¿Fue real esa ofensa?

Alguien hizo un comentario que te dolió y ahora tienes resentimiento. Ese resentimiento es la señal de que no has perdonado.

“Re-sentir” significa seguir sintiendo el dolor; revivir la ofensa como si estuviera ocurriendo en este momento. Cuando estamos resentidos, seguimos sufriendo, seguimos siendo víctimas de aquello que creemos que nos hicieron.

Mientras estemos resentidos, surgirán en nosotros emociones destructivas hacia aquellos que nos ofendieron. Sentiremos rabia, desconfianza y deseos de venganza. En ese estado, claramente el perdón no está presente.

Perdonar no es decir “te perdono” ni darle al otro un abrazo o un beso. Tampoco es quedarme al lado del otro. Todo eso puede ser parte del perdón en algunos casos, pero es insuficiente y, en algunos casos, es innecesario.

Perdonar es sanar. Es cuando ya no está presente en nosotros la herida y, por tanto, ya no resentimos. En ese estado, nuestro corazón vuelve a abrirse para darle la bienvenida al otro. Y esto no implica que querremos estar con él o ella. Es posible perdonar y querer alejarnos. Pero entonces el alejamiento es externo. Nuestro corazón está abierto y lleno de amor por la persona.

Pero, ¿cómo perdonar? ¿Cómo dejar ir el resentimiento? ¿Cómo dejar de sentir el dolor de la ofensa?

Un Curso de Milagros dice sabiamente que no podemos perdonar aquellas ofensas que percibimos como reales. Por tanto, para perdonar debemos darnos cuenta de que la ofensa no es real.

En este punto, puede que estés diciendo: “Pero entonces no puedo perdonar, pues es obvio que la ofensa fue real. Es obvio que las palabras fueron reales. Es obvio que los golpes fueron reales”.

Aquí es donde se requiere un cambio de percepción radical. Tal vez lo que percibes como real no es real en verdad. Y tal vez lo que sí es real lo ves ahora como si fuera sólo una fantasía.

Al comienzo de Un Curso de Milagros se ofrece un resumen del curso en tres frases que dice así:

Nada real puede ser amenazado.

Nada irreal existe.

En eso radica la paz de Dios.

Ese es el cambio de percepción radical al que nos invita Un Curso de Milagros, y esa es también la clave del perdón. Perdonamos completamente cuando nos damos cuenta de que aquello que es verdad no puede ser amenazado, es decir, cuando nos damos cuenta de que aquello que somos en realidad no puede ser amenazado y, por tanto, no es posible que nadie nos haya atacado ni es posible que nadie nos ataque. Y entonces, en medio del perdón, sobreviene la paz de Dios. Ya no podemos resentir, pues no hay nada que resentir, pues no nos han hecho nada.

En este punto, no obstante, puede que objetes que lo que propone Un Curso de Milagros es obviamente falso, pues tienes pruebas de que en verdad te hicieron daño. Y eso, además, muestra que sí es posible que lo real sea amenazado y que tú seas amenazado, por lo que el resumen de Un Curso de Milagros no tiene sentido.

Esa es una opción. Puede que esa objeción tenga razón y que lo que el curso propone sea un sinsentido. Otra opción, que vale la pena explorar, es que tal vez no sabes lo que es real y tampoco sabes quién eres.

¿Quién puede ser atacado? El ego o el cuerpo. Pero no somos el ego ni el cuerpo. Por tanto, aunque nuestro ego o nuestro cuerpo sean atacados, lo que en verdad somos permanece inalterado, ajeno al ataque.

Cuando te “ofenden”, ¿en realidad eres tú el que es atacado o es tu ego? Si te das cuenta de que el que es atacado es tu ego, y reconoces luego que no eres tu ego, sabrás entonces que no te han hecho nada y que en verdad no hay nada que perdonar. En ese momento los resentimientos se desvanecerán y habrás perdonado por completo. Ya no quedarán trazas de resentimientos.

Pero para esto, por supuesto, es necesario darnos cuenta de que no somos nuestro ego. Y esto sólo lo descubrimos a medida que comenzamos a tener contacto con nuestro verdadero Ser.

En consecuencia, el perdón y el despertar espiritual van de la mano. Solo cuando tomamos consciencia de nuestra verdadera identidad, vemos claramente que nadie puede hacernos daño.

Frente a eso, tal vez pienses que pueden ser ideas bellas, pero que no son aplicables, pues en la vida diaria percibimos nuestro cuerpo y nuestro ego como nuestra realidad, y sería sólo un autoengaño pretender que somos otra cosa y pretender, por tanto, que en realidad no nos hacen daño cuando nos insultan o cuando maltratan nuestro cuerpo.

Y es cierto que el cambio de percepción que propone Un Curso de Milagros es extremo. Es cierto que esa perspectiva no es fácil de adoptar al comienzo. Es una inversión de nuestra forma de pensar que muchas veces sólo se logra mediante la práctica. Y esa es una clave: la práctica.

La invitación de este artículo no es a que, de repente, comiences a pretender que no te han hecho nada cuando en realidad percibes que has sido o estás siendo atacado. La invitación no es a que te fuerces a perdonar lo que por ahora percibes como imperdonable. La invitación es a dos cosas.

Lo primero es invitarte a que cuestiones la realidad de lo que percibes, y sobre todo, a que cuestiones la realidad de lo que crees ser. ¿Crees ser un cuerpo, un ser separado de Dios, que puede sufrir, pequeño e impotente, que vive rodeado de peligros en un mundo amenazante? Vale la pena cuestionar eso. Sólo comenzar a abrirnos a la posibilidad de que tal vez esa perspectiva es una ilusión.

Lo segundo es invitarnos a practicar esta forma de perdón con cosas pequeñas. Si alguien en el tráfico te grita o te mira mal, ¿en verdad estás siendo atacado? ¿En verdad hay algo real en ti que está sufriendo daño? Cuando alguien te mira mal en la calle, ¿en verdad estás sufriendo daños por eso? Son ejemplos muy sencillos. Y al hacer estos simples ejercicios, nos iremos dando cuenta de que en verdad lo que somos no ha sido dañado, no ha sido atacado; lo que ha sido atacado es una imagen irreal que tienes de ti mismo: tu ego.

En el caso de los daños corporales, es mucho más difícil adoptar esta perspectiva, pues la creencia de que somos nuestro cuerpo está muchísimo más arraigada, y todo lo que sentimos y experimentamos parece dar muestras de ello. El dolor parece completamente real. Por eso, la invitación es a comenzar con las cosas más sencillas y simples.

Un Curso de Milagros nos dice que la resurrección de Jesús es sólo un ejemplo de esto: es una muestra de que a lo que es real no se le puede hacer daño, y de que incluso los daños en el cuerpo son ilusorios, pues el cuerpo es una ilusión. Su resurrección es, por tanto, el mayor acto de perdón. A los ojos del mundo, él fue torturado y asesinado. Pero él no lo percibió así. Él sabía que su realidad no podía ser atacada y no estaba siendo atacada, y, en consecuencia, sabía que en realidad no había nada que perdonar.

Cuando perdonamos completamente nos damos cuenta de que en realidad estamos sanos y le permitimos al otro ver que estamos sanos y que en realidad no nos hizo nada y por tanto no tiene nada por lo qué sentirse culpable. Ese es el perdón de Jesús resucitado: “Mírenme, no me han hecho nada. Lo que es real no puede ser atacado. Sólo en ilusiones pueden haberme hecho daño. Por lo tanto, en realidad no hay nada que perdonar. Estoy perfectamente sano y a salvo, como siempre lo he estado y como siempre lo estaré. Y así mismo, ustedes están ahora libres de culpa, tal como siempre lo han estado y como siempre lo estarán”.

Jesús dice en Un Curso de Milagros que ese es el verdadero mensaje de su crucifixión: servir como un ejemplo extremo de perdón, mostrarnos lo que es posible. Pero la invitación no es a que seamos crucificados literalmente nosotros siguiendo su ejemplo, sino simplemente a que adoptemos esa perspectiva en situaciones mucho menos extremas, es decir, la perspectiva de darnos cuenta de que en realidad no nos están haciendo nada.

Esa es la invitación de Un Curso de Milagros. Esa es la invitación que he comenzado a poner en práctica en mi vida y gracias a la cual he comenzado a ver resultados. Entonces no me enfoco en tratarde perdonar. Me enfoco sólo en conectarme con mi ser verdadero y en darme cuenta de que quien cree haber sido ofendido es mi ego. Y entonces la perspectiva cambia y de repente la idea de haber sido ofendido se desvanece.

Encuentra, por tanto, tu ser verdadero. Ánclate allí cada vez con más frecuencia. Habita desde allí. Mira desde allí. Y el perdón y la paz no podrán más que seguirte como si fueran tu sombra sagrada.

¿Qué pasa con quienes no siguen un camino espiritual?

Alguien me preguntó eso hace poco en un video que subí a YouTube. Esto fue lo que le respondí:

Todos estamos en un camino espiritual y todos estamos creciendo. La vida es un camino espiritual. Es una oportunidad para experimentarnos en forma humana, pero esa experiencia realmente sirve para experimentar nuestra divinidad.

Algunos, como el maestro Eckhart Tolle, llegan al despertar a través del sufrimiento y sin haber seguido ningún camino espiritual. Otros van creciendo poco a poco, sin darse cuenta y sin llamarlo “camino espiritual”. Otros hacen una práctica que llaman “espiritual” y así crecen. Pero todos vamos para el mismo lado y todos estamos en el camino.

Incluso el asesino que parece completamente inconsciente está creando las experiencias que su alma requiere para evolucionar. Y todos hemos pasado por ahí. Todos tuvimos vidas en las que nuestro camino tomó la forma de la insconciencia y el abuso hacia los demás. Pero tuvimos que pasar por ahí para llegar a donde estamos.

En el corto plazo, podría parecer que algunos van de para atrás y que se han dormido más profundo que antes debido a sus elecciones. Pero esa es una perspectiva limitada. En el plano más amplio, todos estamos despertando. Y todos despertaremos por completo al final. Eso es inevitable debido a quien somos: Dios mismo jugando a soñar que es pequeños entes separados. Pero Él no puede dejar de ser Quien es y, por tanto, nuestra Esencia no puede perderse: ahí está siempre, esperando a que tomemos consciencia de ella y recordemos nuestra divinidad.

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¿El ego o el corazón?

¿Cómo saber cuando algo está motivado por el ego o el corazón? ¿Cómo saber, por ejemplo, si al querer estar con alguien estamos siguiendo a nuestro corazón o a nuestro ego?

La mejor forma es estar en profundo silencio interior. Allí se puede escuchar la voz del corazón y se acalla la voz del ego.

Al ego le importa el futuro. Necesita saber cómo serán las cosas. Tiene miedo. Quiere evitar el dolor. Necesita asegurarse de que podrá controlar las cosas.

Al corazón sólo le importa el presente. No necesita saber nada sobre el futuro, pues no tiene miedo a perder algo. Sabe que no puede perder nada, pues lo tiene todo dentro de sí. Está completo.

El ego busca siempre qué puede obtener, cómo puede usar a la situación o a las personas para completarse y mejorarse a sí mismo, pues siempre siente que le falta algo. El corazón sólo busca dar. Dar es su dicha y su gozo. No necesita nada, pues ya está completo dentro de sí.

Por tanto, el ego exige. Y cuando no recibe, se resiente, se siente traicionado por la vida y por los demás. El corazón, en cambio, nunca exige nada, pues no necesita nada.

El ego interpreta el presente con base en el pasado. Eso es lo que conoce: su historia. El corazón mira al presente directamente y le permite ser.

El amor del ego y la paz del ego es condicional: sólo están presentes si se cumplen ciertas condiciones, si la vida es de cierta manera, si los demás se comportan de cierta manera. El amor y la paz del corazón son incondicionales, eternas: emanan de Él, por tanto, no hay ningún suceso que pueda afectarlas. Él es la fuente de la plenitud y la dicha y la paz. Esa es su naturaleza.

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Con gratitud

Hace poco leí un hermoso poema de Helen Schucman, la escriba de Un Curso de Milagros. Esta es mi traducción para ustedes:

Con gratitud

Nadie puede saber lo que su parte significará

Cuando Dios a partir de pequeñas luces complete una estrella

A partir de lo que Le damos. Cada una pasa desapercibida

Hasta que otras partes de lejos y de cerca

Son unidas por Él en una forma que

Puede usar para alumbrar la oscuridad. En su mano

Nacen las estrellas, para brillar sobre el mar

Y encantar todas las cosas sobre la tierra

Y elevarlas hacia los Cielos. Quizás tu regalo

Es colocado en la punta de una estrella, o quizás

Titila en el centro, para levantar

A un corazón de la tristeza. O quizás corona

El borde plateado de una estrella. No olvides pues

Que en aquello que nosotros vemos poco valor Dios podría ver

Una estrella recién nacida, desconocida para nosotros

Que no podemos ver la gloria de lo que será.

El ego siempre busca signos de grandeza. Por eso la belleza de lo simple muchas veces le pasa desapercibida. Y puede que los gestos más pequeños que hacemos sean nuestros más grandes aportes a la humanidad.

A veces creemos que no hemos hecho nada o nos fijamos solo en nuestras medallas o en los logros que el mundo celebra con gran bombo. Pero en realidad no tenemos ni idea de qué significan nuestros actos dentro del tapete cósmico tejido por Dios.

Quizás esos diez segundos de silencio que tomaste esta mañana sean la luz que le dará consuelo a muchas vidas. Quizás esa pequeña ofensa que dejaste pasar en el ascensor sea la semilla del final de una guerra y de una nueva era de paz y armonía en un país lejano de otro tiempo. Quizás esa leve sonrisa que ahora alumbra tu rostro sea el motivo por el que muchos ángeles se están regocijando ahora.

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Shining Star

A veces, la mejor forma de avanzar es parar

A veces entorpecemos nuestros proyectos cuando no logramos desconectarnos de ellos. Por ejemplo, cuando sembramos las semillas y después no podemos dejar de mirarlas a ver si han crecido. Claro, hay que revisarlas de vez en cuando. Pero estar las 24 horas encima no va a ayudar. Y, si en el afán de hacerlas crecer les echamos más agua de la necesaria, podemos terminar matando las semillas.

Así mismo, a veces no paramos de pensar en nuestros proyectos y en lo que queremos lograr. Esto no nos ayuda a conseguir lo que queremos, pues drena nuestra energía y nos impide descansar. Además, al no desconectarnos, nuestra mente pierde claridad, como les sucede a todas la mentes que no tienen el descanso suficiente. Y esa falta de claridad, sumada a la ansiedad por obtener el resultado que buscamos, puede llevarnos a emprender acciones contraproducentes, como echar demasiada agua o tratar de recoger la cosecha antes de tiempo.

Por tanto, desconectarnos de nuestros proyectos es una parte fundamental de lograr que tengan éxito; pero, sobre todo, es una parte fundamental de estar plenos mientras los llevamos a cabo. Pues, incluso si llegamos a la meta, no habrá valido la pena si llegamos enfermos, sin energía vital y sin dicha; en cambio, si estamos felices y plenos, el camino habrá valido la pena, incluso si no llegásemos a nuestra meta.

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Puedes estar en paz justo ahora

Muchas veces creemos que para estar en paz nos hace falta tiempo. Tiempo para conseguir aquello de lo que ahora cavideorecemos, tiempo para sanar, tiempo para reparar nuestros errores, tiempo para perdonar, tiempo para aprender nuevas cosas.

Pero, ¿y qué tal que pudiéramos estar en paz ahora, justo ahora, en este preciso momento, con nuestra vida exactamente como es? A eso es a lo que te invito en mi último video. Allí comparto enseñanzas de Eckhart Tolle que me han ayudado mucho a encontrar la plenitud aquí y ahora.

Muchas veces creemos que para estar en paz nos hace falta tiempo. Tiempo para conseguir aquello de lo que ahora carecemos. Pero, ¿y qué tal que pudiéramos estar en paz ahora, justo ahora, en este preciso momento, con nuestra vida exactamente como es?