Ejercicio para ir más allá del pensamiento

Hoy te quiero compartir un ejercicio hermoso para que vayas más allá del pensamiento y te ancles en el momento presente, el único momento que existe. Tomé este ejercicio del libro En unidad con la vida, de Eckhart Tolle:

Escoge un objeto cercano a ti (un esfero, una silla, una taza, una planta) y explóralo visualmente, es decir, míralo con gran interés, casi con curiosidad. Evita objetos que tengan asociaciones personales fuertes y que te recuerden el pasado, por ejemplo, dónde los compraste o quién te los regaló. Evita también cualquier cosa que tenga algo escrito, como un libro o una botella. Esto estimularía el pensamiento.

Sin esforzarte, relajada pero alerta, préstale total atención al objeto, a cada detalle. Si surgen pensamientos, no te involucres en ellos. No estás interesada en los pensamientos sino en el acto de la percepción misma. ¿Puedes separar el pensamiento de la percepción? ¿Puedes mirar sin la voz adentro de tu cabeza que comenta, que saca conclusiones, que compara o que trata de descifrar algo?

Después de un par de minutos, deja que tu mirada vague por la habitación o el lugar donde estés, iluminando con tu atención alerta cada cosa sobre la que ella descanse.

Entonces, escucha los sonidos que haya. Escúchalos de la misma manera como miraste las cosas a tu alrededor. Algunos sonidos pueden ser naturales (agua, viento, pájaros) mientras que otros serán producidos por el hombre. Sin embargo, no los diferencies en buenos y malos. Permite que cada sonido sea como es, sin interpretación. Aquí la clave es también la atención relajada pero alerta.

***

Cuando percibimos sin interpretar o etiquetar mentalmente, lo cual significa sin añadir pensamiento a nuestras percepciones, podemos sentir incluso la conexión más profunda por debajo de nuestra percepción de cosas que en apariencia no tienen un vínculo.

cat-2536662_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

feather-1952382_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

El que mucho abarca poco aprieta

No sé qué ejemplo específico tendría en mente la persona que inventó este refrán, pero me imagino a alguien que trata de amarrar muchas maletas en poco tiempo para sujetarlas a la parte trasera de una carreta. Como tiene poco tiempo para hacer cada nudo, todas las maletas quedan mal amarradas y se caen al piso cuando la carreta comienza a moverse. Resultado: la persona pierde su tiempo y daña las maletas. Excepto por el aprendizaje, hubiera sido mejor que no hiciera nada. Y es pertinente aquí otro refrán que me gusta mucho: del afán no queda sino el cansancio.

Son sabios refranes. Me hubiera gustado ponerlos en práctica cuando entré a la universidad. Quería aprender muchos idiomas y por eso me metí a clases de alemán, francés, inglés y griego al tiempo, además de las materias propias de mi carrera. El resultado: no aprendí ninguno de esos idiomas y sufrí para pasar las otras materias que estaba viendo. Quería tenerlo todo y por eso me quedé sin nada. Solo después he comenzado a aprender idiomas, uno por uno. Sin afanes. Eso sí funciona.

Lo mismo nos pasa con todo. Hacemos una lista de quince propósitos de año nuevo y nos cansamos a las dos semanas. Porque es muy difícil crear diez hábitos al tiempo: voy a meditar una hora al día y voy a dejar de comer azúcar y voy a dejar de fumar y voy a ir tres veces por semana al gimnasio y voy a leer un libro a la semana y voy a levantarme a trotar a las cinco de la mañana y voy a comenzar clases de piano y voy a… cansarme a las dos semanas y no voy a cumplir ninguno de los propósitos y voy a sentir que no hago lo que me propongo y me voy a deprimir… etcétera.

¿Te leíste un libro fantástico sobre consejos financieros o sobre cómo estar presente? Qué bueno. Solo recuerda que no tienes por qué poner en práctica todo al tiempo. Basta con que elijas una sola cosa. Cuando ya sea un hábito que no requiera esfuerzo permanente, pasa a la siguiente. Entonces te sentirás bien contigo misma y estarás motivada para emprender más cosas y aumentará tu confianza en ti misma.

Mejor poco a poco. ¿Cuál es el afán? ¿Por qué la necesidad de perfección?

baggage-2597666_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Regálate unos segundos de descanso profundo

Acabo de tener una semana de vacaciones, y me siento renovado, pues descansé profundamente. Y te quiero invitar a que descanses tú también ahora.

¿Qué significa descansar? Cuando se trata del cuerpo, todos lo entendemos, pero cuando se trata de la mente, no es tan fácil saber a qué nos referimos.

Para mí, el descanso más profundo se da cuando dejamos al lado el ego por un momento. Cuando nos relajamos con respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Es un descanso de los debería y no debería. De los que tal si y qué pasaría si. Es un descanso de juzgarnos y juzgar a los demás. Es un descanso de etiquetar todo el tiempo todas las experiencias y todas las cosas.

Pero ¿qué queda cuando descansamos de todas esas cosas? Quedamos solo nosotros, desnudos. Queda solo nuestro ser. Ese es el descanso más profundo: solo ser. Y es un descanso vibrante, consciente, no se trata de entrar en la inconsciencia (aunque ese tipo de descanso también es necesario: lo hacemos todas las noches al dormir).

Y lo mejor es que ese descanso consciente se puede lograr en medio de cualquier actividad. Al comienzo, es más fácil en una finca en medio del silencio, es verdad. Pero en realidad podemos descansar del ego en cada momento, sin importar lo que estemos haciendo, incluso en medio del ruido y el trajín de nuestra vida diaria (así como también podemos estar en una batalla interna contra nosotros mismos en medio de una isla paradisiaca sentados en flor de loto y con los ojos cerrados).

Te invito a que ahora y hoy elijas regalarte un descanso profundo. No tienes por qué tratar de dejar tu ego de lado. Solo permítele descansar. Lleva mucho tiempo luchando contra todo, contra la vida y contra sí mismo. Lleva mucho tiempo tratando de lograr algo, tratando de ser algo.

Puedes empezar por relajar la tensión constante de ciertos pensamientos, ciertas expectativas, ciertos juicios. Solo un poco. Solo por un minuto. Solo por hoy. No se trata del futuro. Se trata de regalarte unos segundos de descanso justo ahora.

Lo más normal, es que en medio del descanso surja de nuevo la voz del ego, pues teme que, si no está en control, las cosas pueden descarrilarse: ¿pero y qué tal si esto o lo otro, pero qué va a pasar si…? Cuando esto pase, simplemente bendícelo, dale las gracias por su preocupación y permítele descansar otra vez. Solo por unos segundos. Solo por este momento. Eso es todo. Esa es la invitación.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Qué hacer cuando todo te molesta?

Hay días en los que todo nos molesta, todo nos detona el estrés que llevamos dentro. Y la clave para sortear estas situaciones es precisamente ser conscientes de esto último: las situaciones externas simplemente están detonando, activando, sacando a la luz el estrés y el miedo que tenemos dentro. En consecuencia, es mejor no ponernos a luchar contra todas las cosas que nos molestan. Es más sensato mirar adentro, hacernos responsables del estrés que hay allí y reconocer que su causa es interna. Esto nos permite estar en capacidad de sanarlo. Si le echamos la culpa a la situación externa, nos volvemos víctimas y perdemos el poder de transformarnos y sanar.

Desde esta perspectiva, las situaciones externas que activan nuestro estrés son una bendición porque nos muestran dónde podemos crecer, qué miedos hay, cuáles heridas e ideas tenemos dentro que nos están haciendo sufrir.

Claro está, hay situaciones externas que vale la pena cambiar. Pero hay que estar muy alertas para no convertir el tratar de cambiarlas en una lucha externa que nos distrae de nosotros mismos y, por tanto, nos impide sanar.

Una señal clara de que es mejor ir adentro y observarnos en vez de tratar de cambiar lo externo es la siguiente: si has solucionado una situación que considerabas la causa de tu molestia y rápidamente aparece otra situación que reemplaza a la primera y produce una molestia igual o muy parecida a la original, lo más probable es que la causa real de la molestia sea interna. Si este es el caso, solucionar las situaciones externas solo va a brindar breves momentos de alivio antes de que algo más vuelva a detonar lo que sigue latente adentro de nosotros, esperando a que tomemos consciencia de ello para poder sanarlo.

Cuando dejamos de luchar con lo externo nos evitamos muchas batallas inútiles. Luchar con lo externo en estos casos es como tirarle piedras a un espejo porque no nos damos cuenta de que es un espejo y creemos ver un enemigo en él. Sólo tendremos la ilusión de habernos librado de ese enemigo hasta que encontremos un nuevo espejo. Y créeme: no importa cuántos espejos rompas, la vida se seguirá enviando nuevos espejos hasta que puedas mirarte, sanes y hagas las paces contigo. Entonces ya no verás un enemigo en el reflejo, solo un amigo más al que puedes amar incondicionalmente.

¿Todo te molesta? Para. Mira adentro. Deja de asignar culpas. Deja de pelear contra todo el mundo. De pronto en realidad estás peleando contigo mismo y no te has dado cuenta.

Además, bien lo dice el viejo refrán: es más sensato ponerse unas sandalias que tratar de alfombrar todo el mundo.

glass-984457_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

La invitación del eclipse

Estoy de vacaciones en la finca de unos tíos. Anoche estábamos cada uno por su lado haciendo cosas distintas. Pero de pronto alguien se dio cuenta de que había eclipse de Luna y a los pocos minutos todos estabamos reunidos mirando hacia el cielo en la misma dirección. Entonces una sensación de conexión sobrevino en nosotros. Y sentí también una conexión con los millones de personas que en ese momento mirábamos al tiempo la Luna. Y me sentí cerca así mismo con nuestros antepasados lejanos, cuando después de una larga jornada de deambular como nómadas se sentaron a descansar en una estepa y se encontraron con una Luna llena que de repente de volvió roja. Y todos se detuvieron y al unísono se quedaron pasmados mirando al cielo.

La belleza de la Luna es secundaria. Para mí lo más valioso es que, en la medida en que le atribuimos conjuntamente un alto valor al evento, este tiene el poder de reunirnos. Es nuestra decisión de mirar al mismo lado la que nos reúne. Pasa así cuando nos juntamos con un propósito común. Por un momento nos sentimos más unidos, más hermanos.

Y si esa hermosa sensación de unidad puede surgir por un simple fenómeno astronómico, ¡cuanto más profunda y sobrecogedora será nuestra unidad cuando elijamos conjuntamente poner la atención en nuestros corazones y caigamos en cuenta de que todos estamos contemplando el mismo corazón!

Y podemos empezar ahora: yo aquí mientras escribo, tú allá mientras lees. En este momento y en cada momento tenemos el poder de recordar que somos hermanos, al elegir tomar consciencia de nuestra esencia común. ¡Que este eclipse sea una invitación a unirnos como hermanos en nuestro corazón!

moon-2146596_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Siente tus emociones y reclama el tesoro que llevas dentro de ti

Justo ahora estás sintiendo una emoción de la que puedes tomar consciencia. Si la sientes completamente, si te entregas a ella sin reservas, se convertirá en una puerta a tu corazón, que guarda siempre tu tesoro y espera pacientemente a que te decidas reclamarlo.

Pero es difícil tomar consciencia de las emociones. Es difícil mirar profundo dentro de nosotros. Nos da miedo. Queremos distraernos. Queremos entretener nuestra mente y perder consciencia de lo que hay en nuestro interior.

A primera vista, queremos evadir las emociones porque son incómodas. Eso es cierto en parte: no estamos acostumbrados a sentirlas.

Sin embargo, si miramos más profundo, veremos que tememos sentir las emociones porque implican un contacto profundo con nosotros mismos… y tememos que en nuestro interior encontraremos algo horrible. Tememos que encontraremos allí nuestra maldad, la evidencia de que merecemos el castigo. Eso es, por supuesto, una fantasía, una ilusión, un truco del ego para evitar que miremos dentro de nosotros mismos.

Como lo señala Un Curso de Milagros, la verdad es que debajo de ese miedo a encontrar algo horrible en nuestro interior hay un miedo aún más profundo: el miedo al amor. El miedo al amor y la luz que sin duda encontraremos cuando miremos en lo más profundo de nuestro interior.

¿Y por qué habríamos de tener al amor, si es lo que todos buscamos? Porque este es el amor verdadero, es nuestra esencia, y en su presencia el ego se disuelve. Y como el ego es aquello que creemos ser, tememos morir, tememos desaparecer si nos entregamos sin reservas a ese amor, a esa profundidad. Y la verdad es que, sin duda, una parte nuestra se disolvería, pero no hay nada que temer, pues esa parte es solo la ilusión que tenemos de nosotros mismos. Nada real se puede perder.

Te invito a ese viaje al ahora, a aquí mismo dentro de ti. Ahí está esa sensación y esa emoción. Son la puerta. Entrégate por completo a esas sensaciones. No trates de entenderlas ni clasificarlas ni trascenderlas. Basta con que les des la bienvenida. Solo vívelas completamente. Allí estás tú. Es un viaje que no requiere tiempo. El ahora, este momento, es suficiente.

No es necesario seguir huyendo del amor que mora en ti. Puedes salir al mundo a buscarlo por todas partes, como parte de una estrategia para distraerte del único lugar en el que lo encontrarás. Y está bien. No hay nada malo con salir corriendo de ti. Pero no es necesario. Puedes reclamar tu tesoro justo ahora.

rose-557692_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco preguntas que disfrutarás hacerte

Al menos yo lo disfruté. Espero que estas cinco preguntas sueltas te ayuden a tomar perspectiva y te saquen una sonrisa o te den una brisa de alivio:

¿Te has dado cuenta de todas las cosas maravillosas que has hecho estos días? No me refiero a la lista de ideales del ego, según al cual, puede que te falte mucho por hacer. Me refiero al calor que sale de tu corazón y al amor que esparces y a los milagros que haces y las vidas que cambias, a veces de forma sutil y sin darte cuenta.

¿Eres consciente de lo mucho que has crecido en los últimos diez años? A veces no vemos la belleza del camino que hemos recorrido por estar enfocándonos en lo que nos falta.

¿Pasas suficiente tiempo contigo misma? Cuando estás conectada con tu corazón, ¿por qué no quedarte allí un rato más? Parece que el mundo nos llama de manera apremiante y que, si no seguimos su llamado, las cosas se saldrán de control. Pero ten la seguridad de que puedes ignorar ese llamado y quedarte un rato más con tu corazón, y todo va a estar bien.

¿Y si no hubiera nada malo contigo, y si fueras perfecta exactamente como eres? A pesar de las imperfecciones que percibes en ti, y de las pruebas que tienes en tu contra, a los ojos de Dios eres perfecta, pues no eres más que un reflejo, una extensión de Ella. Y si estás en crisis, eso no cambia. Y si cometes errores, eso no cambia. Y si te olvidas de ti misma, eso no cambia.

¿Qué pasa si sueltas ese peso, esa preocupación, y descansas ahora? Muchos tenemos la ilusión de que, si no controlamos todo en todo momento, nuestro castillo de naipes se derrumbará. Pero la verdad es que, si dejamos el control, todo fluirá de forma perfecta. Y si se cae el castillo de naipes, también es perfecto. Nuestra plenitud está más allá de la ilusión. No tenemos necesidad de aferrarnos a nuestras fantasías. Podemos disfrutarlas, pero no tenemos por qué aferrarnos y sufrir por ellas.

tree-736885_1280

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco cosas que he aprendido jugando póker

Uno de mis pasatiempos favoritos es el póker. Además de darme mucho placer, me ha dejado enseñanzas útiles para muchas área de mi vida. A continuación, te comparto cinco de las cosas que he aprendido gracias a este juego.

Puedo elegir no tomarme las cosas tan en serio

Al jugar póker, me solía pasar que me molestaba mucho cuando perdía, a pesar de que no apuesto grandes sumas de dinero. Es un ejemplo evidente de que algo me puede molestar simplemente porque me lo tomo demasiado en serio y no porque realmente sea importante. Al caer en cuenta de esto, pude ver que lo mismo me pasa en otras áreas de mi vida: tiendo a tomarme las cosas muy en serio, aunque no sea necesario y me haga sufrir. Así pues, aprendí que es mi elección cómo me siento al perder una partida. La importancia de un juego de póker no está dada de antemano; soy yo quien decide qué tan importante es y cuál es el significado que tiene para mí. Y esta comprensión se puede extender a cualquier área de mi vida. No estoy obligado a tomarme las cosas en serio y a sufrir por ello. Puedo interpretarlas de una manera más ligera y disfrutarlas.

Que mi mente envíe una señal de peligro no implica que el peligro sea real

En estrecha relación con el punto anterior, me di cuenta de que muchas veces, al jugar póker, siento un gran miedo a perder, como si estuviera a merced de un gran peligro. Es, claro, un miedo automático, irracional. No me va a pasar nada si pierdo. Es una idea enrraizada en lo profundo y permea muchos aspectos de mi vida. La idea de que hay peligro. La idea de que puedo sufrir daño en cualquier momento y, para evitarlo, mi tendencia instintiva es interpretar las cosas como si fueran peligrosas. Al observar de manera tan clara este miedo irracional, pude ver que no es real y que el hecho de que mi mente me diga que estoy en riesgo no significa que en verdad lo esté. ¡Qué liberador es esto!

Pierdo por miedo a perder

El miedo desempeñó un papel muy importante en nuestra evolución y gracias a él sobrevivimos. Pero ahora se sigue presentando como un reflejo en muchas ocasiones en las que, en lugar de ayudarnos, entorpece nuestro progreso. El póker es un gran ejemplo de esto. Para ganar en póker, es imprescindible tener la capacidad de apostar aunque no se tengan buenas cartas en la mano. Pero cuando se tiene miedo a perder, es muy difícil hacer este tipo de apuestas. El miedo impide tomar riesgos, aun en casos como este, en el que realmente no hay nada qué perder. Estar relajado y poder arriesgarse tranquilo son dos rasgos claves de un buen jugador de póker. Entre más miedo a perder haya, más probable será perder.

Creo que lo mismo que pasa en el póker sucede en muchas áreas de nuestras vidas: perdemos oportunidades por miedo a perder. ¿Le hablo a esa persona que me gusta? «Mejor no», dice el miedo, «es arriesgado, puedo perder» (aunque en realidad no haya nada que perder). Si le hacemos caso al miedo a perder, perderemos la oportunidad.

Creo que ver a la vida como un juego, como lo que realmente creo que es, me ha permitido tomar riesgos y explorar los caminos que desea mi corazón. Eso no quiere decir que todo saldrá bien y como lo deseo. Puede que pierda al apostar. Pero en el plano más general y profundo, perder apostando siempre me dejará más pleno y satisfecho que irme a la tumba con mis fichas encerradas en un baúl para que no les pase nada. Al ponerlas allí puede que me proteja del dolor de perder, pero al mismo tiempo me privo de las experiencias que mi corazón desea y del aprendizaje que viene con ellas.

En todo caso, se gane o se pierda en el momento, al final la experiencia siempre será valiosa si apostamos con el corazón. Las veces que he «perdido» apostando en la vida (siguiendo a mi corazón) tienen algo en común: sé que cuando las recuerde en mi lecho de muerte me harán sonreír.

No poner en juego lo que tengo es una forma de perderlo

Además, por lo general, esconder mis fichas es una receta para perderlas a largo plazo. Quien siempre juega seguro en póker, quien solo apuesta cuando sabe que va a ganar, por lo general termina perdiendo. Es irónico: pierde sus fichas por cuidarlas demasiado.

Esto me recuerda a la parábola de Jesús sobre los tres hombres a los que su señor les da a guardar monedas (Mateo 25:14-30). Dos de ellos se atreven a negociar con las monedas y obtienen ganancias. Uno de ellos, sin embargo, entierra las monedas por miedo a perderlas. Pero, cuando su señor se entera de esto, le quita las monedas y se las da al hombre que ya había ganado más negociando con las suyas. Esto parece señalar la forma como funciona el universo: si no usas lo que tienes, si no lo pones en juego, si no te arriesgas, mandas la señal de que no eres apto o no estás interesado en administrarlo y, por tanto, se te quitará hasta que des muestras de estar listo.

Lo más valioso del juego no es ganar sino jugar

Al mirar hacia atrás y pensar en lo mucho que he jugado póker, no tengo ninguna duda de que lo más valioso que he obtenido son los buenos momentos que pasé compartiendo y divirtiéndome con mis amigos. Si he ganado o perdido dinero es secundario. Muchas veces he «ganado». Muchas veces he «perdido». Pero en realidad siempre he ganado cuando he jugado con ganas y me he divertido. Pues ese era mi objetivo principal: pasar un buen rato.

Y ahora sé, al empezar cada nueva partida, que valdrá la pena, sin importar el resultado. Pues sé que el valor verdadero no reside en el premio para el ganador, sino en la experiencia misma. El tesoro está en el viaje, no en el destino.

gambling-4178458_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

¿Y si no hubiera que «hacerlo bien»?

Si eres de mi generación, es probable que te hayan educado para sacar buenas notas, para responder lo que el profesor quiere oír en el examen, para ser un niño bueno y obediente.

Esa idea de sacar buenas notas quedó muy arraigada en nosotros. Y así, muchos vamos por la vida angustiados, tratando de hacerlo bien, con miedo a reprobar. Sí, con miedo de no hallar la respuesta correcta, la que creemos que el universo espera de nosotros, como si el universo o Dios tuviera la mentalidad de un profesor de escuela del siglo pasado.

Nos da mucho miedo cometer errores. Tomar por el camino equivocado. Y nos paralizamos. Esperamos una señal externa, algo que reemplace a la voz de nuestro profesor, quien siempre nos decía qué hacer.

¿Y si la vida no fuera como un colegio del siglo pasado? ¿Y si no se tratara de hacerlo «bien» para ser premiados y reconocidos? ¿Y si se tratara de experimentarnos a nosotros mismos en todas nuestras facetas? ¿Y si se tratara de jugar, de volvernos conscientes de nosotros mismos? ¿Y si no hubiera algo así como «hacerlo mal»?

Solo pregunto. Y te invito a que respondas por ti mismo. Te invito a que observes la voz del profesor que nos quedó grabada de chicos y revises si lo que dice es verdad y resuena con tu corazón, o si solo se trata de una forma de pensar del pasado que ya puedes dejar ir.

garden-19830_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.