fluir es estar cerca de la mitad

Uno de mis principales retos en los últimos años ha sido encontrar un equilibrio entre el perfeccionismo y la dejación. He oscilado entre periodos en los que trabajo ardua e intensamente y otros en los que no me dan ganas de hacer nada y me entrego a la inercia y la dejación.

Una de las cosas que he observado de estos ciclos es como cada uno de los extremos contiene la semilla del otro. Cuando trato de ser perfecto, inevitablemente me agoto, y cuando ese cansancio se vuelve intolerable, abandono mis actividades por completo y me voy al otro extremo. Así mismo, después de un periodo largo de inactividad e indolencia, mis días se vuelven insatisfactorios y me deprimo, y cuando esta sensación se vuelve intolerable, decido hacer planes de nuevo y comienzo a trabajar febrilmente en un intento por recuperar el tiempo perdido, yéndome así de vuelta al extremo de la perfección.

He aprendido poco a poco, que esos extremos son como orillas en el río de mi vida: entre más cerca esté de una orilla, más difícil será avanzar con la corriente natural del agua. En consecuencia, para fluir debo estar cerca de la mitad.

He durado varios meses sin escribir, pues me propuse hacerlo solo cuanto tuviera ganas. Ha sido un periodo de descanso y descubrimiento. Sé que escribir me hace feliz, pero no de cualquier forma. Cuando escribo por tratar de “hacer las cosas bien” y “ser un niño bueno”, muy pronto me canso y siento que nada es lo suficientemente bueno. Cuando escribo desde el extremo perfeccionista, por tratar de avanzar mucho, termino abandonando pronto. Es como si un corredor en una maratón decidiera que para llegar más rápido a la meta debe correr a la misma velocidad que si estuviera en una carrera de cien metros. Obviamente, no podrá mantener ese ritmo y, si lo intenta empecinadamente, seguramente no será capaz de terminar la carrera, o llegará muchísimo después que si hubiera mantenido un ritmo lento y más constante.

En eso trabajo ahora, en encontrar un punto medio y sereno que me permita fluir de manera constante, no demasiado tenso, pero tampoco demasiado laxo. Y ese es el viaje que estaré procurando compartir en mis próximas entregas, de a pocos.

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