¿Cómo saber tu verdadero valor?

Hace poco leí de nuevo el libro de Isha Judd llamado Sobre las Nubes. En él, me encontré con un cuento que me encanta, que trata sobre un joven que está deprimido porque nadie lo valora y decide acudir al maestro de su pueblo para que lo ayude. Antes de responderle, el maestro le pide al joven que le ayude a vender un anillo, y éste último se embarca entonces en una ilustrativa aventura sobre cómo aprender a reconocer nuestro valor verdadero.

En este caso, decidí hacer un video en el que narro el cuento y hago algunas reflexiones. No te lo pierdas:

Quizás no sabes qué tipo de flor eres

Tengo la fortuna de vivir en una casa llena de plantas. Sin embargo, nunca había tenido plantas en mi baño ni en mi cuarto. Hace poco, decidí probar y escogí tres plantas para adornar esos espacios. Mi preferida es una suculenta que está comenzando a florecer. Al poco tiempo de ponerla en el baño, comencé a observar sus flores y algo me inquietó: cada día que pasaba, parecían mirar más hacia abajo, como si estuvieran decaídas. Pensé entonces que la planta no estaba sana y me pregunté si esto se debería a que yo la había cambiado de espacio. Con el pasar de unas semanas, no obstante, caí en cuenta de que esa es la naturaleza de sus flores: a medida que crecen, se van dirigiendo hacia el suelo en una formación cada vez más bella.

Al reflexionar sobre esto, vi que muchas veces me ha pasado lo mismo conmigo, pues, en cierto sentido, todos somos como plantas que están floreciendo. Por eso me encanta la metáfora que usa el maestro Eckhart Tolle sobre el despertar de la humanidad. En su libro Una Nueva Tierra, él compara nuestro despertar espiritual con la llegada de las flores al planeta. Según los estudiosos de la teoría de la evolución, las primeras flores aparecieron al rededor de hace 140 millones de años. Al comienzo, fueron fenómenos aislados, hasta que un día toda la Tierra estuvo cubierta por ellas. Para Tolle, una persona que despierta o se ilumina es como una planta que florece. Y así como la llegada de las flores significó un paso en la evolución de las plantas, el despertar espiritual, que es el siguiente paso en nuestro proceso evolutivo, implica que cada vez más personas descubran su divinidad dentro de sí.

Se podría decir, entonces, que quienes seguimos un camino espiritual estamos buscando florecer. Y a veces sucede que nos formamos una idea de cómo debe verse ese florecimiento. Pero la verdad es que no sabemos, y al tener una idea rígida de cómo debe ser nuestro despertar a veces nos alejamos de él. Es un poco como lo que me sucedió con mi planta en el baño: creí que sus flores estaban mal porque las comparé con otras que había visto, pero la verdad es que estaban sanas, lo único que pasaba es que yo no las conocía.

Esto me recuerda una hermosa frase de Un Curso de Milagros: “… no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos” (T-18.V.1:5-6). Así, muchas veces creemos que las cosas en nuestra vida van de mal en peor, cuando en realidad lo que sucede es que se están rompiendo las viejas estructuras e ideas a las que nos hemos aferrado, y de esa manera se abren nuevas posibilidades para nuestro desarrollo personal.

Tal vez quieras leer: Las crisis, una invitación a evolucionar.

Cuando estos cambios nos dan miedo o los juzgamos como negativos, a veces tratamos de interferir en el proceso y revertirlo. Entonces, por tratar de crecer “correctamente” según nuestras ideas y creencias, terminamos estancándonos y evitando el crecimiento que queríamos propiciar. Es como si yo hubiera tratado de enderezar esas flores: les habría hecho daño por creer que debían tener una forma diferente a la que les es natural.

Cuando creas que estás cambiando para mal o que las cosas en tu vida se están desacomodando de una forma que juzgas como inadecuada, relájate y recuerda que tal vez no sabes qué tipo de flor eres. Puede que eso que juzgas como un retroceso sea uno de tus más grandes avances.

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Cómo hacer nuevos amigos

Hace poco, alguien me preguntó por una red social cómo podía hacer nuevos amigos.

Al pensar en la pregunta, sentí que hay dos niveles en los cuales se puede responder. Por una parte, hay aspectos de nuestro relacionamiento con otros que vale la pena mirar. ¿Estamos abiertos a recibir? ¿Nos permitimos mostrarnos como somos? Si sabemos que hay la posibilidad de conocer gente nueva, ¿la aprovechamos o huimos? Es posible que, al leer estas preguntas, reconozcamos que tenemos miedo a ser rechazados o que veamos que tenemos baja autoestima en algunas áreas de nuestras vidas. O puede que veamos que tememos perder algo con la llegada de nuevas personas: de pronto tememos perder el control de nuestras rutinas, o tememos asumir nuevas responsabilidades que nos quiten lo que percibimos como nuestra libertad. Si esto es así, entonces el deseo te hacer nuevos amigos es una oportunidad para mirar dentro de nosotros y sanar esos aspectos en los que hay inmadurez o inseguridad. Y el primer paso para sanarlos es permitirnos mirarlos y reconocerlos.

Por otra parte, creo que el mayor secreto para hacer nuevos amigos es aprender primero a ser buenos amigos de nosotros mismos. Esto implica aprender a disfrutar y respetar el tiempo que pasamos a solas. Y para esto es esencial sacar tiempo para conocernos. Es bueno tener citas con nosotros. Por ejemplo, ir a comer solos, pero hacerlo como si estuviéramos conociendo a una persona muy importante para nosotros. En este caso, no nos distraeremos con el celular, sino que pondremos atención plenamente, preguntaremos con sinceridad qué sentimos y qué pensamos, y luego nos abriremos a recibir la respuesta atentamente. Y, a medida que nos conocemos, permitámonos acompañarnos como lo haríamos con nuestra mejor amiga o amigo. Escuchemos atentamente, brindémonos compañía y apoyo. Reconozcamos los juicios que tenemos hacia nosotros mismos, y luego tengamos la intención de dejarlos ir con amor.

Cuando nos amemos y disfrutemos plenamente de nuestra compañía, nuestras interacciones con los demás serán un reflejo de eso. Ya no estaremos buscando en los demás la salvación, el amor o simplemente una forma de distraernos de nuestro aburrimiento. El relacionamiento no surgirá desde un espacio de necesidad, sino de plenitud y abundancia. Y, al no tener la necesidad por otras relaciones, no tendremos miedo de perder oportunidades o de que los demás se alejen, y entonces estaremos relajados y nos permitiremos ser auténticos. Y nada atrae más a quienes resuenan contigo que tu autenticidad.

Esto me recuerda a dos preguntas que el maestro espiritual Neale Donald Walsh sugiere que nos hagamos al momento de comenzar nuevas relaciones:

  1. ¿Para dónde voy?
  2. ¿Quién quiere ir conmigo?

Lo importante de estas preguntas es el orden en el que las hagamos. Cuando tenemos miedo de estar solos, preguntamos primero la número 2. Lo que nos importa es estar con alguien, y solo luego nos preguntamos eso a dónde nos lleva, para muchas veces descubir que hemos empezado a caminar en una dirección que realmente no resuena con nosotros. Cuando estamos empoderados y no tememos a nuestra soledad, hacemos siempre la pregunta 1 primero, y solo después de que tenemos claro a dónde queremos ir, preguntamos quién quiere ir con nosotros. En este caso, crearemos relaciones que resuenan profundamente con nuestro camino, y tendremos la valentía de permitirnos estar solos en caso de que no haya nadie que quiera acompañarnos en este momento. Pero no dejaremos de seguir a nuestro corazón ni nos traicionaremos para encajar o para evitar la soledad.

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El sonido de la lluvia

Normalmente no escucho música para meditar. Sin embargo, hace poco probé meditar con el sonido de la lluvia y la experiencia fue muy hermosa.

Creo que el placer que genera el sonido de la lluvia se remonta cientos de miles de años. Cuando aún éramos nómadas, la lluvia usualmente implicaba que debíamos detenernos y esperar. Así, por miles de años ese sonido usualmente estuvo asociado a momentos de descanso, en los que dejamos los asuntos de la cotidianidad y la supervivencia y nos permitíamos relajarnos. Además, era un momento en el que probablemente también varios de los animales que representaban una amenaza para nuestra especie descansaban también; por tanto, eran momentos en los que podíamos sentirnos seguros.

Al escuchar ahora la lluvia, me siento conectado con esos ancestros que por largas horas simplemente se sentaron a ver y oír el agua caer. Una parte de mí siente que es seguro entonces alejarme del mundo y me permito entrar con calma en lo profundo de mi ser.

Si esta idea resuena contigo, te recomiendo este hermoso video con el sonido de la lluvia (si lo usas para dormir, recuerda activar la reproducción autómática en YouTube, pues podrías despertarte en la madrugada escuchando música de otro tipo).

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El apego a los bellos recuerdos

A veces me pasa, al escuchar música, que comparo la experiencia presente con algún momento en el que difruté de forma especial la canción o la obra que estoy escuchando. Y, al hacer esa comparación, dejo de disfrutar plenamente lo que estoy oyendo. “Ah, sí, es bonito… pero esa vez hace unos años, cuando la escuché de noche en la montaña, sentí cosas que ahora no… en ese momento fue mejor…”.

Y esto nos pasa en muchos aspectos de nuestras vidas. Incluso con la meditación, nos apegamos a experiencias y, en lugar de abrirnos inocentemente a lo que trae este momento, buscamos replicar el pasado, lo que le cierra las puertas al regalo del presente. Hace poco, meditando, me veía persiguiendo una experiencia específica, y pude ver como eso me alejaba de la belleza del momento.

También en las relaciones, puede que nos apeguemos a momentos o a días. Entonces tal vez no podamos ver de manera fresca a nuestra pareja o amigos, pues estaremos comparando su ser actual con un recuerdo y lo mediremos y evaluaremos según se ajuste o no a nuestras expectativas.

Es como si fueramos de paseo a un bosque en el que alguna vez vimos a un pájaro muy hermoso y, esta vez, tratando de encontrarlo de nuevo, ignoráramos todas las flores y mariposas que se cruzan en nuestro camino.

No te pierdas del bosque, que siempre será diferente cada vez que entres en él. Quédate aquí. Los recuerdos pueden ser hermosos, pero lo más sagrado es siempre este momento. No te alejes de él por ir en búsqueda de algo que ya no existe.

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close up of a butterfly

El arte de crear castillos de arena

Hay una frase de Martin Luther King que por mucho tiempo me pareció enigmática: “Si supiera que mañana el mundo se va a acabar, aun así yo plantaría mi árbol de manzana”. Creo que hoy la entiendo un poco mejor.

Acabo de ir a mirar uno de mis canales favoritos de YouTube y vi que cerraron la cuenta por infringir derechos de autor. Me encantaría poner aquí el enlace para que pudieran conocerla, pero ya no existe. Es una lástima. En mi opinión, el creador siempre daba créditos sobre el trabajo de terceros… Era una cuenta de mensajes inspiradores, creo que hacía un gran aporte. Ver que de un momento para otro esa cuenta desapareció me recordó que todo es pasajero, incluidos nuestros proyectos.

Para el creador de esa cuenta, debe ser un momento difícil. Perdió su trabajo de varios años. Sin embargo, en realidad su trabajo no se perdió: sigue en los corazónes de quienes veíamos sus videos, y creo que también siguen en el corazón de quien los creó. Cuando hacemos algo con amor y desde el corazón, el resultado externo es secundario. A veces tendremos éxito, otras veces no. Y a veces la vida vendrá y borrará nuestro trabajo así como las olas consumen los castillos de arena. Por eso, al final, el objetivo del viaje no es hacer algo que perdure en el tiempo. En realidad, en el largo plazo, nada perdurará. Incluso el Sol, que parece eterno, morirá y con él se irán también los planetas que lo circundan. Esa es la naturaleza de esta realidad en la que vivimos: todo es pasajero. Creo que, lo que más importa, es la experiencia que tenemos en el momento de crear, es el gozo, es el privilegio de disfrutar de esta experiencia.

Cuando damos nuestros regalos al mundo por el simple placer y gozo de hacerlo, lo seguiremos haciendo así sepamos que mañana acabará el mundo.

Dejo aquí solo el logo del canal, que ya no existe (quizás luego lo vuelvan a poner en línea). Los canales que actualmente tienen ese nombre son diferentes. Lo reconocerán si vuelven a ver el logo:

El poder de las palabras

Hace unos meses comencé a hacer una serie de videos sobre el libro El Camino del Corazón, que he promovido varias veces en este blog. Continúo hoy con la lección 3, que amplía la lección 2 y se refiere al poder de las palabras y de los pensamientos para crear nuestra realidad ilusoria. Sin embargo, aunque es una ilusión, podemos crearla de manera consciente. Es decir, podemos crear una ilusión positiva, un sueño feliz en vez de una pesadilla.

Te invito entonces a ver el siguiente video, en el que hablo sobre esa hermosa lección:

¿Qué es suficiente?

Una de mis pasiones es el ajedrez. En los últimos días, he estado viendo videos de maestros que juegan en línea y transmiten sus juegos por YouTube. En un video reciente, vi a uno de los mejores jugadores del mundo quejarse constantemente de lo malo que era para el ajedrez. No importa qué tan buenos seamos en algo o qué tan alto lleguemos, si nos enfocamos en lo que nos falta o en lo que no es perfecto, siempre estaremos insatisfechos.

Muchas veces me he sentido insatisfecho con mi nivel de ajedrez y he soñado con ser un gran maestro. Me comparo con los jugadores de alto nivel y me siento profundamente inadecuado. Sin embargo, varios de mis amigos cercanos creen que soy un gran jugador. Y esos son halagos que usualmente no soy capaz de recibir, pues creo que tienen una idea errada de mí. Sin embargo, lo mismo me pasa a mí con ese gran maestro: admiro su forma de jugar, pero él la desprecia y muchas veces se siente insatisfecho.

Está muy bien tener altos estándares y aspirar a la excelencia. Pero si nuestras expectativas nos impiden difrutar de lo que tenemos en este momento, entonces, lejos de ayudarnos, nos llevan a tener una vida de insatisfacción, sin importar qué tanto nos esforcemos.

¿Qué es suficiente? Depende de con qué vara juzguemos o con quién nos comparemos. Puede ser un camino interminable en el que no podemos disfrutar de la vida. O puede ser ya suficiente, en este momento, exactamente como es. Que sea suficiente no quiere decir que no trataremos de mejorar. Quiere decir, simplemente, que nos permitimos apreciar plenamente nuestra vida exactamente como es ahora.

A veces, pareciera que lo que es o no suficiente es algo que viene ya establecido. Pareciera que es obvio cuál es el estándar y que no se puede cambiar. La verdad es que es una elección.

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Mereces más amor, no menos

Hace poco compartí un pasaje del libro Whatever arises, love that, de Matt Kahn. Quiero compartir ahora otro pasaje que también me conmovió mucho. Estos pasajes están diseñados para ser repetidos en voz alta o mentalmente a manera de mantras, ya que así su poder transformador se potencia:

Cuando estoy triste, merezco más amor, no menos. Cuando estoy molesto, merezco más amor, no menos. Cuando estoy frustrado, merezco más amor, no menos. Cuando estoy herido, con el corazón roto, avergonzado, o con culpa, merezco más amor, no menos.

Incluso cuando me siento avergonzado por mis acciones, merezco más amor, no menos. Así mismo, cuando me siento orgulloso de mí, merezco más amor, no menos. No importa cómo me sienta, merezco más amor, no menos. A pesar de lo que pienso, merezco más amor, no menos.

No importa el pasado al que he sobrevivido, merezco más amor, no menos. No importa lo que sigue adelante, merezco más amor, no menos. En mi peor día, merezco más amor, no menos.

Aun cuando la vida parece cruel y confusa, merezco más amor, no menos. Cuando nadie está aquí para darme lo que necesito, merezco más amor, no menos. Al recordar la mejor manera en la que puedo servir al mundo, merezco más amor, no menos.

No importa lo que yo sea capaz de aceptar, quienquiera que yo sea incapaz de perdonar, o cualquier cosa que yo sea incapaz de amar por la razón que sea, merezco más amor, no menos.

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Una oportunidad para meditar

En algunas técnicas de meditación se utiliza un objeto en el que ponemos nuestra atención. Por ejemplo, ponemos una vela encendida en frente y llevamos a ella nuestra atención. Así, la vela se convierte en nuestro objeto de meditación; en una invitación a conectarnos cada vez más profundo con el momento presente.

Hace poco tuve una crisis de dolos en mi columna vertebral debido a una hernia discal, y me vi enfrentado a la incomodidad del dolor. Al comienzo, quise escapar de la incomodidad a través de distracciones. Pero luego, al mirar más profundo, vi que hay allí una gran oportunidad para meditar y para conectarme más profundo conmigo.

Recordé una charla del maestro Eckhart Tolle en la que dice que también podemos usar las emociones y sensaciones físicas (incluido el dolor) como objetos de meditación, llevando allí profundamente la atención. Y luego de llevar la atención, tener la intención de abrazar la emoción o sensación con amor y apertura. Y si hay resistencia y no podemos abrazar la sensación en ese momento, entonces podemos convertir a la resistencia misma en un objeto de meditación y abrazarla con amor.

Luego, aquello que parecía una piedra en el camino revela su naturaleza de regalo, y vemos que todo está diseñado para que amemos cada vez más profundo todos los aspectos de nuestro ser.

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