Ilusiones rotas

Estás enamorado y te rechazan. Deseas que te elijan para ese nuevo trabajo, pero te avisan que han escogido a otra persona. Diseñas y pones en marcha un plan para crear tu empresa, pero, después de dar lo mejor de ti, las cosas no funcionan. Tienes un matrimonio hermoso, un nido que es tu refugio de amor, y de repente, sin previo aviso, las cosas se derrumban y te encuentras solo.

Todos estos ejemplos tienen algo en común: en ellos se ha roto una ilusión.

Las cosas no siempre salen como queremos. Eso es parte de la vida. Por tanto, las ilusiones rotas son parte de la vida. Y está bien que sea así, pues estas circunstancias son oportunidades para crecer y madurar.

Hace poco publiqué una imagen en Instagram con este mensaje:

Cada vez que se nos rompe una ilusión, tenemos la oportunidad de experimentar una verdad.

¿Por qué es esto así? ¿Qué sentido tiene esta frase?

En el fondo, todo lo que puede disolverse es una ilusión. Todo lo que es pasajero es una ilusión. Y todo en este mundo es pasajero: las relaciones, los trabajos, las estructuras físicas. Cuando esas cosas se disuelven, tenemos una oportunidad para buscar lo que no es perecedero. Podemos mirar dentro de nosotros y encontrar allí lo que creemos que hemos perdido afuera.

Gran parte de nuestras vidas vamos en busca de ilusiones, creyendo que ellas nos traerán la plenitud y la paz que buscamos. Tratamos de crear una vida a nuestro alrededor que tenga ciertas características específicas y ciertos estándares, y creemos que, si lo hacemos bien, encontraremos la plenitud.

Es maravilloso construir una vida bella y rodearnos de personas amorosas y de experiencias enriquecedoras, pero debemos saber que la plenitud nunca vendrá de lo externo. A lo sumo, lo externo, lo ilusorio, será un reflejo de nuestro estado interno. Lo externo podrá ser una bella ilusión con la que jugar un rato y disfrutar y crecer. Pero si tratamos de derivar la planitud y el sentido de la vida de lo externo, siempre terminaremos defraudados, pues la naturaleza de las ilusiones es deshacerse. Sería como mirar el cielo y decidir que nuestra felicidad depende de la forma de las nubes, para al poco tiempo estar desconsolados al ver que ya se han transformado en formas nuevas.

Cuando las ilusiones se disuelven, cuando las formas del mundo se deshacen y dan lugar a otras nuevas, tenemos una oportunidad para desapegarnos. Esto implica reconocer que la plenitud no está en lo pasajero y enfocar nuestra atención en la realidad que nunca cambia, en la consciencia profunda que es lo que somos al nivel más profundo. Cuando las nubes se disuelven, tenemos una oportunidad para tomar consciencia del vasto cielo que las alberga. Ese espacio profundo siempre ha estado allí, en el fondo, pero nuestra atención estaba por completo en las formas. Cuando estas se van, tenemos, pues, la oportunidad de tener contacto con lo más profundo.

Lo más natural ante la disolución de una forma que amamos es tratar de repararla, retenerla o arreglarla. Hay casos en los que esto no es posible. Podemos entonces tratar de reemplazar esa forma con otra que nos proporcione la satisfacción que derivábamos de la anterior. Así, muchas personas, ante el fin de una relación, buscan saltar rápidamente a la siguiente, y con esto se pierden la oportunidad de recibir los regalos que hay en el vacío dejado por la relación anterior. O a veces, incluso, huimos en busca de ilusiones aún más efímeras para olvidar el dolor que nos produce la pérdida. Entonces nos refugiamos, por ejemplo, en drogas o en actos de consumo compulsivos, tratando de obtener una satisfacción pasajera que nos haga olvidar de la profunda insatisfacción que sentimos.

Si estás en un periodo de pérdida, si alguna ilusión a tu alrededor se ha disuelto, te invito a que te quedes contigo y mires profundo dentro de ti antes de tratar de reemplazar la vieja ilusión con una nueva. Tal vez, gracias al fin de lo pasajero e ilusorio, tienes ahora la oportunidad de experimentar un atisbo de lo permanente y real que reside en tu interior.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

Revisa que no sea una pataleta

Una de las formas que toma el resentimiento es dejar de dar. Es una forma de venganza: no me diste lo que yo quería y ahora yo no te daré lo que tengo.

No me quieres de la forma en que yo quiero y entonces te niego mi bondad. No aprecias mi trabajo de la forma en la que yo quisiera y entonces dejo de hacer un buen trabajo. No eres quien yo quiero que seas y entonces te niego mi ayuda y mi presencia.

A veces la pataleta es contra el universo: las cosas no han salido como quería y por tanto dejaré de dar lo mejor de mí.

Está bien alejarnos de alguien (externamente) cuando es obvio que es lo mejor para los dos (en el plano interno la separación siempre implica que hay algo por sanar). Está bien dejar de hacer cosas si eso es lo que te dice tu corazón. Simplemente verifica que tus decisiones vienen de tu sabiduría y no de tus resentimientos. En otras palabras: verifica que no sea una pataleta.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Emmanuel Tardy.
¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!

Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Deja que caigan las hojas marchitas

La mente nos juega trucos cuando tratamos de soltar las cosas que ya no nos sirven. Uno de los más comunes es: ¿Y si después lo necesito? Pasar por encima de este truco nos ayudará a tener una casa más limpia y una mente más sana. Además, esa chaqueta que ya no usas puede abrigar a alguien en las noches de frío.

Y esto no solo se aplica para las cosas materiales. Esa página de Facebook (o esa amiga) que continuamente publica cosas que te hacen sentir mal… ¿vas a continuar siguiéndola solo por si acaso de vez en cuando aparece un meme gracioso? Ese programa de televisión o esa serie de Netflix que ya no resuena contigo… ¿vale la pena seguir viéndola solo para saber qué va a pasar al final? Esa actividad que tanto te gustaba, pero que ahora sientes extraña para ti… ¿hay que seguir solo por miedo a incomodar a tus amigos o por no romper la tradición? ¿En realidad vale la pena ver y leer tantas noticias solo porque qué tal que me pase algo por no estar enterado?

Al dejar de seguir esa página, habrá más espacio para que Facebook te muestre publicaciones que sí te aportan lo que deseas. Al dejar de ver esa serie, tendrás tiempo para ver ese documental que te ayuda a crecer o podrás encontrar esa comedia que te alegra las noches. Al dejar esa actividad vieja podrás por fin cultivar tus talentos actuales y podrás empezar a cumplir esos propósitos que esperan desde hace tanto en tu lista de hábitos saludables.

Sigue tu corazón. Observa cómo caen las hojas marchitas del árbol de tu vida. Dales las gracias. Fueron importantes en su momento. Pero déjalas ir. Solo así habrá espacio y energía suficientes para sostener y alimentar las hojas nuevas.

nature-3133508_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.