Voy a parar mis redes por un mes

Voy a estar en un retiro espiritual el próximo mes, y como parte de este voy a suspender todas mis actividades en redes sociales e internet.

Por tanto, el mes que viene no voy a escribir artículos en este blog.

A veces es importante parar. A veces es necesario reconectarnos.

En los últimos meses no escribí tantos artículos, pero aún así considero adecuado informar de esta pausa, sobre todo para quienes reciben y leen mis reflexiones por correo electrónico.

De alguna forma, este blog es un reflejo de mi estado interior. Y así, espero que en la medida en la que el retiro me ayude a ir más profundo en mi interior, regrese renovado para compartir más luz y consciencia que antes.

Si quieres saber un poco más sobre las razones por las que estaré parando mis actividades, te invito a ver este video de Instagram en el que lo explico.

El poder de los pensamientos

La muestra más grande del poder de nuestros pensamientos es que de ellos depende el mundo que creamos.

Si nuestros pensamientos están llenos de miedo y separación, nuestro mundo será un reflejo de eso.

Este es el tema de la segunda lección del libro El Camino del Corazón, sobre el cual estoy haciendo una serie de videos.

Allí, Yeshúa y María Magdalena nos invitan a reconocer que la única forma de sanar el mundo es que la mente esté al servicio del corazón, pues mientras siga guiada por el ego, el resultado externo no podrá ser más que separación y sufrimiento.

Tenemos entonces la necesidad de conectarnos con el corazón y de actuar desde allí. Surge en este punto una pregunta muy importante, que es cómo saber si estamos actuando guiados por nuestro corazón o por nuestro ego. Distinguir los dos es una habilidad que adquirimos con la práctica. La clave, al menos como entiendo yo esta lección, está en la presencia, en lograr un estado de relajación en el que nuestra mente se calma. Pues nuestro corazón siempre está hablando. No tenemos que hacer nada para que él nos diga lo que en verdad queremos. Tenemos, sin embargo, que silenciar el ruido en la superficie de nuestras mentes, que es el que nos impide oír nuestra voz interior.

Si te gusta este tema, te invito a ver mi último video de YouTube, en el que hablo sobre esta lección.

Haz click en la imagen para ver el video:

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Los ojos del perdón

La belleza brotará para bendecir todo cuanto veas,
conforme contemples al mundo con los ojos del perdón.

Un Curso de Milagros

El perdón transforma la manera como percibimos la realidad.

Los juicios nos separan. Al juzgar, creemos que somos distintos de aquello que percibimos. Y, en medio de esa separación, el mundo se vuelve hostil. De repente nos vemos solos, lejos de casa, rodeados de enemigos.

Cuando perdonamos, los juicios se desvanecen y dejan abierta la puerta para que reconozcamos nuestra unidad de nuevo.

Entonces nos damos cuenta de que nunca nos fuimos de casa y de que es imposible tener enemigos. Y todo lo que vemos es alumbrado por una paz profunda y constante.

Así es la realidad cuando la percibimos desde los ojos del perdón.

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Cómo tener sueños felices

Últimamente he estado muy interesado en los sueños lúcidos. Es decir, aquellos sueños en los que nos damos cuenta de que estamos soñando.

Cuando caemos en cuenta de que estamos en un sueño, reconocemos nuestro poder, pues tomamos consciencia de que somos sus creadores. Entonces las cosas dejan de sucedernos y podemos empezar a elegir lo que queremos experimentar. Y entre mayor sea la consciencia de que es un sueño, mayor nuestro poder.

Algo similar sucede en la vida “normal”, durante la vigilia. Constantemente estamos rodeados por ilusiones, fantasmas y proyecciones mentales. Nuestra mente crea una historia a nuestro alrededor y por momentos creemos que es real. Pero cuando nos damos cuenta de que es una fabricación de nuestra mente, podemos empezar a elegir la historia que nos queremos contar, o podemos incluso elegir experimentar la realidad sin una historia que la explique y que nos diga dónde estamos y qué papel desempeñamos.

Al igual que en los sueños, el paso crucial en este despertar es darnos cuenta de que eso experimentamos es creado por nosotros y no la realidad última. Una vez damos ese paso, podemos elegir dejar de creer ciegamente todo lo que nuestra mente nos dice.

La próxima veas enemigos a tu alrededor, pregúntate si no son solo espejismos proyectados por tu mente.

Tal vez tu mente diga: “Pero es evidente que son enemigos, tengo pruebas”. Y es cierto que para ella es evidente que son enemigos y es cierto que tiene pruebas. Mas, ¿no sucede lo mismo en los sueños, antes de darnos cuenta de que estamos soñando? ¿No parece entonces evidente que lo que soñamos es real y no parece haber pruebas de esa realidad?

Tal vez la solidez aparente del ataque que percibes no es prueba de su realidad. Al fin y al cabo, en estado de sueño profundo, hasta las más disparatadas fantasías parecen sólidas y reales.

Tal vez esto sea también un sueño. Y cuando reconozcas que lo es, tal vez eso te permita empezar a tener sueños felices, al reconocer que eres tú quien los está creando.

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No tienes que estar a cargo del proceso

Cuando comenzamos a recorrer un camino espiritual, muchas veces nos preguntamos cómo sanar. Tenemos la intención y es genuino nuestro deseo, pero el resentimiento y las heridas persisten y no sabemos qué hacer para que se vayan.

En ocasiones, por tratar de sanar esos resentimientos y heridas a la fuerza, terminamos impidiendo que sanen.

El ego siempre quiere estar en control de todo. Por tanto, cuando comenzamos un camino espiritual, el ego también quiere estar a cargo de ese proceso. Busca entonces desesperadamente averiguar qué puede hacer. Le cuesta mucho trabajo soltar el control y no hacer nada. Y a veces eso es lo que se requiere para sanar: soltar el control y no hacer nada.

Es normal que el ego se resista a soltar, pues siente que, si no hace nada, las cosas saldrán mal. Pero, sobre todo, le cuesta reconocer su poca importancia en el proceso de sanación. Así, por tratar de ser el protagonista del proceso, impide que la sanación llegue de la Fuente más elevada, que es de donde siempre viene.

A veces, la forma más fácil de sanar es simplemente tomar consciencia de aquello que requiere ser sanado y luego permitir que la sanación ocurra por sí misma. La sola luz de nuestra presencia ya es un elemento transformador muy poderoso. A veces no se requiere nada más: solo nuestra presencia.

A medida que tomas plena consciencia de tus heridas y viejos patrones, la transformación comienza, pues la oscuridad ha sido expuesta a la luz de la consciencia.

Es posible que, como parte del proceso, haya cosas que hacer y que decir. Pero no será nuestro ego el que esté a cargo. Por tanto, la respuesta no llegará a través de nuestra mente y su esfuerzo constante por entender y resolver problemas. Llegará, en cambio, como una comprensión más profunda, un saber que a veces ni siquiera pasa por la mente. De repente nos vemos haciendo una llamada o caminando hacia algún lugar y es como si nuestro corazón tuviera comunicación directa con nuestras manos y pies. Se trata de un actos que no pasan por la mente.

Así pues, cuando te preguntes cómo sanar esta herida, solo asegúrate de tener la intención y ten la disposición a mirar de frente y con consciencia aquello que quieres sanar. Saber cómo sucederá la sanación es algo que no es necesario y no te corresponde.

Tal vez no tienes por qué estar a cargo de todo. Tal vez puedes soltar el control de este proceso y entrar en la paz profunda que surge cuando descubres que no tienes que hacer nada.

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Elegir algo diferente

Mientras no aprendamos la lección, la vida nos seguirá presentando la misma situación una y otra vez. Pareciera entonces que caminamos en círculos, ya que a cada tanto volvemos a encontrarnos con lo mismo, o al menos con circunstancias muy parecidas.

Si miramos con atención, veremos que la razón por la que las situaciones se repiten es que en algún nivel estamos haciendo la misma elección una y otra vez. La forma en la que le indicamos a la vida que hemos aprendido es haciendo elecciones diferentes.

Cuando hacemos elecciones diferentes, nuestra vida comienza a presentarnos situaciones diferentes. Si somos consistentes, tras un tiempo estaremos viviendo una vida completamente nueva.

Así, a través de las situaciones que nos presenta, la vida nos está dando siempre la oportunidad de elegir de nuevo.

Esas nuevas elecciones a las que la vida nos invita pueden darse en muchos niveles. A veces se trata de decir que no ante una invitación a la que siempre hemos dicho que sí. A veces se trata de decir que sí donde antes siempre hubo un no. A veces es cambiar la forma de percibir un suceso. A veces se trata de invitar un pensamiento amoroso a lugares donde antes siempre hubo rechazo.

Si vas profundo en ti y estás alerta, comenzarás a ver con más claridad cada vez esas situaciones en las que la vida te está invitando amorosamente a elegir algo diferente.

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El poder del ave fénix

Es este un poder que todos tenemos. De hecho, se trata de un poder que está presente en cada momento de nuestras vidas. Aunque la mayor parte del tiempo no somos conscientes de él y no lo usamos tanto como podríamos para nuestra transformación.

Todos somos como el ave fénix. Pues todos morimos y volvemos a nacer en cada momento. Este proceso puede suceder automática- e inconscientemente, pero también podemos usarlo conscientemente como parte esencial de nuestro camino de crecimiento interior.

¿Cómo usar concientemente este poder?

Lo primero es no resistirnos al cambio. No aferrarnos a nuestra personalidad, a nuestra cáscara, a nuestro cuerpo. En el mundo de la forma, la naturaleza de todo es cambiar constantemente. Si nos aferramos a las formas del momento presente, nos oponemos al flujo de la vida, y esto nos impedirá crecer.

Lo segundo es saber que tenemos el poder de transformarnos y de dirigir conscientemente la dirección en la cual evolucionamos. En cada momento estamos eligiendo lo que queremos ser. Y esta elección implica aceptar que aquello que éramos muere y da lugar a algo nuevo.

Nuestro ego lucha contra el cambio y trata de mantener una identidad. Pero es un esfuerzo futil. Y a veces, por aferrarnos a aquello que creemos ser nos impedimos crecer. Es así como muchas veces seguimos haciendo las mismas elecciones creyendo que debemos hacerlas porque “así es como somos”. Pero es una ilusión. La verdad es que en cada momento elegimos lo que somos.

Irónicamente, cuando morimos a cada momento, como si fuésemos una serpiente que muda de piel en cada instante, empezamos poco a poco a tomar consciencia de aquello en nosotros que nunca cambia y está más allá del nacimiento y la muerte. Esta es la consciencia profunda que observa como todo en la superficie aparece y desaparece. Desde esa consciencia y ese silencio, surgen la fuerza y el deseo de una transformación cada vez más elevada.

Entonces sabemos que, en el nivel de la forma, nunca somos iguales. A cada segundo nuestra forma es incinerada y un nuevo ser surge de las cenizas. Y sabemos al mismo tiempo que, en el nivel más profundo, nunca nada ha cambiado. Ese espacio inmenso sigue allí como el campo en el que todo sucede. Y eso es lo que somos al final: ese vacío, ese amor, esa nada que contiene todo.

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No es necesario aprender nada en el nivel de la mente

Esta es la primera lección del libro El Camino del Corazón.

No se trata de un camino intelectual. La transformación a la que invita no tiene que ver con adquirir nuevas ideas, teorías o conocimientos. Se trata de una transformación que está más allá del nivel de la mente, en el corazón.

En el corazón encontramos la puerta a la sabiduría de la vida, que va más allá de lo que nuestro intelecto es capaz de comprender.

No es esta una invitación, sin embargo, a abandonar la mente. Se trata, simplemente, de reconocer su papel dentro de nuestro despertar. Y cuando se trata de nuestro despertar, la mente es tan solo un instrumento para que nuestro corazón pueda indicarnos el camino de vuelta a casa.

En este video hablo sobre esta primera lección de El Camino del Corazón, enseñanzas de Yeshúa y María Magdalena:

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El premio que verdaderamente merecemos

A veces, cuando pensamos en amarnos, pensamos en regalarnos algún placer. Ver una película. Un masaje. Unos chocolates.

Consentirnos con detalles como esos es bello, pero es algo superficial. El acto de amor más profundo que podemos hacer es estar con nosotros mismos plenamente.

Mas estamos acostumbrados a ver las cosas al revés. Por eso, a veces creemos que pasar tiempo con nosotros a solas y en silencio es un castigo o algo que debemos hacer para obtener un premio en el futuro. Al menos así me pasa a mí.

Me he visto avanzando en mi camino espiritual, sanando heridas y aprendiendo a conectarme con mi ser interior, y al mismo tiempo me veo esperando recibir un premio a cambio de eso en el futuro. En el fondo, está la idea de que, si sano espiritualmente, vendrá entonces el éxito económico y una relación de pareja que sea espejo de mi estado interior.

La tendencia es clara: hago las cosas esperando un premio. Y ese premio se ve como placeres, éxito y relaciones. Cosas bellas, pero que están fuera de mí.

En el fondo, lo que yo quiero y lo que creo que todos queremos es el Amor. El problema es que estamos programados a buscar ese amor en algo externo. Por eso creemos que, cuando sanemos adentro, por fin podremos encontrar el amor afuera.

Es esta tendencia la que me lleva a buscar recompensas ante lo que hago en mi trabajo interior. Así, después de una jornada de meditación y de sanación, me veo buscando algún placer para premiarme por haber trabajado en mí. Y muchas veces esos placeres implican desconectarme de mí mismo.

Este comportamiento se basa en una comprensión errónea de lo que realmente quiero. Pues lo que realmente quiero es el Amor, y el amor está dentro de mí.

Por eso, ahora estoy tratando de premiarme de manera diferente. Ahora estoy tratando de premiarme con Amor, que es lo que quiero. Así, cuando hago algo que implica esfuerzo y pienso que merezco un premio, busco un premio que realmente quiero. Y ese premio lo encuentro en mi interior.

Con esta forma de premiarme, realmente me doy amor, y el resultado es muy bello y pleno. No busco ahora como premio actividades que duerman mi consciencia, pues sé que en ese sueño no se encuentra realmente lo que quiero y merezco. Ahora busco premiarme con acciones que impulsen mi despertar y mi conexión con mi corazón. Pues eso es lo que realmente merezco y lo que verdaderamente quiero: reencontrarme con el Amor que yace en mi corazón.

La próxima vez que sientas que mereces un premio, pregúntate cuál es la actividad que más va a elevar tu alma en ese momento. Y elige esa actividad como premio. Solo prueba.

No se trata de volvernos psicorígidos y de no volver a comer chocolate nunca. Se trata de reconocer qué es lo que realmente queremos y valoramos, y buscar dárnoslo de manera consistente.

Ese es el premio que verdaderamente merecemos.

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Comenzando el camino del corazón

La semana pasada comencé una serie de videos sobre el libro de El Camino del Corazón. Es una invitación a preguntarle a tu corazón si el camino contenido en ese libro es para ti ahora.

El camino del corazón es uno de infinitos caminos.

En esa idea se basa este proyecto que se llama Caminos de Conciencia: en la idea de que hay infinitos caminos. Y ahora, en este planeta, cada uno de nosotros está siguiendo su propio camino. Y el camino nunca es el mismo. El camino por el que andabas ayer es diferente de aquel que estás siguiendo justo ahora. Lo que te sirvió ayer quizás ya no te sirva.

Nuestro camino espiritual está en permanente evolución. Parecemos seguir el mismo camino a veces, pero siempre hay una diferencia sutil.

La invitación del camino al que te invito en este momento es que te dejes guiar por tu corazón. Esto implica que el intelecto quede como sirviente y sea tu corazón el que tome las riendas de tu vida. ¿Qué significa esto?

No importa qué significa. Te invito a que no lo trates de entender con tu mente. No es así como accederás a su verdadero significado. Mira cómo te sientes ante las palabras. Mira si resuenan contigo, más allá de lo que dice tu mente.

Y, si resuenan, te invito a que leas el libro de El Camino del Corazón. Este libro está dividido en 33 lecciones. Estaré haciendo un video para cada lección. Por ahora, puedes ver el video sobre el que hablo sobre el prólogo del libro.