La plenitud y la dificultad para tomar decisiones

Toda la vida me ha costado tomar decisiones. Desde qué comer en un restaurante hasta a qué dedicarme en general.

La razón por la que me cuesta trabajo tomar decisiones es porque me da miedo tomar malas decisiones. Y creo que una mala decisión es aquella que me hará sufrir.

En otras palabras, creo que mi felicidad depende de las decisiones que tome.

Esto implica que creo que mi felicidad depende de mi futuro.

Creo que si encuentro la actividad adecuada, seré feliz, y que si no la encuentro, seré infeliz. Y el miedo a no ser feliz en el futuro me lleva a ser infeliz ahora. Y esa infelicidad se manifiesta en la incapacidad de tomar decisiones.

Hace poco me di cuenta, sin embargo, de que no tengo que tomar buenas decisiones para ser feliz. Me di cuenta de que mi felicidad en este momento no depende de tener resuelto el futuro. Y, en últimas, tampoco depende de que lo que estoy haciendo ahora sea “lo adecuado” o “lo correcto”. Puedo ser feliz incluso mientras cometo un error y me equivoco.

Tal vez la palabra “feliz” no es adecuada. La palabra “pleno” me parece mejor, pues “feliz” se asocia con una emoción, y plenitud en cambio es la consciencia de un espacio que subyace a las emociones, una consciencia en la que hay una paz profunda, que va más allá de estar alegre o triste. Puedo estar triste y pleno al tiempo.

Puedo estar pleno sin saber qué hacer. Puedo estar pleno haciendo algo que no me apasiona e incluso haciendo algo que no me gusta. Puedo estar pleno en medio del dolor.

Siempre pensé que tenía que tomar buenas decisiones para estar pleno. Ahora sé que puedo estar pleno en cualquier circunstancia, incluidos los momentos de duda y confusión. E irónicamente, cuando estoy pleno tomo buenas decisiones, pues estoy alineado con mi corazón.

No esperes a tener claridad y a tener todo resuelto en tu mente para permitirte estar pleno. Elige tu corazón ahora. Elige estar presente ahora y conéctate con tu ser más profundo ahora. No importa si de allí surgen respuestas o no. Eso es secundario. Al estar pleno, el encontrar la respuesta será solo un añadido a tu plenitud.

Tu plenitud no depende de que puedas encontrar las respuestas. Aunque lo más probable es que sí, que cuando estés pleno encuentres las respuestas que buscas.

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Cinco preguntas que difrutarás hacerte

Al menos yo lo disfruté. Espero que estas cinco preguntas sueltas te ayuden a tomar perspectiva y te saquen una sonrisa o te den una brisa de alivio:

¿Te has dado cuenta de todas las cosas maravillosas que has hecho estos días? No me refiero a la lista de ideales del ego, según al cual, puede que te falte mucho por hacer. Me refiero al calor que sale de tu corazón y al amor que esparces y a los milagros que haces y las vidas que cambias, a veces de forma sutil y sin darte cuenta.

¿Eres consciente de lo mucho que has crecido en los últimos diez años? A veces no vemos la belleza del camino que hemos recorrido por estar enfocándonos en lo que nos falta.

¿Pasas suficiente tiempo contigo misma? Cuando estás conectada con tu corazón, ¿por qué no quedarte allí un rato más? Parece que el mundo nos llama de manera apremiante y que, si no seguimos su llamado, las cosas se saldrán de control. Pero ten la seguridad de que puedes ignorar ese llamado y quedarte un rato más con tu corazón, y todo va a estar bien.

¿Y si no hubiera nada malo contigo, y si fueras perfecta exactamente como eres? A pesar de las imperfecciones que percibes en ti, y de las pruebas que tienes en tu contra, a los ojos de Dios eres perfecta, pues no eres más que un reflejo, una extensión de Ella. Y si estás en crisis, eso no cambia. Y si cometes errores, eso no cambia. Y si te olvidas de ti misma, eso no cambia.

¿Qué pasa si sueltas ese peso, esa preocupación, y descansas ahora? Muchos tenemos la ilusión de que, si no controlamos todo en todo momento, nuestro castillo de naipes se derrumbará. Pero la verdad es que, si dejamos el control, todo fluirá de forma perfecta. Y si se cae el castillo de naipes, también es perfecto. Nuestra plenitud está más allá de la ilusión. No tenemos necesidad de aferrarnos a nuestras fantasías. Podemos disfrutarlas, pero no tenemos por qué aferrarnos y sufrir por ellas.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Marcin Zając.

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Hoy no pero mañana sí

En algunas tiendas comerciales en Bogotá he visto un letrero que dice: “Hoy no presto dinero pero mañana sí”. Por supuesto, esta es una forma burlona de decir “no presto dinero, por favor no insista”.

El ego, nuestra mente condicionada, es igual con la felicidad y la plenitud. Parece decir constantemente: “hoy no puedo ser feliz, pero mañana sí”. Mañana, cuando conquiste ese objetivo que tanto quiero. Mañana, cuando resuelva ese problema que tanto me molesta. Mañana, cuando logre controlar aquello que me angustia. Mañana, cuando sane mis heridas emocionales. Mañana, cuando alcance la iluminación espiritual. Hoy no. Por favor no insistas.

Pero, sin importar qué tanto nos esforcemos y qué tantos objetivos logremos, mañana la respuesta será la misma. Lo único que cambiará es la lista de condiciones que debemos cumplir antes de poder estar en paz. “Hoy no, mañana sí, cuando…”.

En consecuencia, si seguimos el juego del ego, el juego de correr detrás de una zanahoria que siempre se aleja a medida que tratamos de acercarnos, nunca estaremos satisfechos. La única opción es parar. Ahora.

Tal vez es un truco de la mente. Tal vez puedes estar pleno Ahora. Ya, mientras lees esto. Mientras se te vienen a la mente todas las razones por las que eso no es posible. En este momento. Con todos tus problemas, con todos tus defectos. Exactamente como eres. Exactamente en este momento.

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¿Qué es el éxito?

En relación con un objetivo puntual, el éxito puede definirse con claridad. Si nos hemos puesto el objetivo de ganar 100.000 dólares en un año, es fácil determinar si tuvimos éxito o no: solo debemos mirar nuestra cuenta bancaria. Blanco o negro. No hay lugar a dudas.

Sin embargo, en nuestra sociedad hay una idea vaga y general de éxito. Es la idea de que podemos tener éxito o fracasar, no en relación con un objetivo específico, sino en la vida misma. Y así, muchos corremos en diferentes direcciones con la idea de ser exitosos, y huimos de la horrible idea del fracaso. Pero, ¿qué es ser exitoso en la vida?, ¿puede alguien fracasar como ser humano?, ¿tienen Dios o el Universo una agenda fija, un conjunto de objetivos asignados a cada uno de nosotros, con base en lo cual juzgar si lo hicimos bien o mal?

La televisión, las películas y los medios de comunicación en general tienen un gran poder para definir nuestras ideas sobre el éxito y el fracaso. Éxito: dinero, belleza, fama, juventud, vencer, matrimonio, ser admirados por nuestros amigos en redes sociales, iluminación. Fracaso: soledad, pobreza, ignorancia, perder, ser rechazados, anonimato, miedo, vulnerabilidad.

Y muchas veces, alimentados por esas ideas, corremos sin saber bien a dónde vamos ni por qué. Tenemos la esperanza de que, cuando logremos ese siguiente objetivo, y lleguemos al final del arcoiris, encontraremos el tesoro de la felicidad y la plenitud.

El éxito es una idea. Y es tu idea. Defínela como más te haga feliz. A mí me gusta ahora la siguiente definición: el éxito es este momento, el éxito es estar aquí, ahora, el único lugar donde puedes estar. El éxito es ser tú. Y, por tanto, la palabra éxito es redundante. Pues siempre tienes éxito, ya que siempre estás aquí, siempre eres tú, en tu esplendor, así no te des cuenta. Tu corazón siempre estará unido con el corazón de Dios, sin importar lo que hagas o dejes de hacer. Ya estás despierto, aunque por momentos creas estar dormido. Ya estás aquí. Eres exitoso.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Diego Hernández.

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El truco es desear sin apego

Desear es maravilloso y es la fuerza creativa que mueve el universo. Puedes creer y esperar que tus deseos se cumplan, pero sin apego. Ese es el truco. En el momento en que tienes apego por tu deseo, te vuelves como un niño malcriado que hace una pataleta frente a su madre. Y esa energía, puedes estar seguro, te aleja de lo que quieres crear.

El truco es desear y soltar los deseos, sin ninguna exigencia al universo. No le digas a la vida: “Seré feliz, pero sólo si me das esto y aquello. Si no me lo das, estaré resentido y seré miserable”. Dile mejor: “Esto es lo que deseo. Qué placentero sería tenerlo. Qué agradable. Pero ya soy feliz y no necesito nada. Así que gracias por la experiencia que venga, sea cual sea, sé que estaré pleno y satisfecho”.

Muchos creen que si obtuvieran todo lo que desean, se sentirían plenos y satisfechos. Pero ¿qué tal si fuera al revés? Te invito a considerar esta posibilidad. El orden correcto es primero sentirte plena y satisfecha, sin importar lo que pase en el exterior, y a partir de esa energía de plenitud y abundancia, es muy probable que tu mundo exterior se convierta en un espejo y te lleguen más cosas de las que jamás imaginaste. Pero será sólo un extra, un regalo para mimarte, pues no necesitarás nada de eso para sentirte bien. Ya estarás plena.
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