La espiritualidad no depende de lo que haces

La espiritualidad depende de lo que eres, de cuál es tu vibración en cada momento.

Puedes encerrarte en una cueva o en un monasterio y permanecer con los ojos cerrados repitiendo mantras durante varias horas al día y fortalecer tu ego con eso. O puede que estés en el último piso de un rascacielos administrando una empresa multinacional y alcances la iluminación espiritual mientras lo haces. (Por supuesto, las opciones inversas también son posibles.)

Lo que haces es secundario. Rezar o bailar, ir a la iglesia o al monasterio, lavar platos o conducir un bus, hacer llamadas o hacer deporte, todas esas actividades son compatibles con llevar una vida espiritual. Y todas son compatibles también con llevar una vida superficial al servicio exclusivo del ego.

Llevar una vida espiritual, según mi punto de vista, depende exclusivamente de tu estado interno. Si estás en permanente contacto con tu corazón y con tu espíritu, estás llevando una vida enfocada en la espiritualidad. Si estás en la superficie, totalmente sumergido en el sueño del ego, no estás llevando una vida espiritual.

Esto último no es un juicio o una forma de decir que unos seres son superiores a otros. En últimas, todos somos espirituales, todos estamos en este planeta como parte de nuestro proceso de evolución. Y en últimas, todos somos Uno solo.

Sin embargo, desde el punto de vista individual y relativo, creo que se puede entender el desarrollo espiritual como el grado de conexión consciente que tenemos con nuestro Ser más profundo en cada momento. Y esto no depende de lo que haces, depende de lo que eres mientras lo haces. ¿Eres paz, eres amor, eres perdón, eres dicha, eres presencia consciente? De eso se trata. Y eso es algo que puedes elegir en cada momento, sin importar lo que estés haciendo. Eso es algo que puedes elegir ahora.

Puede que, al elegir tu espíritu, al elegir su Ser más elevado, cambien tus prioridades y tus preferencias. Puede que entonces quieras salir de la cueva o del monasterio, o puede que quieras entrar en éste. Puede que quieras ir a trabajar al rascacielos, o puede que quieras renunciar a tu trabajo e irte a vivir una vida más simple. El camino es diferente para cada uno. Pero el cambio comienza adentro. Y no requiere que esté pasando algo específico afuera tuyo para que puedas elegir enfocarte en tu consciencia.

No te preocupes tanto, pues, por lo que estás haciendo. Enfócate en lo que quieres Ser y elígelo. Las acciones y las elecciones surgirán de forma natural y fluida una vez estés conectado contigo mismo.

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¿Hacia dónde nos estás invitando a mirar?

Lo que vemos en las televisión, en YouTube y en nuestras diferentes redes sociales modifica la forma como percibimos el mundo, modifica nuestras expectativas y nuestras prioridades. En consecuencia, modifica nuestras creencias. Pero nuestras creencias dan lugar a nuestras acciones, y con nuestras acciones vamos moldeando el mundo en el que nos encontramos. Por tanto, los medios de comunicación inciden en el estado del mundo, lo cambian, lo moldean.

Así pues, los medios de comunicación no sólo son un reflejo del mundo, sino que además contribuyen a crearlo.

Pero, ¿quiénes son los medios de comunicación?

Anteriormente, los medios de comunicación estaban en unas pocas manos, pues la infraestructura necesaria para esparcir un mensaje masivamente era muy costosa. Hoy en día, en cambio, el poder de comunicar está en las manos de todos, literalmente. El artefacto que tienes en tus manos en este momento te da el poder de comunicar, de decirle al mundo lo que piensas.

Nunca antes había sido tan fácil compartir ideas. El que estés leyendo lo que escribo, probablemente desde otro país, es algo increíble. Medio siglo atrás hubiera sido muy costoso para mí compartir esta idea contigo.

Por tanto, el poder de cambiar al mundo a través de las ideas está en las manos de todos. Ya no somos consumidores pasivos de información. Somo lo que se denomina prosumidores. Nuestra capacidad de consumir información es casi tan alta como nuestra capacidad para producirla.

Vale la pena preguntarnos, entonces, qué información estamos esparciendo. Sobre qué estamos llamando la atención. Qué aspectos de la realidad estamos resaltando a través de nuestros teléfonos inteligentes.

Ante todo, el papel de los medios es llamar la atención sobre algún aspecto de la realidad, aquello que se considera importante. Y, usualmente, se ha tendido a llamar la atención sobre las cosas malas que suceden, sobre los problemas, sobre los actos inconscientes.

Ver el mal que causan los demás, ver lo enfermos que están y lo insconscientes que son puede ser satisfactorio para el ego. Así se siente mejor que ellos y, además, tiene algo sobre lo que quejarse, actividad que le encanta y lo fortalece. Es igual que ver el malo de una novela y tener la satisfacción de repudiarlo y de sentir que somos «mejores» que él.

Además, sentimos placer al dar malas noticias, pues sabemos que los demás nos prestarán atención inmediata. Y entre peores sean las noticias, mayor será la atención.

Así, muchos tenemos la tendencia a consumir malas noticias y a usar nuestra capacidad para difundir información para amplificarlas y darles importancia.

Pero lo cierto es que poner nuestra atención en lo que está mal no nos ayuda a crear el mundo que queremos.

Imagina dos salones de clase de tercero de primaria elemental. En uno de estos, el profesor pone una luz sobre aquellos chicos que son groseros y agresivos con sus compañeros, y además las sillas están dispuestas para que todos estén mirando a aquellos chicos inconscientes. En el otro salón, el profesor no les da importancia a los chicos groseros, invita a los demás niños a que los ignoren y apacigua sus acciones inconscientes sin darles importancia. En ese salón, la luz está sobre aquellos chicos que son un buen ejemplo para los demás. A ellos se les da importancia, y las sillas están dispuestas para que todos vean cómo ellos se comportan e interactúan entre sí.

¿En cuál de los dos salones preferirías que tus hijos estudiaran? ¿Cuál de los dos ambientes crees que promueve un comportamiento más sano entre los niños? (este ejemplo fue tomado de un post de Seth Godin).

Así pues, vale la pena que te preguntes qué información consumes y qué información difundes. Pues al difundir ideas no sólo nos estás contando cómo es la realidad que ves, sino que estás contribuyendo a crear y reforzar esa realidad.

¿A qué le das importancia? ¿Qué quieres resaltar? ¿Sobre qué aspectos de la realidad estás posando tu atención y nos estás invitando a que posemos la nuestra? ¿Hacia dónde nos estás invitando a mirar?

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Cómo cambiar al mundo

Al presenciar actos crueles o abusivos, o al ver cómo destruimos los preciosos recursos naturales de nuestro planeta, es normal que muchos sintamos rabia contra aquellos que percibimos como los culpables: los asesinos, los corruptos, los inconscientes.

Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿adoptar esa actitud ayuda a resolver los problemas que percibimos o, por el contrario, nos convierte en réplicas de aquel mal del que tanto nos quejamos?

Cuando nos sentimos indignados y furiosos, cuando juzgamos a quienes cometen abusos y deseamos castigarlos, cuando nos resentimos, ¿creamos en nosotros una energía elevada a partir de la cual pueda surgir una acción elevada para hacerle frente a los problemas, o, por el contrario, nos ponemos densos y pesimistas, nos desconectamos de nuestra sabiduría más elevada y tendemos a esparcir amargura a nuestro alrededor?

Parece correcto odiar un acto insconsciente y dañino. Sin embargo, ese odio tiene más probabilidades de generar actos parecidos a aquel que juzgamos que de ayudar a encontrar remedios efectivos.

Odiar no ayuda a remediar nada, y dejar de odiar y de juzgar no implica condonar comportamientos inconscientes ni permanecer pasivos ante estos.

La mejor manera de comenzar a cambiar el mundo es dejar de juzgarlo y de odiarlo y comenzar a amarlo y a percibirlo con compasión.

Una mente en paz e inundada de amor tendrá más posibilidades de encontrar las respuestas.

No sé cuál sea la solución específica a los problemas que ves en el mundo. Sé, sin embargo, que dejar de condenar en tu mente y dejar de odiar será el comienzo de un cambio profundo y verdadero. Y a eso es a lo que te invito.

Antes de ponerte las botas y salir a marchar y a luchar y a defender y a denunciar, antes de todo eso (o, al menos, al mismo tiempo que haces todo eso), sana tu corazón y perdona al mundo. Ese es el regalo más sanador y transformador que nos puedes hacer a todos.

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Lo que serás está en la palma de tus manos

Nunca antes había sido tan fácil consumir información. Lo que quieras, cuando quieras, en la palma de tu mano.

Elegir sabiamente lo que consumimos es una gran responsabilidad.

Cada imagen que vemos, cada palabra que leemos y cada sonido que escuchamos son alimento para nuestra mente. Esos estímulos son semillas que probablemente germinarán en la forma de pensamientos. Y esos pensamientos influirán en nuestras emociones y acciones. Y nuestros pensamientos, emociones y acciones se convertirán en el mundo que experimentamos.

Además, el tiempo que tenemos para consumir información es limitado. Por tanto, cada cosa que ves, lees o escuchas en tu teléfono inteligente impide que tengas otras experiencias.

Cada diez minutos que deslizas imágenes en Instagram, Facebook, Twitter, etc., son diez minutos que podrías haber gastado en silencio o compartiendo con un ser querido. Son diez minutos muy valiosos. Si decides emplearlos viendo contenidos en una pantalla, asegúrate de que sean contenidos que alimenten aquello que quieres ver crecer en ti.

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Control vs. libertad

Usualmente tratamos de controlar para sentirnos seguros, y una de las formas en las que controlamos es tratando de entender todo.

Por eso es tan importante para nosotros tratar de entender nuestra vida y a nosotros mismos. Y parte fundamental de tratar de entendernos es tener respuestas para las siguientes preguntas: ¿quién soy?, ¿en qué creo?, ¿para dónde voy?, ¿qué me gusta y que no me gusta?, ¿cómo me siento en relación con los demás y cómo se sienten ellos en relación conmigo?

Pero este intento por entendernos y por controlar nuestra vida nos limita y nos pone tensos. Nos limita porque al responder esas preguntas nos ponemos límites; nos identificamos con ideas que limitan lo que podemos expresar como seres humanos. Una vez decimos «Así soy, eso es lo que creo y esas son las cosas que hago», nos hemos encerrado en una pequeña caja creada por nuestro ego. Y esto nos pone tensos, pues entonces estamos constantemente preocupados por no cruzar esas líneas imaginarias que hemos trazado para definir nuestra personalidad y nuestras vidas. Tememos que sucedan cosas que no se ajusten a los parámetros que hemos establecido con respecto a quiénes somos y qué debemos hacer.

Esto no es libertad. Esto no es amor puro.

La libertad es espontaneidad. La libertad implica poder acercarme a alguien sin saber qué va a pasar con esa persona o cómo me voy a sentir; poder interactuar con los demás sin tener un guion preestablecido, un guion escrito de acuerdo con una historia de mi vida que me cuento a mí mismo para sentir que tengo control.

Libertad implica estar abierto, en cada momento, a que suceda algo nuevo, algo que no tiene por qué encajar en una lista de expectativas.

Libertad implica actuar en cada momento guiados por el corazón, sin tratar de ajustarnos a una idea de cómo debemos ser.

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¿Qué es primero, arreglar los errores o estar en paz?

Cuando nos damos cuenta de que hemos cometido un error, es natural sentir miedo y ansiedad. Miedo por las consecuencias del error y ansiedad por querer arreglar la situación pronto.

Sin embargo, al tratar de solucionar una situación desde la ansiedad, por lo general no logramos más que empeorarla.

La culpa y el miedo nos llevan a querer arreglar todo ya. Pero en ese afán estamos desconectados de nuestro corazón y de nuestra sabiduría más profunda.

Seguir ese juego es como tratar de apagar un incendio con gasolina.

Es muy difícil detenernos y buscar silencio y paz interior en medio de la culpa y la ansiedad que se generan al haber cometido un error, sobre todo porque entonces tendemos a creer que la única manera de encontrar paz interior es solucionando el problema que causamos.

«Una vez arregle lo que dañé, una vez repare mis faltas, podré estar en paz», dice el ego. Es un truco.

La verdad es que nuestro acceso a la paz interior no depende del pasado y, por tanto, no depende de lo que hayamos hecho o de los errores que hayamos cometido.

No trates de arreglar tus errores antes de estar en paz. Y no creas que primero debes arreglarlos para poder encontrar la paz.

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¿Lo hago o no lo hago?

¿Le digo o no le digo? ¿Voy o no voy? ¿Me conviene aceptar esa propuesta?

¿Suena familiar?

A veces creemos que lo más importante es la acción que realicemos a continuación. Y cuando no estamos seguros de qué hacer, nos debanamos los sesos pensando qué será lo mejor.

Pero más importante que si haces o no haces, si hablas o no hablas, si esperas o actúas, más importante que todo eso es cuál es tu estado de consciencia en este momento.

No importa tanto si vas o no vas. Lo que importa es cómo es tu estado interno al quedarte o al ir.

No importa tanto si hablas o callas. Lo que importa es tu estado interno al callar o al hablar.

No importa tanto lo que haces sino tu experiencia interna mientras lo haces.

Así que no te preocupes tanto por encontrar la acción correcta. Busca cultivar tu estado de plenitud interna ahora. Desde ese estado surgirá la acción correcta de forma natural. No será algo que vayas a descifrar con tu intelecto.

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¿Cómo ayudar a los que me hieren?

Hace poco puse esta frase del maestro Thich Nhat Nahn en mi cuenta de Instagram:

«Cuando alguien te hace sufrir es porque sufre y su sufrimiento se está expandiendo. No necesita castigo, necesita ayuda».

Alguien me preguntó: «¿Y qué hacer si esa persona te sigue haciendo sufrir, incluso después de haberla ayudado?».

Esto fue lo que le respondí:

Ayudar a alguien no quiere decir que permites que esa persona te maltrate. Si tratas de ayudar a alguien y sientes que no puedes y que en el proceso resultas herida, está bien alejarte. El punto no es si te alejas o no. El punto es si tienes resentimientos o no. El punto es si experimentas amor hacia esa persona. Si hay amor, ese amor te indicará el camino.

A veces debemos alejarnos. Por ejemplo, si te encuentras un perro con rabia (la enfermedad) en la mitad de un camino y al tratar de ayudarlo ves que trata de morderte, y si no tienes la manera de llevarlo a un veterinario de manera segura, lo más sabio probablemente sea alejarte del perro y no tratar de ayudarlo más. Pero eso no implica que tengas que odiar al perro o estar resentida porque trató de morderte. Si sabes que lo hizo porque está enfermo, sólo sentirás compasión y te alejarás llena de amor y deseándole lo mejor.

Lo que hacemos o dejamos de hacer externamente es secundario. Lo que importa es de dónde salen esas acciones, cuál es su causa y su motivación.

Si actúas desde el resentimiento frente a alguien que te hirió porque está enfermo, simplemente estarás repitiendo exactamente lo que esa persona hizo. Estarás espejando su comportamiento enfermizo y destructivo.

Y es normal estar resentidos. Es normal actuar desde la rabia y el dolor. Pero precisamente porque es normal y porque nosotros muchas veces caemos en eso es que también podemos sentir empatía por quienes nos hieren. Hemos pasado por ahí. También hemos herido al estar cegados por la rabia y el odio. Por eso podemos comprender esa enfermedad llamada resentimiento y sentir compasión por quienes la padecen, incluidos nosotros.

Si alguien te hiere y eso te produce odio y resentimiento, es una oportunidad más para trabajar en sanar ese dolor en ti.

La mejor manera en la que puedes ayudar a la persona que te hirió es sanando tu propio dolor. Una vez estés sano, verás con claridad. Y la claridad te permitirá ver que tu hermano no es un enemigo que debe ser castigado sino un amigo enfermo que necesida ayuda. Y esa claridad te mostrará cuál es la mejor manera de ayudar a esa persona.

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El privilegio de elegir

La mayoría de nosotros somos privilegiados.

Si puedes elegir parar un momento para leer esto, si tienes el tiempo y los recursos para hacerlo, probablemente eres un privilegiado.

La mayoría de nosotros vivimos mucho mejor que un rey en la Edad Media.

Nunca antes había sido tan fácil acceder a la información y los recursos que necesitamos para hacer lo que queremos.

Crear y aprender dependen, ante todo, de nuestra volundad. Los medios están disponibles.

Tal vez pienses que no tienes tiempo o que no tienes los recursos. Piensa de nuevo. Casi siempre, decir «No tengo tiempo» es igual a decir «No tengo suficientes ganas» o «Tengo miedo» o «Tengo pereza» o «Tengo dudas».

Esto último no es una invitación a que te juzgues. Es una invitación, en cambio, a que te des cuenta de que puedes elegir. Eres privilegiado.

Y está bien si decides no hacer nada. Si eso es lo que sale de tu corazón, adelante. Tal vez hacer nada es el mejor regalo que te puedes hacer ahora y el mejor regalo que le puedes hacer al mundo a través de la paz que surgirá de esa nada.

Ya sea que decidas no hacer nada o salir a crear y proponer ideas para un mundo nuevo, agradece profundamente el privilegio de tomar esa decisión. Muchos de nuestros antepasados no tuvieron esas opciones a su disposición; muchos de ellos se vieron forzados a enfocarse en sobrevivir.

¡Qué privilegiado soy por tener el tiempo para escribir estas palabras! ¡Qué privilegiado eres tú que tienes el tiempo de leerlas!

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Sufrimiento y sabiduría

Este texto es una traducción de un post en la cuenta de Instagram de Ram Dass:

Verás, tenemos la tendencia a sentir aversión al sufrimiento. Y así, queremos distanciarnos de éste.

Si hay gente que sufre, quieres mirarla por televisión o encontrarte con ellos, pero entonces buscas mantener una distancia. Pues temes que te ahogarás en eso. Temes que te ahogarás en un dolor que será insoportable. Y lo cierto es que tienes que hacerlo. En última instancia tienes que hacerlo.

Pues si cierras tu corazón a cualquier cosa en el universo, ésta te posee. Entonces estás a merced del sufrimiento. Y en últimas tendrás que lidiar con el sufrimiento, tendrás que consumirlo dentro de ti. Esto significa que tienes que (con los ojos abiertos) ser capaz de mantener tu corazón abierto en el infierno. Tienes que mirar lo que es y decir: «Sí, de acuerdo». Y esto implica soportar lo insoportable.

Y, en cierto sentido, aquel que crees ser no puede hacerlo. Quien en realidad eres puede hacerlo. Así, aquello que crees que eres muere en el proceso.

Ram Dass

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