El poder de una pequeña sonrisa

En el edificio donde vive mi mejor amigo trabaja un portero que siempre sonríe cuando me ve llegar. Puedo sentir que no es una sonrisa fingida. Puedo sentir su felicidad. Cuando me saluda, emana de él una calidez que llega hasta mi corazón.

Cuando llego de visita y está ese portero, entro más feliz de lo usual a la casa de mi mejor amigo. Y estoy seguro de que, cuando llego feliz, alumbro con mi felicidad a quienes viven allí. Comparto mi bienestar. Y si además me siento a escribir uno de estos post o hago un video en ese momento, creo que muchos de quienes lean el post o vean el video sentirán mi felicidad y serán impregnados por ella.

Probablemente muchos de quienes viven allí salen por las mañanas un poquito más felices tras interactuar con él, y llevan esa felicidad y la esparcen en sus lugares de trabajo. Así, sin darse cuenta, ese portero alumbra la vida de muchas personas.

Parte de la magia de una sonrisa sincera es que le cuesta muy poco a quien la da y le da un gran beneficio a quien la recibe. Es un gesto sencillo cuya luz puede llegar mucho más lejos de lo que podemos imaginar.

Y así como la sonrisa, hay muchos otros pequeños gestos de amor que a veces damos por sentados, pero que pueden ayudar a sanar nuestros corazones y, a través de ellos, el mundo.

Cada pequeño gesto de amor que compartes es un regalo mucho más valioso y poderoso de lo que tal vez creas. No escatimes sonrisas. Sigue compartiendo. Sigue alumbrándonos con tu luz.

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¿Hacia dónde van tus bolas de nieve?

Ordenar mi cuarto me motiva a trabajar. Me lleva a tomar decisiones amorosas. Por ejemplo, me ayuda a que sea más ameno escribir este blog, y luego de escribirlo me siento pleno.

Beber alcohol o café, en cambio, me lleva a tomar decisiones cuyas consecuencias usualmente me hacen sufrir. Por ejemplo, me llevan a no dormir, y la falta de sueño me suele poner ansioso, depresivo o paranoico.

Esas acciones son como pequeñas bolas de nieve. Se ven muy pequeñas al comienzo, casi insignificantes, pero, si las dejo seguir, pueden convertise en avalanchas. Y pueden ser avalanchas que me impulsan en mi vuelo o me invitan a esconderme y encerrarme en una coraza.

No es esto, por supuesto, una crítica al café o al alcohol. Esa es solo mi experiencia personal. Las bolas de nieve de cada persona se ponen en marcha de manera diferente.

¿Cuáles son esas pequeñas acciones que ponen en marcha círculos virtuosos y se convierten en tus avalanchas de amor? ¿Cuáles son esos sencillos hábitos que ponen en márcha círculos viciosos que te hacen sufrir?

Tú te conoces. Sabes de lo que estoy hablando.

Elige hacer rodar las bolas de nieve en la dirección en la que deseas que luego te empuje la avalancha. Elige la dirección del amor.

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