¿Ojo por ojo?

En Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsh, Dios dice que Hitler fue al Cielo. Y que toda persona, sin importar lo que haga, estará en el Cielo. Es una idea que suele generar gran resistencia. ¿Por qué?

Porque uno de los impulsos más básicos del ego es la necesidad de castigo y de venganza. Esta es la idea de que al ladrón se le deben cortar las manos y de que el asesino debe ser asesinado. Ojo por ojo.

En el plano espiritual, estas ideas se manifiestan como la creencia en el infierno y en el karma. Si viviste bien, serás premiado. Si te portaste mal, serás castigado. Si en una vida pasada abusaste de otros, en una vida posterior abusarán de ti.

¿Y si el asesino fuera recibido con los brazos abiertos siempre en el corazón de Dios? «Imposible», dice el ego.

Desde el punto de vista del ego, la parábola del hijo pródigo no tiene sentido: un hijo se va y despilfarra todas las riquezas que le dio su padre, pero cuando regresa no recibe un castigo sino una fiesta en su honor. Al ego esa idea le parece injusta, pues cree que el amor de Dios es algo que tiene condiciones: se puede perder y si se pierde hay que pagar para recuperarlo.

La enseñanza de la parábola del hijo pródigo es que el amor de Dios no tiene condiciones. Podemos perderlo de vista, pero nunca nos será negado si volvemos nuestros ojos a Él. En realidad, el Amor no puede perderse jamás, pues el Amor es lo que somos y siempre seremos, sin importar las locuras que creamos hacer en el sueño en el que nos encontramos.

Solo tenemos que decidir regresar a nuestro padre y aquí está, justo en ese momento, la fiesta de recibida, sin ningún pago previo, sin ninguna penitencia.

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¿Qué hacer cuando me duelen las críticas?

Hay muchas clases de críticas. Algunas, las de aquellos que claramente no nos entendieron o no están en sintonía con nosotros, hay que aprender a dejarlas pasar. Igual sucede con el troll en redes sociales que calma sus ansiedades despotricando contra lo primero que ve.

Sin embargo, hay otro tipo de críticas que son muy valiosas. Esas son las que pedimos. Versan sobre esos temas que son importantes para nosotros y con respecto a los cuales esperamos que ciertas personas sean honestas con nosotros. Cuando hago una exposición en el salón de clase, realmente quiero saber qué piensa mi profesor sobre ella. También quiero saber si mi pareja me percibe como un buen amante y si considera que soy cariñoso, agradable y detallista. Si me he esmerado en mi trabajo, normalmente querré saber qué piensa mi jefe o mi equipo.

Cuando recibimos críticas en esos temas sensibles por parte de personas relevantes para nosotros, duele, y a veces duele mucho. A veces duele tanto que nos cerramos y no recibimos el regalo oculto en la crítica. Nos volvemos como niños pequeños. «Quiero saber lo que piensas». «Pero te odiaré si no piensas lo que yo quiero».

En esos momentos, lo primero que debemos hacer es ser honestos con nosotros mismos y reconocer que estamos haciendo una pataleta. Reconocer que nos dolió, que nos dio tristeza, que nos dio rabia.

Luego de ser honestos con nosotros mismos, y de reconocer y permitirnos sentir las emociones que nos acompañan, ayuda mucho si podemos ser vulnerables con los demás. Ayuda si le dejamos saber a la otra persona que su crítica nos dolió. Este paso requiere gran madurez. No se trata de un reclamo para vengarnos por el dolor que nos causaron, se trata de abrir nuestro corazón para reconectarnos con esa persona y permitirle darnos su retroalimentación al nivel más profundo.

Si no podemos ser vulnerables o no es apropiado en el momento (tal vez el ayudante del cirujano no deba hablar de sus sentimientos en medio de un procedimiento de alto riesgo luego de recibir una crítica), sirve abrir el corazón y tener la intención genuina de sanar nuestra sensación de separación con respecto a esa persona. Una intención genuina es mucho más poderosa de lo que imaginamos.

Después, viene bien asumir responsabilidad por lo que vemos en el espejo. Si mi profesor, mis alumnos, mis hijos, mi pareja, mi compañero del grupo espiritual, mi jefe o mis colegas en el trabajo piensan que estoy haciendo algo mal, vale la pena mirar profundo dentro de mí y estar abierto a la posibilidad de que tengan razón, así mi ego se retuerza. De hecho, si el ego se retuerce es señal de que probablemente tienen razón en algo.

El paso final es abrirnos a recibir el regalo de la crítica. Permitir que nos cambie, que nos haga mejores. Eso es lo que queremos: crecer.

Podemos saber que hemos recibido la crítica con madurez cuando continuamos dando lo mejor de nosotros, no solo a pesar de ella, sino gracias a ella. El niño pequeño e inmaduro dice: «Si no te gusta lo que doy, pues no te doy más». En cambio, desde la madurez podemos responder: «Gracias por ayudarme a crecer. Aquí tienes un poco más de lo que doy, pero mejorado por tus críticas».

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Enseño lo que quiero aprender

Hay muchos consejos que doy en mis redes sociales. Pero te digo la verdad: no siempre los pongo en práctica. Es obvio, no soy perfecto. A veces trato, a veces me canso, a veces no sé cómo.

Me gusta dar consejos que no pongo en práctica porque al darlos aumenta la posibilidad de que yo los ponga en práctica. Y si ya los pongo en práctica, al compartir la idea se refuerza la convicción en mí y se vuelve más fácil la práctica.

Las ideas tienen una propiedad maravillosa: a medida que se comparten, se refuerzan en la mente de quien las comparte.

En el caso de las ideas, es obvio que al dar cada vez tengo más de aquello que doy. No pierdo nada al dar una idea. Por el contrario: la fortalezco en mí.

Así pues, te invito a compartir aquellas ideas que quieres vivir, aun si en este momento no son una realidad para ti. Enseña aquello que quieres aprender, así todavía no domines la práctica. Ya verás como al enseñar aprendes.

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Podemos asumir responsabilidad por el poder de nuestra mente

Reconocer el poder de nuestra mente implica reconocer nuestro poder como creadores.

Esto implica el riesgo de sentirnos atemorizados por nuestra mente o culpables por sus creaciones. Pero eso no tiene por qué ser así: podemos asumir responsabilidad sin miedo ni culpa.

Podemos elegir observar nuestros pensamientos y entrenarnos para alimentar aquellos amorosos, que son los únicos reales, pues son los que pensamos con Dios. Y podemos dejar desvanecer aquellos pensamientos basados en el miedo, que en realidad no existen, pues los pensamos con el ego, y el ego es una ilusión.

Te invito a que tomes la decisión de asumir responsabilidad por el poder de tu mente y a usarlo para construir el mundo amoroso que deseas. Y te invito a que lo hagas sin juzgar ni temer aquellos pensamientos basados en el miedo. Simplemente reconoce su irrealidad y enfócate en tus pensamientos amorosos.

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La crisis: una invitación a evolucionar

Todos hemos pasado por una crisis alguna vez. Seguramente más de una vez. Y lo más probable es que nos esperen varias crisis en el futuro. Este panorama parece un poco oscuro y negativo, pero en realidad es todo lo contrario. Las crisis son señal de crecimiento, son necesarias para que podamos avanzar en la vida.

La definición que da la Real Academia de la Lengua Española es esclarecedora:

Crisis: Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o situación.

La crisis, además, suele caracterizarse por que el cambio es abrupto o repentino. Un día todo está en orden, las finanzas están al día, los planes de la familia marchan sobre ruedas, estamos saludables, sabemos para dónde vamos. Pero algo ocurre, un accidente, una muerte, un viaje, una separación, una idea arraigada se desmorona, dejamos de creer en algo. O simplemente tenemos una experiencia que destruye o modifica radicalmente nuestro punto de vista anterior, que transforma la manera como entendemos el mundo. El suelo sobre el que caminábamos, que parecía tan sólido y seguro, comienza a resquebrajarse. En esos momentos es posible que no sepamos qué hacer ni a dónde ir. Puede que aquello a lo que nos aferrábamos haya desaparecido, y la claridad y la confianza que nos acompañaban sean remplazadas por dudas y cavilaciones.

Y es entonces cuando puede producirse el mayor crecimiento, cuando podemos dar los saltos más grandes en nuestra evolución, y no solo a nivel individual, sino también como especie. Hace poco leí una idea que me pareció iluminadora en un libro sobre la historia del planeta Tierra. El autor decía que cuando hay un gran cambio, y este es tan profundo que hace imposible para una especie continuar la misma forma de vida que hasta ahora tenía, hay dos resultados posibles: que la especie evolucione o que se extinga. Y hay algunos cambios en el entorno que les exigen a las especies pequeñas modificaciones: mayor o menor tamaño, un poco más de rapidez o de fuerza. Sin embargo, otras veces los cambios son tan profundos que requieren algo completamente nuevo. Por ejemplo: que de seres que viven en el agua surjan otros capaces de sobrevivir en tierra firme, o que seres que corren sobre dos patas den lugar a una nueva especie que puede volar.

Así, pues, podemos interpretar cada crisis como una invitación a evolucionar. Desde esta perspectiva, las crisis son las chispas que encienden los motores del cambio. Hace poco compartí un mi página de Facebook un meme que me parece muy adecuado ahora:

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Este mensaje tiene una clara connotación religiosa. Pero creo que es aplicable para cualquier persona, independientemente de sus creencias. Qué buena la crisis que me hizo dar cuenta de que podía hacer aquello que parecía imposible. Gracias por la crisis que me empujó a encontrar soluciones en las que de otra forma no habría pensado.

Si miramos la historia de la humanidad, veremos que muchos de los grandes inventos nacieron en tiempos de crisis. Conozco una anécdota al respecto que me gusta mucho. La biblioteca más importante de la antigüedad fue, sin duda, la biblioteca de Alejandría, fundada por Ptolomeo I, gobernante de Egipto, en el siglo III antes de Cristo. Para Ptolomeo y los gobernantes que lo siguieron, la biblioteca se convirtió en un símbolo de poder y orgullo, por lo que hicieron todo lo posible por que fuera la más grande biblioteca de su tiempo.

Lo que no muchos saben es que por esa misma época se fundó otra gran biblioteca, ya no en Egipto, sino en lo que hoy es Turquía: la biblioteca de Pérgamo. Y esta llegó a crecer tanto y a albergar tantos volúmenes, que los dirigentes de Egipto se sintieron amenazados y prohibieron la exportación de papiro a Pérgamo. En esa época, el papiro era el mejor medio conocido para grabar palabras escritas, era la tecnología de punta. Por eso el papiro era considerado un bien muy preciado, tanto así que la palabra usada en la lengua egipcia para referirse al papiro significaba también «flor del rey». Al no tener acceso al papiro, quienes trabajaban en la biblioteca de Pérgamo tuvieron una gran crisis: ya no tenían manera de grabar nuevos textos. Se podría pensar que esto significaría el fin para la biblioteca de Pérgamo, pero, en cambio, dicha situación forzó a quienes allí trabajan a evolucionar. Fue así como inventaron el pergamino (ya te puedes imaginar de dónde viene el nombre), una nueva tecnología para grabar palabras sobre el cuero de los animales. Y este nuevo invento fue tan útil que poco a poco se impuso y fue el medio predilecto en los siglos que vinieron. Solo fue superado con la llegada del papel mucho tiempo después. Así, lo que parecía un gran problema fue la puerta a una gran innovación, a un salto tecnológico.

Ejemplos como este hay muchos. Cuento este porque me apasiona la historia de la escritura, pero basta investigar un poco para ver cómo los cambios bruscos, drásticos e incómodos han llevado a que los humanos vayamos más allá de lo conocido y nos transformemos.

Y lo mismo sucede en el camino espiritual. Muchas veces las transformaciones más profundas surgen gracias a una crisis. Según la leyenda, fue una gran crisis interior la que llevó a Sidarta Gautama a alcanzar la iluminación y convertirse en Buda. Se dice que a los cinco días de nacido, el padre de Sidarta, llamado Sudodana, convocó a ocho erudiros para que predijeran el futuro de su hijo. Estos le dijeron a Sudodana que su hijo podría llegar a ser un gran rey, pero que, si en algún momento tenía contacto con el sufrimiento y la muerte, se volvería un hombre santo. Por esto, el rey hizo todos los esfuerzos que pudo para evitar que su hijo Sidarta tuviera contacto con los enfermos y los moribundos. Pero no pudo evitarlo. Un día Sidarta abandonó su palacio para dar un paseo y se encontró con un hombre viejo; luego, con un hombre enfermo; después, con un cadáver en descomposición, y, finalmente, con un asceta. Esos cuatro encuentros, según la leyenda, sumieron a Sidarta a una gran depresión que lo llevó a renunciar a su vida como príncipe y a convertirse en un asceta mendicante. Se dice que esto lo motivó a buscar la solución al sufrimiento y a la muerte. Y fue así que se embarcó en el profundo viaje interior que lo llevaría a iluminarse y a encontrar el Nirvana, ese estado de profunda paz y liberación que trasciende al sufrimiento y a la muerte.

Así, si ahora estás perdido, o alguna vez te pierdes, no te desanimes. Cuando nos sentimos perdidos no podemos ver con claridad, eso hace parte de estar perdidos; sin embargo, muchas veces perdernos es señal de que nos acercamos a un nuevo camino más elevado. Seguir avanzando hasta encontrar ese camino y luego seguirlo requiere de gran valentía y confianza. Si estás en crisis, la vida te está invitando a evolucionar, a ir más allá de lo conocido, a encontrar nuevas maneras. No es cómodo. Puede ser muy doloroso, como suelen serlo los nacimientos, pero es necesario para crecer y avanzar.

Las crisis y el florecimiento de la humanidad

Al comienzo de su libro Una nueva tierra, el maestro espiritual Eckhart Tolle dice que hace aproximadamente 100 millones de años comenzó a existir la primera flor sobre el planeta Tierra. Afirma que es probable que esa primera flor no haya vivido por mucho tiempo, y que seguramente las flores fueron fenómenos aislados durante miles de años. Sin embargo, después de un umbral crítico «se produjo una explosión de colores y aromas por todo el planeta». Entonces las plantas dieron un paso en su evolución.

Según Eckhart Tolle, la iluminación de los seres humanos es el análoga a la florescencia en las plantas, y es el siguiente paso en la evolución de la humanidad. Es decir, ese estado de consciencia, de profunda presencia y unidad, el mismo que alcanzó Buda, es nuestro siguiente paso como especie. Al comienzo, habrá seres iluminados aislados, aquí y allá; de hecho, eso es lo que está sucediendo ahora. Pero cada vez los seres altamente conscientes serán más comunes y llegará un momento en el que la iluminación será el estado natural de los seres humanos. Entonces habremos despertado como especie, habremos florecido.

Y este es un paso evolutivo que debemos dar imperiosamente si queremos sobrevivir como especie, pues estamos en crisis. Dada nuestra gran capacidad tecnológica, nuestra inconsciencia puede tener efectos nefastos sobre nuestro planeta y sobre nuestros semejantes, efectos que tal vez no podamos reparar. Estamos en un punto de quiebre. La vida nos está invitando a evolucionar.

Y este nuevo paso en nuestra evolución no se trata de crear computadores más rápidos o carros que funcionen con agua, aunque eso puede ayudar. Es una transformación interna. Se trata de despertar de nuestro sueño de que estamos separados; de darnos cuenta de que no podemos ganar si otros pierden; de saber que estamos en el mismo barco y, si este se hunde, nos ahogamos todos. Se trata de abrir nuestros corazones, vernos reflejados en todos nuestros hermanos y saber que, en el fondo, somos uno solo.

Pero la conciencia de una especie es la conciencia de sus individuos. Por eso esta invitación es para ti y para mí. Y cada pequeño paso en tu evolución y en la mía es una contribución a nuestro florecimiento como especie. Te invito a que esta crisis y las crisis que vendrán te permitan ser el cambio que quieres ver en el mundo. Te invito a que aprovechemos esta crisis y las crisis que vendrán como oportunidades para florecer juntos.

Meme especial

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Eres lo que comes: la importancia de comer con consciencia plena

Cuando empiezas a desarrollar la capacidad de ser consciente, de tener sensación de calma y claridad en relación con la comida y con tus hábitos alimentarios, desarrollas al mismo tiempo la capacidad de aplicar esas habilidades a cualquier aspecto de tu vida

Andy Puddicombe

La alimentación, al igual que la respiración, es un proceso automático. Respiramos y no somos conscientes de que lo estamos haciendo. Sucede lo mismo con la alimentación: nos alimentamos y la gran mayoría de veces no nos damos cuenta qué estamos comiendo, cómo lo estamos comiendo y por qué lo estamos comiendo. Deberíamos tener cierto grado de consideración respecto al proceso alimenticio, pues determina nuestra salud, bienestar y armonía interior.

La comida es un mundo de posibilidades por su variedad en color, tamaños y sabores. La cultura define de qué manera nos alimentamos diariamente. La manera como comíamos en nuestra infancia determina la relación que en la vida adulta tendremos con la comida y, por lo tanto, nuestra salud en todas las etapas de la vida.

Hoy por hoy, la manera como nos alimentamos está cobrando relevancia, los índices de obesidad en la población infantil y en la población en general a nivel mundial están en aumento, lo que quiere decir que la salud está en constante riesgo. Los diagnósticos de salud de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, artrosis, etc., crecen sin medida en la población en general. No en vano, en una consulta médica nunca falta la recomendación de mejorar los hábitos alimenticios, aumentar el consumo de verduras, frutas, cereales y legumbres, disminuir el de carnes rojas, tomar más agua, practicar ejercicio físico. Desde tiempos antiguos, Hipócrates, el padre de la medicina, lo resumió así: “Que tu alimento sea tu medicina, y la medicina, tu alimento”.

La comida no sólo tiene relación directa con nuestro estado de salud: también con nuestro ser interno. Si nos alimentamos bien, así mismo nos sentiremos: más livianos y relajados, en sintonía con el flujo de energía del Universo. Además, una alimentación sana es un reflejo del despertar de nuestra conciencia. En efecto, cuando despiertas a tu conciencia, te haces consciente de ti mismo, y esto lleva a que tus elecciones cotidianas estén encaminadas a cuidarte, a protegerte, a buscar lo mejor para ti.

Es importante aclarar, para empezar, que la alimentación consciente no es una dieta más. Alimentarse conscientemente es un acto de amor, bondad y compasión contigo mismo, con tu salud; es considerar los alimentos que vas a consumir. Alimentarse conscientemente conlleva una actitud de agradecimiento constante con la vida en general, con la naturaleza. El acto de comer se convierte en un momento placentero, de gratitud, de disfrute, agradeces a todos los que han intervenido para que tus sentidos se sientan regocijados por lo que han puesto en tu plato. En tu próxima comida, tómate un instante para respirar y apreciar lo que hay en tu mesa, aprecia y disfruta el colorido, las texturas y los distintos sabores. Bien puedes observar cómo está siendo tu proceso de masticación, ¿estás masticando lo suficiente, o demasiado rápido o lento? El proceso digestivo inicia en la masticación. Por lo tanto, para tener una alimentación consciente se sugiere masticar mínimo 40 veces cada bocado, a tal punto que el alimento quede líquido y facilite así el proceso digestivo en su totalidad.

Alimentarte conscientemente implica tomar consciencia de todo tu ser. De esta manera, tu actitud en el momento de alimentarte es determinante: ¿Te estás alimentando porque es lo que estás acostumbrado a hacer o estás escuchando tu cuerpo y lo estás nutriendo con alimentos verdaderos? ¿Estás en sintonía con tu cuerpo y consumes los alimentos que el mismo te está pidiendo? Las células nos envían continuamente información sobre cómo quieren ser alimentadas, qué alimentos están necesitando.

Es importante que revises, entonces, si estás comiendo de manera automática, sin control, dejándote llevar por emociones que te impulsa a comer lo que esté disponible. Detente y revisa tu relación con la comida, ese es el primer paso para ver si te estás alimentando o simplemente estás comiendo.

Por otra parte, sería ideal alimentarnos con alimentos libres de sustancias tóxicas. Una manera simple es elegir siempre alimentos en su presentación natural, lo que implica evitar el consumo de alimentos en paquetes, envasados, embotellados, etc. Los alimentos procesados contienen altas cantidades de azúcares, grasas, sodio, colorantes y sustancias químicas. A simple vista, sacian el hambre, nos llenan, nos satisfacen de momento, mas no nos están nutriendo en su totalidad, que es el fin último de alimentarnos: nutrir las células.

Entre más elaboración y procesamiento lleve un alimento, menos natural y saludable es; por eso, inclínate por alimentos lo más naturales posible. Vuelve a las plazas de mercados, al mercado campesino. Compra productos locales; los productos importados, si bien son deliciosos y nos llevan a experimentar nuevos sabores, se demoran en llegar hasta el supermercado, lo que se traduce en químicos y preservativos para que puedan ser consumidos.

Puedes modificar tus hábitos alimenticios. Si estás en tu edad adulta y piensas que no es posible, ve haciéndolo de a poco; si te lo propones, lo lograrás. Si eres padre o madre de familia, tienes una gran responsabilidad en la alimentación de tus hijos, ya que de cómo alimentes a tus niños hoy dependerá el bienestar en general en su vida adulta. Si eres educador, tu responsabilidad también suma; cuéntale a tus alumnos cómo alimentarse mejor, muéstrales que comer sano y saludable es divertido y delicioso.

Cuando decides alimentarte conscientemente profundos cambios suceden en tu vida. Anímate a elegir momento a momento conscientemente cómo te vas a alimentar. Así no sólo nutrirás tu cuerpo, sino que mejorarás toda tu vida.

Por: Aura Reuto

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Me llamo Aura Reuto. Nací en Casanare en 1977, actualmente vivo en Villavicencio (Meta, Colombia). Llevo más de una década  explorando en mi ser interior, con el firme propósito de amarme, aceptarme y disfrutar la vida exactamente como es. Amarme significa aceptar mi historia personal, superar el sufrimiento a la luz del amor y del perdón y comprender que todo ha obrado para bien.

Trabajé en el sector privado por más de 10 años. Hoy estoy  al servicio de la vida en sus múltiples manifestaciones. Me siento en capacidad de acompañarte en procesos de sanación y liberación interior, mediante la escucha atenta y profunda.

Soy Experta en Mindfulness, Desarrollo Personal y Educación Consciente. Alimentación Consciente.  Facilitadora de Círculos de Mujeres y Espacios Sagrados. Moon Mother. Facilitadora de Terapia del Perdón.

Contacto: aurareuters@hotmail.com

Un pequeño relato sobre cómo he ido aprendiendo el arte de vivir

Deja que la mente se calme y el corazón se abra. Entonces todo será muy evidente.

            Sri Sri Ravi Shankar

“Existir es un hecho, vivir es un arte”. Estas palabras, sencillas y poderosas, las dijo Sri Sri Ravi Shankar, fundador de El Arte de Vivir, y tienen un significado mucho más profundo de lo que nos podemos imaginar. Cuando escuché estas palabras por primera vez, caí en cuenta de que no puedo hacer nada respecto al hecho de existir, pero sí puedo decidir cómo vivir. Llegamos a este mundo a vivir con muchas metas a las que supuestamente debemos aspirar, pero no nos enseñan el fin más trascendental, uno que le dé sentido a nuestra vida. Y esto no nos lo tiene que dar nadie porque ya está en nosotros, pero todo el ruido en el que estamos inmersos permanentemente nos impide ver lo evidente.

Para volver a nuestra esencia, a lo simple, a nuestro de ser, necesitamos vivir la vida como un arte; esto es lo que le da sentido. La Fundación El Arte de Vivir hace precisamente eso, al enseñar herramientas prácticas que nos permiten ahondar en nosotros mismos para darnos cuenta de que todo el amor y la felicidad que buscamos por fuera está realmente adentro de nosotros.

Suena muy difícil de creer y un poco abstracto; usualmente necesitamos que nos den ejemplos concretos y cuantificables de la vida práctica sobre qué vamos a obtener y cómo lo vamos a conseguir. Todos estos argumentos me convencieron de tomar un curso en esta fundación llamado Happiness Program, el programa de la felicidad. Hasta ese momento, llevaba una vida que podría considerarse normal: un trabajo y algo de vida social y familiar. Pero no tenía un propósito claro y fuerte para vivir y había tenido algunos episodios depresivos. Cuando hice el curso experimenté mucha felicidad y claridad, como hacía muchos años no había sentido. Fue esta experiencia sencilla y a la vez transformadora lo que me hizo ver que antes solo existía, pero que adicionalmente podía vivir feliz.

¿Cómo se logra esto con un curso de tres días? Con lo que ya todos hacemos inconscientemente: respirando. Hay una serie de procesos y ejercicios, pero todo gira alrededor de la respiración y la técnica traída por Sri Sri, llamada Sudarshan Kriya. Esta técnica permite oxigenar y desintoxicar el cuerpo, generando el mismo efecto en la mente y las emociones. Así de simple.

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No puedo cuantificar cuánto mejoró mi productividad, cuántas veces más sonreí por día después de esta experiencia, cuántas discusiones inútiles evité. Después de este curso mi cambio fue evidente ante todos los que me conocen y mis relaciones interpersonales mejoraron. Trascendí la existencia y empecé a vivir. No fue que me revelaran un propósito de vida, simplemente dejé de necesitar un propósito concreto porque me sentí plena y completa, y la sonrisa empezó a acompañarme más seguido.

La experiencia del curso me inspiró a profundizar en la meditación y el yoga. Cuando uno lleva tanto tiempo viviendo a medias y encuentra algo que lo ayuda a sentirse bien, quiere ir más allá. Posteriormente, decidí ir a India, a la fuente de este conocimiento. Ese viaje me ayudó a volver a la esencia en medio de la simplicidad y a sentir gratitud infinita por cada detalle de la vida. Me sentía infinitamente agradecida por esa gran oportunidad, por poder dejar mi trabajo de oficina para emprender una aventura. Fue la primera vez que me permití hacer algo que realmente quería a pesar de no ser lo más lógico. La cultura india me enseñó lo que es el servicio desde el corazón, la entrega, la generosidad. En principio fui a tomar un curso y me quedé de voluntaria en el Centro Internacional de El Arte de Vivir en Bangalore. Estaba feliz de servir, de hacer algo por alguien más, y a la vez entendí que el servicio enriquece más al que lo presta que al que lo recibe.

Se despertó en mí un sentido de responsabilidad orientado al servicio. Recuerdo haberlo tenido cuando niña y haberlo abandonarlo casi por completo al entrar a la universidad, donde me presionaba pensando que todo lo que hiciera tenía que ser en función del éxito profesional. Estando en India fui inspirada por Sri Sri, quien ha actuado como mediador en varios conflictos en el mundo, incluyendo el conflicto colombiano, y sentí la necesidad de volver a Colombia a trabajar por la construcción de la paz.

Estoy convencida de que las herramientas de El Arte de Vivir pueden sanar las heridas que la violencia ha causado (ya lo ha logrado en algunas personas que han sido víctimas o que han estado involucradas en el conflicto, cuya respuesta ha sido muy positiva). Incluso, sin ir tan lejos, estas técnicas pueden devolverle la sonrisa a las personas que se han dejado contagiar por el estrés del día a día.

Por todo lo anterior me encuentro en proceso de convertirme en instructora de estos cursos. Quiero poder transmitirle a más personas las herramientas y el conocimiento que he adquirido y que puedan sentir esto tan inmenso y hermoso. A ti que estás leyendo este artículo te invito a que tomes el Happiness Program y te des la oportunidad, como lo hice yo, de experimentar el arte de vivir feliz y en paz.

Por: María Andrea Forero

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El Arte de Vivir es una ONG humanitaria, educativa y sin fines de lucro fundada en 1981 por Sri Sri Ravi Shankar. Su trabajo, en más de 160 países, está enfocado en el manejo del estrés y en las iniciativas de servicio para el bienestar de la comunidad.

En 1981 Sri Sri Ravi Shankar estableció la Fundación El Arte de Vivir, una organización no  gubernamental de carácter humanitario y educativo con estatus consultivo en el Consejo  Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas. La fundación formula e implementa soluciones duraderas para los conflictos y problemas que enfrentan individuos, comunidades y naciones.

El Arte de Vivir está presente hace 10 años en Colombia. Ha realizado labores humanitarias con poblaciones en situación de vulnerabilidad (víctimas, desmovilizados, personas privadas de la libertad, entre otros) en diferentes zonas del país que han beneficiado a más de veinte mil personas.

Datos de contacto en Colombia:

https://m.facebook.com/ElArtedeVivirColombia/

Bogotá:

Teléfono: 8069942 – (321) 283-6442

Correo: Info@co.elartedevivir.org

Medellín:

(311) 4405233

Correo: medellin@co.elartedevivir.org

www.elartedevivir.org

Dos claves para la abundancia

La abundancia no es algo que adquirimos, es algo con lo que nos sintonizamos

Wayne Dyer

Antes de las claves, unas palabras sobre qué es la abundancia. Lo más importante es tener en cuenta que la abundancia es una experiencia interna, y es independiente de cuántas cosas tengamos. Cuando estamos conectados con nuestro corazón y tenemos consciencia de que no nos hace falta nada, somos abundantes. Y esto puede suceder mientras estamos en una oficina lujosa en un rascacielos, o mientras compartimos una comida humilde con nuestros seres queridos. Las condiciones externas no pueden, por sí solas, hacer que alguien sea abundante. Un niño pequeño podría sentirse aburrido en una gran biblioteca, y un gran académico podría sentirse frustrado en una arenera rodeado de baldes y palas de juguete. Pero un niño en una arenera podría experimentar el éxtasis de estar rodeado por cosas maravillosas en ese momento, y eso es abundancia. Así mismo, un amante de los libros puede sentirse extasiado mientras camina entre los anaqueles de una gran librería.

La abundancia se trata, entonces, de cómo nos sentimos, no de cuánto tenemos. Esta es una noticia maravillosa, porque implica que no tenemos que esperar a que pase algo en el futuro para conectarnos con la abundancia: podemos elegirla ahora. Así, el orden se invierte. Usualmente creemos que primero debemos tener cosas, para poder hacer cosas, y eso nos permitirá ser felices. Pero es al revés: si somos felices, haremos cosas desde ese lugar de felicidad, y lo que hacemos con esa energía muchas veces nos traerá cosas maravillosas. Pero el resultado no es ya importante, pues la felicidad está desde el comienzo. Las cosas que podemos obtener serían, en ese caso, solo un regalo extra.

Claro, sintonizarnos  con la abundancia de esa manera puede ser difícil al comienzo, pues nos hemos convencido de que esta solo es posible después de adquirir cosas. Pero se puede, es solo cuestión de práctica. Puedes elegir ser amoroso antes de tener una relación. Puedes elegir ser feliz antes de tener un juguete. Ahora sí pasemos a las dos claves que te ayudarán a conectarte con la abundancia.

La gratitud

Estar agradecidos es regocijarnos por lo que la vida nos ha dado. Surge cuando reconocemos lo que tenemos y lo disfrutamos. La gratitud es una energía muy  poderosa, pues cuando estamos en ella, nos enfocamos en lo que queremos, en lo que apreciamos, en lo que es valioso para nosotros, y aquello en lo que nos enfocamos crece. Estar agradecidos es entonces reconocer que ya tenemos, y ese estado nos lleva inmediatamente a ser abundantes. Ahora bien, para estar agradecidos, es necesario primero estar presentes, tener los ojos abiertos a las maravillas que nos rodean, ver con ojos nuevos a la gente a nuestro alrededor. Si no estamos presentes, no podremos ver lo que la vida nos ha regalado, aunque lo tengamos en frente de nosotros.

Uno de los amigos más abundantes que conozco, al menos en el aspecto económico, me contó que su buena relación con el dinero comenzó cuando se dio cuenta de que tenía más que suficiente. Todo empezó con un cambio de consciencia. Esto naturalmente lo llevó a estar agradecido y a desarrollar la segunda actitud que es clave para la abundancia:

La generosidad

Esta segunda herramienta tiene algo en común con la primera: nos ayuda a reconocer que ya tenemos. Esto es así porque cuando damos tomamos consciencia de que tenemos más que suficiente, y de que es por eso que podemos dar. Es por esta razón que muchos maestros nos recomiendan que les demos a los demás aquello que creemos que nos hace falta. ¿Sientes que no tienes amor? Sal a dar amor, llena el mundo de actos amorosos, y te darás cuenta de que en ti ya tienes el amor. ¿Te hace falta dinero? Comparte lo que tienes y agradece por ello.

Como se puede ver, esto no se limita a las cosas materiales. Todo lo que damos crece en nosotros. Así, por ejemplo, no hay mejor manera de aprender algo que enseñándolo. Al enseñar un conocimiento, al brindarlo a los  demás, nos damos cuenta de que ya lo tenemos en nosotros y lo reafirmamos. Lo digo por experiencia, pues he sido profesor universitario por varios años: Una de las mejores cosas de ser enseñar es que uno aprende mucho. Sobre esto Un Curso de Milagros dice algo muy interesante, y es que siempre estamos enseñado, pues cada acto es un resultado de todo lo que creemos y da fe de ello. Si crees que tienes más que suficiente, serás generoso, y enseñarás que la vida es abundante, lo que a su vez te llevará a conectarte más profundamente con tu abundancia. Si crees que tienes que proteger lo poco que posees, enseñarás que vives en un mundo de escasez y de peligros, y reforzarás esas creencias en ti.

Otra cosa maravillosa que dice  Un Curso de Milagros  es que dar es igual que recibir. Muchos piensan que, si dan, en el futuro recibirán. Esta idea puede ser útil y motivarnos a ser más generosos, pero no es del todo cierta. Si miramos más profundo, veremos que dar y recibir son lo mismo. Esto es así por dos cosas. La primera es que al dar siempre estamos decidiendo quiénes somos, y esto nos lleva de manera inmediata a tener una experiencia interna valiosa por sí misma: la abundancia, la paz, la satisfacción. Así, no hay lapso entre dar y recibir. La segunda razón tiene que ver con el hecho de que no estamos separados. Si reconocemos nuestra interconexión, si dejamos de ver al otro como separado de nosotros, entonces seremos conscientes de que siempre es a nosotros mismos a quien nos damos.

La invitación es, entonces, a tomar consciencia de lo mucho que tenemos, de todas las maravillas y los regalos que la vida ha puesto frente a nosotros. La invitación es a abrir los ojos y apreciar. Así surgirá naturalmente el agradecimiento, y estar agradecidos es igual que ser abundantes. Entonces no tendremos más remedio que compartir y ser generosos, pues sabremos que tenemos más que suficiente, y no hay mejor forma para disfrutar algo que compartirlo. Es como cuando nos gusta una canción o una película: queremos que los demás también la disfruten, y nuestro gozo se multiplica a medida que los demás también gozan.

Por: David González

“El blues [el dolor] es la verdad”

Por: Jack Kornfield

Como respuesta saludable al dolor y el miedo, tomamos consciencia antes de que se conviertan en ira. Podemos entrenarnos para caer en cuenta del espacio entre lo que sentimos y nuestra reacción frente a ello. Para esto debemos aprender a tolerar nuestro dolor y nuestro miedo. No es fácil. Tal como lo dijo James Baldwin: “La mayoría de la gente descubre que, cuando el odio se vaya, se verán obligados a lidiar con su propio dolor”. Es por esto que comenzamos prestándole atención a las cosas pequeñas, pequeños dolores y decepciones.

Para trabajar honorablemente con la ira, debemos reconocer la profundidad de la Primera Noble Verdad de Buda: la verdad del sufrimiento. Hay dolor en nuestras vidas, en el mundo —decepciones, injusticias, traiciones, racismo, soledad, pérdida—. Como los maestros del blues Buddy Guy y Junior Wells dicen: “El blues es la verdad” [en inglés, blues significa tristeza o melancolía]. Ninguna estrategia puede evitar que experimentemos la pérdida y el dolor, la enfermedad y la muerte. Esta es la vida humana. Aunque tratemos de evitar esta verdad, sigue siendo verdad. Un dicho zen nos recuerda que “Si entiendes, las cosas son tal como son. Si no entiendes, las cosas son tal como son”.

¿Cuál es la medicina que la psicología budista prescribe para el sufrimiento y la aversión? Primero, tomamos consciencia de esta fuerza dentro de nosotros. Reconocemos en nuestros cuerpos la rigidez de la agresividad, el dolor de la furia, la contracción del miedo. Tomamos contacto íntimo con nuestra frustración, nuestra ira, nuestra culpa.

En segundo lugar, aprendemos la diferencia entre reacción y respuesta. Cuando estamos de afán y se quema una tostada, podemos reaccionar irritándonos en extremo o golpeando la tostadora, o podemos sentir nuestra frustración y poner otra tajada de pan. Cuando alguien nos cierra en el tráfico, podemos vengarnos acelerando, sobrepasando al otro vehículo y gritándole, tratando de cerrarlo también, o podemos respirar y soltar. Cuando nos critican, cuando nos traicionan, no tenemos que reforzar el dolor de la situación sumándole el dolor de nuestra reacción.

Es como dos flechas, dijo Buda. La primera flecha es el evento inicial, la experiencia dolorosa. Ya sucedió, no podemos evitarlo. La segunda flecha es aquella que nos lanzamos a nosotros mismos. Esta flecha es opcional. Ante el dolor inicial podemos agregar un estado mental contraído, molesto, irritado, rígido, en pánico. O podemos aprender a experimentar el mismo evento doloroso con menos identificación y menos dolor, con un corazón más relajado y compasivo.

¿Significa esto que no podemos responder con fuerza algunas veces? No. A veces tenemos que pararnos, gritar la verdad, marchar, protestar, hacer lo que sea necesario para proteger nuestra vida y la de los demás. Los grandes ejemplos de no violencia como Ganhdi y Martin Luther King Jr. mostraron una gran estrategia y una gran habilidad en este sentido. Ellos unieron a las personas, usaron las cortes, rompieron la ley, bloquearon las vías, negociaron, se movieron hacia adelante y hacia atrás, encontraron aliados, y usaron el dinero, el poder, la vergüenza, los discursos y la política para luchar por aquello que estaba bien. Pero ellos no actuaron motivados por el odio y la violencia. Este es un ejemplo poderoso. Cuando la ira surge de la rigidez y de creernos mejores que los demás, podemos dejarla ir. Reteniendo nuestra claridad y su fuerza, también podemos buscar justicia, pero con un corazón amoroso.

Buda nos exhorta a dejar nuestra ira aun después de dificultades extremas. Estos son unos versos famosos del Dhammapada, las palabras de Buda: “‘Él abusó de mí y me golpeó, me tiró al piso y me robó’. Repite estos pensamientos y vivirás en el odio. Él abusó de mí y me golpeó, me tiró al piso y me robó’, abandona esos pensamientos y vivirás en amor. En este mundo, el odio nunca termina con el odio, sino que solo se sana con el amor. Esta es la ley antigua y eterna”.

Traducido por: David González

Tomado de: https://jackkornfield.com/the-blues-is-the-truth/

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.

Sobre el amor implacable

Uno de los acontecimientos que más me ayudó a superar el miedo a las mujeres ocurrió durante un retiro de meditación. Tenía 25 años y nunca había tenido novia. Es más, no sabía lo que era un beso. Así de grande era mi miedo al rechazo, a lo desconocido, a no ser lo suficientemente bueno, al amor.

Una noche, en una de las reuniones grupales que tenían lugar después de las jornadas de meditación, comenté que me sentía triste. Me gustaba una mujer  con la  que había compartido durante el retiro, pero no era capaz de decirle nada. Al oír mi historia, Isha, la maestra espiritual creadora del centro de meditación, y quien justo esa noche estaba a cargo de la reunión —lo que no era usual—, me pidió que fuera a decirle a la mujer lo que sentía. Una ráfaga de adrenalina cruzó por mi pecho. “Después de que termine la reunión, lo haré”, repliqué. La verdad es que tenía mucho miedo. Ese mismo miedo que me había acompañado desde  niño y a causa del cual había desperdiciado tantas oportunidades de experimentar, de vivir la vida, de conocer gente maravillosa, de conocerme a mí mismo. Tenía que pensarlo un poco más. Examinar la situación con cuidado; ver si ya estaba listo. Para muchos sería algo muy simple, pero para mí era algo gigante, como lanzarme a un abismo. Era mejor tomar las cosas con calma.

Segundos después de mi respuesta, Isha me miró con gran intensidad y me gritó: “¡Ahora!”. Por un breve instante quedé paralizado. No parecía algo real. Yo esperaba unas palmaditas en la espalda, algo de lástima por mi situación. Lo último que esperaba recibir era una patada que me precipitara al abismo. El grito bloqueó mis pensamientos. Simplemente me puse de pie y fui hacia el salón donde se encontraba la mujer que me gustaba —estábamos en reuniones diferentes—. Por supuesto, temblaba, pero de alguna forma sentía que no tenía opción. Como un pájaro que cae y no le queda otra alternativa que abrir las alas.

Cuando regresé con ella al salón donde estaba reunido mi grupo —eran como cincuenta personas—, habían puesto una silla en la mitad para que se sentara mientras yo le decía lo que sentía. De nuevo, puede que todo esto se vea muy simple, pero para mi mente era como caminar sobre fuego: algo que estaba absolutamente convencido que no podía hacer. Le dije lo que sentía y fue una experiencia maravillosa. A las pocas semanas de regresar del retiro, le declaré mi amor a una mujer maravillosa con la que tuve un bello noviazgo. Nada de eso habría sucedido de no ser por el grito de Isha, que, no obstante, fue tan agresivo e incómodo en su momento.

Ese grito fue un pequeño ejemplo de lo que Isha llama “compasión implacable”. En español no tenemos una forma clara para referirnos a esto, pero es semejante a lo que en inglés se conoce como tough love o “amor duro”. Sucede en aquellos casos en los que el amor adquiere una apariencia feroz, pero no por ello deja de ser amor. De lejos, podría verse como agresión, irrespeto o egoísmo. Si mi miedo hubiera sido demasiado grande, puede que hubiera rechazado el grito de Isha, y que ahora mi versión de la historia fuera algo así como “¿Quién era ella para gritarme?, ¿cómo se atrevía a darme órdenes? Yo había ido al centro de meditación para sentirme mejor, no para que me maltrataran”. Afortunadamente, estuve abierto a recibir esa ráfaga de amor, a pesar de su apariencia. Lo mismo sucede con el hijo drogadicto, por quien, a veces, lo mejor que se puede hacer es echarlo de la casa, o no prestarle más dinero, aun si esto le va a causar un gran dolor inmediato.

En mi vida, mis mejores amigos y mis familiares más cercanos han sido quienes más han demostrado por mí eso que Isha llama compasión implacable. Cuando he estado en un gran drama y, en vez de seguirme el juego, me han rechazado para mostrarme el lugar en el que me encuentro. Cuando he pedido ayuda en casos en los que en realidad no la necesitaba —aunque estaba convencido de que la necesitaba—, y me la han negado, a pesar de lo difícil que es negarle ayuda a un amigo cercano. Hoy solo siento gratitud por todos ellos, al igual que por Isha.

Por supuesto, este es un tema delicado, pues en nombre del “amor duro” podemos caer en el abuso o en el egoísmo. Tal vez solo el corazón sepa qué  es lo más adecuado en cada caso. Una de las cosas hermosas que dice Isha es que el amor verdadero no tiene una forma fija. A veces puede ser suave e infinitamente paciente, y a veces puede ser como un volcán que lo consume todo. Es probable que nos equivoquemos, y que en nombre del “amor duro” hagamos actos carentes de amor. Sin embargo, cuando estamos conectados con el corazón y con nuestra sabiduría interna, y a veces simplemente basta sentido común, podemos ayudar verdaderamente a quienes amamos, más allá de las apariencias. Y es un gran acto de amor estar dispuestos a perder a quienes queremos y a que nos juzguen de crueles o de indiferentes, si en el fondo sabemos que lo que estamos haciendo es lo que más le conviene a la persona que amamos. El amor no son solo rosas. Sergi Torres, un maestro a quien admiro mucho, lo pone de una manera gráfica: es cierto que nos gustan las flores, pero si en vez de lava los volcanes solo botaran flores, seguramente no cumplirían la función que desempeñan en la naturaleza.

Por: David González