Deja que caigan las hojas marchitas

La mente nos juega trucos cuando tratamos de soltar las cosas que ya no nos sirven. Uno de los más comunes es: ¿Y si después lo necesito? Pasar por encima de este truco nos ayudará a tener una casa más limpia y una mente más sana. Además, esa chaqueta que ya no usas puede abrigar a alguien en las noches de frío.

Y esto no solo se aplica para las cosas materiales. Esa página de Facebook (o esa amiga) que continuamente publica cosas que te hacen sentir mal… ¿vas a continuar siguiéndola solo por si acaso de vez en cuando aparece un meme gracioso? Ese programa de televisión o esa serie de Netflix que ya no resuena contigo… ¿vale la pena seguir viéndola solo para saber qué va a pasar al final? Esa actividad que tanto te gustaba, pero que ahora sientes extraña para ti… ¿hay que seguir solo por miedo a incomodar a tus amigos o por no romper la tradición? ¿En realidad vale la pena ver y leer tantas noticias solo porque qué tal que me pase algo por no estar enterado?

Al dejar de seguir esa página, habrá más espacio para que Facebook te muestre publicaciones que sí te aportan lo que deseas. Al dejar de ver esa serie, tendrás tiempo para ver ese documental que te ayuda a crecer o podrás encontrar esa comedia que te alegra las noches. Al dejar esa actividad vieja podrás por fin cultivar tus talentos actuales y podrás empezar a cumplir esos propósitos que esperan desde hace tanto en tu lista de hábitos saludables.

Sigue tu corazón. Observa cómo caen las hojas marchitas del árbol de tu vida. Dales las gracias. Fueron importantes en su momento. Pero déjalas ir. Solo así habrá espacio y energía suficientes para sostener y alimentar las hojas nuevas.

nature-3133508_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Enseño lo que quiero aprender

Hay muchos consejos que doy en mis redes sociales. Pero te digo la verdad: no siempre los pongo en práctica. Es obvio, no soy perfecto. A veces trato, a veces me canso, a veces no sé cómo.

Me gusta dar consejos que no pongo en práctica porque al darlos aumenta la posibilidad de que yo los ponga en práctica. Y si ya los pongo en práctica, al compartir la idea se refuerza la convicción en mí y se vuelve más fácil la práctica.

Las ideas tienen una propiedad maravillosa: a medida que se comparten, se refuerzan en la mente de quien las comparte.

En el caso de las ideas, es obvio que al dar cada vez tengo más de aquello que doy. No pierdo nada al dar una idea. Por el contrario: la fortalezco en mí.

Así pues, te invito a compartir aquellas ideas que quieres vivir, aun si en este momento no son una realidad para ti. Enseña aquello que quieres aprender, así todavía no domines la práctica. Ya verás como al enseñar aprendes.

sunset-3816247_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Gracias por los regalos que nos has dado

Has dado muchos más regalos de los que crees esta Navidad. Y a muchas más personas de las que imaginas.

No necesitas saber a quién llegarán tus regalos. Llegarán más lejos de lo que el intelecto calcula.

Cada sonrisa genuina, cada momento de silencio, cada chispa que despierta en tu corazón son un regalo que me haces a mí y a todos tus hermanos.

Cada uno de tus momentos de felicidad, cada vez que eliges el amor, cada vez que amorosamente pasas por alto la voz de tu ego y entregas lo mejor de ti, cada vez que hablas con tu corazón; todos esos son parte de tus regalos. Eres increíblemente abundante en lo que tienes para dar, sin importar las historias que te cuente tu cabeza.

Tal vez no lo creas, pero puede que dentro de miles de millones de años, en una galaxia lejana, una de tus semillas de amor florezca en un ser iluminado, en un acto de compasión inesperado, en una brisa de calma en un corazón que lo necesita. Y eso está pasando justo ahora, pues el tiempo y el espacio son solo ilusiones.

Gracias por los regalos que nos has dado. Todos los necesitamos. Todos los disfrutamos. Todos somos bendecidos por ellos. Incluido tú.

deer-5463722_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Tu verdadero propósito

En una charla de Eckhart Tolle, uno de los asistentes le preguntó: «¿Cuál es mi verdadero propósito?». Eckhart Tolle respondió: «Su verdadero propósito es estar aquí sentado frente a mí, escuchando». Y continuó: «Luego, cuando esté en su casa tomando un vaso con agua, su verdadero propósito será estar en su casa tomando un vaso con agua».

Usualmente, este no es el tipo de respuesta que queremos oír cuando preguntamos por cuál es nuestro verdadero propósito. Esto es así porque para la mente el propósito siempre debe estar en el futuro. En consecuencia, para la mente el momento presente siempre es un medio para alcanzar un propósito en el futuro, y tiene la idea de que ese futuro traerá la paz, la plenitud y la felicidad.

La invitación de Eckhart Tolle es a tomar este momento, ahora mismo, y cada momento, como un fin último en sí mismo. En este momento, mientras lees, mientras caminas a la tienda, mientras manejas tu auto, en este momento. En este momento está ya tu destino. Ya estás, siempre estás en tu destino. Pero no nos damos cuenta porque nos hemos embarcado en el sueño de un viaje cuyo destino está en el futuro, que, por supuesto, no existe, no ahora. Por eso la mente nunca encuentra la satisfacción, pues siempre busca en lo que no existe (el futuro) e ignora y pasa por alto lo único que es real (este momento).

Abraza, saborea tu destino. Ya estás en él, ya estás realizando tu propósito. No se trata de moverte o de transformarte. De ir a un lugar diferente. Se trata de despertar a lo que ya es.

away-3408119_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Hoy no pero mañana sí

En algunas tiendas comerciales en Bogotá he visto un letrero que dice: «Hoy no presto dinero pero mañana sí». Por supuesto, esta es una forma burlona de decir «no presto dinero, por favor no insista».

El ego, nuestra mente condicionada, es igual con la felicidad y la plenitud. Parece decir constantemente: «hoy no puedo ser feliz, pero mañana sí». Mañana, cuando conquiste ese objetivo que tanto quiero. Mañana, cuando resuelva ese problema que tanto me molesta. Mañana, cuando logre controlar aquello que me angustia. Mañana, cuando sane mis heridas emocionales. Mañana, cuando alcance la iluminación espiritual. Hoy no. Por favor no insistas.

Pero, sin importar qué tanto nos esforcemos y qué tantos objetivos logremos, mañana la respuesta será la misma. Lo único que cambiará es la lista de condiciones que debemos cumplir antes de poder estar en paz. «Hoy no, mañana sí, cuando…».

En consecuencia, si seguimos el juego del ego, el juego de correr detrás de una zanahoria que siempre se aleja a medida que tratamos de acercarnos, nunca estaremos satisfechos. La única opción es parar. Ahora.

Tal vez es un truco de la mente. Tal vez puedes estar pleno Ahora. Ya, mientras lees esto. Mientras se te vienen a la mente todas las razones por las que eso no es posible. En este momento. Con todos tus problemas, con todos tus defectos. Exactamente como eres. Exactamente en este momento.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Consejos para relajarnos en medio de nuestra imperfección

Cuando se emprende un camino espiritual, es común encontrar consejos como «perdona», «no tengas pensamientos negativos», «libérate de las emociones tóxicas».

En cierto nivel, creo que son buenos consejos. Yo mismo pongo a veces memes con reflexiones afines a esta forma de pensar. Sin embargo, estos consejos pueden ser contraproducentes, dependiendo de la manera como se apliquen.

El problema es que a veces tenemos pensamientos «negativos» (esto es, pensamientos que nos hacen sufrir) y no es fácil dejarlos ir. No es fácil evitarlos. Y entonces, por tratar de seguir el consejo de no tener pensamientos negativos, nos peleamos con nuestros pensamientos, entramos en conflicto con nosotros mismos. Tratamos de suprimir una parte nuestra. Pero, sobre todo, sufrimos el doble. Pues, de por sí, un pensamiento negativo ya nos hace sufrir, pero ahora, como tenemos la idea de que ese pensamiento no debería estar en nuestra conciencia, nos preocupamos además por que esté allí. Decimos: «no debería tener este pensamiento», «si quiero sanar y ser espiritual, debería alejarlo». Y este último pensamiento es, de hecho, un pensamiento negativo, pues nos hace sufrir, ya que estamos preocupados e inconformes con nuestros pensamientos.

En otras palabras, nuestra evolución espiritual se nos convierte en un problema más, en una tarea que no estamos haciendo bien. En vez de traernos paz, nuestro camino espiritual asumido así nos trae ansiedad, culpa y preocupación.

Pero entonces, ¿qué hacer?

El truco, en mi opinión, es observa sin juzgar. Observar y aceptar lo que surge en este momento. O, al menos, no luchar con ello. Dejarlo estar. Sin juzgarlo. Es perfecto que surja. Es solo una experiencia más. No tenemos que resolverlo. La sola consciencia sobre lo que emerje tiene un gran poder sanador. Pero no tenemos que hacer algo para sanarlo.

Esto es difícil de poner en palabras. Parece una contradicción. Porque entonces podemos comenzar a esforzarnos por no juzgar, y comenzamos a juzgar nuestros juicios, y el sufrimiento vuelve a entrar por la puerta de atrás sin que nos demos cuenta.

La invitación es a relajarnos en medio de la imperfección. Se trata de un soltar sin esfuerzo. De un soltar que no podemos forzar. Solo podemos estar en disposición para que surja por sí solo. Se trata de que dejemos de tratar de hacer, pues ese hacedor es la fuente del sufrimiento. Pero tampoco podemos forzarlo a que deje de hacer. Él simplemente se detiene en presencia de la consciencia.

En el lenguaje de Un Curso de Milagros, el truco está en entregarle el problema al Espíritu Santo (la mente de Dios que reside en nosotros), y en no tratar de resolverlo por nuestra cuenta.

En pocas palabras, mi consejo sería este:

  1. Observa. Recononoce que no te gusta lo que vez.
  2. Ten la intención de sanar. Pide ayuda.
  3. Reconoce que no te corresponde a ti sanar. Reconoce que no hay nada que tengas que hacer.
  4. Entréga lo que no te gusta y confía.
  5. Repite el paso 1.

Nota: Si este procedimiento te trae sufrimiento, suspéndelo y consulta con tu médico (tu guía interior).

mattress-2489615_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Dar es lo mismo que recibir

Normalmente pensamos en que es bueno dar para luego recibir. Y esta es una buena idea. De hecho, creo que la mejor forma de obtener algo es dándolo. Sin embargo, es una idea limitada.

Más poderosa aún me parece la idea de que dar es lo mismo que recibir. Es decir, la idea de que en el preciso instante en que doy ya estoy recibiendo, y recibo exactamente aquello que doy, pero multiplicado.

Esta es una de las ideas más poderosas y hermosas de Un Curso de Milagros (UCDM).

¿Por qué es lo mismo dar que recibir? Porque somos uno y, en consecuencia, siempre que doy es a mí mismo a quien me lo doy (otra de las lecciones de UCDM).

Cuando le doy a alguien un pan, ¿estoy recibiendo algo? Sí, estoy recibiendo un pan, pues yo soy esa persona que lo recibió. Yo y ella somos Uno. Todos somos Uno. No hay más.

Sé que no es así como la mayoría percibimos las cosas actualmente. Nos percibimos separados. Esto nos lleva a creer que dar algo implica perderlo, al menos momentáneamente. Pero la idea de que estamos separados es una ilusión. Es la gran ilusión que estamos sanando, es el sueño del cual estamos despertando. Y despertaremos a la verdad de que somos Uno.

Sé que, al comienzo, esta idea puede sonar un poco abstracta. Pero te invito a que la dejes entrar en tu corazón. Y te invito que le des al mundo (y, por tanto, a ti mismo) aquello que más anhelas.

Te invito a que nos demos amor, perdón, paz, abundancia.

children-920131_1280

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Es mejor no ser perfecto

Cuando tratamos de ser perfectos, sufrimos. Pues es un propósito destinado a fracasar.

Cuando tratamos de ser perfectos, nos estancamos. Si tratas de barrer el piso y que quede absolutamente perfecto, seguramente te vas a quedar todo el día barriendo. Es probable que no alcances a tender la cama.

Cuando tratamos de ser perfectos, nos desconectamos del momento presente. Nos enfocamos en los errores. En las pequeñas fallas. Y es difícil disfrutar de las flores cuando estás pensando en que el pan que horneaste esta mañana quedó demasiado tostado.

Cuando tratamos de ser perfectos, perdemos de vista nuestro propósito. Empezaste a meditar, a ir al gimnasio o a hacer una dieta para ser feliz. Pero no eres feliz cuando no puedes dejar de pensar en lo que hiciste mal, ni cuando tienes que controlar constantemente que las cosas estén bien. Estar estresado y ansioso no es el propósito.

Recuerda: no viniste a ser perfecta, viniste ser feliz.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Qué es el éxito?

En relación con un objetivo puntual, el éxito puede definirse con claridad. Si nos hemos puesto el objetivo de ganar 100.000 dólares en un año, es fácil determinar si tuvimos éxito o no: solo debemos mirar nuestra cuenta bancaria. Blanco o negro. No hay lugar a dudas.

Sin embargo, en nuestra sociedad hay una idea vaga y general de éxito. Es la idea de que podemos tener éxito o fracasar, no en relación con un objetivo específico, sino en la vida misma. Y así, muchos corremos en diferentes direcciones con la idea de ser exitosos, y huimos de la horrible idea del fracaso. Pero, ¿qué es ser exitoso en la vida?, ¿puede alguien fracasar como ser humano?, ¿tienen Dios o el Universo una agenda fija, un conjunto de objetivos asignados a cada uno de nosotros, con base en lo cual juzgar si lo hicimos bien o mal?

La televisión, las películas y los medios de comunicación en general tienen un gran poder para definir nuestras ideas sobre el éxito y el fracaso. Éxito: dinero, belleza, fama, juventud, vencer, matrimonio, ser admirados por nuestros amigos en redes sociales, iluminación. Fracaso: soledad, pobreza, ignorancia, perder, ser rechazados, anonimato, miedo, vulnerabilidad.

Y muchas veces, alimentados por esas ideas, corremos sin saber bien a dónde vamos ni por qué. Tenemos la esperanza de que, cuando logremos ese siguiente objetivo, y lleguemos al final del arcoiris, encontraremos el tesoro de la felicidad y la plenitud.

El éxito es una idea. Y es tu idea. Defínela como más te haga feliz. A mí me gusta ahora la siguiente definición: el éxito es este momento, el éxito es estar aquí, ahora, el único lugar donde puedes estar. El éxito es ser tú. Y, por tanto, la palabra éxito es redundante. Pues siempre tienes éxito, ya que siempre estás aquí, siempre eres tú, en tu esplendor, así no te des cuenta. Tu corazón siempre estará unido con el corazón de Dios, sin importar lo que hagas o dejes de hacer. Ya estás despierto, aunque por momentos creas estar dormido. Ya estás aquí. Eres exitoso.

hiking-1031628_1920

Sigue nuestro blog y recibe en tu correo nuestras reflexiones.

Cuando nos sentimos perdidos

Hay días en los que nos sentimos perdidos.

Son días para confiar en que estamos experimentando lo que necesitamos para nuestro crecimiento, así no lo podamos entender en el momento.

Son días para ser pacientes con la vida y con nosotros mismos.

Son días para respirar profundo y saber que no todo lo que dicen nuestros pensamientos es cierto, especialmente si se trata de pensamientos que provienen del miedo.

Son días para aprender a confiar en la vida, para practicar caminar en la oscuridad, o con los ojos vendados.

Son días para sentir e ir profundo dentro de nosotros.

Son días para soltar el control y entregarnos al flujo de la vida.

Son días para aprender que podemos hallar paz aun sin ver el camino, aun sin saber exactamente hacia dónde vamos.

Son días para aprender que cada experiencia es un fin en sí misma, y que este momento, incluso con su confusión y su dolor, es nuestro hogar.

Son días para aprender que incluso en medio de la angustia yace el amor, esperando ser reconocido.

Son días para amarnos exactamente como somos, sin la protección de las certidumbres. Para amarnos en la crudeza del no saber, de no tener un piso firme bajo los pies, de mirar al horizonte y no estar seguros de lo que estamos buscando.

Son días para estar desnudos en nuestros miedos y abrir el corazón. Son días para amar y abrazar aquellos aspectos de nosotros que creemos que no merecen ser amados.

Son días para descansar e ir a las profundidades de nuestro corazón.


Suscríbete a nuestro blog y recibe en tu correo nuestras reflexiones.