Elige bien tus pensamientos, crean tu realidad

¿Que tanto pueden afectar los pensamientos la materia?

Personalmente, creo que la realidad última es pensamiento, y que la materia, el tiempo y el espacio son solo ilusiones creadas por el pensamiento. Si esto es así, por supuesto que el pensamiento puede afectar la materia, pues directamente la crea.

Sin embargo, no me interesa aquí convencerte de esas creencias. Aun si no las aceptas, hay un caso claro en el que debes reconocer que, sin lugar a dudas, el pensamiento afecta la materia. Me refiero a los movimientos de tu cuerpo. Tus pensamientos tienen el poder de hacer mover tu cuerpo. Puedes decidir actuar o quedarte quieta. Y tus pensamientos pueden promover la acción o impedirla.

Así pues, es obvio que los pensamientos transforman la realidad. Pues lo que hacemos los seres humanos depende de lo que pensamos, y con nuestras acciones creamos nuestra realidad. Por tanto, nuestra realidad depende de la calidad de nuestros pensamientos.

¿A qué tipo de acciones te están llevando tus pensamientos? Y ¿qué realidad estás creando a través de esas acciones? Si te gusta tu realidad, sigue pensando así. Si hay aspectos que no te hacen feliz, te tengo una buena noticia: puedes elegir pensar de una forma diferente. Elige pensamientos que te lleven a emprender las acciones que consideras necesarias para crear la realidad que deseas.

Eres una creadora. Eres poderosa. Y tus pensamientos son más potentes y más poderosos de lo que imaginas. Elígelos con consciencia.

soap-bubble-3527306_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

No esperes un premio en el futuro

Desde pequeños se nos enseñó a perseguir premios y a huir de castigos. El que tenga mejor nota recibirá una medalla y un regalo de sus padres. Y esa mentalidad se quedó grabada en muchos de nosotros y nos acompaña todavía. Pero ¿nos sirve?

Esa mentalidad hace que nuestro dar no sea incondicional. Es decir, no damos por el placer de dar; damos para recibir. Cuando damos, tenemos una exigencia al universo. «Me he portado bien. Por tanto, debes darme mi recompensa. Si no me la das, haré una pataleta, me deprimiré y dejaré de dar lo que estaba dando». Somos como niños pequeños pidiéndole un dulce a su madre.

Cuando hacemos las cosas desde esa mentalidad, nos perdemos el placer de este momento, el placer de hacerlas. Pues desde esa mentalidad siempre estamos mirando al futuro, al premio que esperamos recibir. Lo irónico es que al dar tenemos ya el premio en nuestras manos. Dar es el premio. Dar es la bendición. Dar es el gozo. Pero lo pasamos por alto, esperando que algo bueno nos pase como recompensa por habernos portado bien.

Incluso esperamos premios por meditar. Me siento a meditar y espero a cambio la iluminación o algún adorno para mi ego espiritual. Y ese mirar al futuro y esperar hace que realmente no meditemos. Ya nos han sido dados todos los regalos. Pero no los vemos. Pues miramos afuera, al futuro, a una idea de cómo deberían lucir las cosas cuando el universo por fin nos dé el premio que tanto anhelamos.

Te invito a mirar desde qué lugar haces las cosas, si por el gozo mismo de hacerlas o para recibir algo a cambio en el futuro. Y te invito a gozar al dar. Te invito a abrir el regalo que viene implícito en el dar y que está disponible para ti en el mismo momento en que das. Ahora. No tienes necesidad de esperar un premio en el futuro.

hands-1926414_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Entrégate a la vida, así sepas que vas a perderlo todo

El budismo señala que el apego a las cosas causa inevitablemente sufrimiento. Pues apegarse a algo significa que sufrimos con su ausencia. Y todo a lo que jamás nos apeguemos inevitablemente va a desaparecer.

Vas a envejecer y tu cuerpo va a morir, o tal vez tu cuerpo muera antes de envejecer. Al igual que el cuerpo de todas las personas que conoces. Y todo lo que ves a tu alrededor, incluido el sol y las estrellas, va a morir también algún día. Pero nada de eso te impide ser feliz ahora. Nada de eso te impide estar plena ahora. Nada de eso te impide entregarte con todo tu corazón a este momento.

Cuando caemos en cuenta de esto, aprendemos a disfrutar inmensamente el momento presente, pero no nos apegamos a lo que hay en él, pues sabemos que es imposible retener nada.

Paradójicamente, al ser conscientes de que todo cambia y se transforma, superamos nuestro temor de perder y nos permitimos jugar con el mundo, sabiendo que todo con lo que jugamos desaparecerá en algún momento.

No dejes de entregar y poner tu corazón en todo lo que hagas solo por miedo a ser herida cuando aquello que amas desaparezca. No tiene sentido protegerte del dolor de las pérdidas. Algún día perderás inevitablemente todo lo que tienes en el mundo. Mejor entrégate cien por ciento al juego. Sumérgete hasta lo más profundo de la vida. Ríe, ama, llora. Allí, en la médula de la experiencia, entregada por completo a esta experiencia de cambio constante, encontrarás un amor profundo que no cambia, que está más allá del tiempo. Ese amor es tu verdadera esencia, que siempre está por debajo de todo lo que aparece y desaparece.

persian-leopard-1647940_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Contempla la luz que tienes para dar

Sabes más de lo que crees. De hecho, en el fondo lo sabes todo. Lo único que puede hacer un maestro espiritual es ayudarte a recordar. Como Sócrates, que se consideraba a sí mismo como una partera. Su labor no era darles a los demás conocimiento, sino ayudarles a que dieran a luz el conocimiento que ya moraba en ellos.

Puedes decidir sacar la luz que tienes dentro y compartirla con el mundo. Todos necesitamos de ti, de lo que puedes dar. Creer que no tienes nada para dar es solo un estratagema para evitar la incomodidad de exponerte, de brillar.

Exponer nuestra luz se siente como un riesgo, aunque en realidad no pueda pasarnos nada. Lo único que se ve amenazado es la imagen falsa que hemos forjado de nosotros mismos. Nuestro ego. Pues contruimos nuestro ego a partir de lo que creemos que los demás creen de nosotros. Y es claro que esas creencias van a cambiar cuando decidamos compartir nuestra luz, nuestro talento.

«Pero no tengo nada para dar todavía», dice el ego. Esto es un truco. Tal vez más honesto sería decir: «Tengo miedo a perder mi imagen». Si tienes miedo (y todos lo tenemos), comienza por ser honesta al respecto. Es parte de la experiencia humana. No hay por qué castigarnos por ello. Pero no creas que no tienes nada valioso para compartir. No te convenzas de esa mentira solo para evitar ver tu miedo.

Si no te sientes lista para atravezar tu miedo, está bien. No es necesario empujarte de manera agresiva a hacer aquello que temes. Pero te invito a que vayas con mayor frecuencia a tu interior y contemples toda esa luz que tienes para dar. El contacto permanente con esa luz, con ese amor, ayudará a que el miedo se disuelva de forma gentil. Será evidente para ti que tienes mucho para dar, y que en realidad no vas a perder nada si lo compartes; por el contrario, vas a ganar mucho, pues recibes lo que das a los demás. Y es que en realidad siempre te estás dando a ti misma. Por tanto, verás crecer tu luz a medida que la compartas.

person-802075_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Puedes comenzar ya, en este lugar

Cuando una habitación está muy desordenada, a veces aplazamos comenzar a ordenarla porque no sabemos por dóndé empezar. Demasiadas opciones para escoger.

La verdad es que por dónde empecemos es secundario. Lo realmente importante es empezar. De hecho, la pregunta sobre por dónde empezar es solo un truco para no empezar.

Y un truco aún mejor es la pregunta por cuándo vamos a empezar. Voy a empezar a hacer videos cuando me compre una cámara especializada. Voy a empezar a hacer ejercicio cuando consiga el dinero para pagar ese gimnasio costoso. ¡Son solo trucos! La cámara del celular basta. Una colchoneta en el piso basta.

La verdad es que, si lo deseas, puedes empezar aquí y ahora. Puedes tomar la primera acción. Es como una semilla: por pequeña que sea, al sembrarla creas la posibilidad de un árbol.

Después de empezar vendrá el reto de persistir, de mejorar, de pulir. Pero lo cierto es que tus probabilidades de crear lo que quieres aumentarán dramáticamente cuando decidas dar el primer paso. Antes de eso, lo que quieres crear es solo es un sueño, una fantasía.

child-1864718_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

feather-1952382_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Regálate unos segundos de descanso profundo

Acabo de tener una semana de vacaciones, y me siento renovado, pues descansé profundamente. Y te quiero invitar a que descanses tú también ahora.

¿Qué significa descansar? Cuando se trata del cuerpo, todos lo entendemos, pero cuando se trata de la mente, no es tan fácil saber a qué nos referimos.

Para mí, el descanso más profundo se da cuando dejamos al lado el ego por un momento. Cuando nos relajamos con respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Es un descanso de los debería y no debería. De los que tal si y qué pasaría si. Es un descanso de juzgarnos y juzgar a los demás. Es un descanso de etiquetar todo el tiempo todas las experiencias y todas las cosas.

Pero ¿qué queda cuando descansamos de todas esas cosas? Quedamos solo nosotros, desnudos. Queda solo nuestro ser. Ese es el descanso más profundo: solo ser. Y es un descanso vibrante, consciente, no se trata de entrar en la inconsciencia (aunque ese tipo de descanso también es necesario: lo hacemos todas las noches al dormir).

Y lo mejor es que ese descanso consciente se puede lograr en medio de cualquier actividad. Al comienzo, es más fácil en una finca en medio del silencio, es verdad. Pero en realidad podemos descansar del ego en cada momento, sin importar lo que estemos haciendo, incluso en medio del ruido y el trajín de nuestra vida diaria (así como también podemos estar en una batalla interna contra nosotros mismos en medio de una isla paradisiaca sentados en flor de loto y con los ojos cerrados).

Te invito a que ahora y hoy elijas regalarte un descanso profundo. No tienes por qué tratar de dejar tu ego de lado. Solo permítele descansar. Lleva mucho tiempo luchando contra todo, contra la vida y contra sí mismo. Lleva mucho tiempo tratando de lograr algo, tratando de ser algo.

Puedes empezar por relajar la tensión constante de ciertos pensamientos, ciertas expectativas, ciertos juicios. Solo un poco. Solo por un minuto. Solo por hoy. No se trata del futuro. Se trata de regalarte unos segundos de descanso justo ahora.

Lo más normal, es que en medio del descanso surja de nuevo la voz del ego, pues teme que, si no está en control, las cosas pueden descarrilarse: ¿pero y qué tal si esto o lo otro, pero qué va a pasar si…? Cuando esto pase, simplemente bendícelo, dale las gracias por su preocupación y permítele descansar otra vez. Solo por unos segundos. Solo por este momento. Eso es todo. Esa es la invitación.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco preguntas que disfrutarás hacerte

Al menos yo lo disfruté. Espero que estas cinco preguntas sueltas te ayuden a tomar perspectiva y te saquen una sonrisa o te den una brisa de alivio:

¿Te has dado cuenta de todas las cosas maravillosas que has hecho estos días? No me refiero a la lista de ideales del ego, según al cual, puede que te falte mucho por hacer. Me refiero al calor que sale de tu corazón y al amor que esparces y a los milagros que haces y las vidas que cambias, a veces de forma sutil y sin darte cuenta.

¿Eres consciente de lo mucho que has crecido en los últimos diez años? A veces no vemos la belleza del camino que hemos recorrido por estar enfocándonos en lo que nos falta.

¿Pasas suficiente tiempo contigo misma? Cuando estás conectada con tu corazón, ¿por qué no quedarte allí un rato más? Parece que el mundo nos llama de manera apremiante y que, si no seguimos su llamado, las cosas se saldrán de control. Pero ten la seguridad de que puedes ignorar ese llamado y quedarte un rato más con tu corazón, y todo va a estar bien.

¿Y si no hubiera nada malo contigo, y si fueras perfecta exactamente como eres? A pesar de las imperfecciones que percibes en ti, y de las pruebas que tienes en tu contra, a los ojos de Dios eres perfecta, pues no eres más que un reflejo, una extensión de Ella. Y si estás en crisis, eso no cambia. Y si cometes errores, eso no cambia. Y si te olvidas de ti misma, eso no cambia.

¿Qué pasa si sueltas ese peso, esa preocupación, y descansas ahora? Muchos tenemos la ilusión de que, si no controlamos todo en todo momento, nuestro castillo de naipes se derrumbará. Pero la verdad es que, si dejamos el control, todo fluirá de forma perfecta. Y si se cae el castillo de naipes, también es perfecto. Nuestra plenitud está más allá de la ilusión. No tenemos necesidad de aferrarnos a nuestras fantasías. Podemos disfrutarlas, pero no tenemos por qué aferrarnos y sufrir por ellas.

tree-736885_1280

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco cosas que he aprendido jugando póker

Uno de mis pasatiempos favoritos es el póker. Además de darme mucho placer, me ha dejado enseñanzas útiles para muchas área de mi vida. A continuación, te comparto cinco de las cosas que he aprendido gracias a este juego.

Puedo elegir no tomarme las cosas tan en serio

Al jugar póker, me solía pasar que me molestaba mucho cuando perdía, a pesar de que no apuesto grandes sumas de dinero. Es un ejemplo evidente de que algo me puede molestar simplemente porque me lo tomo demasiado en serio y no porque realmente sea importante. Al caer en cuenta de esto, pude ver que lo mismo me pasa en otras áreas de mi vida: tiendo a tomarme las cosas muy en serio, aunque no sea necesario y me haga sufrir. Así pues, aprendí que es mi elección cómo me siento al perder una partida. La importancia de un juego de póker no está dada de antemano; soy yo quien decide qué tan importante es y cuál es el significado que tiene para mí. Y esta comprensión se puede extender a cualquier área de mi vida. No estoy obligado a tomarme las cosas en serio y a sufrir por ello. Puedo interpretarlas de una manera más ligera y disfrutarlas.

Que mi mente envíe una señal de peligro no implica que el peligro sea real

En estrecha relación con el punto anterior, me di cuenta de que muchas veces, al jugar póker, siento un gran miedo a perder, como si estuviera a merced de un gran peligro. Es, claro, un miedo automático, irracional. No me va a pasar nada si pierdo. Es una idea enrraizada en lo profundo y permea muchos aspectos de mi vida. La idea de que hay peligro. La idea de que puedo sufrir daño en cualquier momento y, para evitarlo, mi tendencia instintiva es interpretar las cosas como si fueran peligrosas. Al observar de manera tan clara este miedo irracional, pude ver que no es real y que el hecho de que mi mente me diga que estoy en riesgo no significa que en verdad lo esté. ¡Qué liberador es esto!

Pierdo por miedo a perder

El miedo desempeñó un papel muy importante en nuestra evolución y gracias a él sobrevivimos. Pero ahora se sigue presentando como un reflejo en muchas ocasiones en las que, en lugar de ayudarnos, entorpece nuestro progreso. El póker es un gran ejemplo de esto. Para ganar en póker, es imprescindible tener la capacidad de apostar aunque no se tengan buenas cartas en la mano. Pero cuando se tiene miedo a perder, es muy difícil hacer este tipo de apuestas. El miedo impide tomar riesgos, aun en casos como este, en el que realmente no hay nada qué perder. Estar relajado y poder arriesgarse tranquilo son dos rasgos claves de un buen jugador de póker. Entre más miedo a perder haya, más probable será perder.

Creo que lo mismo que pasa en el póker sucede en muchas áreas de nuestras vidas: perdemos oportunidades por miedo a perder. ¿Le hablo a esa persona que me gusta? «Mejor no», dice el miedo, «es arriesgado, puedo perder» (aunque en realidad no haya nada que perder). Si le hacemos caso al miedo a perder, perderemos la oportunidad.

Creo que ver a la vida como un juego, como lo que realmente creo que es, me ha permitido tomar riesgos y explorar los caminos que desea mi corazón. Eso no quiere decir que todo saldrá bien y como lo deseo. Puede que pierda al apostar. Pero en el plano más general y profundo, perder apostando siempre me dejará más pleno y satisfecho que irme a la tumba con mis fichas encerradas en un baúl para que no les pase nada. Al ponerlas allí puede que me proteja del dolor de perder, pero al mismo tiempo me privo de las experiencias que mi corazón desea y del aprendizaje que viene con ellas.

En todo caso, se gane o se pierda en el momento, al final la experiencia siempre será valiosa si apostamos con el corazón. Las veces que he «perdido» apostando en la vida (siguiendo a mi corazón) tienen algo en común: sé que cuando las recuerde en mi lecho de muerte me harán sonreír.

No poner en juego lo que tengo es una forma de perderlo

Además, por lo general, esconder mis fichas es una receta para perderlas a largo plazo. Quien siempre juega seguro en póker, quien solo apuesta cuando sabe que va a ganar, por lo general termina perdiendo. Es irónico: pierde sus fichas por cuidarlas demasiado.

Esto me recuerda a la parábola de Jesús sobre los tres hombres a los que su señor les da a guardar monedas (Mateo 25:14-30). Dos de ellos se atreven a negociar con las monedas y obtienen ganancias. Uno de ellos, sin embargo, entierra las monedas por miedo a perderlas. Pero, cuando su señor se entera de esto, le quita las monedas y se las da al hombre que ya había ganado más negociando con las suyas. Esto parece señalar la forma como funciona el universo: si no usas lo que tienes, si no lo pones en juego, si no te arriesgas, mandas la señal de que no eres apto o no estás interesado en administrarlo y, por tanto, se te quitará hasta que des muestras de estar listo.

Lo más valioso del juego no es ganar sino jugar

Al mirar hacia atrás y pensar en lo mucho que he jugado póker, no tengo ninguna duda de que lo más valioso que he obtenido son los buenos momentos que pasé compartiendo y divirtiéndome con mis amigos. Si he ganado o perdido dinero es secundario. Muchas veces he «ganado». Muchas veces he «perdido». Pero en realidad siempre he ganado cuando he jugado con ganas y me he divertido. Pues ese era mi objetivo principal: pasar un buen rato.

Y ahora sé, al empezar cada nueva partida, que valdrá la pena, sin importar el resultado. Pues sé que el valor verdadero no reside en el premio para el ganador, sino en la experiencia misma. El tesoro está en el viaje, no en el destino.

gambling-4178458_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Y si no hubiera que «hacerlo bien»?

Si eres de mi generación, es probable que te hayan educado para sacar buenas notas, para responder lo que el profesor quiere oír en el examen, para ser un niño bueno y obediente.

Esa idea de sacar buenas notas quedó muy arraigada en nosotros. Y así, muchos vamos por la vida angustiados, tratando de hacerlo bien, con miedo a reprobar. Sí, con miedo de no hallar la respuesta correcta, la que creemos que el universo espera de nosotros, como si el universo o Dios tuviera la mentalidad de un profesor de escuela del siglo pasado.

Nos da mucho miedo cometer errores. Tomar por el camino equivocado. Y nos paralizamos. Esperamos una señal externa, algo que reemplace a la voz de nuestro profesor, quien siempre nos decía qué hacer.

¿Y si la vida no fuera como un colegio del siglo pasado? ¿Y si no se tratara de hacerlo «bien» para ser premiados y reconocidos? ¿Y si se tratara de experimentarnos a nosotros mismos en todas nuestras facetas? ¿Y si se tratara de jugar, de volvernos conscientes de nosotros mismos? ¿Y si no hubiera algo así como «hacerlo mal»?

Solo pregunto. Y te invito a que respondas por ti mismo. Te invito a que observes la voz del profesor que nos quedó grabada de chicos y revises si lo que dice es verdad y resuena con tu corazón, o si solo se trata de una forma de pensar del pasado que ya puedes dejar ir.

garden-19830_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.