Lo barato sale caro

Si alguien no comprende cómo funciona un automóvil, puede pensar que una buena estrategia para ahorrar tiempo es no parar a echarle gasolina.

Ese un ejemplo trivial. Nadie aplica esa estrategia. Sin embargo, muchos dejan de llevar su carro al taller periódicamente, con la excusa de que es muy costoso o de que no hay tiempo. No se ve como una prioridad. No parece urgente.

¿Qué hay de tu cuerpo y tu mente? ¿Te parece que parar con frecuencia durante el día a descansar, a refrescar tu mente en tu silencio interior es muy costoso? ¿En serio no hay tiempo para ir al gimnasio o al médico? ¿No hay recursos para comer sano y despacio? ¿Crees que si duermes ocho horas y descansas varios días a la semana estarás desperdiciando el tiempo?

Lo que no se ve como urgente pareciera más costoso de lo que en realidad es. Pareciera que vamos a ser más productivos y a aprovechar mejor nuestros recursos si dejamos de lado aquellos cuidados y hábitos que no tienen un fuerte impacto en el corto plazo.

Por eso vale la pena recordar el refrán popular: lo barato sale caro. Ahorra tiempo y dinero en lo importante para darle prioridad a lo urgente y te saldrá caro a mediano y largo plazo… y probablemente no solo perderás tiempo y dinero, sino también tu salud y tu paz.

No pospongas invertir en ti. No te aplaces. Si te dejas llevar por la mentalidad de lo urgente, tu vida pasará de emergencia y emergencia… hasta que tu carro se quede sin gasolina o se vare en la mitad de una autopista por falta de mantenimiento. No obligues a la vida a obligarte a parar. No es necesaria una crisis para que te des cuenta de lo importante que es cuidarte todo el tiempo. Eso quiere decir: ahora.

Foto: David Trood.

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Desacelera, detente, comienza a moverte, acelera

La ley de la inercia establece que todo cuerpo permanecerá en estado de reposo o de movimiente rectilíneo (es decir, en la misma dirección) a menos que una fuerza externa actúe sobre él.

Esa ley, creo, también se aplica a nosotros, a nuestros procesos, a nuestras vidas.

Muchas veces, lo más difícil es comenzar algo. Comenzar a hacer ejercicio. Comenzar a escribir. Comenzar a estudiar. Comenzar a meditar. Es difícil porque hay inercia en nuestro reposo y, por tanto, se requiere de esfuerzo para cambiar ese estado por uno dinámico.

Otras veces lo difícil es parar. Parar de pensar. Parar de jugar. Parar de manipular. Parar de fantasear. Parar de consumir. Parar de trabajar. Parar de mirar cuántos likes tengo en mis redes sociales. Hay una inercia, un pilóto automático que se establece una vez nos habituamos a cierta actividad. Es necesario hacer un esfuerzo para detener o desacelerar el movimiento.

El equilibrio en nuestras vidas requiere que estemos rompiendo continuamente la inercia. Requiere que vayamos del reposo al movimiento y del movimiento al reposo. Este cambio suele ser incómodo, como suelen serlo la mayoría de los cambios. Pero es necesario para evolucionar. De lo contrario, nos estancamos en nuestro reposo o nos desgastamos y consumimos en nuestra acción.

Observa con cuidado. ¿Qué es lo que pide este momento, que comiences a moverte o que te detengas? Tal vez pide ambas cosas, pero en áreas diferentes de tu vida. Comienza aquello. Deja de hacer aquello otro.

Rompe la inercia. Desacelera. Detente. Permanece en la quietud. Comienza a moverte. Acelera. Desacelera, detente…

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Nobuhiro Sato.

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