Escribir para sanar

Si en este momento tuviera una emoción muy fuerte o una gran preocupación en mi mente, escribiría. Esto es lo que he venido haciendo hace ya más de un año: escribir cuando me siento abrumado, triste, ansioso, con muchas ideas. Y ha sido increíblemente sanador.

Siento un gran deseo de compartir y promover esta práctica, pues realmente ha funcionado para mí. En este video te cuento cómo llegué a esta terapia, de qué maneras me ha servido y cuáles son las principales recomendaciones a tener en cuenta al momento de usarla como camino espiritual.

El principio es muy simple: escribe lo que sientes, sin filtros. Luego, un año después, lee lo que escibiste. Y quémalo.

Aquí están los detalles de esta técnica:

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Saltar al vacío

Nunca podremos tener la certeza a nivel intelectual de que todo saldrá bien. La mente siempre podrá encontrar un pero, una duda, algo incierto, una razón para tener miedo.

Seguir nuestro corazón implica saltar al vacío desde el punto de vista del intelecto. Y esto asusta. Pero vale la pena. Pues el corazón sabe lo que en verdad queremos en el nivel más profundo.

Si seguimos a la mente, tal vez tengamos la ilusión de control por un tiempo, pero en últimas permaneceremos insatisfechos. Si seguimos al corazón, enfrentaremos en algún momento el miedo que implica saltar al vacío, pero encontraremos la satisfacción plena de seguir a nuestro ser verdadero.

Sobre seguir al corazón, te recomiendo el libro El Camino del Corazón, canalizado de las almas de Jesús y María Magadalena, libro que tuve el placer y el privilegio de traducir al español.

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El cambio verdadero

Todo proceso de transformación genuino comienza con la decisión de parar y mirar adentro.

Mientras no sanemos por dentro, podremos cambiar todo afuera y, sin embargo, todo volverá a ser igual. Es como cuando cambiamos de pareja y la siguiente a relación vuelve a ser igual que la anterior. Esto es así porque el afuera es sólo un espejo de lo que llevamos dentro. En consecuencia, mientras no cambiemos por dentro, seguiremos viendo el mismo reflejo afuera, sólo que disfrazado de formas diferentes.

El cambio verdadero, por tanto, implica mirar adentro. A veces no queremos mirar en nuestro interior, pues hay emociones que no queremos sentir, hay miedos, hay viejas heridas que esperan la luz de nuestra consciencia para salir a la superficie y así poder sanar.

Da miedo. Como visitar un viejo sótano oscuro y desordenado en lo más profundo de nuestra casa. Pero vale la pena, pues allí se esconde el tesoro más grande que jamás podríamos imaginar. Sin embargo, para llegar a él hay que tener la valentía de mirar adentro y sanar.

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La paz que yace en lo profundo

En estos momentos, el mundo necesita, más que nunca, de nuestra paz, de nuestra dicha, de nuestra luz.

Y nuestra felicidad, nuestra paz y nuestra plenitud no dependen de lo que sucede afuera. No si así lo decidimos.

La felicidad y la paz son, por tanto, una elección.

Esto parece difícil de creer cuando nos percibimos como víctimas del mundo. En ese estado, creemos que la tristeza y la frustración existen porque las cosas afuera no son como creemos que deberían ser. Pero esto es una ilusión.

El mundo es un juego, y podemos disfrutarlo o sufrirlo. Pero la causa de nuestra dicha y nuestro sufrimiento no están en el mundo, sino en nuestra elección.

La paz y la dicha están en nuestro interior, más allá del mundo, más allá del cuerpo, más allá de lo que puede nacer o morir. Y esa plenitud interna es algo con lo que tenemos la capacidad de conectarnos, si así lo decidimos.

Al comienzo, la inercia de nuestro sistema de pensamiento hará que no encontremos la plenitud adentro, pues nos impedirá mirar con la suficiente profundidad, ya que está habituado a mirar sólo afuera. Cuando nos acostumbramos a mirar adentro, sin embargo, veremos que allí han estado siempre intactos nuestros tesoros, la paz, la plenitud, el amor incondicional.

Aprendamos, pues, a conectarnos con esa paz más profunda que no depende de nada. Cuando nos conectemos, la esparciremos por el mundo, y así lo ayudaremos a sanar.

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Hacer y no hacer

Este es un equilibrio delicado. A veces, para estar en paz tenemos que dejar de hacer. Tenemos que parar. Tenemos que ir a nuestro corazón y reposar allí en silencio. Sin embargo, si en la quietud de nuestro corazón comprendemos que hay algo que queremos o necesitamos hacer con toda nuestra alma, nuestra paz vendrá de tomar acción.

Si hay algo importante para nosotros que sentimos que tenemos que hacer, será difícil estar en paz si no lo hacemos. Es por esto que procrastinar causa desasosiego: porque sentimos que estamos dejando de hacer algo que es vital para nuestra paz.

Últimamente, he tenido grandes momentos de paz gracias a que he emprendido acciones en temas que son importantes para mí. Cuando ignoramos esos temas, siguen haciendo ruido de fondo y nos impiden disfrutar el momento presente. Es como si tratáramos de relajárnos leyendo un libro pero en el fondo estuviera el olor de un arroz que se está quemando en la cocina, olor al que hemos decidido ignorar para evitar la incomodidad de resolver el problema. En realidad lo segumos sintiendo y no podemos estar plenamente inmersos en la lectura. No podemos disfrutar de lo que hacemos.

Cuando los abordamos esos asuntos pendientes importante, nuestra mente se despeja y puede entonces estar plenamente en el presente. Es por esto que a veces la paz surge cuando tomamos acción.

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Cómo oír al corazón

Hace poco puse en mis redes sociales esta frase:

“Escucha tu propia voz, tu propia alma. Hay demasiadas personas que escuchan el ruido del mundo en lugar de a sí mismas” ~ Leon Brown

Alguien me preguntó cómo hacer para escuchar la voz del alma, y cómo distinguirla de la voz del mundo, del ego.

Lo primero es cultivar el silencio interior. Para oír, debemos estar en silencio. La voz del corazón siempre está hablándonos, pero susurra. Debemos aquietarnos para tomar consciencia de lo que nos está diciendo.

¿Y cómo aquietarnos? ¿Cómo trascender el ruido? Lo primero es enfrentarlo con consciencia. Escuchar ese ruido. Tomar plena consciencia de lo que nos dice el ego y el mundo. Ver las heridas emocionales y los miedos desde los cuales sale esa voz. Y sanar esas heridas.

Oír el ruido con consciencia es muy importante, pues es así que sabemos lo que debemos sanar. Y luego está la valentía de sanar eso.

Al sanar, los obstáculos que nos separan del amor se disuelven.

Para escuchar la voz del corazón, entonces, lo más importante trascender el ruido, y esto implica sanar. Es por esto que Un Curso de Milagros dice al comienzo:

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está mucho más allá de que se puede enseñar.  Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. (Introducción, párr. 1)

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Meditación guiada: momento presente y consciencia profunda

Hace un tiempo he venido guiando meditaciones de manera virtual para un grupo de amigos con el que me reuno de manera virtual. Ha sido una experiencia muy gratificante. Guiar meditaciones me conecta de maera profunda con el corazón y es algo que hago con mucho gusto.

A raíz de ese proceso nació la idea de grabar meditaciones guiadas para compartirlas en mis redes sociales.

Aquí te comparto la primera meditación, llamada “Momento presente y consciencia profunda”. Relájate, ponte cómoda y disponte a adentrarte en este momento:

Ir a descargar

Si quieres, puedes acceder a esta meditación suscribiéndote a mi podcast de meditaciones guiadas en Spotify. También puedes suscribirte al podcast de meditaciones guiadas en iVoox.

Así mismo, te invito a que te suscribas a un podcast en el que estaré haciendo reflexiones sobre la espiritualidad y compartiendo ideas para elevar la consciencia. A este también puedes acceder por Spotify o iVoox.

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¿Cómo sentir las emociones?

Hace poco subí un video sobre cómo lidiar con pensamientos hipocondriacos. Uno de los consejos que doy allí es que es importante sentir las emociones. Cuando no las sentimos, se acumulan y forman un campo energético denso. Y esa energía tiende a convertirse en pensamientos oscuros, por ejemplo, en pensamientos de miedo ante la enfermedad. Cuando sentimos las emociones, esa energía densa se libera y los pensamientos también se aligeran.

Alguien me pidió en los comentarios del video que hablara un poco más sobre cómo sentir las emociones.

Sentir las emociones es algo que todos podemos elegir. O tal vez no todos, pero si estás leyendo esto, lo más probable es que tú sí puedas elegirlo.

Por supuesto, el problema no está en que no podamos elegirlo, sino en que a veces tenemos una gran resistencia a hacerlo. Cuando las emociones son muy densas, en normal que querramos huir de ellas. Es incómodo sentir una emoción densa, de eso no hay duda. Pero podemos elegirlo.

El único consejo que puedo dar al respecto es que vale la pena probarlo. No creo que el consejo haga que sea menos incómodo sentir las emociones densas. Va a ser incómodo. Puedo asegurar, no obstante, que en mi experiencia vale la pena. Cuando lo hacemos, sentimos como nuestra vibración se eleva y la percepción del mundo cambia. Cuando sentimos las emociones, sanamos y se nos hace más fácil perdonar a otros y a nosotros mismos. Cuando sentimos las emociones, se abre nuestro corazón.

Por tanto, el mejor consejo que puedo dar es que tengas la valentía de atravesar la puerta y quedarte con tus emociones. Quédate en medio de la incomodidad de la ira. Quédate en medio del dolor de la tristeza. Ve profundo allí. Sabes cómo hacerlo.

La invitación es a que te atrevas. Una vez lo hagas, el bienestar que experimentarás te llevará a que naturalmente cada vez lo hagas más. Es como ir al gimnasio en las mañanas. Al comienzo da pereza y hay mucha resistencia. Pero, a medida que comienzas a hacerlo, la resistencia va cediendo. Y llega un punto en el que lo haces con ganas e incluso te hace falta. Pero hay que comenzar. Hay que tener la fuerza para ir el primer día. Ese día en el que las piernas no se quieren mover y el frío te pide que te quedes un rato más en la cama. Hay que pasar por ahí.

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Sabiduría aérea

En las recomendaciones de seguridad de los aviones, siempre nos dice que, en caso de emergencia, debemos tomar oxígeno primero nosotros de las mascarillas antes de auxiliar a los demás. Y esto sin exepciones. Si vas con un niño pequeño al lado y de verdad estás interesado en su bienestar, primero tomarás oxígeno antes de ayudarlo.

La lógica de esto es que, si tratas de ayudar a un niño pequeño antes de ayudarte a ti mismo, probablemente te quedarás sin oxígeno y desfallecerás, y entonces el niño tendrá que defenderse solo, y probablemente no podrá, y menos aún podrá ayudarte a ti cuando lo requieras.

En épocas de emergencia, a veces ponemos por delante las necesidades de los demás y nos olvidamos de estar bien nosotros. Y esto, en realidad, nos lleva a no poder ayudar a los demás. Pues sólo podemos ayudarlos si estamos bien, si tenemos para dar, si tenemos ganas. Si estamos deprimidos o enfermos, va a ser muy difícil contribuir a mejorar la situación del mundo. Y esto es especialmente cierto en tiempos difíciles y retadores como estos.

A veces, por tratar de ayudar a los otros antes de ayudarnos a nosotros mismos, terminamos incapacitándonos para ayudarlos.

Si ahora te centras en estar feliz, en estar bien, en sanar, en cuidarte, no es eso egoísmo ni desinterés por los demás. El mundo te necesita feliz, sano y lleno de energía. Cuando estés bien, naturalmente ayudarás a los demás. No tendrás que esforzarte para decidir ayudar. Las ganas de ayudar brotarán de tu corazón de forma tan natural como el agua que reboza de una copa en la que se sigue vertiendo líquido cuando ya está llena.

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La respuesta del Bodhisattva al coronavirus

Me llegó un mensaje hermoso del maestro budista Jack Kornifield sobre la actitud más elevada que podemos asurmir frente al coronavirus. Aquí está mi traducción de ese mensaje:

Queridos amigos:

Podemos elegir.

Las epidemias, al igual que los tornados y los terremotos, son parte del ciclo de la vida en el planeta Tierra.

¿Cómo responderemos? ¿Con codicia, odio, miedo e ignorancia? Esto sólo traerá sufrimiento. O con generosidad, claridad, firmeza y amor?

Es momento para el amor.

Es momento para Bodhisattvas. En las enseñanzas budistas, el Bodhisattva es alguien que se compromete a aliviar el sufrimiento y brinda bendiciones en todas las circunstancias. Un Bodhisattva elige vivir con dignidad y valentía e irradia compasión por todos, sin importar en dónde se encuentren.

Esta no es una metáfora. En tanto que Bodhisattvas, se nos pide ahora que miremos la tragedia del mundo y respondamos con amor.

El camino del Bodhisattva está en frente de nosotros. Lo hermoso es que podemos ver a Bodhisattvas por todas partes. Los vemos cantando desde sus balcones para aquellos encerrados adentro. Los vemos en esos vecinos que cuidan de los mayores que viven cerca, en nuestros valientes trabajadores de la salud y en aquellos que pasan desapercibidos y abastecen los estantes de nuestras tiendas y supermercados.

En tanto que padre, si ella me llamara, yo viajaría hasta los confines de la Tierra para ayudar y proteger a mi hija. Ahora, ella y su esposo, paramédico y bombero, junto con mi pequeño nieto aguardan al virus. En su estación de bomberos urbana, al igual que en muchos hospitales y centros de respuesta inmediata, no hay máscaras. Ochenta por ciento de su trabajo son llamadas de emergencia y todos esperan contraer el virus. No les harán tests, pues el departamento de bomberos no puede darse el lujo de perder a demasiados de sus bomberos.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué podemos hacer?

En este momento, podemos sentarnos en silencio, tomar una respiración profunda y reconocer nuestro miedo y nuestra desconfianza, nuestra incertidumbre y nuestra impotencia… y abrazar todos estos sentimientos con un corazón compasivo. Podemos decirles a nuestros miedos y nuestra incertidumbre: “Gracias por tratar de protegerme” y “Por ahora estoy bien”. Podemos poner nuestros miedos en el regazo de Buda, de la Virgen María, de Quan Yin, podemos depositarlos en los corazones de las generaciones de valientes médicos y científicos que han ayudado al mundo en epidemias anteriores.

Cuando hacemos eso, podemos sentirnos parte de algo más grande, de generaciones de sobrevivientes en la vasta red de la historia y la vida, “siendo cargados”, como dicen los ancianos del pueblo Ojibwa, “por grandes vientos a través del cielo”.

Este es un tiempo de misterio e incertidumbre. Respira. Los velos de la separación se están yendo y la realidad de la interconexión es evidente para todos en la Tierra. Necesitábamos esta pausa, y quizás incluso nuestro ailsamiento, para ver qué tanto necesitamos cada uno del otro.

Ahora es momento para aportar nuestra parte.

Los Bodhisattva deliberadamente miran hacia el sufrimiento para servir y ayudar a aquellos a su alrededor en cualquier manera que puedan.

Esta es la prueba por la que hemos estado esperando.

Sabemos cómo hacerlo.

Es hora de renovar tu juramento.

Siéntate en silencio de nuevo y pregúntale a tu corazón: ¿cuál es mi mejor intención, mi más noble aspiración para este momento difícil?

Tu corazón responderá.

Deja que esto se convierta en tu guía. Cuandoquiera que te sientas perdido, recuerda y esto te recordará lo que importa.

Es tiempo de ser la medicina, la música inspiradora, la lámpara en la oscuridad.

Arde con amor. Sé un portador de la esperanza.

Si hay un funeral, despídelos con una canción.

Confía en tu dignidad y bondad.

Donde otros acumulan… ayuda.

Donde otros engañan… defiende la verdad.

Donde otros están abrumados o son indolentes… sé bondadoso y respetuoso.

Cuando te preocupas por tus padres, tus hijos, tus seres queridos, permite que tu corazón se abra y participe en la preocupación de todos por sus padres, sus hijos y sus seres amados. Este es el gran corazón de la compasión. El Bodhisattva dirige la compasión hacia todos: aquellos que están sufriendo y son vulnerables y aquellos que causan el sufrimiento. Estamos en esto juntos.

Es momento para reimaginar un mundo nuevo, para visualizarnos compartiendo nuestra humanidad común, para visualizar cómo podemos vivir de la manera más hermosa posible. Al atravezar esta situación, podremos hacer aquello que cultivemos y en lo que pongamos nuestro empeño.

Al final, recuerda que quien eres es la consciencia atemporal, la consciencia que nació en tu cuerpo. Tú naciste como un hijo del espíritu, e incluso ahora puedes volver a esa consciencia y convertirte en la consciencia amorosa que te atestigua leyendo y sintiendo y reflexionando.

Cuando un bebé nace, nuestra primera respuesta es el amor.

Cuando un ser querido muere, la mano que sostenemos es un gesto de amor.

El amor y la consciencia atemporales son lo que eres.

Confía en eso.

Querido Bodhisattva,

El mundo espera tu corazón compasivo.

Abordemos esta gran tarea juntos.

Con cariño,

Jack Kornfield.

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.