La densidad del pensamiento

En una entrada anterior hablé sobre la importancia de observar nuestros pensamientos.

Quiero aclarar algo ahora. Observar nuestros pensamientos tiene varios niveles.

Por una parte, cuando observamos nuestros pensamientos observamos qué es lo que nuestra mente dice. Esto implica escuchar nuestra mente como si estuviéramos leyendo un libro o viendo una película: nos fijamos en las palabras, los temas, las ideas, o incluso las imágenes o sonidos que aparecen allí.

Por otra parte, para observar con mayor profundidad nuestros pensamientos debemos prestarle atención a nuestro cuerpo y a nuestra energía. Los pensamientos tienden a producir cambios en nuestras emociones y en la vibración de nuestra energía. Por tanto, al observar nuestras emociones y nuestra energía podemos hacernos conscientes de cuál es la vibración de nuestros pensamientos.

La densidad de nuestro campo energético y emocional nos habla de la densidad de nuestros pensamientos. Así, una de las mejores maneras de aprender a observar nuestros pensamientos es conectarnos profundamente con nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestras emociones.

Si sientes las emociones y el cuerpo densos, esa es una señal de que tus pensamientos probablemente estarán vibrando en una frecuencia baja. En consecuencia, en esos momentos no es una buena idea creer lo que te dicen ni tratar de resolver las cosas usando la mente. Lo más seguro es que crees historias de miedo que harán aún más densas tus emociones y energía. Cuando te sientas así, simplemente toma consciencia de la energía en tu cuerpo. Sentir esa densidad y darle tu consciencia es una gran práctica espiritual.

Habitar en tu cuerpo plenamente cuando se siente incómodo y denso es difícil al comienzo, pero te ayudará a ir más allá de los trucos de tu mente, que son especialmente difíciles de ver cuando estamos con una frecuencia vibratoria baja. Tu consciencia permitirá que esa frecuencia se eleve y se transmute. La clave es estar plenamente presentes, sintiendo por completo nuestras emociones y nuestra enegía.

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¿Cómo observar nuestros pensamientos?

El mejor criterio para determinar qué tanto has avanzado en tu camino espiritual es qué tanto tiempo permaneces en quietud, sin pensamientos, durante la vida cotidiana ~ Eckhart Tolle

Sin duda, una de las cosas que más nos hace sufrir es el constante ajetreo de nuestra mente. Por eso, hay muchas prácticas de meditación que se enfocan en detener los pensamientos.

Sin embargo, tratar de detener nuestros pensamientos puede ser algo difícil y puede generar tensión en nuestra práctica espiritual. No es fácil dejar la mente en blanco cuando llevamos años y vidas acostumbrados a su incesante parloteo.

Tal vez te interese leer: ¿Qué hacer con el ruido en tu cabeza?

Algo que puede ayudar mucho es aprender a observar los pensamientos. Cuando asumimos la posición del observador, veremos que nuestros patrones de pensamiento pierden fuerza y dejan de hacernos sufrir.

¿Cómo observar nuestros pensamientos? En este episodio de mi Podcast sobre reflexiones espirituales te comparto algunos consejos para esto, gran parte de los cuales están inspirados en las enseñanzas de Eckhart Tolle.

Puedes oír el episodio aquí:

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El sentido del viaje

El peregrino es aquel que viaja hacia un lugar sagrado. ¿En dónde reside el significado de su viaje? ¿Cuál es su propósito?

El placer del peregrino, así como su gozo y su realización, no están en el destino del viaje. El lugar de llegada puede ser hermoso, pero es secundario. El valor del viaje reside en el viaje mismo. Y el viaje siempre ocurre en este momento.

A través de cada paso del viaje, el peregrino puede tomar consciencia de sí mismo. Es esto lo que hace que el viaje sea sagrado. Es esto lo que le da significado. Es allí, en cada paso, donde el viajero se conoce a sí mismo, y es allí donde encuentra su verdadero valor.

Nuestro valor no está en el futuro ni en nuestros objetivos. Nada que podamos alcanzar o hacer puede modificar nuestro valor. Nuestro valor es eterno. Está siempre presente ahora. Podemos perder consciencia de él, pero no podemos perderlo en realidad. Este valo es del que Un Curso de Milagros dice que está “más allá de toda posible evaluación”.

En última instancia, los objetivos del mundo son secundarios. Pueden ser placenteros y traer satisfacción pasajera, así como ellos mismos son pasajeros. El logro más valioso que podemos tener está más allá de cualquier objetivo. El logro más valioso que podemos conseguir es tomar consciencia de nosotros en este momento, justo ahora, y reconocer nuestra plenitud que siempre está allí. Ese es el sentido del viaje.

Todos somos peregrinos. Y nuestro propósito más elevado es dar con plena consciencia este paso, justo este que estamos dando ahora.

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Hacer y no hacer

Este es un equilibrio delicado. A veces, para estar en paz tenemos que dejar de hacer. Tenemos que parar. Tenemos que ir a nuestro corazón y reposar allí en silencio. Sin embargo, si en la quietud de nuestro corazón comprendemos que hay algo que queremos o necesitamos hacer con toda nuestra alma, nuestra paz vendrá de tomar acción.

Si hay algo importante para nosotros que sentimos que tenemos que hacer, será difícil estar en paz si no lo hacemos. Es por esto que procrastinar causa desasosiego: porque sentimos que estamos dejando de hacer algo que es vital para nuestra paz.

Últimamente, he tenido grandes momentos de paz gracias a que he emprendido acciones en temas que son importantes para mí. Cuando ignoramos esos temas, siguen haciendo ruido de fondo y nos impiden disfrutar el momento presente. Es como si tratáramos de relajárnos leyendo un libro pero en el fondo estuviera el olor de un arroz que se está quemando en la cocina, olor al que hemos decidido ignorar para evitar la incomodidad de resolver el problema. En realidad lo segumos sintiendo y no podemos estar plenamente inmersos en la lectura. No podemos disfrutar de lo que hacemos.

Cuando los abordamos esos asuntos pendientes importante, nuestra mente se despeja y puede entonces estar plenamente en el presente. Es por esto que a veces la paz surge cuando tomamos acción.

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Meditación guiada: momento presente y consciencia profunda

Hace un tiempo he venido guiando meditaciones de manera virtual para un grupo de amigos con el que me reuno de manera virtual. Ha sido una experiencia muy gratificante. Guiar meditaciones me conecta de maera profunda con el corazón y es algo que hago con mucho gusto.

A raíz de ese proceso nació la idea de grabar meditaciones guiadas para compartirlas en mis redes sociales.

Aquí te comparto la primera meditación, llamada “Momento presente y consciencia profunda”. Relájate, ponte cómoda y disponte a adentrarte en este momento:

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Si quieres, puedes acceder a esta meditación suscribiéndote a mi podcast de meditaciones guiadas en Spotify. También puedes suscribirte al podcast de meditaciones guiadas en iVoox.

Así mismo, te invito a que te suscribas a un podcast en el que estaré haciendo reflexiones sobre la espiritualidad y compartiendo ideas para elevar la consciencia. A este también puedes acceder por Spotify o iVoox.

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El arte de esperar

Usualmente, cuando esperamos algo estamos ansiosos e impacientes. Por ejemplo, cuando esperamos en la fila para el banco, o esperamos en un restaurante a que un amigo llegue, o esperamos a que llegue el resultado de un examen.

Ante la impaciencia, muchas veces buscamos distracciones para “matar el tiempo” mientras sucede aquello que esperamos.

¿Qué le estamos diciendo a la vida en esos momentos? Le estamos diciendo “Este momento no es valioso para mí, es sólo un obstáculo que se interpone entre mí y lo que quiero”.

Estamos aquí, pero queremos estar allá. No queremos este momento, deseamos ya saltar al futuro. Y entonces nos perdemos la vida, pues la vida es siempre ahora.

Aprender a disfrutar mientras esperamos es, por tanto, aprender a honrar siempre a la vida.

La próxima vez que estés esperando y quieras distraerte o sientas ansiedad por saltar al futuro, espera, para. Hay aquí una oportunidad para entrar en comunión con el momento presente, con la vida misma.

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No te ahogues en tus pensamientos

¿Cuándo nos ahogamos en nuestros propios pensamientos? Cuando creemos todo lo que dicen.

Si tenemos patrones de pensamientos compulsivos que se enfocan en lo que está mal, como a menudo me sucede, creeremos estar en constante peligro a menos que los observemos.

Esa es la clave: observar los pensamientos, tomar consciencia de ellos.

Cuando reconocemos que estamos en un patrón de pensamiento, sabemos que lo que nos dice no es real. Entonces nuestras acciones y nuestras decisiones, así como los pensamientos subsiguientes, ya no se ven afectados. En otras palabras, vemos a través del velo de nuestros pensamientos.

Observa pues tus pensamientos. Toma distancia. Obsérvalos como si fueran los pensamientos de alguien más. No te identifiques con ellos, pues no eres ellos. Obsérvalos pasar como mirarías las nubes en el cielo, permitiendo tranquilamente que una llegue y otra se disuelva, sin aferrarte a las que tienen formas bellas y sin angustiarte cuando aparecen oscuras y densas, pues sabes que, al igual que todas, son pasajeras y no pueden hacerte daño.

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Las respuestas del silencio

“Yo diría que la razón por la que la mayoría de los científicos no son creativos no es porque no saben pensar, ¡sino porque no saben dejar de pensar!” ~ Eckhart Tolle

La creatividad pura, aquella que proviene de la fuente más elevada, surge cuando nos aquietamos internamente. Es en medio del silencio interior que el Universo puede hablarnos. O, más bien, es cuando estamos en silencio interior que podemos oír al Universo, que siempre nos está hablando, pero muchas veces no podemos oírlo a causa del ruido producido por nuestros pensamientos.

Es por esto que Eckhart Tolle señala que muchas de las grandes obras de arte y las soluciones más creativas que han logrado los humanos han surgido de un estado de quietud interior.

La mente es muy útil, pero por sí misma no es muy creativa. En nuestro estado normal de consciencia, la mente sólo puede crear a partir de la información que ha recibido antes. Se basa en el pasado para combinar de nuevas maneras lo que ya sabe y producir así nuevas creaciones. Pero hay una inteligencia mucho más basta y profunda, que no tiene la limitación de nuestra perspectiva ni de nuestro pasado; es la inteligencia de la Vida misma que se mueve a través de nosotros. De esta Inteligencia surgen soluciones y obras profundamente creativas.

La invitación, pues, es a conectarnos con esa inteligencia profunda. Pero esto requiere tener la capacidad de soltar el problema, es decir, la capacidad de dejar de pensar en él. Es cuando dejamos de lado nuestra necesidad de solucionarlo y dejamos descansar a nuestras mentes que podemos conectarnos con esa sabiduría más profunda.

Por eso es que a veces la forma más eficiente de solucionar un problema es dejar de tratar de solucionarlo. Cuando dejamos de pensar en como solucionarlo, nos damos espacio para oír la respuesta.

Y esto no solo aplica para grandes problemas científicos o para temas complejos de trabajo o arte. Aplica también para cada pequeña decisión que tomamos en nuestras vidas. A veces la vida nos guía a través de señas sutiles y nos muestra el mejor camino, pero no la podemos oír a causa del ruido producido por nuestras mentes.

Así pues, muchas veces no se trata de esforzarnos frenéticamente por encontrar la respuesta, sino de aquietarnos para poder oírla, pues ya está disponible para nosotros y es sólo el ruido de nuestros pensamientos el que nos impide acceder a ella.

Es sólo cuando acallamnos nuestras mentes que podemos oír las respuestas que nos esperan en el silencio.

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Consejos para aprender de todo el mundo

“Cuando eres buen observador, todo el mundo es tu maestro”.

Hace poco puse en mis redes esa frase. Alguien me preguntó entonces: ¿y cómo ser un buen observador? Aquí mi respuesta.

A veces creemos que solo podemos aprender de ciertas personas, de los que tienen títulos, de los que han logrado cosas valiosas a los ojos de la sociedad, de gente de cierta edad o incluso de cierta raza. Entonces, por esas ideas preconcebidas, no vemos a quien está adelante de nosotros con ojos frescos. Y esa frescura es la que nos puede permitir aprender. Pues la verdad es que la persona más humilde o aparentemente más ignorante desde el punto de vista de la sociedad puede decirnos justo lo que necesitamos en ese momento.

Así pues, para mí la clave para ser un buen observador es la inocencia.

La inocencia implica relacionarnos con los demás con ojos de niños. Y para ver con ojos de niños debemos dejar ir el pasado. Pues lo que nos impide aprender de alguien son las ideas preconcebidas que tenemos de esa persona. Son esas ideas las que nos hacen considerar que no tiene algo para ofrecernos. Y esas ideas vienen del pasado.

De pronto alguien de cierto país o de cierta raza nos estafó o estafó a nuestros padres en el pasado. Por tanto, cuando ahora vemos a una persona de ese país o esa raza, desconfiamos. Así, el pasado se interpone entre nosotros y esa persona como un velo denso que nos impide verla como realmente es ahora.

O fue quizás en el colegio o en la universidad donde aprendimos que ciertas personas son más valiosas y sabias que otras. Y esas ideas nos llevan a filtrar las palabras de los demás antes de recibirlas. Y, debido a ese filtro, les impedimos llegar directamente a nuestro corazón.

Si quieres aprender de todos, deja, pues, el pasado, y permítete ver a todo el mundo exactamente como es ahora. Deja que sea la inocencia del niño que hay en ti la que mire y reciba lo que los demás te dicen. Deja que sea tu corazón el que reciba las palabras.

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¿Qué hacer con ese ruido?

¿Te ha pasado que tratas de estar en paz, meditas, tratas de enfocarte en el momento presente, pero no te dejan? ¿Hay mucho ruido? ¿Te interrumpen constantemente? ¿Hay caos a tu alrededor y no puedes relajarte ni concentrarte en tu práctica meditativa? ¿Y justo cuando ya todo está resuelto y puedes descansar, un bebé comienza a llorar…?

Si te sientes identificada con alguna de estas situaciones, entonces tengo una muy buena noticia para ti: tienes ante ti la oportunidad de comenzar una poderosa práctica espiritual.

Un ejercicio que propone el maestro Eckhart Tolle es usar los ruidos y las situaciones a nuestro alrededor que nos incomodan para practicar la rendición espiritual. (Si te interesan las meditaciones propuestas por Eckhart Tolle, no te pierdas este video).

La idea es asumir estas situaciones como oportunidades para aceptar el momento presente exactamente como es.

La mente nos dice que, si ese ruido dejara de sonar, si esa persona se callara, si apagaran ese televisor, entonces podríamos estar en paz. Pero, si estamos buscando cambiar el afuera para tener paz, es porque no hemos encontrado aún la paz verdadera dentro de nosotros. Y esa paz la alcanzamos cuando hacemos las paces con el momento presente; es decir, con este momento, exactamente este, como es.

Hacer las paces con el momento presente implica estar en paz sin importar lo que suceda a nuestro alrededor. No se trata de no tener emociones. Se trata de conectarnos con una paz interior que está más allá de la alegría y la tristeza. Es una sensación de espacio profundo que puede albergar cualquier emoción. Sí: podemos estar tristes y en paz, e incluso podemos tener ira y estar en paz. La emoción sólo está en la superficie del cuerpo. Pero cuando nos conectamos con nuestra esencia más profunda, que va más allá del cuerpo, surge una paz que es independiente de lo que sucede en la superficie.

Hay situaciones muy extremas que requieren un alto grado de maestría espiritual para poder hacer las paces con ellas. Y, al menos la mayoría de nosotros, tenemos que practicar antes de poder contactar esa paz profunda dentro de nosotros.

Sin embargo, podemos empezar por cosas pequeñas. Escoge un ruido que te moleste a veces. Puede ser el ruido de los carros que tocan la bocina en medio de los atascos del tráfico, o quizás el ruido de los vecinos por la mañana o a altas horas de la noche. O tal vez es el llanto de tus hijos o de los hijos de tus amigos o familiares. O tal vez es incluso el sonido de la voz de tu pareja cuando te recrimina.

Cada vez que aparezca ese sonido, úsalo como una alarma que indica que es momento de comenzar el ejercicio espiritual. No huyas del sonido. No trates de calmarlo. No trates de distraerte. No te pongas a pelear, ni externamente ni en tu mente, con quienes producen el sonido. Es un regalo. Es el fundamento de tu práctica espiritual, así que agradéceles.

Ten la intención de aceptar plenamente el sonido. Esto quiere decir: dale toda tu atención y permite que el ruido se quede tanto como quiera.

Observa con mucha atención en esos momentos tus emociones, sensaciones y pensamientos. Observa. Toma consciencia de la presencia que observa. Ve profundo. Observa desde la profundidad el ruido que está en la superficie y mira cómo produce olas de emociones y pensamientos a su alrededor. Simplemente observa.

Con práctica, verás que puedes conectarte con una paz profunda en medio del ruido. Y has llegado a esa paz gracias al ruido. ¿No es una oportunidad maravillosa?

Algunas recomendaciones:

No te fuerces: Si hay una situación muy extrema y no te puedes rendir, no te fuerces. Comienza con cosas pequeñas, con algo que no tenga una gran carga emocional para ti. Si el sonido de los carros te altera demasiado, escoge otro menos intenso con el que empezar a practicar. Ve poco a poco. Comienza a elegir situaciones cada vez más intensas, pero asegúrate de que el proceso es fluido y de que no te estás forzando.

No te reprimas: ¿Cómo saber si te estás forzando? Cuando te fuerzas, hay represión. Sientes las emociones con gran intensidad y hay gran malestar en ti. Lo soportas, pero te hace daño. Si este es el caso, es importante que liberes la energía. Si quieres, intenta la práctica, pero después asegúrate de dejar salir las emociones. Si te cargas de molestia, canaliza esa energía de forma sana: corre, grita, haz ejercicio, golpea una bolsa de boxeo. No te quedes con la energía adentro si sientes que te sobrepasa. A medida que avances, esa misma energía podrás transformarla en consciencia y amor puro y entonces ya no tendrás que liberarla, pues no habrá riesgo de que la reprimas. Pero, mientras llegas a ese punto, tómalo con calma y deja salir la energía tantas veces como sea necesario.

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Y mira este video para ver meditaciones poderosas que puedes aplicar en tu vida cotidiana inspiradas en Eckhart Tolle y Un Curso de Milagros.