El aparente poder del futuro

Habitar plenamente en el momento presente es, para mí, la escencia de la espiritualidad.

Pero hay días en los que parece ser más fácil estar presente que otros.

Cuando se avecina algo importante, algo grave, algo exitante o algo riesgoso, pareciera que no es posible estar presente. Pareciera que es obligatorio pensar en el futuro en esos casos. Y que solo cuando la situación esperada se experimente o se resuelva volverá a ser posible darle toda nuestra atención al momento presente.

La verdad, sin embargo, es que el futuro no tiene ningún poder sobre nuestra capacidad para estar presentes, excepto en nuestra imaginación.

No importa si mañana es la entrevista de tu vida. O la operación más riesgosa. O el partido de fútbol que tanto esperas. Puedes estar plenamente presente ahora si lo deseas.

Requiere de práctica, pero depende solo de tu voluntad, no del futuro.

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Exigir o apreciar

Hay paz cuando dejamos de exigirle cosas a la vida. Cuando nos abrimos a recibir.

Si tienes una idea fija de cómo debe ser la realidad para ser feliz, no te darás cuenta de todos los regalos que la vida te da todo el tiempo. No los verás porque estás esperando otra cosa.

Cuando exiges no te puedes relajar. Estás pendiente todo el tiempo de revisar si estás recibiendo exactamente lo que exigiste. Es un estado en el que te enfocas en las imperfecciones, en lo que falta.

Cuando no estás relajado, no puedes oír la voz de tu corazón. Y esa voz no exige nada de la vida, pues está en unidad con la vida.

Cuando estás conectado con el corazón, tu vida, exactamente como es ahora, se convierte en el más preciado e increíble de los regalos. Desde el punto de vista del ego esto es absurdo, pues tiene una lista de cosas que demuestran que este momento es inaceptable. Tiene argumentos y pruebas.

Exigir o apreciar, controlar o fluir, el goce o el estrés, esa es la elección.

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Consejos para hacer una buena dieta

Escucha a tu cuerpo. Ese es el mejor consejo que te puedo dar.

Mientras aprendes a escuchar a tu cuerpo, ve a donde especialistas, lee libros que resuenen contigo.

Escuchar el cuerpo requiere que estés plénamente anclada en ti misma. Y luego confía. Hay momentos en los que uno sabe lo que debe comer o no comer.

Hay cuerpos que piden carne y hay cuerpos que piden a gritos dejar la carne. No hay una dieta que funcione para todos.

Esto va más allá de las ideas que puedas tener. Requiere, por tanto, dejar de lado el intelecto y confiar.

Pero esto que digo tiene un riesgo. Es una práctica delicada. Requiere un gran nivel de presencia aprender a escuchar al cuerpo. Antes, puedes caer en la trampa de usar la “intuición” para ser indulgente con tus malos hábitos.

“Es que mi cuerpo me está pidiendo que me coma una caja de chocolates y los acompañe con una botella de vino”. Si piensas eso, lo más probable es que no sea tu cuerpo quien te está hablando. Seguramente es la mente que desea sensaciones con las cuales escapar de sí misma.

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El mindfulness o la atención plena

Un amigo me invitó a trabajar en una aplicación para reducir el estrés. Numerosos estudios muestran la efectividad del mindfulness o la “atención plena” para reducir el estrés y la depresión. Por eso, algunas de las meditaciones que se incluyen en la aplicación se relacionan con el mindfulness.

Como parte del desarrollo de la aplicación mi amigo me pidió que escribiera un texto breve relacionado con el mindfulness como complemento a los audios que contienen las meditaciones. Este es el texto que escribí.

Este momento es lo único que existe. El pasado ya dejó de existir y el futuro todavía no existe. Por tanto, lo único que es cien por ciento real es esto, este momento, mientras lees estas palabras. Esa es la realidad. Tus pensamientos sobre el pasado y el futuro son solo eso: pensamientos.

Cuando aprendas a habitar de manera frecuente en el momento presente, comenzarás a gozar de paz y tranquilidad. Pues la gran mayoría de los problemas y las preocupaciones ocurren en nuestra mente, en nuestra imaginación, pero no tienen lugar exactamente en este momento.

El principio básico de la atención plena o mindfulness consiste en estar en el momento presente. Es decir, consiste en prestarle atención a este momento.

Si observamos nuestra mente, nos daremos cuenta de que continuamente está pensando en el pasado o en el futuro. Cuando pensamos en el pasado, muchas veces nos resentimos y tenemos arrepentimientos o culpas. Cuando pensamos en el futuro muchas veces nos preocupamos y anticipamos situaciones desagradables o dolorosas. Gran parte del estrés que experimentamos se genera porque nuestra atención está en el pasado y en el futuro.

Por supuesto que a veces tenemos que pensar en el pasado o en el futuro para poder funcionar de manera adecuada en el mundo. Sin embargo, si pensamos en exceso en el pasado y el futuro, deja de ser útil y nuestros pensamientos se convierten simplemente en una fuente de estrés y malestar.

La invitación del mindfulness es a no pensar tanto en el pasado y el futuro y permitirnos estar plenamente del momento presente. Esto es difícil al comienzo, pues la mente está acostumbrada a vagar por el pasado y el futuro. En consecuencia, se requiere un entrenamiento para aprender a estar plenamente en el ahora.

Algo que ayuda mucho a traer la atención al momento presente es la respiración y la consciencia de nuestro cuerpo. Ahora mismo, mientras lees esto, toma consciencia de tu respiración. Lleva tu atención a tu respiración. Al hacerlo, tomas consciencia de este momento, pues tu respiración está sucediendo justo ahora.

Así, cuando te des cuenta de que tienes muchos pensamientos y te sientas estresado o atormentado, prueba llevar tu atención a este momento. Siente tu respiración. Toma consciencia de tu cuerpo. Toma consciencia de los objetos que te rodean. Trata de no pensar sobre lo que ves o experimentas, simplemente obsérvalo, siéntelo profundamente.

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Rendición y resignación

Suelen confundirse.

La rendición viene desde la paz interior. La resignación implica que dejamos de luchar afuera, pero adentro seguimos resistiéndonos.

La rendición es un fenómeno completamente interno. No tiene que ver con qué cosas hacemos o dejamos de hacer, sino con si estamos en paz o en guerra con el momento presente.

Puede haber rendición interior y aún así lucha externa, según lo pida la situación.

Por ejemplo, si me está llevando la corriente de un río, puedo luchar con mi cuerpo para llegar a la orilla, sin que esto implique que rechazo el momento presente. Si voy a un restaurante y me traen algo diferente a lo que pedí, puedo reclamar y pedir que se me cambie la comida, y eso no implica que rechazo este momento.

Permito que el momento presente sea exactamente como es. Lo contrario sería locura, pues el momento ya es. Puedo tomar acción para que el futuro sea diferente. Pero este preciso instante ya existe, y pelear con él no va a cambiar eso. Por el contrario, la resistencia interior tenderá a perpetuar o replicar aquellas situaciones frente a las cuales nls resistimos.

La palabra “permitir” no es exacta. No tengo el poder de permitir o no este momento. Simplemente ya es. Pero puedo elegir juzgarlo y rechazarlo internamente o rendirme a él.

Por supuesto, los dolores o las situaciones más extremas requieren un grado altísimo de consciencia para poder rendirnos. Por eso es bueno comenzar con pequeñas cosas: el atasco en el tráfico, un corte de luz en medio de una tarea que estábamos a punto de terminar en el computador.

En El Poder del Ahora, Eckhart Tolle recomienda que cuando una situación sea demasiado extrema, si no podemos aceptarla o rendirnos a ella, simplemente practiquemos la presencia. Esto quiere decir que le demos toda nuestra atención, que dejemos el pensamiento sobre la situación de lado y nos adentremos en ella completamente. Esta es otra forma de rendirnos, pues la presencia plena implica rendición.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Silvia Kobelova.

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En la salud y en la enfermedad

No importa si crees o no en el matrimonio católico. Los votos usuales son hermosos. Cada uno de los futuros esposos le dice al otro:

“Me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”.

¡Qué hermoso sería hacernos esos votos a nosotros mismos cada día! Qué hermoso sería decirnos de corazón:

“Hoy me seré fiel. Hoy estaré conmigo. Hoy me amaré. En los momentos de calma y en los momentos de angustia. En los momentos de celebración y en los momentos de pérdida. En los momentos de logros y cuando cometa errores. Cuando sienta emociones que me gustan y cuando sienta emociones que juzgo. Cuando tenga pensamientos que me gustan y cuando tenga pensamientos que me atemorizan. En la salud y en la enfermedad, siempre me amaré”.

Si ahora reemplazamos “me” por “te”, tendríamos lo que creo que Dios nos diría siempre, en cada momento, sin importar nuestro pasado o nuestro presente, si su amor fuera expresado en palabras.

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La plenitud y la dificultad para tomar decisiones

Toda la vida me ha costado tomar decisiones. Desde qué comer en un restaurante hasta a qué dedicarme en general.

La razón por la que me cuesta trabajo tomar decisiones es porque me da miedo tomar malas decisiones. Y creo que una mala decisión es aquella que me hará sufrir.

En otras palabras, creo que mi felicidad depende de las decisiones que tome.

Esto implica que creo que mi felicidad depende de mi futuro.

Creo que si encuentro la actividad adecuada, seré feliz, y que si no la encuentro, seré infeliz. Y el miedo a no ser feliz en el futuro me lleva a ser infeliz ahora. Y esa infelicidad se manifiesta en la incapacidad de tomar decisiones.

Hace poco me di cuenta, sin embargo, de que no tengo que tomar buenas decisiones para ser feliz. Me di cuenta de que mi felicidad en este momento no depende de tener resuelto el futuro. Y, en últimas, tampoco depende de que lo que estoy haciendo ahora sea “lo adecuado” o “lo correcto”. Puedo ser feliz incluso mientras cometo un error y me equivoco.

Tal vez la palabra “feliz” no es adecuada. La palabra “pleno” me parece mejor, pues “feliz” se asocia con una emoción, y plenitud en cambio es la consciencia de un espacio que subyace a las emociones, una consciencia en la que hay una paz profunda, que va más allá de estar alegre o triste. Puedo estar triste y pleno al tiempo.

Puedo estar pleno sin saber qué hacer. Puedo estar pleno haciendo algo que no me apasiona e incluso haciendo algo que no me gusta. Puedo estar pleno en medio del dolor.

Siempre pensé que tenía que tomar buenas decisiones para estar pleno. Ahora sé que puedo estar pleno en cualquier circunstancia, incluidos los momentos de duda y confusión. E irónicamente, cuando estoy pleno tomo buenas decisiones, pues estoy alineado con mi corazón.

No esperes a tener claridad y a tener todo resuelto en tu mente para permitirte estar pleno. Elige tu corazón ahora. Elige estar presente ahora y conéctate con tu ser más profundo ahora. No importa si de allí surgen respuestas o no. Eso es secundario. Al estar pleno, el encontrar la respuesta será solo un añadido a tu plenitud.

Tu plenitud no depende de que puedas encontrar las respuestas. Aunque lo más probable es que sí, que cuando estés pleno encuentres las respuestas que buscas.

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No hay necesidad de luchar con ellos

Al final de una maratón todos están cansados. Todos. El cansancio es parte de la experiencia, es parte del juego. No se trata de buscar cómo hacer que el cansancio desaparezca mágicamente, sino de ver más allá de él.

Lo mismo nos pasa con el miedo.

Tenemos la bendición de poder leer, ver y escuchar a maestros espirituales que han trascendido el miedo. Nos muestran que es posible. Para la mayoría de nosotros, sin embargo, el miedo es parte del panorama. Es parte de nuestra experiencia en el nivel evolutivo en el que nos encontramos. Es parte del juego.

Y amigos cercanos del miedo son la duda, la inseguridad, la angustia.

Cuando comenzamos un camino espiritual, a veces percibimos esos aspectos de nuestra experiencia actual como enemigos, como algo que tiene que irse para que podamos estar bien. Y así, por supuesto, los perpetuamos: nos volvemos temerosos del miedo; al ver que dudamos de algo o que nos sentimos inseguros con respecto a algo, nos surgen dudas e inseguridades sobre nuestro camino espiritual; y nos angustia profundamente ver que todavía sentimos angustia.

Una locura graciosa, ¿no?

La buena noticia, por supuesto, es que en el fondo no hay nada malo con el miedo, la angustia, la duda o la inseguridad. Son solo aspectos que claman por nuestro amor. Y es a través de permitirnos abrazarlos completamente, atestiguarlos y darles amor que se transmutarán. Si peleamos con ellos, sólo se harán más grandes.

No tenemos que esperar a que se vayan para dar lo mejor de nosotros o para vivir una vida plena. Todo depende de cómo los asumamos. No hay necesidad de luchar con ellos.


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El propósito espiritual de la soledad

Hace poco vi una charla del maestro espiritual Matt Kahn que me pareció muy inspiradora. Transcribiré aquí un breve fragmento que me encantó sobre la soledad:

El propósito espiritual más profundo de la soledad es que la soledad es la manera como superamos la ilusión de que estamos solos.

Y es que solamente experimentamos estar aislados hasta que nos volvemos conscientes de que el Universo siempre está con nosotros y de no existe algo así como ‘estar a solas’.

El Universo es siempre un amigo y un compañero para ti, y siempre está dentro de ti, no afuera de ti. En consecuencia, sólo pasamos tiempo ‘a solas’ hasta que tomamos consciencia de nuestra verdadera compañía en nuestro interior. Y esa compañía que está en nuestro interior es la completud y la plenitud que no puede ser afectada por las circunstancias externas ni por las pérdidas.

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Estrategias del ego para compensar su inferioridad

Alguien es mejor que tú en algo y te duele. Digamos que alguien es más inteligente que tú y te duele. O que alguien es más exitoso. Entiendes la idea.

Una estrategia del ego para protegerse de esa incomodidad es buscar la forma de compensar aquello en lo que se siente en desventaja.

“Puede que él sea más inteligente, pero yo soy más sensible”. “Puede que él tenga más dinero, pero yo soy más espiritual”.

A veces, incluso, el ego llega la locura de compensar a partir de los rasgos de sí mismo que percibe como negativos. Con tal de vencer al otro en algo, cualquier cosa vale. “Puede que él tenga una bonita familia y yo no, pero yo tengo mucha peor suerte que él y he pasado por más desgracias que él”.

Cuando no soporta la realidad debido a su desventaja, el ego recurre a los planes o las fantasías (que a veces son lo mismo). “Voy a aprender cinco idiomas, entonces seré mejor que él”. “Si me vuelvo millonario, entonces seré mejor que él”. “Si alcanzo la iluminación espiritual, seré mejor que él”. “Si consigo una pareja especial, seré mejor que él”. “Si me compro esa joya o ese auto, seré mejor que él”.

Y a veces ponemos en marcha esos planes, no porque queramos de corazón, sino sólo para compensar nuestra desventaja frente a otros egos.

Cualquiera de estas estrategias, por supuesto, reforzará el ego. En consecuencia, reforzará la necesidad de competir y aumentará el malestar ante el bienestar de los demás, cuando el ego perciba que ese bienestar es mayor que el suyo.

La alternativa es tomar consciencia del dolor causado por la sensación de inferioridad y sentirlo profundamente. Ir más allá de ese dolor y encontrar esa paz que no tiene nada que ver con el hecho de que seamos superiores o inferiores a los demás.

Cada reflejo del ego de compensar sus debilidades es una oportunidad para trascender el ego.

Cuando nos permitimos perder en la carrera y podemos aceptar en paz que el otro es mejor que nosotros, viene a nuestra vida una gran libertad y un gran alivio.

Qué libertad cuando podemos alegrarnos genuinamente por los logros de los demás y por aquellos aspectos en los que nos superan. Esa es una forma muy agradable de vivir. Entonces no tenemos que andar viendo cómo arreglamos nuestra autoimagen para compensar nuestras desventajas ni tenemos que emprender proyectos que realmente tienen poco que ver con nuestro corazón sólo para adelantar a los otros egos en nuestra carrera imaginaria y demente.

Tener una autoestima sana no es entrar en una habitación y sentir que eres mejor que los demás. Es entrar y estar en paz y contento contigo sin tener que compararte con los demás, y sin importar si los demás son superiores o inferiores a ti.

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