La voz del corazón

Hace ya varios años estoy suscrito a una lista de correo de Neale Donald Walsh en la que diariamente me llegan mensajes inspiradores. La lista se llama “I believe God wants you to know…” (Creo que Dios quiere que sepas…). El mensaje de hoy me pareció particularmente bello, por lo que he decidido traducirlo para ustedes:

“En este día de tu vida, creo que Dios quiere que sepas que tu corazón conoce en silencio los secretos de los días y las noches.

Kahlil Gibran lo dijo, y tenía razón. Escucha, por tanto, a tu corazón. Cultiva la habilidad de hacerlo. Practícala. Prodúcela. Perfecciónala.

No es tan difícil. Simplemente quédate en silencio contigo misma. Y por el amor del Cielo, deja de escuchar a tu mente. No encontrarás la verdad ahí. Podrás encontrar la respuesta, pero no será la verdad a menos que coincida con la respuesta en tu corazón.

Crees que hay algo más que saber en la vida aparte de esto, pero no lo hay. Tu corazón contiene la llave. Tu corazón contiene la sabiduría. Tu corazón contiene el futuro. Tu mente no sabe nada aparte del pasado. Ella imagina que el futuro será justo como ayer, y toma sus decisiones con base en eso. Sólo tu corazón puede ver más allá del horizonte de la memoria”.

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La importancia de ser ignorante

Si nunca has cocinado y alguien se ofrece a enseñarte a cocinar, no te sentirás ofendido. Pero si llevas toda la vida cocinando y crees que eres un gran chef, puede que el ofrecimiento te parezca un insulto. Y puede que, debido a eso, te pierdas la oportunidad de aprender una nueva receta, tal vez mejor que muchas de las que conoces.

Para ser capaces de aprender debemos reconocer primero que somos ignorantes, y al ego le duele reconocer su ignorancia o su insuficiencia en aquellos temas con respecto a los cuales define su identidad.

Así pues, mira aquellos lugares en los que no te permites aprender de otros. De pronto es tu ego que tiene miedo a sentirse pequeño. Permitirnos reconocer nuestra ignoracia es la clave para seguir creciendo. Es incómodo, pero nos permite evolucionar.

Tal vez es tu jefe, tu subalterno o tu colega que tratan de mostrarte una mejor manera de hacer las cosas, pero los rechazas porque te sientes atacado y ofendido. Tal vez es tu hermano menor que te señala un aspecto en el que eres más inmaduro que él y te cuesta reconocerlo. Tal vez es tu amigo que no tiene tus mismas creencias religiosas pero se ofrece a enseñarte algo sobre la espiritualidad, y rechazas sus enseñanzas, porque atentan contra la idea que tu ego espiritual ha forjado de ti, una idea en la que eres “mejor” que tu amigo y según la cual no tienes nada que aprender de él ni de nadie que no sean los maestros que has venido leyendo por años. Tal vez sea el vendedor de frutas que te dice “¿Quiere que le dé un consejo?” y lo ignoras porque consideras que, si está vendiendo frutas, es porque no tiene nada valioso que enseñarte.

Piénsalo: ¿Cuántos maestros hemos dejado pasar debido a nuestro orgullo?, ¿cuántas oportunidades de aprender hemos perdido? Por eso, si quieres crecer más rápido, aguza tus oídos. Permítete sentirte ignorante. Con verdadera humildad y sin fingirlo permítete ser alumno de aquellos que crees que deberían ser tus alumnos.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Discover New Zealand.

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El magnífico poder de tu energía

Todos tenemos nuestra propia energía vital a disposición. Esa energía es poder bruto. Podemos canalizarla en las creaciones más sublimes o podemos destruir al mundo con ella. Podemos expresarla de forma inconsciente o podemos iluminarnos a nosotros y a nuestros hermanos con ella.

Cuando nuestra energía vital y nuestra energía sexual se mezclan con el amor y se transmutan, nos conectamos con la Fuente. La Fuente de lo que somos y también la fuente de todas las respuestas sabias.

Es esa energía la que se deborda cuando alguien despierta o se realiza y toma consciencia de su ser verdadero. Es esa energía la que corre ahora por todo tu cuerpo y te empuja a perseguir tus pasiones. Es esa energía la que crea nuevos seres humanos.

Comienza por sentirla en tu cuerpo. En el silencio. Elevándose desde la base de tu columna hasta el tope de tu cabeza. Luego puedes canalizarla en tus propósitos más elevados. Es el amor mismo transformándose en ti.

Esa energía se puede convertir en sexo, en edificios, en poemas, en las palabras de este blog, en compasión, y, si se eleva lo suficiente, en el silencio vibrante de la consciencia pura.

Cultívala. Cuídala. Siéntela. Transmútala. Elévala. Deja que tus deseos más elevados se impregnen de ella. Deja que tus creaciones vengan con el sello de la Fuente. Es esa la energía con la que vamos a despertarnos y a cambiar al mundo.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Jonas Pointek.

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Confía, entrégate a los brazos del universo

Hay una frase de Eckhart Tolle que me encanta: ” En vez de preguntar ‘¿qué quiero de la vida?’, una pregunta más poderosa es ‘¿qué quiere la vida de mí?'”.

La pregunta que propone Eckhart Tolle requiere de gran confianza. Requiere de soltar el control. En cierta medida, requiere de no decidir, sino dejar que la vida decida por nosotros. Es un acto de total entrega.

Pero no se trata de un evitar decidir inmaduro e irresponsable. Es, más bien, la forma más elevada de decidir. Dejar que la vida decida por nosotros es otra forma de decir que decidimos con el corazón en lugar de con el intelecto. Y decidir con el corazón es dejar que la vida decida, pues nuestro corazón está conectado con el corazón de la vida, es nuestra conexión con la Fuente.

Y este acto de entrega sólo se puede lograr en medio del silencio. Solo en la más profunda quietud podrá la vida decirnos lo que quiere o, más bien, lo que en realidad queremos desde lo más profundo de nuestro corazón. Y si estamos en silencio profundo, en paz profunda, no hay duda de que la vida nos lo dirá.

Por eso, estar en silencio es un acto de confianza en la vida. Pues para estar en silencio debemos dejar de tratar de solucionar todo por nosotros mismos. Estar en silencio es, obviamente, incompatible con pensar frenéticamente en cómo resolver un problema o en qué decisión tomar. Estar en silencio interior frente a una decisión que aparenta ser difícil es un acto de gran confianza. Es como dejarnos caer en los brazos del Universo, a sabiendas de que sus amorosos brazos nos recibirán. Cuando menos lo esperas, la luz llega. La respuesta llega. La acción surge. Si lo permites. Si te quitas de en medio y le das paso a la inteligencia universal para que fluya a través tuyo.

Confía. Quédate en silencio. Dos frases que son sinónimas. En lo profundo son una misma invitación. La invitación a abrirte a la posibilidad de que tu corazón sabe el camino de regreso a casa y, si se lo permites, te llevará seguro allí.

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