Poder creador y culpabilidad

Hace poco un amigo compartió un artículo en el que se critica a la Ley de la Atracción. Hay allí varias críticas que me parecen genuinas y que vale la pena considerar. Pero, por ahora, me ocuparé solo de un par.

La ley de la atracción establece que creamos nuestra realidad. Que somos maestros creadores. Que nuestra realidad es un reflejo de nuestro ser. A veces se critica a la Ley de la Atracción por decir que solo con pensar algo, eso va a suceder, lo cual obviamente no sucede. Es importante aclarar que el pensamiento es, en realidad, secundario. El universo responde a lo que estamos siendo. A nuestro estado interior. Los libros que promueven la Ley de la Atracción se enfocan en los pensamientos solo en la medida en que estos tienen la capacidad de influenciar nuestro estado interno. Si repito que soy exitoso frente al espejo todas las mañana, pero no me siento así en lo profundo de mis células, esas palabras no tendrán ninguna consecuencia. Se trata más de elevar la vibración de la experiencia interna que de repetir pensamientos. Y hay muchas maneras de transformar ese estado interior. Hacia allá apuntan muchas prácticas espirituales. Repetir pensamientos puede ser un muy pequeño componente de esa transformación, pero no es suficiente ni necesario.

Otra crítica que se le hace a la Ley de la Atracción es que culpa a las personas por las cosas malas que les suceden. “Si no tienes para comer, es porque no piensas en suficiente comida”. O “Si te robaron es porque estabas teniendo pensamientos negativos”. Aquí debo aclarar algo. La Ley de la Atracción sí establece que todos, absolutamente todos, creamos nuestra realidad. Desde el venado que es atacado por un tigre hasta mi abuela que acaba de morir en inmensos dolores hasta los niños que nacen en condiciones de extrema pobreza y son abusados por sus padres. Pero eso no quiere decir que mi abuela sea culpable o que el venado sea culpable o que el niño sea culpable de lo que le sucede.

En nuestro proceso evolutivo, la gran mayoría de nuestras creaciones son inconscientes. Solo en los últimos niveles de evolución se adquiere el grado de maestría necesario para crear conscientemente. Hacia allá apunta la Ley de la Atracción, pero no culpabiliza a quienes vamos apenas empezando el proceso de aprendizaje. Así como uno no culpa a un niño de dos años porque se quema al tocar el fuego o cuando se cae mientras aprende a caminar. Sí, fueron sus acciones las que le causaron dolor. Pero en su nivel de consciencia actual nadie lo tildaría de malo por caerse o quemarse. Simplemente lo ayudaría a curarse las heridas, enjuagaría sus lágrimas y, en la medida en que él sea capaz de entenderlo, le explicaría amorosamente que debe mantenerse alejado del fuego.

Otro ejemplo. Si me enfermo de algo grave, es posible que en mi estado actual de consciencia no pueda curar mi propio cuerpo con solo desearlo. Si estuviera en el estado de consciencia de Jesús, podría. Pero no por eso me voy a latigar o a culpar cuando mi cuerpo se enferme. Sé que el estado de consciencia de Jesús es posible para mí y para todos. Eso fue parte de lo que él vino a mostrarnos: el estado de consciencia que es posible para nosotros. Pero no por eso me voy a juzgar y a autolatigar. Voy en mi proceso y no tengo por qué juzgarme por no ir más adelante.

Así, la Ley de la Atracción nos invita a que nos demos cuenta de nuestro poder creador y lo despertemos en la medida en que podamos. Y eso implica, claro, asumir responsabilidad. Una vez veo de qué manera creo lo que me ocurre, en ese momento me vuelvo responsable. Pero nunca culpa a nadie o lo juzga por sus creaciones. Quienes juzgamos somos los humanos. Y no es necesario que lo hagamos.

De hecho, parte de las enseñanzas de la Ley de la Atracción tienen que ver, precisamente, con dejar de juzgar y con dejar de culparnos. Pues los juicios nos mantienen separados de los demás y la culpa nos mantiene separados de nosotros mismos. Y entre más cerca estemos de la unidad (y por, tanto, entre menos culpa y juicios tengamos) más podremos acercarnos a nuestro poder creador. Ya que solo en unidad entramos en contacto con la Fuente, de donde viene todo poder creador.

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Elige bien tus pensamientos, crean tu realidad

¿Que tanto pueden afectar los pensamientos la materia?

Personalmente, creo que la realidad última es pensamiento, y que la materia, el tiempo y el espacio son solo ilusiones creadas por el pensamiento. Si esto es así, por supuesto que el pensamiento puede afectar la materia, pues directamente la crea.

Sin embargo, no me interesa aquí convencerte de esas creencias. Aun si no las aceptas, hay un caso claro en el que debes reconocer que, sin lugar a dudas, el pensamiento afecta la materia. Me refiero a los movimientos de tu cuerpo. Tus pensamientos tienen el poder de hacer mover tu cuerpo. Puedes decidir actuar o quedarte quieta. Y tus pensamientos pueden promover la acción o impedirla.

Así pues, es obvio que los pensamientos transforman la realidad. Pues lo que hacemos los seres humanos depende de lo que pensamos, y con nuestras acciones creamos nuestra realidad. Por tanto, nuestra realidad depende de la calidad de nuestros pensamientos.

¿A qué tipo de acciones te están llevando tus pensamientos? Y ¿qué realidad estás creando a través de esas acciones? Si te gusta tu realidad, sigue pensando así. Si hay aspectos que no te hacen feliz, te tengo una buena noticia: puedes elegir pensar de una forma diferente. Elige pensamientos que te lleven a emprender las acciones que consideras necesarias para crear la realidad que deseas.

Eres una creadora. Eres poderosa. Y tus pensamientos son más potentes y más poderosos de lo que imaginas. Elígelos con consciencia.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Zach Alan.

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¿En qué te estás enfocando?

Tomado de @theawkwardyeti

A veces somos así. Estamos rodeados de bendiciones, de vida, de dones, de regalos, pero nuestro intelecto se enfoca en lo que nos falta, en el diminuto punto negro escondido en una esquina del vasto cielo azul. Y entonces nos perdemos la hermosura, la belleza y el regalo que la vida nos hace.

Este es un truco del ego para justificar su sensación de aislamiento, carencia y sufrimiento. No importa qué tan bellas sean las flores que te rodean. No importa qué tan lejos hayas llegado en tu camino ni cuántos obstáculos hayas superado. No importa todo lo que has crecido en los últimos diez años ni todos los miedos que has superado. Al ego no le importa eso: basta con una falla, una carencia, un defecto. Eso es suficiente para que el ego nos atormente y nos saque del momento presente, donde toda la belleza que nos rodea está a nuestra disposición. Y nunca nada será suficiente para el ego. Siempre habrá una razón para autoflagelarte y sufrir.

Por eso, elijamos hoy escuchar a nuestro corazón, que en su infinita inocencia nos invita a apreciar, a conectarnos con la abundancia y con la belleza que nos rodean. Se trata de una elección, y de una que podemos hacer ahora. Como lo resaltan muchos maestros espirituales: siempre podemos elegir enfocarnos en el amor o en el miedo. Elijamos ahora enfocarnos en el amor.

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Podemos asumir responsabilidad por el poder de nuestra mente

Reconocer el poder de nuestra mente implica reconocer nuestro poder como creadores.

Esto implica el riesgo de sentirnos atemorizados por nuestra mente o culpables por sus creaciones. Pero eso no tiene por qué ser así: podemos asumir responsabilidad sin miedo ni culpa.

Podemos elegir observar nuestros pensamientos y entrenarnos para alimentar aquellos amorosos, que son los únicos reales, pues son los que pensamos con Dios. Y podemos dejar desvanecer aquellos pensamientos basados en el miedo, que en realidad no existen, pues los pensamos con el ego, y el ego es una ilusión.

Te invito a que tomes la decisión de asumir responsabilidad por el poder de tu mente y a usarlo para construir el mundo amoroso que deseas. Y te invito a que lo hagas sin juzgar ni temer aquellos pensamientos basados en el miedo. Simplemente reconoce su irrealidad y enfócate en tus pensamientos amorosos.

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