La espiritualidad no depende de lo que haces

La espiritualidad depende de lo que eres, de cuál es tu vibración en cada momento.

Puedes encerrarte en una cueva o en un monasterio y permanecer con los ojos cerrados repitiendo mantras durante varias horas al día y fortalecer tu ego con eso. O puede que estés en el último piso de un rascacielos administrando una empresa multinacional y alcances la iluminación espiritual mientras lo haces. (Por supuesto, las opciones inversas también son posibles.)

Lo que haces es secundario. Rezar o bailar, ir a la iglesia o al monasterio, lavar platos o conducir un bus, hacer llamadas o hacer deporte, todas esas actividades son compatibles con llevar una vida espiritual. Y todas son compatibles también con llevar una vida superficial al servicio exclusivo del ego.

Llevar una vida espiritual, según mi punto de vista, depende exclusivamente de tu estado interno. Si estás en permanente contacto con tu corazón y con tu espíritu, estás llevando una vida enfocada en la espiritualidad. Si estás en la superficie, totalmente sumergido en el sueño del ego, no estás llevando una vida espiritual.

Esto último no es un juicio o una forma de decir que unos seres son superiores a otros. En últimas, todos somos espirituales, todos estamos en este planeta como parte de nuestro proceso de evolución. Y en últimas, todos somos Uno solo.

Sin embargo, desde el punto de vista individual y relativo, creo que se puede entender el desarrollo espiritual como el grado de conexión consciente que tenemos con nuestro Ser más profundo en cada momento. Y esto no depende de lo que haces, depende de lo que eres mientras lo haces. ¿Eres paz, eres amor, eres perdón, eres dicha, eres presencia consciente? De eso se trata. Y eso es algo que puedes elegir en cada momento, sin importar lo que estés haciendo. Eso es algo que puedes elegir ahora.

Puede que, al elegir tu espíritu, al elegir su Ser más elevado, cambien tus prioridades y tus preferencias. Puede que entonces quieras salir de la cueva o del monasterio, o puede que quieras entrar en éste. Puede que quieras ir a trabajar al rascacielos, o puede que quieras renunciar a tu trabajo e irte a vivir una vida más simple. El camino es diferente para cada uno. Pero el cambio comienza adentro. Y no requiere que esté pasando algo específico afuera tuyo para que puedas elegir enfocarte en tu consciencia.

No te preocupes tanto, pues, por lo que estás haciendo. Enfócate en lo que quieres Ser y elígelo. Las acciones y las elecciones surgirán de forma natural y fluida una vez estés conectado contigo mismo.

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¿Vale la pena oprimir el botón para adelantar?

En la película Click, al protagonista (Adam Sandler) le regalan un control remoto mágico (alerta de spoilers). Si lo desea, con ese control puede adelantar las escenas de su vida, pausarlas o incluso volver atrás. Como este personaje está obsesionado con obtener ciertos logros en el futuro, decide empezar a adelantar ciertas escenas hasta llegar a aquellos momentos que sí desea experimentar. Por ejemplo, salta el fin de semana en el que está enfermo y tiene que trabajar, y adelanta su vida hasta la escena en la que lo promueven en su trabajo por estar haciendo bien las cosas.

Parece una buena técnica para vivir una vida más placentera. Sin embargo, lo que el personaje aprende es que esta técnica en realidad sirve para no vivir en absoluto. Es una forma de rechazar la vida, de dejar de vivir. Pues implica tratar al momento presente, donde reside la vida, como un obstáculo o, a lo sumo, como un medio para llegar al futuro. Pero no se lo ve como algo valioso en sí mismo.

Además, este control remoto tiene una característica particular: guarda las preferencias de su usuario. Por tanto, de forma automática comienza a adelantar ciertas escenas, así el protagonista no lo haya elegido conscientemente. Cuando se da cuenta, han pasado varias décadas y se ha perdido su vida. Eligió, sin quererlo, que esta pasara sin que él se diera cuenta.

Me parece una metáfora muy iluminadora sobre la manera como funciona nuestra mente, que viene siendo el control remoto.

Nuestra mente condicionada está obsesionada con obtener. Con la idea de que en el futuro están la salvación y la plenitud. Esto implica, claro, que este momento no tiene valor por sí mismo. Solo sirve en la medida en que nos permite llegar a ese futuro en el que está aquello realmente valioso. Y así, rechazamos la vida, persiguiendo siempre el futuro, que nunca existe ahora y, por tanto, nunca existe en el momento en el que está la vida. Y este rechazo a la vida puede convertirse en un hábito, en algo que hacemos sin darnos cuenta.

La buena noticia es que está en nuestras manos reprogramar el control remoto. ¿Cómo se hace? Primero, tomando consciencia de que está en automático y que está programado para no valorar este momento. Segundo, una vez tenemos consciencia, podemos elegir romper la programación automática. Requiere atención y disciplina, pues hay una inercia detrás de la programación. Pero se puede. Podemos elegir comenzar a no oprimir el botón de adelantar. Podemos quedarnos saboreando este momento hasta su médula, así la mente nos diga que este momento no es valioso. Que ir en el bus a la casa no es valioso. Que estar lavando los platos no es valioso. Que sentir una incomodidad en el cuerpo no es valioso. Todo eso podemos ignorarlo, y quedarnos plénamente aquí, asumiendo que aquí ya llegamos al tesoro más valioso que existe y, por tanto, no tenemos necesidad de estar en ningún otro tiempo o lugar.

Podemos elegir quedarnos aquí hasta crear una nueva programación. Un nuevo hábito. El hábito de ver este momento como lo más valioso que hay, sabiendo que es lo único real que hay.

Así que la próxima vez que estés tentado ignorar esta escena para llegar a un futuro más valioso, pregúntate: ¿vale la pena oprimir el botón para adelantar? Es decir, ¿vale la pena dejar de vivir la vida?

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