¿Ojo por ojo?

En Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsh, Dios dice que Hitler fue al Cielo. Y que toda persona, sin importar lo que haga, estará en el Cielo. Es una idea que suele generar gran resistencia. ¿Por qué?

Porque uno de los impulsos más básicos del ego es la necesidad de castigo y de venganza. Esta es la idea de que al ladrón se le deben cortar las manos y de que el asesino debe ser asesinado. Ojo por ojo.

En el plano espiritual, estas ideas se manifiestan como la creencia en el infierno y en el karma. Si viviste bien, serás premiado. Si te portaste mal, serás castigado. Si en una vida pasada abusaste de otros, en una vida posterior abusarán de ti.

¿Y si el asesino fuera recibido con los brazos abiertos siempre en el corazón de Dios? “Imposible”, dice el ego.

Desde el punto de vista del ego, la parábola del hijo pródigo no tiene sentido: un hijo se va y despilfarra todas las riquezas que le dio su padre, pero cuando regresa no recibe un castigo sino una fiesta en su honor. Al ego esa idea le parece injusta, pues cree que el amor de Dios es algo que tiene condiciones: se puede perder y si se pierde hay que pagar para recuperarlo.

La enseñanza de la parábola del hijo pródigo es que el amor de Dios no tiene condiciones. Podemos perderlo de vista, pero nunca nos será negado si volvemos nuestros ojos a Él. En realidad, el Amor no puede perderse jamás, pues el Amor es lo que somos y siempre seremos, sin importar las locuras que creamos hacer en el sueño en el que nos encontramos.

Solo tenemos que decidir regresar a nuestro padre y aquí está, justo en ese momento, la fiesta de recibida, sin ningún pago previo, sin ninguna penitencia.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Matt DeLuca.

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El entendimiento recto

Por: Jack Kornfield

El camino hacia el despertar comienza con un paso que Buda llamó entendimiento recto. El entendimiento recto tiene dos partes. Para empezar, se le plantea una pregunta a nuestros corazones. ¿Qué es lo verdaderamente valioso para nosotros, qué es lo que de verdad nos importa en esta vida? Nuestras vidas son muy breves. Nuestra niñez pasa muy rápido, y luego pasan la adolescencia y la vida adulta. Podemos ser complacientes y dejar que nuestras vidas desaparezcan en un sueño, o podemos volvernos conscientes. Al comienzo de la práctica debemos preguntarnos qué es lo más importante para nosotros. Cuando estemos listos para morir, ¿qué desearemos haber hecho? ¿A qué le daremos más valor? Al momento de morir, las personas que han tratado de vivir conscientemente solo hacen una o dos preguntas sobre sus vidas: ¿Aprendí a vivir con sabiduría? ¿Amé bien? Podemos comenzar haciendo estas preguntas ahora.

Este es el comienzo del entendimiento recto: mirar nuestras vidas, ver que son impermanentes y fugaces, y tener en cuenta aquello que nos importa en lo más profundo. Del mismo modo, podemos mirar al mundo a nuestro alrededor, en el que hay una gran cantidad de dolor, guerra, pobreza y enfermedad. ¿Qué requiere el mundo para fomentar una existencia segura y compasiva para todos? El sufrimiento y la lucha humana no se pueden aliviar simplemente con un cambio de Gobierno o una nueva política monetaria, aunque estas cosas podrían ayudar. En el nivel más profundo, problemas como la guerra y el hambre no se pueden solucionar exclusivamente mediante a la política y la economía. La fuente de estos problemas son los prejuicios y el miedo que yacen en el corazón humano, y su solución también está en el corazón. Lo que el mundo necesita es menos gente que esté limitada por los prejuicios. Necesita más amor, más generosidad, más compasión, mentes más abiertas. La raíz de los problemas humanos no es la falta de recursos, sino la falta de entendimiento y  el miedo y la separación que se encuentran en los corazones de las personas.

El entendimiento recto requiere que reconozcamos y entendamos la ley del karma. El karma no es solo una idea mística sobre algo esotérico como vidas pasadas en el Tibet. El término karma se refiere a la ley de causa y efecto. Esto significa que lo que hacemos y la forma en la que actuamos crean nuestras experiencias futuras. Si estamos furiosos con muchas personas, empezamos a vivir en un clima de odio. La gente se pondrá furiosa con nosotros como consecuencia. Si cultivamos amor, este retorna a nosotros. Simplemente se trata de cómo funciona la ley en nuestras vidas.

Alguien le preguntó a una instructora de vipassana, Ruth Dennison, si podía explicar el karma de manera muy simple. Ella respondió: “Claro. ¡El karma significa que no te sales con la tuya con nada!”. Cualquier cosa que hagamos, cualquier forma en la que actuemos, crea aquello en lo que nos convertimos, aquello que seremos y la forma como será el mundo a nuestro alrededor. Entender el karma es maravilloso porque esta ley trae consigo la posibilidad de cambiar la dirección de nuestras vidas. En realidad podemos entrenarnos y transformar el clima en el que vivimos. Podemos practicar ser más amorosos, más despiertos, más conscientes, o lo que sea que queramos. Podemos practicar en retiros o mientras manejamos o mientras esperamos en la fila para pagar en el supermercado. Si practicamos la bondad, espontáneamente comenzaremos a experimentar más y más bondad dentro de nosotros y en el mundo a nuestro alrededor.

Hay una historia del personaje sufi Mulá Nasrudín, quien es un tonto y un sabio al mismo tiempo. Un día estaba en su jardín esparciendo migas de pan sobre los macizos de flores. Un vecino de acercó y le preguntó: “Mulá, ¿por qué estás haciendo eso?”.

Nasrudín respondió: “Oh, lo hago para alejar a los tigres”.

El vecino dijo: “Pero no hay tigres en miles de kilómetros a la redonda”.

Nasrudín replicó: “Es muy efectivo, ¿no?”.

La práctica espiritual no es una repetición sin sentido de un ritual o de un rezo. Funciona cuando tomamos consciencia de la ley de causa y efecto y alineamos nuestra vida con esta. Quizás podemos ver el potencial para despertar en nosotros, pero también debemos ver que no sucederá por sí solo. Hay leyes que podemos seguir para hacer realidad este potencial. La forma como actuamos, como nos relacionamos con nosotros mismos, con nuestros cuerpos, con la gente a nuestro alrededor, con nuestro trabajo, crea la clase de mundo en que vivimos, crea nuestro propio sufrimiento o nuestra propia libertad.

Traducido por: David González

Tomado de: https://jackkornfield.com/right-understanding/

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Jack Kornfield se entrenó como monje budista en monasterios de Tailandia, la India y Burma. Ha enseñado meditación a nivel internacional desde 1974 y ha sido uno de los maestros más importantes que ha introducido la práctica budista de atención plena en Occidente. Entre sus libros, que han sido traducidos a una veintena de idiomas, se encuentran El corazón de la sabiduría, Cuentos del espíritu: historias del corazón, Buscando el corazón de la sabiduría y Trayendo el dharma a casa: despierta justo donde estás.

Puedes conocer más sobre él en su página web.