El lenguaje del corazón

Trata de mirar una de estas palabras sin que su significado venga a tu mente. Trata de ver una de estas letras sin asociarla con el sonido que le corresponde en español. Es difícil, ¿no? Para lograr esto tendrías que desaprender el idioma español y reemplazarlo por otra manera de intrepretar estos símbolos que ves en la pantalla de tu computador.

Y lo mismo que sucede cuando aprendemos un idioma ocurre cuando adquirimos un sistema de creencias. Por ejemplo, una vez que se ha arraigado en ti la idea de que el dinero es malo, cada vez que veas a un rico verás a un mal ser humano. Si crees que la gente es mala por naturaleza, cada vez que abras los ojos te verás rodeado de enemigos.

Lo maravilloso de esto es que, si nuestro sistema de creencias no nos hace felices, podemos reemplazarlo por otro.

Por ahora muchos interpretamos la realidad de acuerdo con el lenguaje del ego. Pero podemos desaprender ese lenguaje y elegir recordar nuestra lengua materna: el lenguaje del corazón.

Cuando hablamos el lenguaje del corazón, es decir, cuando interpretamos la realidad a través de sus ojos, el mismo mundo que antes era una pesadilla amenazante y poblada de enemigos se torna en sueño feliz del que despertamos a medida que reconocemos que somos hermanos. Donde antes veíamos ataques, ahora vemos peticiones de amor. Donde antes percibíamos vacío ahora vemos la plenitud de la creación.

Te invito a que aprendamos el lenguaje del corazón.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Michael Howard.

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Confía, entrégate a los brazos del universo

Hay una frase de Eckhart Tolle que me encanta: ” En vez de preguntar ‘¿qué quiero de la vida?’, una pregunta más poderosa es ‘¿qué quiere la vida de mí?'”.

La pregunta que propone Eckhart Tolle requiere de gran confianza. Requiere de soltar el control. En cierta medida, requiere de no decidir, sino dejar que la vida decida por nosotros. Es un acto de total entrega.

Pero no se trata de un evitar decidir inmaduro e irresponsable. Es, más bien, la forma más elevada de decidir. Dejar que la vida decida por nosotros es otra forma de decir que decidimos con el corazón en lugar de con el intelecto. Y decidir con el corazón es dejar que la vida decida, pues nuestro corazón está conectado con el corazón de la vida, es nuestra conexión con la Fuente.

Y este acto de entrega sólo se puede lograr en medio del silencio. Solo en la más profunda quietud podrá la vida decirnos lo que quiere o, más bien, lo que en realidad queremos desde lo más profundo de nuestro corazón. Y si estamos en silencio profundo, en paz profunda, no hay duda de que la vida nos lo dirá.

Por eso, estar en silencio es un acto de confianza en la vida. Pues para estar en silencio debemos dejar de tratar de solucionar todo por nosotros mismos. Estar en silencio es, obviamente, incompatible con pensar frenéticamente en cómo resolver un problema o en qué decisión tomar. Estar en silencio interior frente a una decisión que aparenta ser difícil es un acto de gran confianza. Es como dejarnos caer en los brazos del Universo, a sabiendas de que sus amorosos brazos nos recibirán. Cuando menos lo esperas, la luz llega. La respuesta llega. La acción surge. Si lo permites. Si te quitas de en medio y le das paso a la inteligencia universal para que fluya a través tuyo.

Confía. Quédate en silencio. Dos frases que son sinónimas. En lo profundo son una misma invitación. La invitación a abrirte a la posibilidad de que tu corazón sabe el camino de regreso a casa y, si se lo permites, te llevará seguro allí.

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