El problema de la corona dorada

Cuenta la leyenda que Hierón, rey de Siracusa, mandó a hacer una corona de oro, para lo cual le dio exactamente un lingote de oro al orfebre encargado. Cuando recibió la corona, Hierón sospechó que el orfebre lo había engañado y no había usado todo el oro en la corona, sino que había reemplazado una parte con plata. Sin embargo, como el peso de la corona coincidía con el peso del lingote que le había entregado, parecía no haber manera de saber si la corona era de oro puro o no.

Para solucionar este problema Hierón llamó a Arquímedes, famoso sabio y matemático de la época. Arquímedes sabía que el oro es más denso que la plata, lo que quiere decir que si hay dos objetos de igual peso, pero uno es de plata y otro es de oro, el de oro ocupará un menor volumen. Por tanto, si Arquímedes pudiera calcular el volumen exacto de la corona, podría saber si era de oro, ya que tendría que ocupar exactamente el mismo volumen que un lingote de oro; si tenía plata mezclada, su volumen sería mayor. Pero ¿cómo saber el volumen de la corona? En esa época no había una técnica para calcular el volumen exacto de objetos irregulares, por lo que el problema parecía muy difícil.

Se dice que Arquímedes pensó por largo tiempo sin encontrar una solución. Un día, cansado ya de darle vueltas en su cabeza al problema y sin saber qué más podía hacer, decidió tomar un baño caliente para relajarse. Mientras flotaba en la bañera, se dio cuenta de que su cuerpo había desplazado cierta cantidad de agua. Entonces salió de la tina eufórico y corrió desnudo por las calles de Siracusa gritando «¡Eureka!», que en griego quiere decir «Lo encontré».

Había solucionado el problema. Podía conocer el volumen de la corona sumergiéndola en agua y midiendo el volumen de la cantidad de agua desplazada.

***

Este es un gran ejemplo de cómo funciona la genialidad, y contiene grandes enseñanzas sobre cómo afrontar los problemas.

Mientras Arquímedes estuvo pensando obsesivamente, no pudo encontrar la solución; cuando se relajó y se permitió retirar su atención del problema, la solución apareció.

Moraleja: a veces el principal obstáculo que nos impide ver la solución es que no dejamos de pensar en el problema. A veces debemos relajarnos para que la solución pueda llegar. A veces, la solución no aparece cuando pensamos con más intensidad, sino cuando dejamos de pensar.

Cuando nos relajamos, permitimos la entrada a una inteligencia más grande que nosotros mismos. En medio de la relajación nos conectamos con la sabiduría del universo que fluye a través de nosotros si se lo permitimos.

Fue así como Arquímedes encontró la solución al problema de la corona dorada. Tal vez pueda funcionar para ti. Tal vez es momento de relajarte y dejar de pensar obsesivamente en el problema.

A veces ni siquiera sabemos cuál es el problema

Pensar obsesivamente es la forma como el ego resuelve los problemas. Y el ego tiene una visión muy limitada. Está encasillado en sus deseos y preconcepciones; no está abierto al infinito universo de posibilidades que existe en la realidad. Es más, a veces el ego cree erróneamente saber cuál es el problema, lo que le impide mirar las cosas de otra manera.

Esto no solo se aplica a problemas científicos, es muy útil en todos los planos de la vida.

En un taller de Un Curso de Milagros al que asistí hace poco, pusieron un ejemplo que me pareció ilumimador. Imagina que le has pedido a tu pareja el favor de sacar la basura y él o ella lo olvida. Te enfureces y aparece un problema. El ego pregunta: ¿qué debo hacer para que me respete?, ¿deberé gritarle?, ¿cómo puedo hablarle para que no olvide lo que le pido?, ¿será momento de romper la relación?

El ego hace muchas preguntas, y estas preguntas muchas veces lo alejan de la mejor solución. Es como si Arquímedes se quedara pensando en cómo usar una regla para medir el volumen de la corona. Al enfocarse en esa posibilidad, pierde de vista otras formas de ver el problema.

No creas que sabes más o menos cómo debe lucir la solución. Tal vez es algo totalmente inesperado que no podrías haber imaginado desde la perspectiva limitada de tu ego.

Tal vez si te relajas y te conectas con tu corazón, la respuesta sea: «Dale un abrazo y olvida que no sacó la basura»; tal vez sea: «Saca tú la basura»; o tal vez «Dile lo que sientes». Hay infinitas opciones. Muy pocas veces la solución propuesta por tu mente limitada coincidirá con la respuesta del universo.

Pero para acceder a esa sabiduría tenemos que ser capaces de entregar el problema, de dejar de buscar la solución por nuestra cuenta y confiar, pues sin confianza no es posible la ralajación y sin relajación no es posible oír la voz del corazón.

Es difícil dejar de pensar en los problemas porque al ego le encanta hacerlo, ya que resolver problemas y tener algo contra lo que luchar lo refuerzan y le dan sentido de importancia.

Además, al luchar y tratar de solucionar las cosas por nuestra cuenta sentimos la adrenalina, la emoción del problema. Y esa sensación se vuelve adictiva. Es por eso que a veces nos volvemos adictos al drama y a nuestros problemas.

La invitación es, entonces, a que comiences a dejar la adicción de luchar por tu cuenta con los problemas y te relajes. Escucha en silencio profundo. Tal vez tienes ayuda a tu disposición. Tal vez la solución está esperando a que tu ego se haga a un lado y tu mente se aquiete para que puedas verla.

drop-of-water-2256201_1920
¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!

Salta, ya aparecerá el piso

Hace unos años un amigo comenzó una revista digital llamana El Muro, para la cual escribí varios artículos sobre crecimiento personal. La revista cerró hace poco y los artículos y ya no están disponibles en internet. Voy a republicar algunos en este blog. Aquí el primero. Es un extracto de una entrevista que le hice al escritor colombiano Mario Mendoza como parte de una asignatuta que cursé para una maestría en Pediodismo.

¿Fue difícil tomar la decisión de dedicar tu vida a escribir literatura?

El proceso para tomar esa decisión fue complicado. Desde pequeño me gustó la literatura, pero cuando terminé el bachillerato decidí estudiar medicina, y lo hice para no desilusionar a mi padre. Pronto me di cuenta de que esa elección había sido un gran error,  y de que mi vida iba a ser un desastre si no era honesto conmigo mismo, pues yo solo me sentía bien leyendo y escribiendo. Entonces un día fui a la oficina de mi padre y le dije que no quería estudiar medicina porque no me gustaba, y que en cambio iba a estudiar literatura. La desilusión de mis padres fue tal que tuve que empacar maletas e irme de mi casa.

En los años que siguieron me tocó aguantar condiciones difíciles. Después de haber vivido en el norte con todas las comodidades, y de haber estudiado en un colegio privado, tuve que vivir en cuartos de alquiler en El Quiroga, en el sur de Bogotá; y también en Las Cruces y en La Candelaria. Fue una experiencia compleja, pero me dejó cosas bonitas, y sobre todo una gran humildad. Me acerqué a la gente: al panadero de la esquina, a la prostituta, al vendedor de bazuco. Aprendí que yo no era especial, que no era superior, que era uno más.

¿Cómo fue tu vida de escritor después de terminar tus estudios universitarios?

Cuando terminé literatura en la Javeriana me gané una beca y me fui para España. A los dos años regresé y me dediqué a la docencia. Entonces ya escribía, pero la decisión de dedicarme por entero a la literatura la tomé cuando ya llevaba diez años como profesor. Un día me encontré en mi oficina leyendo un poema de un solo verso que decía:

Salta, ya aparecerá el piso.

Me pareció tan hermoso, tan revelador, que renuncié y me dediqué solo a escribir. Me di cuenta de que muchas veces vamos por la vida aferrados a lo que tenemos, con miedo, pero para ser feliz no hay que tener miedo de nada, hay que saltar y ya, en algún lado tendrá uno que caer. Siempre hay un piso esperándonos en alguna parte, solo tenemos que dar el salto y llegar hasta el piso que nos corresponde.

Entonces yo salté y me encerré a escribir. Salté en el año 2000, y me demoré cayendo en el vacío dos años. Fue un salto en el que al comienzo sentí que no tenía piso. Solo caía y seguía cayendo. Hasta que llegó un punto en el que no tenía con qué comer, literalmente no tenía con qué comer. Recuerdo que cuando estaba escribiendo Satanás,un amigo a quien adoro, que es monje budista, llegó un día a mi apartamento con todos sus ahorros y me los entregó. Puso el dinero sobre la mesa del comedor y me dijo “No tengo más, viejo, pero esto tiene que ayudarte para terminar el libro; y fresco, que ahí vas bien”. Para mí eso fue tremendo. Ya estaba con plata prestada, tal como lo veía, las cosas iban muy mal. Y cuando parecía que no había salida, me gané el premio por Satanás. Es decir, a mí el piso me estaba esperando en Barcelona, en el hotel en el que me dieron ese premio Yo creo que la vida es así: uno debe pegar el salto y jugársela a fondo. Una sensación horrible debe ser estar en una clínica en cuidados intensivos, después de que a uno le diagnostiquen una enfermedad terminal, y ponerse a pensar: “¿Qué hubiera pasado si yo me hubiera atrevido?”. Creo que debe ser una de las peores formas de morir. Por eso hay que salir al campo y entregarlo todo, y cuando se tiene esa satisfacción, uno recibe a la muerte de otra manera, uno dice “Si hay que morir nos morimos, pero yo lo entregué todo”. Uno se arrepiente de todo menos de haber sido valiente; de eso no se arrepiente nunca, aunque se equivoque. Es como si uno sale a jugar fútbol y lo deja todo en el campo. Después se va a sentir bien, así llegue a la casa adolorido y con el uniforme embarrado. Es más, puede que haya perdido catorce a cero, pero uno sabe que dio lo mejor de sí, y eso es mucho mejor que quedarse mirando el campo desde fuera, cuando en realidad tiene ganas de jugar.

¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!

La forma más fácil de obtener lo que te falta

Hace un tiempo tomé un taller en línea con Neale Donald Walsh, el autor de Conversaciones con Dios. Podíamos hacer preguntas por teléfono, y una mujer lo llamó para pedirle que la ayudara a superar la muerte de su pareja. El consejo que él le dio me pareció maravilloso. Le dijo que abriera un grupo de ayuda para personas que hubieran perdido a su pareja hace poco. Que ofreciera en su casa de manera gratuita el espacio para reunirse con otras personas que estuvieran pasando por su misma situación y tratara de ayudarlas.

Este consejo se deriva de una de las ideas que más me gustan de Conversaciones con Dios : la forma más fácil de obtener algo es ayudar a los demás a que lo obtengan. Si quieres paz, ayuda a los demás a tener paz. Si quieres felicidad, ayuda a los demás a tener felicidad. Si quieres aprender algo, enséñalo.

Esto lo he podido comprobar con mis proyectos. Muchas de las reflexiones que he compartido me han ayudado inmensamente en mi crecimiento personal. Al compartirlas con otros, me las enseño y las refuerzo en mí. A veces voy por la calle, y me doy cuenta de que estoy a punto de caer en un viejo patrón de comportamiento o de pensamiento que me hace sufrir. Y entonces vienen a mi mente palabras que yo mismo he escrito sobre temas relacionados con lo que pasa en mi interior, y esas palabras me ayudan a cambiar mi energía y a sanar.

Es por esto que muchas veces, antes de empezar, pienso en qué es lo que necesito aprender, qué es lo que quiero sanar, y trato de compartir con los demás herramientas para lograr aquello que yo mismo deseo para mí.

Esta estrategia funciona porque las ideas se refuerzan al compartirlas. Cuando compartimos una idea no la perdemos: esta idea crece en nuestra mente y se vuelve más clara.

Da, pues, lo que quieres recibir. Pero no des con la intención de que el universo te dé luego de vuelta eso que comparte. Si das con esa intención, en realidad no estás dando, estás tratando de tomar, y lo que enseñarás será la idea de la carencia que te impulsa a tratar de obtener cosas de los demás; en consecuencia, aprenderás carencia y la experimentarás.

Da sabiendo que en el preciso instante en el que compartes ya te estás dando a ti mismo aquello que compartes. Esto muy claro, al menos, en el caso de las ideas. Pero también puede suceder con cosas externas, pues las cosas externas son solo consecuencias de nuestro estado mental, y nuestro estado mental cambia cuando compartimos. Por ejemplo, a veces tenemos la idea de que estamos en carencia. Esta idea de carencia es solo una forma de percepción. No nos damos cuenta de todo lo que tenemos. Creemos que nos faltan muchas cosas. Cuando empezamos a dar, nos damos cuenta de que tenemos para mucho dar y, por tanto, nos volvemos conscientes de nuestra abundancia; y cuando tenemos una real consciencia de abundancia, es mucho más fácil crear o manifestar cosas en el plano externo. Así, al compartir nos volvemos más abundantes.

Es muy poderoso cuando dejamos de mirar lo que nos falta y comenzamos a preguntarnos qué podemos dar.

¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!

El miedo a volver a caer

En un tiempo fui a hacer talleres de meditación a un hogar de muchachos que estaban allí para recuperarse de adicciones. Uno de los miedos más fuertes que tenían era el miedo a volver a consumir sustancias cuando dejaran el centro de rehabilitación; el miedo a volver a caer en la adicción; el miedo a repetir. El miedo a que a largo plazo no iban a sanar y sus vidas iban a terminar mal.

Creo que todos hemos tenido ese miedo alguna vez, así no hayamos sido adictos a una droga fuerte y no hayamos estado en un centro de rehabilitación.

Un ejemplo: no te gusta cuando discutes con tu pareja y le hablas con groserías. Y cuando hay una nueva pelea y comienzas a ser grosero, te sientes muy mal contigo porque te das cuenta de que has caído en algo que no querías volver a repetir. Entonces, después de la reconciliación, a la mañana siguiente, tienes menos confianza en ti mismo, pues volviste a caer, y tienes miedo de que caerás de nuevo.

Cualquier hábito o aspecto que no te gusta de ti puede generar el miedo a que repitas el pasado, a que sigas cayendo en lo mismo.

Este miedo es natural. Sin embargo, no te ayuda a sanar; por el contrario: aumenta las posibilidades de que repitas. Entre más miedo tengas, estarás más ansioso y menos conectado con tu consciencia y con tu corazón, y entre más ansioso estés, será más probable que caigas en comportamientos inconscientes. Es un círculo visioso típico.

Cuando hacía las meditaciones con los muchachos, les pedía disfrutar del momento presente, y en ese momento no estaban consumiendo. No importa si el día anterior o la semana pasada habían consumido. En ese momento no estaban consumiendo. Entre más aprendieran a disfrutar ese momento, más fácil sería para ellos hacer elecciones sanas en el futuro.

Ese miedo a repetir está relacionado con la necesidad que tenemos de elaborar una historia personal que nos guste: la historia de nuestro ego. Esa historia, por supuesto, se desarrolla en el tiempo. Y, al tratar de tener una historia que nos guste, nos sentimos en la necesidad de controlar el futuro. La idea de que podemos volver a caer atenta contra la historia que queremos construir de nosotros mismos. Entonces empezamos a tenerle miedo a nuestra historia, le tememos al personaje que hemos ido construyendo en el tiempo.

En este momento esa historia es una ilusión. En este momento no estás volviendo a caer. El miedo solo surge cuando le das importancia a tu historia en el tiempo y dejas de lado la verdad de este momento, que es el único que existe.

Solo por hoy

Cuando dejamos de prestarle atención anuestra historia, sanar se vuelve más fácil. Cuando no estamos enfocados en el pasado y el futuro, sanar se resume en hacer una buena elección en este momento. No importa lo que hayas hecho, no importa lo que vaya a pasar mañana; lo único que debe preocuparte es hacer una buena elección en este momento.

Es por esto que la frase «solo por hoy» es tan poderosa en diversas terapias para dejar adicciones. Tratar de dejar el alcohol de por vida es muy difícil, es un peso muy grande para estar cargando todo el tiempo. En cambio, elegir no beber alcohol solo por hoy es algo ligero y manejable. No se trata de tratar de arreglar la historia de tu vida; se trata de, solo por hoy, hacer una elección amorosa. Mañana será otro día.

Un día, sin embargo, es muy largo. Aún mejor puede ser centrarnos en este momento. «Solo por este momento» elige tener pensamientos amorosos. Solo por este momento elige amarte. Solo por este momento elige no preocuparte. En cinco minutos será un momento diferente. No te preocupes por si serás capaz de volver a elegir con amor en cinco minutos. Preocúpate únicamente por lo que eliges en este momento.

Al hacer bellas elecciones hoy, al hacer bellas elecciones en este momento, aumentan las posibilidades de que construyas la historia que habías soñado. Al hacer una buena elección ahora, llegarás al futuro con más energía y confianza. En cambio, preocuparte, culparte o temer aumentará las posibilidades de que vuelvas a caer. Y está bien si caes. No dejes que la caída se proyecte al futuro con una sombra de miedo. Simplemente elige de nuevo, solo por este momento.

Deja de preocuparte por tu historia, por el personaje que has construido en el tiempo. Enfócate en este momento, da lo mejor de ti en este instante. Ese amor se extenderá en el tiempo y, sin que te des cuenta, habrás construido una hermosa historia sin preocuparte por ella.

¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!

Que te critiquen es una bendición

Tu ego está hecho de aquello con lo que te identificas. Es aquello que crees que eres. El ego espiritual, por ejemplo, surge cuando nos identificamos con nuestras creencias y nuestras prácticas espirituales.

Es fácil reconocer cuando nuestro ego está presente. Una señal clara es que nos sentimos atacados personalmente cuando alguien critica nuestras ideas o nuestras prácticas. Otra señal es la necesidad automática de defender nuestras ideas o de demostrar que lo que hacemos está bien o funciona. Estos son intentos del ego de mantener intacta o engrandecer su imagen, aquella imagen ficticia con la que se identifica.

En consecuencia, tus críticos, especialmente aquellos que te molestan con sus críticas, son una bendición en tu camino. Te muestran el tamaño de tu ego. Te muestran lo que aún no has sanado.

Si te duele lo que te dicen, no eres tú, es tu ego. Y qué bueno que te lo hayan dicho. Pues así puedes tomar consciencia de tu ego. Y la consciencia es el primer paso para trascenderlo, para dejar de sufrir por él.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Fútbol y agujas

Ayer fui a que me sacaran sangre. Como siempre, sentí miedo mientras esperaba a que llegara mi turno en la fila. Pero, ¿por qué?

Me gusta jugar fútbol. Y te puedo asegurar que siempre que juego recibo golpes. Y esos golpes duelen mucho más que la chuzada de una aguja. Sin embargo, no siento miedo antes de jugar fútbol. ¿Por qué?

Muchas veces los miedos no tienen que ver con la realidad. Están programados desde nuestra infancia. Aprendemos que ciertas cosas son dolorosas y terribles aunque no lo sean. Y a prendemos que otras son agradables aunque duelan.

Tal vez eso que te da miedo hacer hoy realmente no duele. Tal vez es solo una idea arraigada. Y se puede cambiar. En efecto, cada vez que voy a que me saquen sangre me da menos miedo. Pues cada vez me muestra nueva evidencia de que en realidad no hay nada qué temer.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

El poder de una pequeña sonrisa

En el edificio donde vive mi mejor amigo trabaja un portero que siempre sonríe cuando me ve llegar. Puedo sentir que no es una sonrisa fingida. Puedo sentir su felicidad. Cuando me saluda, emana de él una calidez que llega hasta mi corazón.

Cuando llego de visita y está ese portero, entro más feliz de lo usual a la casa de mi mejor amigo. Y estoy seguro de que, cuando llego feliz, alumbro con mi felicidad a quienes viven allí. Comparto mi bienestar. Y si además me siento a escribir uno de estos post o hago un video en ese momento, creo que muchos de quienes lean el post o vean el video sentirán mi felicidad y serán impregnados por ella.

Probablemente muchos de quienes viven allí salen por las mañanas un poquito más felices tras interactuar con él, y llevan esa felicidad y la esparcen en sus lugares de trabajo. Así, sin darse cuenta, ese portero alumbra la vida de muchas personas.

Parte de la magia de una sonrisa sincera es que le cuesta muy poco a quien la da y le da un gran beneficio a quien la recibe. Es un gesto sencillo cuya luz puede llegar mucho más lejos de lo que podemos imaginar.

Y así como la sonrisa, hay muchos otros pequeños gestos de amor que a veces damos por sentados, pero que pueden ayudar a sanar nuestros corazones y, a través de ellos, el mundo.

Cada pequeño gesto de amor que compartes es un regalo mucho más valioso y poderoso de lo que tal vez creas. No escatimes sonrisas. Sigue compartiendo. Sigue alumbrándonos con tu luz.

african-2197414_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Poder creador y culpabilidad

Hace poco un amigo compartió un artículo en el que se critica a la Ley de la Atracción. Hay allí varias críticas que me parecen genuinas y que vale la pena considerar. Pero, por ahora, me ocuparé solo de un par.

La ley de la atracción establece que creamos nuestra realidad. Que somos maestros creadores. Que nuestra realidad es un reflejo de nuestro ser. A veces se critica a la Ley de la Atracción por decir que solo con pensar algo, eso va a suceder, lo cual obviamente no sucede. Es importante aclarar que el pensamiento es, en realidad, secundario. El universo responde a lo que estamos siendo. A nuestro estado interior. Los libros que promueven la Ley de la Atracción se enfocan en los pensamientos solo en la medida en que estos tienen la capacidad de influenciar nuestro estado interno. Si repito que soy exitoso frente al espejo todas las mañana, pero no me siento así en lo profundo de mis células, esas palabras no tendrán ninguna consecuencia. Se trata más de elevar la vibración de la experiencia interna que de repetir pensamientos. Y hay muchas maneras de transformar ese estado interior. Hacia allá apuntan muchas prácticas espirituales. Repetir pensamientos puede ser un muy pequeño componente de esa transformación, pero no es suficiente ni necesario.

Otra crítica que se le hace a la Ley de la Atracción es que culpa a las personas por las cosas malas que les suceden. “Si no tienes para comer, es porque no piensas en suficiente comida”. O “Si te robaron es porque estabas teniendo pensamientos negativos”. Aquí debo aclarar algo. La Ley de la Atracción sí establece que todos, absolutamente todos, creamos nuestra realidad. Desde el venado que es atacado por un tigre hasta mi abuela que acaba de morir en inmensos dolores hasta los niños que nacen en condiciones de extrema pobreza y son abusados por sus padres. Pero eso no quiere decir que mi abuela sea culpable o que el venado sea culpable o que el niño sea culpable de lo que le sucede.

En nuestro proceso evolutivo, la gran mayoría de nuestras creaciones son inconscientes. Solo en los últimos niveles de evolución se adquiere el grado de maestría necesario para crear conscientemente. Hacia allá apunta la Ley de la Atracción, pero no culpabiliza a quienes vamos apenas empezando el proceso de aprendizaje. Así como uno no culpa a un niño de dos años porque se quema al tocar el fuego o cuando se cae mientras aprende a caminar. Sí, fueron sus acciones las que le causaron dolor. Pero en su nivel de consciencia actual nadie lo tildaría de malo por caerse o quemarse. Simplemente lo ayudaría a curarse las heridas, enjuagaría sus lágrimas y, en la medida en que él sea capaz de entenderlo, le explicaría amorosamente que debe mantenerse alejado del fuego.

Otro ejemplo. Si me enfermo de algo grave, es posible que en mi estado actual de consciencia no pueda curar mi propio cuerpo con solo desearlo. Si estuviera en el estado de consciencia de Jesús, podría. Pero no por eso me voy a latigar o a culpar cuando mi cuerpo se enferme. Sé que el estado de consciencia de Jesús es posible para mí y para todos. Eso fue parte de lo que él vino a mostrarnos: el estado de consciencia que es posible para nosotros. Pero no por eso me voy a juzgar y a autolatigar. Voy en mi proceso y no tengo por qué juzgarme por no ir más adelante.

Así, la Ley de la Atracción nos invita a que nos demos cuenta de nuestro poder creador y lo despertemos en la medida en que podamos. Y eso implica, claro, asumir responsabilidad. Una vez veo de qué manera creo lo que me ocurre, en ese momento me vuelvo responsable. Pero nunca culpa a nadie o lo juzga por sus creaciones. Quienes juzgamos somos los humanos. Y no es necesario que lo hagamos.

De hecho, parte de las enseñanzas de la Ley de la Atracción tienen que ver, precisamente, con dejar de juzgar y con dejar de culparnos. Pues los juicios nos mantienen separados de los demás y la culpa nos mantiene separados de nosotros mismos. Y entre más cerca estemos de la unidad (y por, tanto, entre menos culpa y juicios tengamos) más podremos acercarnos a nuestro poder creador. Ya que solo en unidad entramos en contacto con la Fuente, de donde viene todo poder creador.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Espero que dejes de leer este blog

Un Curso de Milagros tiene una frase que me fascina:

El propósito de un buen maestro es hacerse innecesario.

No soy un maestro espiritual en el sentido de que no he alcanzado un estado interno de maestría, de iluminación. Pero soy maestro en el sentido en el que todos somos maestros. Tengo cosas para compartir y, si deseas, puedes aprender de mí si lo necesitas. Ojalá pronto ya no lo necesites.

He dado clases de españos en varias universidades, y, cuando lo hago bien, mis alumnos dejan de necesitarme. Un buen maestro no busca seguidores. Busca compartir todo lo que tiene. De manera que sus alumnos lleguen a un punto en el que ya no tengan nada que aprender de él y puedan prescindir de sus servicios. En otra palabras, un buen maestro no busca crear seguidores, sino crear maestros.

No te voy a mentir. Deseo que este blog crezca y que cada vez lo lean más personas. Y deseo esto porque creo que hay mucha gente a la que le podría ayudar en su camino. Sin embargo, sueño con un mundo iluminado, en el que nadie tenga ya necesidad de enseñanzas espirituales.

Ojalá pronto yo no tenga nada para decir de lo que no seas consciente ya. Ojalá que encuentres en ti verdades más elevadas, y leas esto sólo como escucharías el balbuceo de un niño. Ojalá llegue el punto en el que no te interese leer mensajes como este.

Bendiciones en tu camino.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Es real ese problema?

Todos afrontamos problemas constantemente. Es parte de ser humanos. Es parte de lo que nos hace crecer y evolucionar. Sin embargo, es bueno tener en cuenta que no todos los problemas que rondan nuestra cabeza son reales. Algunos están solo en nuesta imaginación.

¿Cuántas veces no has imaginado peleas que nunca sucedieron? ¿Cuánto tiempo no has perdido preparando palabras que nunca pronunciaste para defenderte de un ataque que nunca llegó? ¿Cuántas veces no has imaginado el dolor de un mal que nunca se presentó?

Ese tipo de preocupación no solo desperdicia tu energía al crear pensamientos innecesarios, sino que desgasta tu cuerpo. Para tu cuerpo, esos problemas son reales. Liberas adrenalina. El corazón se acelera. Hay exceso de azucar en la sangre listo para ser usado como energía ante el peligro imaginario. Es por esto que el estrés muchas veces se somatiza.

Por eso, una de las preguntas más importantes que debes hacerte al tratar de solucionar un problema es: ¿es real o está solo en mi cabeza?

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.