El primer paso para crear lo que quieres

Como les conté en algunas entradas previas, estoy haciendo un curso de manifestación con el maestro Eckhart Tolle. Hoy quiero compartir con ustedes los fundamentos de la manifestación según este maestro. Es decir, el primer paso.

La idea de manifestar es muy atractiva. Es la idea de que podemos materializar nuestros deseos, de que podemos cambiar nuestra realidad si cambiamos nuestros pensamientos y elevamos nuestra vibración.

Sin embargo, si la manifestación se quiere usar como parte de un proceso de crecimiento espiritual, es necesario vigilar que quien esté al mando sea nuestro Ser más elevado. Si quien está al mando es el ego, la idea de manifestar no nos ayudará a crecer espiritualmente y puede, por el contrario, hacer que nuestro ego sea más denso, lo que en última instancia nos llevará a la insatisfacción y al sufrimiento.

El ego cree que encontrará la plenitud afuera. Cree que la razón de su insatisfacción es que le faltan cosas o experiencias. “Si tuviera aquello o pudiera hacer aquello otro, entonces me sentiría realizado y pleno”, piensa el ego. Pero esto es sólo una ilusión. No hay nada que le pueda dar satisfacción permanente al ego; es insaciable, pues la insatisfacción es parte fundamental de su naturaleza.

Por tanto, si queremos crear algo en nuestra vida que nos traiga satisfacción, el primer paso es asegurarnos que no es nuestro ego quien está en control. ¿Y cómo saber si es el ego el que está en control? Hay varias señales. Una señal clara es que el ego está enfocado en el futuro. Es decir, cuando el ego desea manifestar algo, le da más importancia al futuro que al momento presente. Usa el presente sólo como un medio para llegar al futuro, pero no se permite vivir plenamente en el presente. No puede hacerlo, pues, cuando estamos completamente presentes, el ego desaparece, al menos mientras estamos presentes.

Otra señal es el apego que el ego tiene por la experiencia o cosa que desea materializar. Este apego implica que el ego sufrirá si no consigue eso que desea y que, por tanto, sentirá gran ansiedad ante cualquier obstáculo que surja en su camino. Así, nuestra reacción ante los obstáculos que se nos presentan nos muestra también si es el ego el que está a cargo. Si los obstáculos nos generan gran malestar emocional, miedo e incluso rabia, es una señal de que el ego está al mando. Cuando actuamos motivados desde nuestro Ser más elevado, podemos hacerles frente a los obstáculos de una manera más sensata. Aceptamos que son parte del camino y buscamos la forma de superarlos, pero no los tomamos como un ataque personal, pues nuestro bienestar no depende del resultado.

Cuando estamos motivados por nuestro Ser más elevado, el objetivo es secundario y lo más importante es el viaje, el paso que estamos dando en cada momento, en este momento. Una señal de que estamos alineados con nuestro Ser es que disfrutamos de lo que hacemos. Cada cosa que hacemos nos trae gozo. Por tanto, incluso si no lográsemos el objetivo que perseguimos, la habremos pasado bien, habremos vivido felices mientras caminábamos hacia allá.

¿Estás disfrutando lo que haces ahora? ¿Lo estás disfrutando tanto que, incluso so no llegaras a donde quieres, podrías decir que te sientes satisfecho con tu viaje?

No importa qué tan rápido corras. Si estás yendo en la dirección equivocada, no llegarás a donde quieres. Es por esto que el primer paso en el proceso de manifestar es mirar cuál es nuestra motivación más profunda. Mirar qué es lo que realmente queremos. Mirar qué es lo que nos hace vibrar alto, qué es lo que nos procura felicidad. Y para esto el silencio es una gran ayuda. Cuando nos permitimos estar en silencio interior, podemos oír a nuestro ser más elevado y tomamos consciencia de nuestro propósito.

Mira, pues, cómo te sientes con cada paso que estás dando y asegúrate de que vas hacia donde realmente quieres. Asegúrate de que estás siguiendo a tu corazón y no a tu ego. Este es el primer paso.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.

La forma más fácil de obtener lo que te falta

Hace un tiempo tomé un taller en línea con Neale Donald Walsh, el autor de Conversaciones con Dios. Podíamos hacer preguntas por teléfono, y una mujer lo llamó para pedirle que la ayudara a superar la muerte de su pareja. El consejo que él le dio me pareció maravilloso. Le dijo que abriera un grupo de ayuda para personas que hubieran perdido a su pareja hace poco. Que ofreciera en su casa de manera gratuita el espacio para reunirse con otras personas que estuvieran pasando por su misma situación y tratara de ayudarlas.

Este consejo se deriva de una de las ideas que más me gustan de Conversaciones con Dios : la forma más fácil de obtener algo es ayudar a los demás a que lo obtengan. Si quieres paz, ayuda a los demás a tener paz. Si quieres felicidad, ayuda a los demás a tener felicidad. Si quieres aprender algo, enséñalo.

Esto lo he podido comprobar con mis proyectos. Muchas de las reflexiones que he compartido me han ayudado inmensamente en mi crecimiento personal. Al compartirlas con otros, me las enseño y las refuerzo en mí. A veces voy por la calle, y me doy cuenta de que estoy a punto de caer en un viejo patrón de comportamiento o de pensamiento que me hace sufrir. Y entonces vienen a mi mente palabras que yo mismo he escrito sobre temas relacionados con lo que pasa en mi interior, y esas palabras me ayudan a cambiar mi energía y a sanar.

Es por esto que muchas veces, antes de empezar, pienso en qué es lo que necesito aprender, qué es lo que quiero sanar, y trato de compartir con los demás herramientas para lograr aquello que yo mismo deseo para mí.

Esta estrategia funciona porque las ideas se refuerzan al compartirlas. Cuando compartimos una idea no la perdemos: esta idea crece en nuestra mente y se vuelve más clara.

Da, pues, lo que quieres recibir. Pero no des con la intención de que el universo te dé luego de vuelta eso que comparte. Si das con esa intención, en realidad no estás dando, estás tratando de tomar, y lo que enseñarás será la idea de la carencia que te impulsa a tratar de obtener cosas de los demás; en consecuencia, aprenderás carencia y la experimentarás.

Da sabiendo que en el preciso instante en el que compartes ya te estás dando a ti mismo aquello que compartes. Esto muy claro, al menos, en el caso de las ideas. Pero también puede suceder con cosas externas, pues las cosas externas son solo consecuencias de nuestro estado mental, y nuestro estado mental cambia cuando compartimos. Por ejemplo, a veces tenemos la idea de que estamos en carencia. Esta idea de carencia es solo una forma de percepción. No nos damos cuenta de todo lo que tenemos. Creemos que nos faltan muchas cosas. Cuando empezamos a dar, nos damos cuenta de que tenemos para mucho dar y, por tanto, nos volvemos conscientes de nuestra abundancia; y cuando tenemos una real consciencia de abundancia, es mucho más fácil crear o manifestar cosas en el plano externo. Así, al compartir nos volvemos más abundantes.

Es muy poderoso cuando dejamos de mirar lo que nos falta y comenzamos a preguntarnos qué podemos dar.

¡Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones!