Elegir entre el Cielo y el infierno

Ante los mismos hechos, dos personas pueden tener experiencias completamente distintas. Esto es así porque las experiencias que tenemos no solo dependen de los hechos, sino también de la forma como los interpretamos.

En consecuencia, aunque dos personas se encuentren aparentemente en la misma situación externa, en el mismo lugar y tiempo, una podría estar rodeada de enmigos mientras que la otra está rodeada por hermanos que no están separados de ella; una podría estar en un mundo de escasez mientras que la otra solo ve signos de abundancia; una podría creer que está constantemente amenazada mientras que la otra sabe que está siempre segura; en pocas palabras, una podría estar en el Cielo mientras que la otra sufre en el infierno.

¿Y de dónde salen estas interpretaciones? Salen de nuestros sistemas de creencias más profundos. Tendemos a interpretar la realidad para que los hechos confirmen lo que creemos en lo más profundo.

Es por esto que Un Curso de Milagros dice: «No trates, por tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de parecer acerca de él». (Cap. 21, Introducción, 1, 7).

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Cómo cambiar al mundo

Al presenciar actos crueles o abusivos, o al ver cómo destruimos los preciosos recursos naturales de nuestro planeta, es normal que muchos sintamos rabia contra aquellos que percibimos como los culpables: los asesinos, los corruptos, los inconscientes.

Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿adoptar esa actitud ayuda a resolver los problemas que percibimos o, por el contrario, nos convierte en réplicas de aquel mal del que tanto nos quejamos?

Cuando nos sentimos indignados y furiosos, cuando juzgamos a quienes cometen abusos y deseamos castigarlos, cuando nos resentimos, ¿creamos en nosotros una energía elevada a partir de la cual pueda surgir una acción elevada para hacerle frente a los problemas, o, por el contrario, nos ponemos densos y pesimistas, nos desconectamos de nuestra sabiduría más elevada y tendemos a esparcir amargura a nuestro alrededor?

Parece correcto odiar un acto insconsciente y dañino. Sin embargo, ese odio tiene más probabilidades de generar actos parecidos a aquel que juzgamos que de ayudar a encontrar remedios efectivos.

Odiar no ayuda a remediar nada, y dejar de odiar y de juzgar no implica condonar comportamientos inconscientes ni permanecer pasivos ante estos.

La mejor manera de comenzar a cambiar el mundo es dejar de juzgarlo y de odiarlo y comenzar a amarlo y a percibirlo con compasión.

Una mente en paz e inundada de amor tendrá más posibilidades de encontrar las respuestas.

No sé cuál sea la solución específica a los problemas que ves en el mundo. Sé, sin embargo, que dejar de condenar en tu mente y dejar de odiar será el comienzo de un cambio profundo y verdadero. Y a eso es a lo que te invito.

Antes de ponerte las botas y salir a marchar y a luchar y a defender y a denunciar, antes de todo eso (o, al menos, al mismo tiempo que haces todo eso), sana tu corazón y perdona al mundo. Ese es el regalo más sanador y transformador que nos puedes hacer a todos.

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