Deja ir la idea de que no mereces

Traducción de un fragmento de un artículo de Neale Donald Walsh.

A muchas personas se les ha dicho que son pecadoras, que nacieron en pecado y que morirán en pecado, y que sú única esperanza de salvación reside en que pidan perdón constantemente y en la misericordia de Dios para otorgarlo, o en su creencia en el Hijo de Dios como el Redentor.

A otras se les ha dicho que, incluso si fuesen merecedoras de ver a Dios, en todo caso no serían capaces de verlo, pues Dios es tan magnifiscente y totalmente insondable que no puede ser visto, comprendido ni experimentado.

Conversaciones con Dios nos enseña que todas estas premisas son falsas.

Nadie “nace en pecado”. De hecho, el pecado como tal no existe. No existe algo así como “ofender” a Dios. Y Dios no experimenta estrés, ira o frustración, y tampoco se decepciona. Esa simplemente no es la naturaleza de Aquello Que Es Divino.

Quizás esta sea una buena oportunidad para repasar qué y quién es Dios.

En Las Nuevas Revelaciones se nos dijo que:

Dios no es un Súper Ser singular que vive en alguna parte del Universo o por fuera de éste, con las mismas necesidades emocionales y sujeto a los mismos cambios emocionales que los humanos. Aquello que Dios es no puede ser herido ni dañado de ninguna manera y, por tanto, no necesita buscar venganza ni imponer castigos“.

Allí también se nos dice algo más, algo quizás un poco más inesperado:

“Dios no necesita nada. Dios no requiere nada para ser feliz. Dios es la felicidad misma. En consecuencia, Dios no exige nada de nadie ni nada en el Universo”.

Ahora bien, si estas aseveraciones son ciertas (y yo creo que lo son), no hay razón para preocuparnos por que Dios se vaya a enfadar con nosotros o por que nos vaya a considerar como indignos de su amor o de su presencia en nuestras vidas, o de la Experiencia Sagrada.

Dos años más tarde, en El Dios de mañana, se nos ofreció una visión más comprehensiva y más minuciosa sobre Dios y sobre la naturaleza de la Divinidad, donde algunas de las revelaciones previas se repiten, pero otras nuevas fueron añadidas. Sin embargo, pocas de las ideas allí expresadas son sostenidas por la mayoría de las personas en la sociedad actual.

Esto es lo que ese texto extraordinario nos dice:

  • El Dios de mañana no exije que nadie crea en Dios.
  • El Dios de mañana no tiene género, tamaño, forma, color, ni ninguna de las características de un ser viviente individual.
  • El Dios de mañana habla con todos todo el tiempo.
  • El Dios de mañana no se encuentra separado de nada; en cambio, está presente en todas partes, el todo en el todo, el alfa y el omega, el principio y el fin, la suma total de todo aquello que jamás fue, es y será.
  • El Dios de mañana no es un súper ser, sino el extraordinario proceso llamado Vida.
  • El Dios de mañana siempre está cambiando.
  • El Dios de mañana no tiene necesidades.
  • El Dios de mañana no pide que le sirvan, sino que es el sirviente de toda la vida.
  • El Dios de mañana será incondicionalmente amoroso, sin juzgar, sin condenar y sin castigar.

Dado todo esto que ahora sabemos sobre Dios, nuestros pensamientos de que no somos merecedores se desvanecen. Esto supone, por supuesto, que nosotros aceptamos estas nuevas ideas y las tomamos como la verdad.

Para hacer esto tendríamos que estar dispuestos a alejarnos de practicamente todo lo que se nos ha dicho en el pasado acerca de Dios y de nosotros mismos. Tendríamos que considerar la posibilidad de que puede haber algo acerca de Dios que no entendemos por completo, y que si lo comprendiéramos, todo cambiaría. Tendríamos que dejar ir nuestra arrogancia espiritual.

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