Cree en tu bondad

Robert Jonhson, el notable analista junguiano, reconoce lo difícil que es para muchos de nosotros creer en nuestra bondad. Es más fácil para nosotros creer que nuestros peores miedos y pensamientos son lo que somos, aquellos rasgos que no reconocemos y que Jung llamó “la sombra”. “Curiosamente”, dice Jonhson, “la gente se resiste a los aspectos nobles de su sombra con más fuerza de la que gasta en tratar de esconder los rasgos oscuros […]. Es más desestabilizador descubrir que tienes un carácter profundamente noble que descubrir que eres una mala persona”.

Nuestra creencia en una identidad limitada y empobrecida es un hábito tan fuerte que sin esta no sabríamos cómo ser. Si reconocemos por completo nuestra dignidad, esta podría llevar a cambios radicales en nuestra vida. Podría pedirnos algo grande. Y, sin embargo, una parte de nosotros sabe que el ser asustadizo y vulnerable no es quienes somos. Cada uno de nosotros necesita encontrar el camino hacia la completud y la libertad.

En estos días, en los que a veces hay cinismo, podríamos pensar que esta bondad original es solo una frase para hacernos sentir mejor, pero a través de sus lentes descubrimos una manera radicalmente diferente de ver y de ser: una manera cuyo objetivo es transformar al mundo. Esto no significa que vamos a ignorar la magnitud del sufrimiento de las personas ni que nos expondremos de manera vulnerable y necia a individuos inestables y quizás violentos. De hecho, para encontrar la dignidad en los demás, es necesario reconocer su sufrimiento. Dentro de los principios psicológicos budistas más importantes estás las Cuatro Nobles Verdades, que comienzan por reconocer el sufrimiento inevitable en la vida humana. También es difícil hablar de esta verdad en nuestra cultura moderna, en la que a la gente se le enseña a evitar la incomodidad a toda costa, y en la que “la búsqueda de la felicidad” se ha convertido en “el derecho a la felicidad”. Y, aun así, cuando estamos sufriendo es muy refrescante saber que la verdad de nuestro sufrimiento es reconocida.

Las enseñanzas budistas nos ayudan a lidiar con nuestro sufrimiento individual, desde la vergüenza y la depresión hasta la ansiedad y la tristeza. Estas abordan el sufrimiento colectivo del mundo y nos ayudan a trabajar con la fuente de este dolor: las fuerzas de la avaricia, el odio y el engaño en la mente humana. Pero, si bien reconocer nuestro sufrimiento es muy importante, esto no eclipsa nuestra nobleza fundamental.

La palabra nobleza no se refiere a caballeros y cortes medievales. Se deriva del vocablo griego gno (como en gnosis), que significa “sabiduría” o “iluminación interior”. En español, la nobleza se define como excelencia humana, como aquello que es ilustre, admirable, elevado y distinguido en valores, conducta y comportamiento. ¿Cómo podemos conectarnos intuitivamente con esta cualidad en aquellos que nos rodean? Así como nadie puede decirnos cómo sentir amor, cada uno de nosotros debemos encontrar nuestra propia forma de sentir la bondad en los demás. Una manera es alterar el marco temporal e imaginar la persona en frente de nosotros como un niño pequeño, todavía joven e inocente.

O, en vez de ir atrás en el tiempo, podemos movernos hacia adelante. Podemos visualizar a la persona al final de su vida, en su lecho de muerte, vulnerable, abierta, sin nada que esconder. O simplemente podemos verla como un compañero caminante que lucha con sus propias cargas, y que quiere la dignidad y la felicidad. Debajo de los miedos y las necesidades, de la agresión y el dolor, quienquiera que nos encontremos es un ser que, como nosotros, tiene el tremendo potencial de ser comprensivo y compasivo, y cuya bondad está ahí para ser tocada por nosotros.

Por: Jack Kornifield

Tomado de https://jackkornfield.com/see-the-inner-nobility-in-all-beings/

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.

“El blues [el dolor] es la verdad”

Por: Jack Kornfield

Como respuesta saludable al dolor y el miedo, tomamos consciencia antes de que se conviertan en ira. Podemos entrenarnos para caer en cuenta del espacio entre lo que sentimos y nuestra reacción frente a ello. Para esto debemos aprender a tolerar nuestro dolor y nuestro miedo. No es fácil. Tal como lo dijo James Baldwin: “La mayoría de la gente descubre que, cuando el odio se vaya, se verán obligados a lidiar con su propio dolor”. Es por esto que comenzamos prestándole atención a las cosas pequeñas, pequeños dolores y decepciones.

Para trabajar honorablemente con la ira, debemos reconocer la profundidad de la Primera Noble Verdad de Buda: la verdad del sufrimiento. Hay dolor en nuestras vidas, en el mundo —decepciones, injusticias, traiciones, racismo, soledad, pérdida—. Como los maestros del blues Buddy Guy y Junior Wells dicen: “El blues es la verdad” [en inglés, blues significa tristeza o melancolía]. Ninguna estrategia puede evitar que experimentemos la pérdida y el dolor, la enfermedad y la muerte. Esta es la vida humana. Aunque tratemos de evitar esta verdad, sigue siendo verdad. Un dicho zen nos recuerda que “Si entiendes, las cosas son tal como son. Si no entiendes, las cosas son tal como son”.

¿Cuál es la medicina que la psicología budista prescribe para el sufrimiento y la aversión? Primero, tomamos consciencia de esta fuerza dentro de nosotros. Reconocemos en nuestros cuerpos la rigidez de la agresividad, el dolor de la furia, la contracción del miedo. Tomamos contacto íntimo con nuestra frustración, nuestra ira, nuestra culpa.

En segundo lugar, aprendemos la diferencia entre reacción y respuesta. Cuando estamos de afán y se quema una tostada, podemos reaccionar irritándonos en extremo o golpeando la tostadora, o podemos sentir nuestra frustración y poner otra tajada de pan. Cuando alguien nos cierra en el tráfico, podemos vengarnos acelerando, sobrepasando al otro vehículo y gritándole, tratando de cerrarlo también, o podemos respirar y soltar. Cuando nos critican, cuando nos traicionan, no tenemos que reforzar el dolor de la situación sumándole el dolor de nuestra reacción.

Es como dos flechas, dijo Buda. La primera flecha es el evento inicial, la experiencia dolorosa. Ya sucedió, no podemos evitarlo. La segunda flecha es aquella que nos lanzamos a nosotros mismos. Esta flecha es opcional. Ante el dolor inicial podemos agregar un estado mental contraído, molesto, irritado, rígido, en pánico. O podemos aprender a experimentar el mismo evento doloroso con menos identificación y menos dolor, con un corazón más relajado y compasivo.

¿Significa esto que no podemos responder con fuerza algunas veces? No. A veces tenemos que pararnos, gritar la verdad, marchar, protestar, hacer lo que sea necesario para proteger nuestra vida y la de los demás. Los grandes ejemplos de no violencia como Ganhdi y Martin Luther King Jr. mostraron una gran estrategia y una gran habilidad en este sentido. Ellos unieron a las personas, usaron las cortes, rompieron la ley, bloquearon las vías, negociaron, se movieron hacia adelante y hacia atrás, encontraron aliados, y usaron el dinero, el poder, la vergüenza, los discursos y la política para luchar por aquello que estaba bien. Pero ellos no actuaron motivados por el odio y la violencia. Este es un ejemplo poderoso. Cuando la ira surge de la rigidez y de creernos mejores que los demás, podemos dejarla ir. Reteniendo nuestra claridad y su fuerza, también podemos buscar justicia, pero con un corazón amoroso.

Buda nos exhorta a dejar nuestra ira aun después de dificultades extremas. Estos son unos versos famosos del Dhammapada, las palabras de Buda: “‘Él abusó de mí y me golpeó, me tiró al piso y me robó’. Repite estos pensamientos y vivirás en el odio. Él abusó de mí y me golpeó, me tiró al piso y me robó’, abandona esos pensamientos y vivirás en amor. En este mundo, el odio nunca termina con el odio, sino que solo se sana con el amor. Esta es la ley antigua y eterna”.

Traducido por: David González

Tomado de: https://jackkornfield.com/the-blues-is-the-truth/

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.