No es necesario aprender nada en el nivel de la mente

Esta es la primera lección del libro El Camino del Corazón.

No se trata de un camino intelectual. La transformación a la que invita no tiene que ver con adquirir nuevas ideas, teorías o conocimientos. Se trata de una transformación que está más allá del nivel de la mente, en el corazón.

En el corazón encontramos la puerta a la sabiduría de la vida, que va más allá de lo que nuestro intelecto es capaz de comprender.

No es esta una invitación, sin embargo, a abandonar la mente. Se trata, simplemente, de reconocer su papel dentro de nuestro despertar. Y cuando se trata de nuestro despertar, la mente es tan solo un instrumento para que nuestro corazón pueda indicarnos el camino de vuelta a casa.

En este video hablo sobre esta primera lección de El Camino del Corazón, enseñanzas de Yeshúa y María Magdalena:

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¿El ego o el corazón?

¿Cómo saber cuando algo está motivado por el ego o el corazón? ¿Cómo saber, por ejemplo, si al querer estar con alguien estamos siguiendo a nuestro corazón o a nuestro ego?

La mejor forma es estar en profundo silencio interior. Allí se puede escuchar la voz del corazón y se acalla la voz del ego.

Al ego le importa el futuro. Necesita saber cómo serán las cosas. Tiene miedo. Quiere evitar el dolor. Necesita asegurarse de que podrá controlar las cosas.

Al corazón sólo le importa el presente. No necesita saber nada sobre el futuro, pues no tiene miedo a perder algo. Sabe que no puede perder nada, pues lo tiene todo dentro de sí. Está completo.

El ego busca siempre qué puede obtener, cómo puede usar a la situación o a las personas para completarse y mejorarse a sí mismo, pues siempre siente que le falta algo. El corazón sólo busca dar. Dar es su dicha y su gozo. No necesita nada, pues ya está completo dentro de sí.

Por tanto, el ego exige. Y cuando no recibe, se resiente, se siente traicionado por la vida y por los demás. El corazón, en cambio, nunca exige nada, pues no necesita nada.

El ego interpreta el presente con base en el pasado. Eso es lo que conoce: su historia. El corazón mira al presente directamente y le permite ser.

El amor del ego y la paz del ego es condicional: sólo están presentes si se cumplen ciertas condiciones, si la vida es de cierta manera, si los demás se comportan de cierta manera. El amor y la paz del corazón son incondicionales, eternas: emanan de Él, por tanto, no hay ningún suceso que pueda afectarlas. Él es la fuente de la plenitud y la dicha y la paz. Esa es su naturaleza.

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