La densidad del pensamiento

En una entrada anterior hablé sobre la importancia de observar nuestros pensamientos.

Quiero aclarar algo ahora. Observar nuestros pensamientos tiene varios niveles.

Por una parte, cuando observamos nuestros pensamientos observamos qué es lo que nuestra mente dice. Esto implica escuchar nuestra mente como si estuviéramos leyendo un libro o viendo una película: nos fijamos en las palabras, los temas, las ideas, o incluso las imágenes o sonidos que aparecen allí.

Por otra parte, para observar con mayor profundidad nuestros pensamientos debemos prestarle atención a nuestro cuerpo y a nuestra energía. Los pensamientos tienden a producir cambios en nuestras emociones y en la vibración de nuestra energía. Por tanto, al observar nuestras emociones y nuestra energía podemos hacernos conscientes de cuál es la vibración de nuestros pensamientos.

La densidad de nuestro campo energético y emocional nos habla de la densidad de nuestros pensamientos. Así, una de las mejores maneras de aprender a observar nuestros pensamientos es conectarnos profundamente con nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestras emociones.

Si sientes las emociones y el cuerpo densos, esa es una señal de que tus pensamientos probablemente estarán vibrando en una frecuencia baja. En consecuencia, en esos momentos no es una buena idea creer lo que te dicen ni tratar de resolver las cosas usando la mente. Lo más seguro es que crees historias de miedo que harán aún más densas tus emociones y energía. Cuando te sientas así, simplemente toma consciencia de la energía en tu cuerpo. Sentir esa densidad y darle tu consciencia es una gran práctica espiritual.

Habitar en tu cuerpo plenamente cuando se siente incómodo y denso es difícil al comienzo, pero te ayudará a ir más allá de los trucos de tu mente, que son especialmente difíciles de ver cuando estamos con una frecuencia vibratoria baja. Tu consciencia permitirá que esa frecuencia se eleve y se transmute. La clave es estar plenamente presentes, sintiendo por completo nuestras emociones y nuestra enegía.

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Cómo oír al corazón

Hace poco puse en mis redes sociales esta frase:

“Escucha tu propia voz, tu propia alma. Hay demasiadas personas que escuchan el ruido del mundo en lugar de a sí mismas” ~ Leon Brown

Alguien me preguntó cómo hacer para escuchar la voz del alma, y cómo distinguirla de la voz del mundo, del ego.

Lo primero es cultivar el silencio interior. Para oír, debemos estar en silencio. La voz del corazón siempre está hablándonos, pero susurra. Debemos aquietarnos para tomar consciencia de lo que nos está diciendo.

¿Y cómo aquietarnos? ¿Cómo trascender el ruido? Lo primero es enfrentarlo con consciencia. Escuchar ese ruido. Tomar plena consciencia de lo que nos dice el ego y el mundo. Ver las heridas emocionales y los miedos desde los cuales sale esa voz. Y sanar esas heridas.

Oír el ruido con consciencia es muy importante, pues es así que sabemos lo que debemos sanar. Y luego está la valentía de sanar eso.

Al sanar, los obstáculos que nos separan del amor se disuelven.

Para escuchar la voz del corazón, entonces, lo más importante trascender el ruido, y esto implica sanar. Es por esto que Un Curso de Milagros dice al comienzo:

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está mucho más allá de que se puede enseñar.  Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. (Introducción, párr. 1)

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¿Cómo sentir las emociones?

Hace poco subí un video sobre cómo lidiar con pensamientos hipocondriacos. Uno de los consejos que doy allí es que es importante sentir las emociones. Cuando no las sentimos, se acumulan y forman un campo energético denso. Y esa energía tiende a convertirse en pensamientos oscuros, por ejemplo, en pensamientos de miedo ante la enfermedad. Cuando sentimos las emociones, esa energía densa se libera y los pensamientos también se aligeran.

Alguien me pidió en los comentarios del video que hablara un poco más sobre cómo sentir las emociones.

Sentir las emociones es algo que todos podemos elegir. O tal vez no todos, pero si estás leyendo esto, lo más probable es que tú sí puedas elegirlo.

Por supuesto, el problema no está en que no podamos elegirlo, sino en que a veces tenemos una gran resistencia a hacerlo. Cuando las emociones son muy densas, en normal que querramos huir de ellas. Es incómodo sentir una emoción densa, de eso no hay duda. Pero podemos elegirlo.

El único consejo que puedo dar al respecto es que vale la pena probarlo. No creo que el consejo haga que sea menos incómodo sentir las emociones densas. Va a ser incómodo. Puedo asegurar, no obstante, que en mi experiencia vale la pena. Cuando lo hacemos, sentimos como nuestra vibración se eleva y la percepción del mundo cambia. Cuando sentimos las emociones, sanamos y se nos hace más fácil perdonar a otros y a nosotros mismos. Cuando sentimos las emociones, se abre nuestro corazón.

Por tanto, el mejor consejo que puedo dar es que tengas la valentía de atravesar la puerta y quedarte con tus emociones. Quédate en medio de la incomodidad de la ira. Quédate en medio del dolor de la tristeza. Ve profundo allí. Sabes cómo hacerlo.

La invitación es a que te atrevas. Una vez lo hagas, el bienestar que experimentarás te llevará a que naturalmente cada vez lo hagas más. Es como ir al gimnasio en las mañanas. Al comienzo da pereza y hay mucha resistencia. Pero, a medida que comienzas a hacerlo, la resistencia va cediendo. Y llega un punto en el que lo haces con ganas e incluso te hace falta. Pero hay que comenzar. Hay que tener la fuerza para ir el primer día. Ese día en el que las piernas no se quieren mover y el frío te pide que te quedes un rato más en la cama. Hay que pasar por ahí.

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Es momento de asumir responsabilidad

Hoy que escribo esto estuve en una jornada de meditación (remota, por supuesto) con alumnos y maestros discípulos de la maestra Isha Judd. Fue una experiencia importante y poderosa para mí. Y quiero compartir un poco de ella. Por eso los invito a ver este video que ella grabó sobre tomar responsabilidad en esta época en la que ha llegado el coronavirus.

El sis tema de meditación de Isha Judd ha sido una de mis principales prácticas espirituales en los últimos 12 años. Y me ayudó, la jornada de hoy, a conectarme con mis emociones. Con el miedo y la tristeza que me causa esta situación.

Y veo que una forma de ayudar a sanar el mundo es hacernos responsables por lo que sentimos. Es una herida que está en mí la que esta situación me muestra. Por tanto, es mi responsabilidad sanarla.

Culpar al afuera me convierte en víctima, me quita poder y me vuelve irresponsable. Por eso resonó tanto conmigo este video: porque no es momento de culpar. Es momento se asumir responsabilidad y de elegir en qué nos enfocamos y qué queremos dar en este momento. Podemos hudirnos en el miedo o anclarnos en el amor y dar y compartir nuestra luz.

Es momento para dar lo mejor de nosotros. Es momento para brillar con más intensidad que nunca. Es momento para trabajar en unidad y a través de ese trabajo reconocer la unidad más profunda, en la que todos en nuestra escencia somos Uno.

Muchas bendiciones y buena salud para todos. Quedémonos en casa si podemos. Seamos responsables y aprovechemos esta situación para sanar y para dar lo mejor de nosotros.

Con cariño,

David González

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Cómo no huir de nosotros mismos

Cuando algo no nos gusta de nosotros, muchas veces tratamos de mirar hacia otro lado. Tal vez hay aspectos de nuestra personalidad de los que no nos sentimos orgullosos o patrones de comportamiento de los que nos avergonzamos. Tal vez nuestros pensamientos nos atemorizan, o al menos nos decepcionan cuando no coinciden con el ideal espiritual que nos hemos impuesto. Puede que otras veces sintamos emociones que juzgamos como inadecuadas o peligrosas.

En todos esos casos, es usual que surja un impulso por huir de nosotros mismos. Este impulso se manifiesta como una gran ansiedad e incomodidad. Entonces buscamos maneras de distraernos, de desconectarnos de nosotros. Aquí tienen lugar las adicciones, del tipo que sean, e incluso comportamientos autodestructivos. Como dije en una entrada anterior de este blog, a veces nos hacemos daño porque el dolor superficial que nos causamos nos ayuda a evadir dolores más profundos.

Es como si nuestra casa estuviera muy desordenada y oliera mal, y por tanto quisieramos evitar entrar en ella. O, al menos, es como si evitáramos cierta parte de nuestra casa debido al desorden. En este caso, nuestra casa somos nosotros. Y lo que evitamos es, por tanto, nuestra propia compañía.

Pero no hay nada más liberador que la aceptación. Cuando nos permitimos vernos de frente y reconocemos nuestras características, sentimos un gran descanso, pues eso significa que dejamos de huir, y huir de nosotros mismos es extenuante. Por supuesto, al comienzo, hay dolor e incomodidad. Pero, si nos quedamos allí lo suficiente, con nosotros mismos, empezaremos a ver el amor que subyace bajo todo eso que percibimos como imperfecto. Entonces podremos amarnos a pesar de nuestras imperfecciones. Y cuando empezamos a amarnos, empezamos a transformarnos naturalmente.

Cuando nos permitimos entrar y habitar plenamente ese cuarto de nuestra casa que está desordenado y le cogemos cariño, naturalmente comenzamos a ordenarlo. Entre más vivamos en él y más lo disfrutemos, mejor querremos que esté y más empezaremos a cuidarlo. Así también sucede con nuestro espacio interior.

A medida que comenzamos a vernos de frente y a sentir nuestras emociones y observar nuestros pensamientos en vez de huir de ellos, naturalmente esas emociones empiezan a sanar y nuestros pensamientos cambian de frecuencia.

Cuando estamos en un camino espiritual, esta aceptación toma la forma de la paciencia. Pues, como tenemos ideas espirituales sobre cómo deberíamos ser, muchas veces nos afanamos por sanar, queremos cambiarnos ya, queremos ser ya esa versión elevada que deseamos para nosotros, queremos ya no sentir resentimientos, queremos ya no tener miedos ni juicios, queremos ya estar sanos. Y ese afán por sanar nos lleva a rechazar el momento presente y a sentir ansiedad y ganas de escapar de nosotros.

Para mí, ha sido fundamental tener paciencia conmigo y con mi proceso, y comenzar a aceptar lo que percibo como mis imperfecciones. He comenzado a quedarme observando esos pensamientos que juzgo como no amorosos y me he permitido sentir plenamente esas emociones que por momentos desearía no experimentar más. Parte de sanar es aprender a amarnos incondicionalmente, y eso quiere decir amarnos exactamente como somos ahora, con todo aquello que percibimos como nuestros defectos e imperfecciones.

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Mira si puedes elegir

Cuando nos enfrentamos a una emoción fuerte, como la tristeza o el miedo, muchas veces no podemos elegir. Es algo que nos sucede. La emoción está allí. Lo único que podemos decidir es si nos permitimos sentirla y experimentarla plenamente o si la rechazamos, huimos de ella y pretendemos que no está allí.

Cuando las emociones son intensas y profundas, la mejor manera de sanar es permitiéndonos sentirlas plenamente, dejando que las lágrimas salgan y la rabia se exprese sanamente. Para esto último, ayuda mucho hacer ejercicio o golpear una almohada.

Sin embargo, hay veces en las que las emociones que estamos experimentando son creadas por patrones mentales con respecto a los cuales podemos elegir. A veces estamos en un drama que podría disolverse completamente si así lo elegimos.

A medida que sanamos y avanzamos en nuestro camino espiritual, vamos adquiriendo el poder de elegir. Al comienzo, lo más sano es permitirnos sentir todo, una y otra vez, tantas veces como sea necesario. Pero llega un punto en el que esas emociones ya no tienen una raíz profunda y son solamente un hábito. Podemos entonces elegir lo que queremos sentir. Y esto no se trata de rechazar o juzgar ciertas emociones como malas; se trata simplemente de decidir qué nos gusta y qué no. Es igual que con la comida. Cuando no hay opciones, lo más sano es comer lo que haya a disposición. No obstante, si tenemos varias opciones de alimentos entre los cuales escoger, ¿por qué no elegir aquellos que nos hacen sentirnos mejor? Y lo cierto es que, a medida que nuestra consciencia se expande, adquirimos la capacidad de elegir qué emociones experimentar.

Observa, pues, si puedes elegir. Practica elegir sentirte como quieres. Si sientes que estás reprimiendo, es mejor que seas honesto contigo y te permitas dejar fluir las emociones. Mas vas a ver que llegará un momento en el que tu realidad interior se transforma conforme decides vibrar más alto. Entonces llegan pensamientos densos o llegan el miedo y la tristeza y de repente te das cuenta de que puedes elegir vibrar más alto y esas emociones se transmutan en la calidez de tu corazón y en la paz y la tranquilidad que son tu estado natural.

Una vez que comiences a poder elegir, hazlo un hábito. Es algo que se fortalece con la práctica. Llegará un punto en el que siempre brillas, pues eso es lo que has elegido. Estáte abierto, sin embargo, a la posibilidad de que emociones profundas emerjan de vez en cuando. Cuando lleguen, si vez que es algo que necesita ser expresado, permítele fluir. No tengas una idea espiritual de cómo deberías ser que te dice “Yo ya no debería sentir eso”. Simplemente observa si puedes elegir y, si puedes, elige lo que más te guste; si no puedes, ríndete al momento presente y dale la bienvenida a las emociones. Ambos caminos llevan a la luz.

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La rendición como práctica espiritual

La rendición es un acto de entrega. Es abrir los brazos y recibir plenamente el momento presente.

Imagina que eres una casa. Rendirte es abrir las puertas y permitir que el momento presente entre, se mueva a sus anchas y se quede cuanto quiera.

La rendición es lo contrario a luchar. Por tanto, la rendición es lo contrario a la resignación, pues la resignación implica resistencia interna frente a lo que sucede. Cuando nos resignamos, dejamos de pelear en el nivel externo, pero juzgamos lo que sucede como indeseable. Debido a esto, la resignación no puede sino causar dolor, ya que es el resultado de juzgar que el momento presente está mal.

La rendición es interna. Puedes incluso tomar acción para cambiar las condiciones en que te encuentras y al mismo tiempo rendirte al momento presente.

Rendirte quiere decir que vives este preciso instante sin juzgarlo, sin rechazarlo, y eso puedes hacerlo incluso mientras lo cambias. De hecho, cambiar las condiciones externas desde un estado de rendición es mucho más eficaz que tratar de modificarlas desde un lugar de juicio y resentimiento.

Desde un estado de rendición, emprendes la acción no porque rechaces este momento, sino porque estás alineado con tu corazón y él te impulsa a actuar. Se trata, entonces, de un cambio que viene desde tu creatividad más profunda, aquella que está alineada con lo divino. Es la misma razón por la que un gran escultor rompe las piedras: no lo hace porque rechace la forma actual que tienen, sino porque desde lo más profundo de él surge un impulso por darle vida a algo bello a través de ellas.

Por ejemplo, si ves que tienes un comportamiento que te hace sufrir, puedes cambiarlo desde un estado de rendición. Entonces no luchas contra tu comportamiento ni te juzgas por lo que estás haciendo. Sientes plenamente el dolor, lo abrazas y dejas que tu silencio interior te guíe. Cuando estás conectado con ese silencio, las acciones que surjan estarán conectadas con tu voluntad más elevada y, en consecuencia, traerán aquello que realmente deseas y que es lo mejor para ti.

Rendirte significa sentir. Significa no escapar de este momento. Así, la rendición y la presencia son sinónimos. No puedes estar plenamente presente si rechazas este momento, y no puedes aceptarlo completamente y al mismo tiempo alejarte de él.

Rendirte implica abrirte a experimentar hasta la médula lo que está ocurriendo ahora. Rendirte es quedarte plenamente aquí, en medio de la dicha o la tormenta; entregarte a las sensaciones; dejar que los pensamientos lleguen y se vayan; caerte al fondo de tu ser y mirar de frente lo que hay allí.

Las emociones intensas que juzgamos como desagradables se convierten en un obstáculo para la plenitud debido a que el juicio que tenemos contra ellas hace que no querramos experimentarlas. Pero esas mismas emociones son la puerta de entrada al cielo cuando dejamos el juicio y nos entregamos a ellas completamente. Es como si esas emociones fueran amigos dispuestos a llevarnos de vuelta a casa, pero no quisiéramos seguirlas porque debido a su apariencia las hemos confundido con desconocidos malintencionados. Rendirnos es confiar. Ellas nos llevarán adentro y se irán una vez hayan cumplido su función. Esto es otra forma de decir que se transformarán en amor o, más bien, que nuestra percepción se transformará y las veremos como las expresiones de amor que no pueden sino ser.

Todo esto es, pues, una invitación a que te permitas sentir este momento en su totalidad: la aburrición, el regocijo, la incertibumbre, el deseo, la ansiedad, el miedo, la compasión, el dolor, el placer. No creas que si huyes llegarás a casa, pues estarás huyendo de los guías que el Universo ha enviado para recordarte el camino.

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