Deja que caigan las hojas marchitas

La mente nos juega trucos cuando tratamos de soltar las cosas que ya no nos sirven. Uno de los más comunes es: ¿Y si después lo necesito? Pasar por encima de este truco nos ayudará a tener una casa más limpia y una mente más sana. Además, esa chaqueta que ya no usas puede abrigar a alguien en las noches de frío.

Y esto no solo se aplica para las cosas materiales. Esa página de Facebook (o esa amiga) que continuamente publica cosas que te hacen sentir mal… ¿vas a continuar siguiéndola solo por si acaso de vez en cuando aparece un meme gracioso? Ese programa de televisión o esa serie de Netflix que ya no resuena contigo… ¿vale la pena seguir viéndola solo para saber qué va a pasar al final? Esa actividad que tanto te gustaba, pero que ahora sientes extraña para ti… ¿hay que seguir solo por miedo a incomodar a tus amigos o por no romper la tradición? ¿En realidad vale la pena ver y leer tantas noticias solo porque qué tal que me pase algo por no estar enterado?

Al dejar de seguir esa página, habrá más espacio para que Facebook te muestre publicaciones que sí te aportan lo que deseas. Al dejar de ver esa serie, tendrás tiempo para ver ese documental que te ayuda a crecer o podrás encontrar esa comedia que te alegra las noches. Al dejar esa actividad vieja podrás por fin cultivar tus talentos actuales y podrás empezar a cumplir esos propósitos que esperan desde hace tanto en tu lista de hábitos saludables.

Sigue tu corazón. Observa cómo caen las hojas marchitas del árbol de tu vida. Dales las gracias. Fueron importantes en su momento. Pero déjalas ir. Solo así habrá espacio y energía suficientes para sostener y alimentar las hojas nuevas.

Foto tomada de lacuenta de Instagram de @tree_brilliance.

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Consejos para relajarnos en medio de nuestra imperfección

Cuando se emprende un camino espiritual, es común encontrar consejos como “perdona”, “no tengas pensamientos negativos”, “libérate de las emociones tóxicas”.

En cierto nivel, creo que son buenos consejos. Yo mismo pongo a veces memes con reflexiones afines a esta forma de pensar. Sin embargo, estos consejos pueden ser contraproducentes, dependiendo de la manera como se apliquen.

El problema es que a veces tenemos pensamientos “negativos” (esto es, pensamientos que nos hacen sufrir) y no es fácil dejarlos ir. No es fácil evitarlos. Y entonces, por tratar de seguir el consejo de no tener pensamientos negativos, nos peleamos con nuestros pensamientos, entramos en conflicto con nosotros mismos. Tratamos de suprimir una parte nuestra. Pero, sobre todo, sufrimos el doble. Pues, de por sí, un pensamiento negativo ya nos hace sufrir, pero ahora, como tenemos la idea de que ese pensamiento no debería estar en nuestra conciencia, nos preocupamos además por que esté allí. Decimos: “no debería tener este pensamiento”, “si quiero sanar y ser espiritual, debería alejarlo”. Y este último pensamiento es, de hecho, un pensamiento negativo, pues nos hace sufrir, ya que estamos preocupados e inconformes con nuestros pensamientos.

En otras palabras, nuestra evolución espiritual se nos convierte en un problema más, en una tarea que no estamos haciendo bien. En vez de traernos paz, nuestro camino espiritual asumido así nos trae ansiedad, culpa y preocupación.

Pero entonces, ¿qué hacer?

El truco, en mi opinión, es observa sin juzgar. Observar y aceptar lo que surge en este momento. O, al menos, no luchar con ello. Dejarlo estar. Sin juzgarlo. Es perfecto que surja. Es solo una experiencia más. No tenemos que resolverlo. La sola consciencia sobre lo que emerje tiene un gran poder sanador. Pero no tenemos que hacer algo para sanarlo.

Esto es difícil de poner en palabras. Parece una contradicción. Porque entonces podemos comenzar a esforzarnos por no juzgar, y comenzamos a juzgar nuestros juicios, y el sufrimiento vuelve a entrar por la puerta de atrás sin que nos demos cuenta.

La invitación es a relajarnos en medio de la imperfección. Se trata de un soltar sin esfuerzo. De un soltar que no podemos forzar. Solo podemos estar en disposición para que surja por sí solo. Se trata de que dejemos de tratar de hacer, pues ese hacedor es la fuente del sufrimiento. Pero tampoco podemos forzarlo a que deje de hacer. Él simplemente se detiene en presencia de la consciencia.

En el lenguaje de Un Curso de Milagros, el truco está en entregarle el problema al Espíritu Santo (la mente de Dios que reside en nosotros), y en no tratar de resolverlo por nuestra cuenta.

En pocas palabras, mi consejo sería este:

  1. Observa. Recononoce que no te gusta lo que vez.
  2. Ten la intención de sanar. Pide ayuda.
  3. Reconoce que no te corresponde a ti sanar. Reconoce que no hay nada que tengas que hacer.
  4. Entréga lo que no te gusta y confía.
  5. Repite el paso 1.

Nota: Si este procedimiento te trae sufrimiento, suspéndelo y consulta con tu médico (tu guía interior).

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Thomas Mangelsen.

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