La voz del corazón

Hace ya varios años estoy suscrito a una lista de correo de Neale Donald Walsh en la que diariamente me llegan mensajes inspiradores. La lista se llama “I believe God wants you to know…” (Creo que Dios quiere que sepas…). El mensaje de hoy me pareció particularmente bello, por lo que he decidido traducirlo para ustedes:

“En este día de tu vida, creo que Dios quiere que sepas que tu corazón conoce en silencio los secretos de los días y las noches.

Kahlil Gibran lo dijo, y tenía razón. Escucha, por tanto, a tu corazón. Cultiva la habilidad de hacerlo. Practícala. Prodúcela. Perfecciónala.

No es tan difícil. Simplemente quédate en silencio contigo misma. Y por el amor del Cielo, deja de escuchar a tu mente. No encontrarás la verdad ahí. Podrás encontrar la respuesta, pero no será la verdad a menos que coincida con la respuesta en tu corazón.

Crees que hay algo más que saber en la vida aparte de esto, pero no lo hay. Tu corazón contiene la llave. Tu corazón contiene la sabiduría. Tu corazón contiene el futuro. Tu mente no sabe nada aparte del pasado. Ella imagina que el futuro será justo como ayer, y toma sus decisiones con base en eso. Sólo tu corazón puede ver más allá del horizonte de la memoria”.

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¿Existen lo bueno y lo malo?

En Conversaciones con Dios, Dios le dice a Neale Donald Walsh que para Él (Dios) no hay nada malo de manera absoluta. Entonces Neale le pregunta por qué, si no hay nada malo, Él da consejos y directrices. Al fin y al cabo, si no hay nada malo, ¿no daría lo mismo lo que hagamos o dejemos de hacer?

Frente a esto, Dios responde que, aunque no hay nada malo de manera absoluta, sí hay cosas malas de manera relativa. Las cosas son buenas o malas en relación con el objetivo que queramos lograr. Por ejemplo, si queremos ir hacia el norte y estamos caminando hacia el sur, podría decirse que estamos actuando mal. Pero caminar hacia el sur no es malo de manera absoluta, sino sólo en relación con el objetivo de llegar hacia el norte.

Así mismo, si queremos estar en paz y ser felices y plenos, habrá ciertas acciones que nos ayudarán a acercarnos a ese estado y serán “buenas” en relación con ese fin, y también habrá acciones que nos alejen de eso que buscamos y serán “malas” en relación con ese fin.

Así, Dios le dice a Neale algo como: “Me buscaste porque querías ser feliz, y con base en eso te guío y te digo que está bien y qué está mal. Pero eso no será bueno o malo de manera absoluta, sino sólo en relación con aquello que quieres experimentar. Si me pides ayuda, yo te la doy, pero nunca juzgo nada. Si decidieras no seguir este camino y quisieras experimentar sufrimiento o probar otras formas, a mis ojos seguirías siendo perfecto y no juzgaría nada de lo que hicieras. Eres libre para elegir lo que gustes y mi amor por ti no está en juego. Pero, si me dices que quieres despertar, que quieres paz, que quieres experimentar amor permanente, entonces sí te diré que algunas de las cosas que estás haciendo están muy mal y no sirven, mientras que otras son muy buenas”.

Esto es hermoso. En Conversaciones con Dios, Dios da muchos consejos, desde qué comer y qué no hasta cómo relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. Pero estos consejos no se basan en la idea de algo bueno o malo de manera absoluta. Depende únicamente de lo que queremos experimentar.

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Deja ir la idea de que no mereces

Traducción de un fragmento de un artículo de Neale Donald Walsh.

A muchas personas se les ha dicho que son pecadoras, que nacieron en pecado y que morirán en pecado, y que sú única esperanza de salvación reside en que pidan perdón constantemente y en la misericordia de Dios para otorgarlo, o en su creencia en el Hijo de Dios como el Redentor.

A otras se les ha dicho que, incluso si fuesen merecedoras de ver a Dios, en todo caso no serían capaces de verlo, pues Dios es tan magnifiscente y totalmente insondable que no puede ser visto, comprendido ni experimentado.

Conversaciones con Dios nos enseña que todas estas premisas son falsas.

Nadie “nace en pecado”. De hecho, el pecado como tal no existe. No existe algo así como “ofender” a Dios. Y Dios no experimenta estrés, ira o frustración, y tampoco se decepciona. Esa simplemente no es la naturaleza de Aquello Que Es Divino.

Quizás esta sea una buena oportunidad para repasar qué y quién es Dios.

En Las Nuevas Revelaciones se nos dijo que:

Dios no es un Súper Ser singular que vive en alguna parte del Universo o por fuera de éste, con las mismas necesidades emocionales y sujeto a los mismos cambios emocionales que los humanos. Aquello que Dios es no puede ser herido ni dañado de ninguna manera y, por tanto, no necesita buscar venganza ni imponer castigos“.

Allí también se nos dice algo más, algo quizás un poco más inesperado:

“Dios no necesita nada. Dios no requiere nada para ser feliz. Dios es la felicidad misma. En consecuencia, Dios no exige nada de nadie ni nada en el Universo”.

Ahora bien, si estas aseveraciones son ciertas (y yo creo que lo son), no hay razón para preocuparnos por que Dios se vaya a enfadar con nosotros o por que nos vaya a considerar como indignos de su amor o de su presencia en nuestras vidas, o de la Experiencia Sagrada.

Dos años más tarde, en El Dios de mañana, se nos ofreció una visión más comprehensiva y más minuciosa sobre Dios y sobre la naturaleza de la Divinidad, donde algunas de las revelaciones previas se repiten, pero otras nuevas fueron añadidas. Sin embargo, pocas de las ideas allí expresadas son sostenidas por la mayoría de las personas en la sociedad actual.

Esto es lo que ese texto extraordinario nos dice:

  • El Dios de mañana no exije que nadie crea en Dios.
  • El Dios de mañana no tiene género, tamaño, forma, color, ni ninguna de las características de un ser viviente individual.
  • El Dios de mañana habla con todos todo el tiempo.
  • El Dios de mañana no se encuentra separado de nada; en cambio, está presente en todas partes, el todo en el todo, el alfa y el omega, el principio y el fin, la suma total de todo aquello que jamás fue, es y será.
  • El Dios de mañana no es un súper ser, sino el extraordinario proceso llamado Vida.
  • El Dios de mañana siempre está cambiando.
  • El Dios de mañana no tiene necesidades.
  • El Dios de mañana no pide que le sirvan, sino que es el sirviente de toda la vida.
  • El Dios de mañana será incondicionalmente amoroso, sin juzgar, sin condenar y sin castigar.

Dado todo esto que ahora sabemos sobre Dios, nuestros pensamientos de que no somos merecedores se desvanecen. Esto supone, por supuesto, que nosotros aceptamos estas nuevas ideas y las tomamos como la verdad.

Para hacer esto tendríamos que estar dispuestos a alejarnos de practicamente todo lo que se nos ha dicho en el pasado acerca de Dios y de nosotros mismos. Tendríamos que considerar la posibilidad de que puede haber algo acerca de Dios que no entendemos por completo, y que si lo comprendiéramos, todo cambiaría. Tendríamos que dejar ir nuestra arrogancia espiritual.

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