Contempla la luz que tienes para dar

Sabes más de lo que crees. De hecho, en el fondo lo sabes todo. Lo único que puede hacer un maestro espiritual es ayudarte a recordar. Como Sócrates, que se consideraba a sí mismo como una partera. Su labor no era darles a los demás conocimiento, sino ayudarles a que dieran a luz el conocimiento que ya moraba en ellos.

Puedes decidir sacar la luz que tienes dentro y compartirla con el mundo. Todos necesitamos de ti, de lo que puedes dar. Creer que no tienes nada para dar es solo un estratagema para evitar la incomodidad de exponerte, de brillar.

Exponer nuestra luz se siente como un riesgo, aunque en realidad no pueda pasarnos nada. Lo único que se ve amenazado es la imagen falsa que hemos forjado de nosotros mismos. Nuestro ego. Pues contruimos nuestro ego a partir de lo que creemos que los demás creen de nosotros. Y es claro que esas creencias van a cambiar cuando decidamos compartir nuestra luz, nuestro talento.

“Pero no tengo nada para dar todavía”, dice el ego. Esto es un truco. Tal vez más honesto sería decir: “Tengo miedo a perder mi imagen”. Si tienes miedo (y todos lo tenemos), comienza por ser honesta al respecto. Es parte de la experiencia humana. No hay por qué castigarnos por ello. Pero no creas que no tienes nada valioso para compartir. No te convenzas de esa mentira solo para evitar ver tu miedo.

Si no te sientes lista para atravezar tu miedo, está bien. No es necesario empujarte de manera agresiva a hacer aquello que temes. Pero te invito a que vayas con mayor frecuencia a tu interior y contemples toda esa luz que tienes para dar. El contacto permanente con esa luz, con ese amor, ayudará a que el miedo se disuelva de forma gentil. Será evidente para ti que tienes mucho para dar, y que en realidad no vas a perder nada si lo compartes; por el contrario, vas a ganar mucho, pues recibes lo que das a los demás. Y es que en realidad siempre te estás dando a ti misma. Por tanto, verás crecer tu luz a medida que la compartas.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Corwin Bernard.

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