Control vs. libertad

Usualmente tratamos de controlar para sentirnos seguros, y una de las formas en las que controlamos es tratando de entender todo.

Por eso es tan importante para nosotros tratar de entender nuestra vida y a nosotros mismos. Y parte fundamental de tratar de entendernos es tener respuestas para las siguientes preguntas: ¿quién soy?, ¿en qué creo?, ¿para dónde voy?, ¿qué me gusta y que no me gusta?, ¿cómo me siento en relación con los demás y cómo se sienten ellos en relación conmigo?

Pero este intento por entendernos y por controlar nuestra vida nos limita y nos pone tensos. Nos limita porque al responder esas preguntas nos ponemos límites; nos identificamos con ideas que limitan lo que podemos expresar como seres humanos. Una vez decimos “Así soy, eso es lo que creo y esas son las cosas que hago”, nos hemos encerrado en una pequeña caja creada por nuestro ego. Y esto nos pone tensos, pues entonces estamos constantemente preocupados por no cruzar esas líneas imaginarias que hemos trazado para definir nuestra personalidad y nuestras vidas. Tememos que sucedan cosas que no se ajusten a los parámetros que hemos establecido con respecto a quiénes somos y qué debemos hacer.

Esto no es libertad. Esto no es amor puro.

La libertad es espontaneidad. La libertad implica poder acercarme a alguien sin saber qué va a pasar con esa persona o cómo me voy a sentir; poder interactuar con los demás sin tener un guion preestablecido, un guion escrito de acuerdo con una historia de mi vida que me cuento a mí mismo para sentir que tengo control.

Libertad implica estar abierto, en cada momento, a que suceda algo nuevo, algo que no tiene por qué encajar en una lista de expectativas.

Libertad implica actuar en cada momento guiados por el corazón, sin tratar de ajustarnos a una idea de cómo debemos ser.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de David Canales.

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¿Puedes tener todo lo que quieres?

Desde el punto de vista del ego, es imposible estar completamente safistecho. La insatisfacción y la búsqueda de algo más será siempre el motor del ego. Por tanto, siempre habrá algo que el ego quiera que no tiene en este momento.

Por otra parte está nuestra verdadera voluntad, es decir, la voluntad de la totalidad. Cuando entramos en unidad, nuestros deseos ya no están separados de la voluntad del universo. No tenemos una voluntad separada. En ese estado, todo lo que es es nuestra voluntad, ya que es la voluntad de la vida, y la vida ya es.

Ese estado, en el que nuestra voluntad es la misma voluntad de la vida o de Dios, es supremamente insatisfactorio y vacío para el ego. Para el ego, esta unidad no tiene sentido, pues para él el sentido proviene de ser especial y único, de manera que una voluntad que no está separada de la voluntad de la vida es lo más aburrido y sin sentido que hay. Desde su punto de vista, una voluntad así equivale a no tener ninguna voluntad en absoluto. Y, en cierto sentido, el ego tiene razón en esto, excepto que no es un estado de insatisfacción sino de absoluta plenitud.

Si el libre albedrío se entiende como tener una voluntad única, especial, separada de la totalidad, entonces se puede decir que la plenitud equivale a la ausencia de libre albedrío. Pero no porque ya no haya voluntad, sino porque nos damos cuenta de que nuestra verdadera voluntad es la misma del universo, ya que somos el universo, no estamos separados de él. La posibilidad del sufrimiento surge cuando necesitamos oponernos a la realidad, cuando creemos estar separados de ella.

La voluntad de la vida es la voluntad de tu corazón, pues tu corazón está conectado con la fuente, es uno con la fuente, es la fuente. Alinearte con tu corazón es, entonces, alinearte con la vida y regresar a la Unidad de la que nunca te alejaste excepto en sueños. En otras palabras, conectarte con tu corazón es despertar.

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