Elogio de la lentitud

Hay una recomendación sabia que dice: medita al menos una hora al día, a menos que no tengas suficiente tiempo, en ese caso medita al menos dos horas al día.

Estar de afán es un estado mental. Creer que tenemos que correr constantemente y que no hay tiempo para lo importante es, la mayoría de las veces, una enfermedad, una distorsión de la percepción.

La velocidad tiene inercia. Después de que te acostumbras a andar rápido, te cuesta trabajo desacelerar. Y es fácil en nuestra sociedad de hoy en día caer en la ilusión de que debemos ir rápido.

La gente en la calle camina rápido. Los carros van rápido. Si vas muy lento en tu coche, se enfadarán contigo y te arrebasarán raudos y furiosos.

Almorzamos rápido. Hacemos el amor rápido. Jugamos rápido. Nos bañamos rápido. Nos vestimos rápido.

Nos da miedo quedarnos atrás en la carrera. Nos da miedo que quienes van más rápido nos quiten lo que deseamos.

¿A dónde queremos llegar con tanto afán?

¿En realidad es tu tiempo tan precioso que tienes que tratar de ahorrar unos pocos segundos aquí y allá todo el tiempo? ¿Para qué lo estás ahorrando, qué vas a hacer con esos ahorros de tiempo? ¿Pasar más tiempo en redes sociales? ¿Ver más televisión? ¿Ir a cine los fines de semana? ¿Ganar más dinero? ¿Y luego qué? ¿Seguir corriendo hacia dónde? ¿Cuándo crees que por fin vas a poder descansar, cuando seas millonario? La inercia no te dejará desacelerar. Pues la verdad es muchas veces que no vamos acelerados porque lo necesitemos, sino por un hábito que se ha arraigado en nuestras vidas.

Hay algo cierto y es que entre más rápido viajes más difícil te será disfrutar del paisaje, de los sabores, de las sensaciones, de la calidez de quienes nos rodean. Entre más te afanes, más difícil será para ti disfrutar de aquello que consigues con tanto afán.

Para. Puedes parar. Ahora y casi siempre puedes parar. Vivir en estado de emergencia es, en el 99% de los casos, una elección. Si estuvieras en el 1% que de verdad tiene una emergencia, probablemente no estarías leyendo esto.


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Lo barato sale caro

Si alguien no comprende cómo funciona un automóvil, puede pensar que una buena estrategia para ahorrar tiempo es no parar a echarle gasolina.

Ese un ejemplo trivial. Nadie aplica esa estrategia. Sin embargo, muchos dejan de llevar su carro al taller periódicamente, con la excusa de que es muy costoso o de que no hay tiempo. No se ve como una prioridad. No parece urgente.

¿Qué hay de tu cuerpo y tu mente? ¿Te parece que parar con frecuencia durante el día a descansar, a refrescar tu mente en tu silencio interior es muy costoso? ¿En serio no hay tiempo para ir al gimnasio o al médico? ¿No hay recursos para comer sano y despacio? ¿Crees que si duermes ocho horas y descansas varios días a la semana estarás desperdiciando el tiempo?

Lo que no se ve como urgente pareciera más costoso de lo que en realidad es. Pareciera que vamos a ser más productivos y a aprovechar mejor nuestros recursos si dejamos de lado aquellos cuidados y hábitos que no tienen un fuerte impacto en el corto plazo.

Por eso vale la pena recordar el refrán popular: lo barato sale caro. Ahorra tiempo y dinero en lo importante para darle prioridad a lo urgente y te saldrá caro a mediano y largo plazo… y probablemente no solo perderás tiempo y dinero, sino también tu salud y tu paz.

No pospongas invertir en ti. No te aplaces. Si te dejas llevar por la mentalidad de lo urgente, tu vida pasará de emergencia y emergencia… hasta que tu carro se quede sin gasolina o se vare en la mitad de una autopista por falta de mantenimiento. No obligues a la vida a obligarte a parar. No es necesaria una crisis para que te des cuenta de lo importante que es cuidarte todo el tiempo. Eso quiere decir: ahora.

Foto: David Trood.

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