les impedimos llegar directamente a nuestro corazón.

Si quieres aprender de todos, deja, pues, el pasado, y permítete ver a todo el mundo exactamente como es ahora. Deja que sea la inocencia del niño que hay en ti la que mire y reciba lo que los demás te dicen. Deja que sea tu corazón el que reciba las palabras.

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¿Qué hacer ante el miedo que suscitan las crisis?

Imagina a alguien que compra un flamante auto nuevo. Por supuesto, esa persona quiere que todo funcione bien. Frente al más pequeño ruido o defecto, va a un taller de expertos para que revisen el auto. Pero imagina ahora que, al ver una gran avería o un problema eléctrico muy complejo, esa persona dijera: “Bueno, esto es demasiado grave. Por tanto, es mejor que me encargue yo personalmente, así que en esta ocasión no llevaré el auto al taller, sino que trataré de arreglar el problema por mi cuenta”.

Esta forma de pensar es ilógica. Sin embargo, la aplicamos todo el tiempo sin darnos cuenta.

Cuando todo marcha bien, es fácil confiar en la vida, relajarnos y soltar el control. Cuando surge una dificultad que nos produce mucho miedo, en cambio, queremos controlarlo todo y resolver el problema por nuestra cuenta. En esos momentos de gran estrés se nos olvida muchas veces el poder de parar, ir a nuestro corazón y entregarle el problema a nuestro Ser más elevado. Ante algo que produce mucho miedo, muchas veces dejamos el problema en manos de nuestra mente limitada, que trata entonces de predecir el futuro a partir de sus experiencias pasadas para tratar de protegernos del dolor.

Así, cuando más necesitamos de la profunda sabiduría de la Vida, en vez de ir a buscarla en nuestro silencio profundo, nos vamos detrás de la mente parlanchina, creyendo que ella tiene la respuesta. “No me pidas que me calle ahora”, dice la mente. “No me ignores, estamos en una emergencia. Cuando todo vuelva a estar bajo control, puedes volver a jugar a eso de estar en silencio y escuchar al corazón, pero mientras dure la crisis, yo estoy a cargo”.

Esta forma de reaccionar es apenas natural. Llevamos muchas vidas usando la mente como principal herramienta de supervivencia. Y entre más difícil es una situación y más miedo suscita, mayor necesidad de controlar tiene la mente. Romper ese patrón no es fácil. Al principio, es muy difícil saltar al vacío al que nos invita el corazón; no tenemos aún suficiente confianza en la Vida; nuestra fe no se ha desarrollado.

Al principio, buscar el silencio profundo en esas situaciones se siente como salir a correr por un laberinto lleno de peligros con los ojos vendados. Pareciera increíble que así vamos a encontrar la salida. La verdad, sin embargo, es que la forma más fácil de encontrar la salida es conectarnos con nuestra sabiduría más profunda; allí ya están todas las respuestas.

Por tanto, esta es una invitación a que, entre mayor sean el miedo y la incertidumbre y más grande se vea la ameanza, más te apresures a cerrar los ojos y a buscar el silencio sagrado que mora en tu corazón.

No tratarías de arreglar el motor de tu auto por tu cuenta. No trates, pues, de desenmarañar tu vida sin la ayuda de Aquel que más te puede ayudar. Es justamente cuando tenemos un gran problema que más necesitamos de la ayuda de un experto.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @sachaschwegler

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La buena noticia de saber que estás en una pesadilla

En el momento en el que nos volvemos plenamente conscientes de que estamos en una pesadilla, deja de ser pesadilla.

Esto es así porque saber que es una pesadilla equivale a saber que no es real. Entonces nos relajamos, pues reconocemos que en realidad no estamos amenazados. Al relajarnos, el miedo se va, y si no produce miedo, no es una pesadilla.

Lo más usual es que cuando nos relajamos las imágenes del sueño se transformen y reflejen nuestro nuevo estado emocional. Además, cuando sabemos que no es real, muchas veces adquirimos la capacidad de modificar el sueño a nuestro antojo.

La idea de hablar de esto aquí es, por supuesto, que la vida se parece más a un sueño de lo que a veces pensamos. Por eso hablamos de despertar espiritual.

Pero, sin ir a ideas metafísicas muy alejadas, podemos despertar de pequeñas pesadillas que nos acosan día a día.

De repente tu miedo se activa porque pierdes un calcetín y tu mente te dice que algo malo está pasando. Alguien te mira de cierta forma o dice algo y te sientes amenazado. No entiendes algo y sientes cómo si fueras a perder algo vital. Pero ¿es así? ¿Estás amenazado? ¿Realmente está pasando algo malo? ¿No será sólo una reacción automática e irracional que nos lleva a ver mosntruos donde no los hay? ¿No será simplemente que estamos en medio de una pesadilla?

En casos más extremos, también podemos darnos cuenta de que no es real, de que no somos nuestro cuerpo y de que aquello que en verdad somos no puede ser amenazado. Sin embargo, como en todo, basta con empezar por cosas pequeñas. Así se va adquiriendo la práctica de interpretar las cosas de otra manera. Y a medida que la práctica se afianza, podremos aplicar esa interpretación a cosas cada vez más grandes y aparentemente más serias y reales.

Si te das cuenta de que estás en una pesadilla, ¡qué buena noticia! Eso significa que no es real, que no estás amenazado y que puedes relajarte. Pero, además, significa que estás comenzando a despertar y que, por tanto, pronto dejará de ser una pesadilla y podrá transformase en un sueño feliz en el que gozarás mientras acabas de despertar por completo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @mdewitphotography

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Cruzar las líneas de lo conocido

Muchas veces me ha pasado que alcanzo un gran estado de paz y entonces decido que ya es suficiente y que es hora de tener un poco de conflicto, miedo y ansiedades.

La razón, creo, es que me da miedo mirar qué hay más allá, mirar qué sucede si sigo profundizando esa experiencia más allá de los límites que conozco. Y el miedo a lo desconocido es uno de los más fuertes. Esto es así porque frente a lo desconocido el ego no puede controlar, ya que controla con base en lo que ya sabe y ya ha experimentado. Ante la perspectiva de algo absolutamente nuevo, el ego se aterra porque no tiene puntos de referencia para predecir y planear.

El sufrimiento y la ansiedad son dolorosos, pero el ego se siente cómodo allí porque los conoce a la perfección. Está cómodo porque tiene el control, así sólo lo ejerza sobre un mundo de miseria.

Soltar el sufrimiento completamente aterra al ego, pues no sabe quién será o qué será de él una vez el sufrimiento se vaya. Por eso nos paramos una y otra vez y nos devolvemos cuando llegamos a esa raya que indica el fin del territorio conocido.

Es, sin embargo, una elección. La elección entre el control por un lado y la plenitud de saltar en medio de lo desconocido por el otro.

Tal vez ya es hora de seguir avanzando, hora de cruzar los límites imaginarios que he trazado a mi alrededor y seguir creciendo.

Avanzar hacia lo nuevo siempre ha sido incómodo al comienzo pero gratificante después, incluso cuando he avanzado hacia lugares en los que no me gustó estar. Ha sido gratificante porque he crecido de todas formas, he aprendido, he evolucionado.

Elijo, pues, mantener mi atención en la paz y seguir nutriéndola hasta que crezca tanto que me lleve a nuevas experiencias. Elijo que soy digno de elegir ahora algo diferente y no detenerme cuando esa luz aún desconocida comienza a alborear en el horizonte. Elijo seguir profundizando en mi experiencia y abrazar los nuevos caminos a los que me va llevando.

Y tú, ¿cuáles son tus límites? ¿En dónde te detienes? ¿Por qué lo haces? ¿Realmente deseas permanecer así, o se trata sólo de miedo a lo desconocido?

Imagen tomada de la cuenta de @kylekerr

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Despertar del sueño

No estamos separados de nuestro Creador. Compartimos su naturaleza. Somos, por tanto, maestros creadores.

Tenemos esta experiencia limitada, este sueño de pequeñez, en el que somos cuerpos frágiles a la deriva en un mundo cambiante y amenazador. El propósito, creo yo, es experimentar la grandeza de nuestro verdadero Ser en medio del sueño, para que así el Ser se experimente plenamente a sí mismo.

Nuestro propósito es en realidad el propósito de la vida misma, el propósito de Dios, pues no estamos separados. Es sólo en el sueño del ego en el que creemos tener una voluntad separada de la de nuestra Madre Celestial.

En el sueño del ego, podemos elegir si seguimos la voluntad del Creador o nos apartamos de ella, pues percibimos al Creador como diferente y aparte de nosotros. Al despertar del sueño, reconocemos que la idea de tener una voluntad separada es sólo una parte del sueño. Tu voluntad es la voluntad de Dios. De ahí tu infinito poder creador.

Y la voluntad del Creador es despertar esa parte de sí mismo que somos nosotros, para experimentarse más plenamente a sí mismo, y continuar así con su proceso eterno de expansión.

En la mitad del sueño, sumergidos en lo profundo del mundo, parece que estas ideas no son más que eso: ideas. Ideas que pueden sonar bonito a veces, que pueden ser presentadas a través de bellas palabras, pero que no dejan de ser solo ideas. Te puedo decir, sin embargo, que tenemos el poder de acceder a la experiencia a la que apuntan esas palabras; podemos acceder a esa conexión con la Fuente en la que comenzamos a reconocer nuestra unidad con Ella a medida que la sentimos vibrar en nosotros y aprendemos a dejar que actúe a través de nosotros.

Uno de los mayores obstáculos para acceder a esa experiencia, a esa realidad, es que el mundo parece ser sólido y real, parece ser la única experiencia verdadera. Por tanto, parece justificado tener miedo, pues, ciertamente, hay evidencia en este mundo de que nuestras vidas pueden estar amenazadas si no nos mantenemos alertas ante el peligro. Y entonces entramos en un modo de supervivencia en el que es crucial controlar nuestro entorno y nuestro futuro a fin de garantizar nuestro bienestar.

Cuando estamos en modo de supervivencia, tenemos que interpretarlo y analizarlo todo, para así tratar de predecir el futuro y poder controlarlo. En ese modo, nos identificamos completamente con nuestra naturaleza animal: no somos más que un cuerpo que lucha por su supervivencia.

Parar un momento, sin importar qué tan acuciantes parezcan ser las circunstancias que presenta el mundo, es el comienzo de un viaje interno muy poderoso.

Tal como concebimos el mundo normalmente, parece que alcanzar la plenitud requiere que las circunstancias externas se acomoden a ciertas exigencias muy específicas de nuestro ego, y la única forma de asegurar que lograremos acomodar las circunstancias externas de esa manera es a través del control que ejercemos con nuestro intelecto.

Parece, pues, que vivir en modo de supervivencia, identificados con nuestra naturaleza animal y usando nuestro intelecto para controlar nuestro entorno son las únicas maneras de alcanzar la felicidad.

Cuando paramos y soltamos el mundo, cuando dirigimos nuestra atención plenamente adentro nuestro y plenamente a este momento, nos abrimos a conectarnos con nuestra verdadera naturaleza creadora. Al comienzo habrá sólo pequeños destellos de plenitud, pequeños destellos de esa paz en la que sabemos con certeza que nada externo puede amenazarnos ni puede tampoco acrecentar nuestra plenitud, pues nuestra verdadera naturaleza no es de este mundo, no es una forma cambiante que nace para luego disolverse y que entre tanto debe luchar contra su entorno por permanecer.

Al comienzo, esos destellos de plenitud se desvancecen rápidamente y el sueño del mundo vuelve a caer con fuerza sobre nosotros. Entonces pareciera que lo que fue un sueño fue ese momento en el que tuvimos una paz profunda y aparentemente injustificada. Pareciera entonces que nos estábamos engañando al creer que puede haber una plenitud y una paz que no son de este mundo y que, por tanto, no pueden ser causadas ni destruidas por este mundo.

A medida que avanzamos, esos destellos comienzan a aparecer con más frecuencia e intensidad. Luego comienzan a estabilizarse. La experiencia de plenitud incausada se vuelve más permanente. Cada vez dudamos menos de su realidad y, por tanto, comenzamos a elegirla con más frecuencia y consistencia.

Y luego, el sueño del mundo vuelve a cobrar fuerza y solidez. Y luego volvemos a elegir nuestra experiencia interna. Y así una y otra vez. Hasta que la experiencia interna crece y crece.

Así es mi camino. Así es el camino que te invito a recorrer. Así creo que son al final todos los caminos. Y, aunque pareciera que vamos por caminos separados, en realidad caminamos todos juntos. Y cada paso que das me acerca a la Fuente de mi Amor. Y a cada paso que doy despierto por ti, así como cada herida que sanas también la sanas por mí. Gracias, pues, por caminar conmigo, así ahora soñemos que caminamos aparte. Pues no puedo sanar si tú no sanas también, y no puedo tener ningún logro verdadero sin que sea también tuyo. Tu luz es la mía, y los ojos con los que la difruto son los tuyos. Recuerda que vamos juntos. Recuerda que, más allá de los sueños, realmente no podemos soltarnos las manos en este camino que recorremos mientras juntos despertamos.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de evolving.sky

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Un sueño de perdón

No hay nada que perdonar.

Sin embargo, te perdono, pues la ilusión de que estamos separados me duele.

Por eso, te perdono por lo que no me hiciste.

Te perdono por lo que soñé que me habías hecho.

Me perdono por mis fantasías, en las que te percibí como si fueras mi enemigo, como si pudieras y quisieras hacerme daño.

Me perdono por el sueño en el que caminamos separados.

Me perdono por el sueño en el que puedo vivir aunque tú mueras.

Me perdono por el sueño en el que puedo ser feliz aunque tú seas desgraciado.

Me perdono por el sueño en el que puedo ganar aunque tú pierdas.

Me perdono porel sueño en el que puedo ser bueno mientras tú eres malo.

Me perdono por el sueño en el que puedo salvarme aunque tú seas condenado.

Me perdono por haber creído que soy mejor que tú.

Me perdono por haberte temido al pensar que eras mejor que yo.

Ahora elijo ver que todo lo que hago lo haces tú también.

Ahora elijo ver que todos tus defectos son mis defectos y todos tus logros son mis logros.

Ahora elijo que todas tus caídas son mis caídas.

Ahora elijo ver en ti sólo la luz, que es mi propia luz.

Ahora elijo vernos caminando tomados siempre de la mano, siempre uno solo.

Ahora elijo caminar de tu mano, así en las apariencias ilusorias de mi sueño te presentes como un desconocido.

Ahora elijo levantar el velo de los resentimientos tras el cual se esconde nuestra unidad.

Ahora elijo dejar ir el pasado y verte sólo como siempre has sido ahora.

Ahora elijo ver mi perfección reflejada en ti.

Ahora elijo mi corazón, que es tu corazón, que es el corazón del Universo, que es el corazón de Dios, que es lo único que existe.

Si Dios sólo tiene un corazón, y es eterno, y ése es tu corazón, y ése es mi corazón, entonces no podemos sino ser uno sólo por siempre.

Elijo ahora conectarme con ese corazón y conectarme así contigo y conectarme así con Dios y conectarme así conmigo mismo.

Gracias por tu luz.

Gracias por tu bondad.

Gracias por el amor que desbordas.

Gracias por tu perdón.

Gracias por tu paciencia.

Gracias por estar ahí siempre para recordarme el camino.

Gracias a mí que soy tú que eres la luz eterna que somos al ser uno con nuestro Padre.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @evolving.sky

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Elige nacer de nuevo ahora

Uno de mis ejercicios favorito de Un Curso de Milagros consiste en parar cada hora durante 5 minutos y elegir tener una consciencia radiante y la luz y la paz, sin importar lo que haya sucedido en la hora anterior.

Normalmente, nuestro estado interior depende del pasado. Si la última hora ha estado llena de buenos momentos y de encuentros agradables, nos sentimos bien; si, por el contrario, hemos estado llenos de pensamientos de angustia y miedo, lo más probable es que nos sintamos mal. Lo que Un Curso de Milagros nos enseña es que esto no tiene por qué ser así. El pasado sólo puede afectar al presente y al futuro en la medida en que lo permitamos. En realidad, la calidad de este momento sólo depende de lo que elijamos ahora, justo ahora.

Como constantemente le damos poder al pasado, éste afecta el presente y determina el futuro. Parece lógico, pero no lo es. Desde la lógica de Un Curso de Milagros, el pasado no tiene ningún poder porque no existe, y lo que no existe no puede tener efectos.

Así pues, no importa lo que hayas experimentado ayer o la última hora o los últimos cinco minutos. Este momento depende de lo que elijas ahora. Puedes elegir recordar y traer a tu memoria lo que te duele o puedes elegir ver la luz que siempre está en ti ahora. Tu poder para decidir y para crear tu realidad es mucho más basto y profundo de lo que imaginas.

Te invito a que comiences a practicar. Detente cada tanto y elige tu estado interno sin ninguna consideración con respecto a lo que ha sucedido antes. Elige nacer de nuevo a cada instante, elige nacer completamente radiante y puro, completamente fresco. Y así, verás al mundo también nacer de nuevo contigo, y verás a tur hermanos frescos y nuevos, sin pasado. Entonces no podrás albergar resentimientos ni culpa, pues estos siempre dependen de que le des realidad al pasado.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de @ dreamful_landscapes

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Cómo vivir en el mundo real

Dos personas viviendo en la misma ciudad, en el mismo barrio y en las mismas circunstancias pueden estar una en el Cielo y la otra en el infierno.

En la medida en que interpretamos la realidad de acuerdo con nuestro estado interior, ésta se convierte en un espejo que refleja nuestro estado de consciencia.

La mayoría de nosotros vivimos aún en el infierno, en cierta medida, una buena parte del tiempo. Vivimos en un mundo que percibimos como malvado, amenazante y cruel.

En palabras de Un Curso de Milagros, el Cielo en la tierra, que es lo que allí se llama “el mundo real”, es el mundo visto a través de los ojos del Espíritu Santo. Esos ojos sólo ven lo real y, por tanto, sólo ven el amor.

Desde la perspectiva del Espíritu Santo, sólo hay dos formas de interpretar lo que un hermano hace: como una muestra de amor o como una petición de amor.

Así pues, el asesino en serie, el abusador de niños, el hombre que te acaba de robar en la calle y el político corrupto sólo están pidiendo desesperadamente amor. Es una forma profundamente inconsciente de decir: “por favor, ayúdame, estoy perdido de mí mismo, he olvidado lo que es el amor y en consecuencia me he propuesto buscarlo de las maneras más absurdas”.

Donde el ego ve un enemigo que merece ser destruido, el Espíritu Santo, la Voz que habla desde lo más profundo de tu corazón, sólo ve un hermano que está dormido y necesita de tu amor para despertar.

Ver a través de esos ojos es lo mismo que perdonar de verdad.

Esto puede ser muy difícil, sobre todo cuando presenciamos acciones que juzgamos y resentimos profundamente. De hecho, en esas condiciones es imposible. Nuestros juicios nos impiden escuchar esa Voz y ver a través de esos Ojos, la Voz y los Ojos de nuestro corazón.

En consecuencia, cambiar nuestra percepción implica aprender a soltar los juicios y dejar ir los resentimientos. Esa es la práctica espiritual más importante en el despertar.

Ayuda mucho, para esto, saber que no somos diferentes de aquello que vemos, no estamos separados. Muy probablemente en otra vida hayamos pasado por etapas evolutivas muy similares a aquellas que ahora condenamos como aberraciones. Muy probablemente eso que juzgamos esté presente aún en lo profundo de nuestros deseos o pensamientos, así nuestra consciencia se haya elevado lo suficiente como para evitar que esas semillas de inconsciencia se manifiesten en la realidad. Sea como sea, no somos mejores que eso que vemos. Somos eso que vemos.

Se trata, pues, de un viaje de perdonarnos a nosotros mismos, lo que equivale a perdonar al mundo, una vez reconocemos que somos Uno.

A través de este perdón podremos ver lo que Un Curso de Milagros llama “el mundo real”, que no es más que el mundo visto a través de los ojos del Amor.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Andhika.

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Autosabotaje

Llevas cinco años preparándote para ese gran trabajo. El día se acerca. Has pasado por muchos retos, has crecido, te has superado. Estás listo. Te da un poco de miedo, pero estás listo.

Como estás un poco ansioso, el día anterior a la entrevista te vas a tomar unas copas. De repente no quieres parar y te embriagas hasta el fondo. Al otro día no te levantas. Pierdes la oportunidad. Tienes ahora algo más para añadir a la lista de cosas odias y resientes de ti.

De alguna u otra forma, creo que todos hemos tenido momentos de autosabotaje. ¿De dónde viene esta tendencia a hacernos zancadilla pocos metros antes de la meta?

Merecer

Una parte tiene que ver con la creencia de que no merecemos. En el fondo, muchos de nosotros creemos que no merecemos el amor, la abundancia, la felicidad y la plenitud que la vida puede darnos. Esta creencia, a su vez, se fundamenta en la idea de que hay algo malo con nosotros, una mancha oculta y profunda que nos hace indignos de todas las cosas buenas.

En consecuencia, una de las claves para dejar de sabotearnos es reconocer que no hay nada malo con nosotros y que por tanto merecemos ser felices.

La comodidad de estar en ruinas

Otro elemento que influye al momento de sabotearnos, al menos en mi experiencia, es la tendencia a mantenernos a toda costa en la zona de confort.

En la novela Héroes, el escritor Ray Lóriga describe de manera hermosa ese estado:

“Estar bien es una especie de carga, estar bien significa estar dispuesto y ese estado te lleva inevitablemente a algún tipo de enfrentamiento. Es como extender dos brazos fuertes y sanos cuando a tu alrededor se están construyendo pirámides; es raro que no te caiga alguna piedra. Estar mal, en cambio, es estar tranquilo, tan tranquilo como una fortaleza quemada en la mitad de una guerra. Alejado de todos los retos, de todas las obligaciones”.

Leí esa novela cuando era un postadolescente y me cautivó porque me sentí plenamente identificado con el protagonista: un joven que no se atreve a salir de su habitación porque está muerto de miedo y porque allí está muy cómodo, “alejado de todos los retos, de todas las obligaciones”.

En ese entonces mi mayor miedo eran las mujeres. Y la forma como evadía ese reto era estando mal continuamente, pues el malestar me mantenía alejado de cualquier “tipo de enfrentamiento”. Cuando comenzaba a tener demasiados días buenos seguidos y empezaba a brillar con demasiada fuerza, rápidamente recurría a algún hábito autodestructivo para hundirme de nuevo en la oscuridad, no fuera a ser que alguna mujer se acercara a mí a causa de mi luz y me obligara a atravezar mis miedos; no fuera a ser que me cayera alguna piedra encima.

Ahora mis miedos han cambiado, pero cada tanto me veo recurriendo de nuevo al autosabotaje para evitar los retos que inevitablemente llegarán si crezco, maduro y le permito a la vida traerme aquello que se encuentra en el siguiente nivel de mi viaje.

La ilusión del descanso en la muerte

A veces la vida misma se ve como el reto, como la carga pesada, como un camino lleno de espinas. Entonces pareciera que la manera más cómoda de proceder es dejando a un lado la vida. Y eso es lo que hace el jóven de la novela: se aisla por completo, cierra las puertas y las ventanas. Se deja llevar por la ilusión de que la muerte es sinónimo de paz.

Al respecto, me parece muy iluminador este pasaje de Un Curso de Milagros, uno de mis favoritos:

“Existe el riesgo de pensar que la muerte te puede brindar paz […]. Sin embargo, una cosa nunca puede ser igual a su opuesto. Y la muerte es lo opuesto de la paz, pues es lo opuesto de la vida. Y la vida es paz.” (Cap. 27, VII, 10).

Es hermoso. La verdadera paz es plenitud, la plenitud vibrante de la vida. Y esa plenitud se encuentra saliendo del cuarto, mirando a los miedos de frente, siendo honestos con nosotros mismos, abriendo los brazos y recibiendo con amor las piedras que puedan caer. La plenitud es crecer, evolucionar. Y por supuesto que a los ojos del ego esto es incómodo. Implica correr riesgos, asumir responsabilidades, abrirnos a la posibilidad de ser rechazados, de quedar mal frente a los demás, de cometer grandes errores.

Cuando te des cuenta de que te estás saboteando para mantenerte en la comodidad de una fortaleza quemada en la mitad de una guerra, sé consciente de que allí realmente no mora la paz que buscas. Esa paz se encuentra al otro lado de las puertas y los muros con los que has decidido protegerte de la vida. Si quieres paz, no te protejas de los riesgos de la vida. Abre los brazos y permite que venga completa, con sus desafíos y transformaciones. Allí encontrarás la verdadera paz, la paz viva, la paz que es tu verdadera naturaleza.

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Tal vez sí somos eso

Hace un tiempo publiqué una frase que decía que aquello que no nos gusta de los demás está en nosotros. Alguien me contestó molesto que no estaba de acuerdo con la frase, pues lo habían robado y él no era un ladrón.

Puedo estar equivocado. Tal vez esa persona tiene razón. Pero quiero compartir lo que creo al respecto.

Creo que todo, absolutamente todo, está dentro nuestro. Hitler está dentro nuestro, el abusador de niños está dentro nuestro, el político corrupto está dentro nuestro, el ladrón callejero está dentro nuestro, la persona que más repudiamos en el mundo está dentro nuestro. No estamos separados.

Comprendo, claro, que esta idea puede parecer absurda. Al fin y al cabo, la idea de que estamos separados permea el mundo y configura nuestra manera de ver. Es lo que hemos aprendido.

La proyección

Este es uno de los trucos fundamentales del ego y es la razón por la que creemos que nosotros no somos eso que juzgamos.

Proyectar es poner afuera aquello que juzgamos, verlo en los demás para así creer que no está en nosotros y que, por tanto, no es nuestra responsabilidad.

La proyección es la estrategia con la que se mantiene la ilusión de que estamos separados.

Cuando proyectamos, el ataque queda justificado y parece una buena estrategia. Pues, si el problema es el otro y no yo, ¿no sería acaso la solución destruir o cambiar al otro, mientras yo permanezco como soy? Y ¿no es este el comienzo de las guerras?

A partir de esta creencia se justifica la idea de que destruir aquello que consideramos malo fuera de nosotros es una forma sabia de resolver los conflictos. Esta es una idea que se expresa repetidamente en las películas y las historias que hemos leído y oído desde que somos pequeños. El héroe mata al villano y entonces surgen la paz y la esperanza.

Cuando reconocemos que lo que vemos afuera realmente está dentro de nosotros y simplemente lo estamos proyectando, destruir al otro deja de parecer una estrategia sabia, pues equivale a tirarle una piedra al espejo porque no nos gusta el reflejo que vemos en él.

“Pero yo no soy eso”

Eso dice el ego. Con honestidad cree que no es eso que ve afuera de sí mismo. Está completamente convencido. Y tiene que estar convencido de que no es eso, pues reconocer la unidad con lo que lo rodea socavaría su identidad separada, que es finalmente lo que el ego cree ser: un ente separado y diferente de todo lo que lo rodea.

Y es difícil ver en nosotros la violencia, ver en nosotros el deseo de destruir y abusar, el odio, la codicia, la pereza. En fin, es difícil reconocer que aquello que juzgamos está en nosotros. Y, mientras lo juzguemos, será difícil verlo en nosotros, pues al juzgarlo el impulso natural es rechazarlo.

Cuando dejamos de lado los juicios, nos permitimos ver que somos eso. Y esto no implica condonar ni caer en esos comportamientos. Todo lo contrario. Cuando el juicio se va, surgen la aceptación y el amor. Y el amor sana, abraza, cuida. Cuando reconocemos que estamos enfermos, comenzamos a cuidarnos y comenzamos a sanar.

El perdón

El perdón implica dejar de condenar, dejar de juzgar. El perdón es el deshacimiento de la separación y el recuerdo de que estamos unidos. Perdonar es restablecer la unidad.

Cuando vemos que somos eso que está afuera, dejamos de juzgarlo. La unidad va de la mano del amor.

Si dejamos de verlo afuera pero seguimos juzgándolo en nosotros, la separación permanece. Entonces una parte nuestra se ve separada de otra parte de nosotros y el truco se repite, sólo que ya no proyectamos afuera sino adentro de nosotros. En los casos extremos, esto se convierte en la esquizofrenia y en una locura en la que tratamos de destruirnos a nosotros mismos en un intento demente de erradicar el mal del mundo, que percibimos ahora adentro nuestro.

Esto pasa a veces con algunos caminos de crecimiento personal. Al seguirlos, aminoran aparentemente los juicios contra el mundo, pero comenzamos a latigarnos a nosotros mismos y nos cargamos de culpa.

El perdón verdadero, la unidad verdadera, implica que ya no hay una parte que juzgue a otra, pues ya no hay dos.

Cuando perdono, quiero solo darte amor, pues en mi cordura quiero sanar. Si veo en ti algo que no me gusta, te agradezco por mostrarme la herida que aún debemos sanar ambos. Ya no lo juzgo en ti ni lo juzgo en mí. Ahora nos amo a ambos.

Solo podemos entrar juntos

En Un Curso de Milagros dice algo muy hermoso. Allí Jesús señala que solo podemos despertar al tiempo. Algunos parecemos estar más avanzados que otros, Él parece estar más avanzado que nosotros en su camino de regreso al Padre, pero esas diferencias son solo una ilusión, pues somos uno. Dice entonces que nadie podrá entrar al Cielo (es decir, despertar a su verdadera naturaleza) completamente mientras otro de sus hermanos esté dormido. Dice por tanto que Él espera pacientemente por nosotros a las puertas del Cielo, pues él no puede cruzar sin nosotros. O cruzamos todos o no cruza nadie, lo que es obvio si se acepta que somos Uno. De ahí provienen su infinito amor, su infinita compasión, su infinita confianza en nosotros y su infinita paciencia.

Cada maestro que ha comenzado a despertar no puede sino seguir despertando a sus hermanos, lo que no es más que el siguiente paso en su propio despertar.

Así mismo, cada vez que alguien despierta un poco, todos despertamos un poco. Cada vez que alguien sana, sanamos todos. Cada vez que alguien perdona y se perdona, todos perdonamos y nos perdomanos un poco.

Asumir responsabilidad

Uno de los mantras más poderosos que tiene la maestra Isha Judd es

Om responsabilidad, yo soy eso.

Esta es una forma de señalar que asumir responsabilidad implica reconocer que no hay nada que no esté en nosotros.

Esta es solo una invitación a ver cada cosa que juzgamos en los demás como una oportunidad de sanar nuestra separación.

Y esa separación y esos juicios toman muchas formas. Cada vez que nos creemos mejores que alguien, tenemos una oportunidad para sanar nuestra separación. Cada vez que despreciamos a alguien, que sentimos envidia por alguien, que peleamos en nuestra cabeza con alguien, que tenemos la necesidad de demostrarle a alguien que está equivocado, cada vez que pasa alguna de estas cosas, es una oportunidad más para asumir responsabilidad y abrazar aquello que no nos gusta y que hemos proyectado afuera.

No se trata, claro, de que me creas porque sí lo que estoy diciendo. Solo te pido que te abras a la posibilidad, así sea un poco. La próxima vez que condenes a un hermano, verás que crees que eres diferente y mejor que él o que crees que él es tan malo como tú y que por tanto él o ambos merecen ser castigados.

En ese momento, la invitación es a considerar la siguiente posibilidad. ¿Qué tal si eso es solo una forma amorosa en la que la vida me está mostrando a través de mi hermano eso que ambos necesitamos sanar?, ¿qué tal si solo es una forma de la vida de señalar aquella parte nuestra que requiere amor? Entonces reconocemos que es un regalo, pues ciertamente es más fácil curar una herida en nuestra frente si tenemos un espejo a nuestra disposición.

Tomado de la cuenta de Instagram de @ohdagyo

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